Lo que vivo en un colegio mayor andaluz del opus dei

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Por NMD, 7.01.2009


Debido a unos acontecimientos ocurridos hace más bien poco, descubrí está web por casualidad. Empecé a leer numerosos escritos hasta el día de hoy, no soy un numerario pero me siento afectado por esta organización. Solamente soy un estudiante universitario que como quería continuar la carrera en esta ciudad andaluza, y que debido a las circunstancias, es decir, obligado, estoy viviendo este año en un colegio mayor perteneciente a la obra, a pesar a mis negativas pues ya tengo malas experiencias de haber estudiado en un colegio de está gente.

Por una parte siempre deseaba que todo lo que yo suponía que iba a ser el lugar, estuviese equivocado, pero lamentablemente acerté en casi todo. Mucho de lo que he leído me han recordado cosas de mi infancia y adolescencia en ese colegio, obviamente cosas que veía o a veces que me sucedían y que aquí aparte del recuerdo me han dado explicaciones para muchas dudas y cosas del pasado. Y también explicaciones a comportamientos y demás en está “residencia”. Entre comillas lo pongo, porque francamente es más una cárcel que otra cosa...

Lo que he vivido durante estos últimos meses me ha llenado de un gran estrés y una pequeña depresión. Hace unas semanas decidí escribir como me sentía y así desahogarme un poco, ya que la familia no me ayuda mucho, todo lo que escribí siempre estaba lleno de una gran ira y pocas cartas eran las que tenían un tono más suave. Tras darme un poco de tiempo y tranquilizarme sobre todo gracias a los amigos, he podido a día de hoy escribir con total serenidad esto. Ya que me gustaría contar todo lo vivido con esta gente y como he sentido que me han robado parte de mi vida.

El primer contacto que tuve con este peculiar sitio y sus gentes, fue en la entrevista previa que te hacen para ver si entras o no. No entraré en muchos detalles aquí y esto lo reservaré quizás para un futuro, simplemente decir que me dejo en shock, ya que una parte de las preguntas parecían más un interrogatorio del cual sus temática eran preguntas muy personales acerca de mí y otras acerca de mi familia. Ante aquella situación que vivía no me quedó más que tragar y ser tan buen actor, como ellos esperaban que fuese. Supongo que la frase que más me impacto fue “si ves a alguien que sea diferente tu no hables con él, tan solo un hola y adiós”, palabras textuales. Hipocresía, ante lo que me preguntaban y luego decían. Los panfletos y la poca información que había encontrado acerca del lugar, me habían hecho preguntarle al entrevistador, que era el director, acerca del lugar y sus horarios, sus respuestas eran siempre evasivas y me dejaban con las dudas. Cuando me avisaron que me habían aceptado, recibí a los pocos días unas cartas con instrucciones acerca de la colada, de cómo había que ir vestido, la ropa a llevar y además una sorpresa, una supuesta excursión con los nuevos residentes con un coste de casi cien euros. En la cual se me informaría y serviría para que los nuevos se conociesen. Yo no quería ir, ya que la veía más bien inútil y me olía más a un retiro espiritual, pero cedí ante la presión de mi familia.

Previamente al viaje, cuando estábamos todos los nuevos en el salón del edificio, allí los numerarios (pues he de aclarar que todos los responsables son miembros de la obra) nos hablaron sobre la universidad con un pequeño toque de humor a todo, contando chistes y relajando el ambiente, hasta el punto en el cual aquella conversación cambio y por primera vez enseñaron su plumero. El saber esperar hasta el matrimonio, la insistencia una y otra vez de la pureza, el “aquí conoceréis mucha gente y no será necesario a la gente de fuera”, de nuevo el matrimonio pero está vez con alguna hermana de algún compañero de la residencia y por ultimo de nuevo más misa, un cargante final. El viaje resulto relativamente tranquilo hasta que casi al llegar me tocó a mí, con esto me refiero a que durante el trayecto, uno de los numerarios iba llamando a todo el mundo para “hablar”. Una charla insoportable sobre la misma temática que la reunión, pero más cargante e insoportable si cabe. En la cual empezaba como si fuese una persona amable pero luego el tono se volvía un poco a poco más agresivo, me parecía de risa, ya que debo aclarar que el personaje en cuestión no me saca más de dos años de edad, pero que tiene una pinta de un crío de 16 años.

Eso solo fue un anticipo a lo que los cuatro días de aquella convivencia iban a suponer. Podría resumirla en una sola palabra: infierno. La comida me puso enfermo y así que permanecía en cama siempre que me dejaban, ya que cuando por las mañanas tenían que limpiar la cabaña, venía uno de los numerarios y me arrastraba con prisa fuera hasta un salón donde nos daban una charla más sobre la cristiandad. Y todo para que no viera a las señoras de la limpieza. Fue como el retiro espiritual que tuve cuando hice la confirmación, era el mismo lugar, me ponían los mismos videos y me decían exactamente los mismo, aunque con una variante, el cuarto día nos enseñaron que todos los moros son terroristas suicidas, o por lo menos ese fue el mensaje que me dieron a transmitir. Escribir más específicamente sobre esto y sus detalles me llevaría a escribir muchísimo más y no quiero hacer esto interminable y también quizás por un poco más de paranoia mía ante que puedan ver esto, pero todo quizás llegue a contarse de manera más detallada, en parte aprovechando el presente se puede llegar a escribir con mucha más claridad.

