Lograrán las críticas que el Opus Dei rectifique?

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Por Jorge Santiago, 28 de diciembre de 2007


¿Tiene el Opus Dei cosas buenas? Desde luego que sí. Yo tengo recuerdos gratos de mis años en el Opus Dei que de alguna manera justificaron -en su momento- el tiempo que permanecí en la institución. ¿A quién se le ocurriría entrar y permanecer en una institución donde se sufre tanto si no existiesen momentos agradables? Pero esos buenos momentos no justifican el silencio y la complicidad con los métodos de la institución.

En términos culinarios, Escrivá de Balaguer tenía la intención de preparar un buen caldo madrileño al que añadió ingredientes extraordinarios –que tomó prestado de la Iglesia Católica- como el amor a Jesucristo, a la Virgen y a los Sacramentos.

Lamentablemente la sopa se le puso rancia cuando –entre otra muchas cosas- añadió elementos de una falsa vida familiar: un padre (él mismo), hijos (nuevos miembros), hermanos (socios del Opus Dei), abuela (su propia madre) e inclusive una tía (su hermana). Esa vida familiar –que incluía una casa, padre, hermanos, tertulias, fiestas familiares, etc.- tenía el propósito de suplantar la verdadera vida familiar de los miembros numerarios, donde ya no tenía cabida ni la presencia de fotografías de padres y hermanos de sangre.

La vocación cristiana fue suplantada por la vocación al Opus Dei. Fidelidad a su Obra eventualmente llegó a significar -especialmente para numerarios y agregados- fidelidad al Magisterio de la Iglesia y a Jesucristo. De ahí la tormenta interior al abandonar la institución y la dificultad de muchos ex-miembros para acercarnos a la Iglesia, institución que de una u otra forma todavía identificamos con el “caldo madrileño” de Escrivá. Aunque hace mucho que nos percatamos que Escrivá no era Dios –ni mucho menos su infalible representante en la tierra- y que su obra no era de ninguna manera la Obra de Jesucristo, nos es difícil acercarnos a la Iglesia con la naturalidad y espontaneidad de nuestros años de juventud.

Son pocas las instituciones de la Iglesia que han provocado tanta crítica como el Opus Dei. ¿Lograrán esas críticas que la institución rectifique? Yo no espero peras del olmo, como tampoco espero cambios espontáneos del Opus Dei. Escrivá desarrolló objetivos, estrategias, tácticas y controles que mantienen a la institución en línea con su forma de pensamiento. Si algo debemos admirar en Escrivá es su firmeza para desarrollar una institución rígida y llena de controles, copiados sin duda de otros regímenes de carácter totalitario. Me refiero al establecimiento de metas utópicas, de machos Alfa, de controles rígidos de la información y comunicación y de métodos para adormecer la conciencia, la voluntad y la razón.

Lo que yo esperaría es una respuesta más espontánea, directa e inmediata de la Iglesia Católica para corregir los errores de Escrivá y convertir su obra en un verdadero instrumento de servicio a la causa de Jesucristo. El Opus Dei necesita volverse más Católico para ser realmente bueno. ¿Imaginaos la fuerza que el Opus Dei tendría en la sociedad si no desperdiciase tantas almas de buena voluntad o el bien que haría si en lugar de augurarle el infierno a quienes se marchan les abriese la puerta? ¿Imaginaos un Opus Dei que entendiese y promoviese la verdadera vocación cristiana, por encima de los objetivos proselitistas de la institución o un Opus Dei abierto al cambio en aras del amor a Cristo?

La Iglesia tiene la oportunidad, la autoridad y -sin duda- la obligación de garantizar un Opus Dei más Católico. El año 2008 sería un buen momento para hacerlo.




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