El aspecto del lugar y sus horarios me deprimen bastante, el hecho que tenga que seguir unos estrictos horarios de entrada y salida, de estancia en determinadas salas. No puedo estar en mi cuarto a determinadas horas (vienen a ser por la mañanas) ya que es cuando limpian esa zona del edificio y no podemos ver a las numerarias ni poner un cartelito en la puerta de la habitación de no molestar. Eso también se aplica a los comedores, de horarios muy justos y donde tienes que hacer cola para coger la comida, una cola que pasa por un pasillo hecho de plásticos que solo dejan ver una muy difuminada silueta al otro lado. En donde al otro lado se hallan las nunca visibles señoritas de la comida. Parece tener un aspecto muy acogedor, pero el olor de iglesia súper concentrada se me mete en mis fosas nasales haciéndome moverme rápidamente a tomar algo de aire fresco de la calle. Las salas de visitas están justamente al lado de la entrada, en una zona por la cual la gente pasa con frecuencia y cualquiera te puede ver ya que las puestas de estás tienen una ventana de cristal. Pero esas salas solo están reservadas para las visitas masculinas o familiares cercanos. Ya que a las mujeres se le tiene prohibido la entrada y han de esperar en la puerta siempre. Y siempre hay alguien vigilando la entrada para ver quien entra o sale y estar atenta a las visitas. Allí la intimidad parece ser un concepto desconocido, por esa y una gran cantidad de razones, como por ejemplo otra más es mi habitación, de aspecto parecido a una celda. Empezando por la puerta, la cual hace referencias a que en un pasado tuvo una ventana desde la cual se podía ver desde fuera y su cerradura, orientada hacia fuera y no a ambos sentidos, por supuesto, yo no tengo llave y una petición es respondida con un no rotundo, pero sin explicación alguna (incluso aunque preguntes con mucha insistencia, no tienen ninguna explicación). Por tanto, mi habitación siempre permanece abierta y cualquiera puede entrar y coger lo que quiera. Pero no habría mucho que preocuparme a que tengo un mínimo de intimidad, un armario y unos cajones de los cuales tengo llave, para guardar todo lo importante. Me hace gracia que ya han sido tres veces, que tras un largo día de facultad del que salía por la mañana y llegaba por la noche, me he encontrado la habitación registrada: papeles, apuntes y cosas movidas o cambiadas de sitio. No de una manera escandalosa, sino más bien lo habían hecho con tranquilidad y cuidado.

Su calidad de servicios para el dinero que pagan mi familia, es patético, yo incluso me atrevo a decir que es una estafa. Ya que no solo me roban la intimidad, sino que no cumplen con la calefacción, ya que curiosamente las habitaciones son cuevas de hielos donde hay unos radiadores que nunca se encienden porque curiosamente la caldera se estropea siempre. Solo me ducho por las noches que es cuando hay un par de horas de agua caliente. Todas las noches hay unas tertulias o alguna reunión que siempre me salto. La comida a veces es lamentable y se nota ampliamente en las meriendas como intentan ahorrar todo el dinero que pueden, en más de una ocasión me he encontrado bocadillos hecho con la ensalada de salsa rosa que hubo para comer. Otra cosa, me han mostrado que ir con un chándal es pecado y puedo arder en el infierno, si no, no me explico como es que me hayan amenazado con echarme porque una noche no me acordé que iba en chándal y baje a cenar. Me quedo muy corto y me callo mucho, pero más o menos os podéis hacer una idea de porque podría considerarse una estafa. Y que solo van a por el dinero y nuestra obediencia. Se demuestra bastante con solo mirar una de sus vitrinas y ver que se venden panfletos a dos euros.

Utilizan una publicidad engañosa en todo y cuando ves como es en realidad, ya es tarde. Es algo lamentable, porque no solo has de seguir sus planes de estudio en sus aulas de estudio donde ellos te puedan ver (y esto es algo que lo dijo claramente el director). Es que lo que veo es que me quieren que me adapte a ellos. Que sea uno más de ellos. Una de las principales causas por las que creo que me deprimen más, es el acoso al cual me mantienen. Me hacen ir poco a las comidas porque no quiero verles y que me enganche uno detrás del otro para insistirme siempre en lo mismo, ve a misa y habla con el cura. Pero es siempre que me ven. Es algo continuo y cuando no, me tratan como a un crío, regañándome porque no he ido a misa, no he hablado con el cura o e incumplido por un par de minutos el horario. Cedía a hablar con el cura, el cual primero me no-confeso y luego me confeso de verdad, creía que estaba en una confesión y por tanto actúe como tal. Su charla era exactamente lo mismo que los numerarios me decían una y otra vez, pero de manera más extendida y con unos razonamientos calificados de infantiles e imaginativos. Sin ni siquiera escucharme, se aventura a decirme que es lo que tengo que hacer porque sí. Me hace gracia, porque ellos aseguran que este colegio mayor hay una opción para creyentes que no es obligatoria, algo totalmente voluntario. Se te insiste mucho en la entrevista en este punto, a pesar que es algo que ni siquiera me había planteado. Vamos, que no sé si hay alguna ley al respecto para que digan eso, pero si la hay, la quebrantan con el continuo acoso al que me someten. Son unos mentirosos, eso está muy demostrado. He aprovechado estas vacaciones para irme con mi familia, me ha servido para relajarme y pensar dolorosamente, no tengo ninguna ilusión por volver a la residencia. Cuando regresaba de clases, me deprimía aún más viendo el edificio. Mis pisadas las noto pesadas con un andar muy tenso dentro de sus pasillos. Estoy harto, ya que ahora el solo hecho de recordar que tengo que volver ahí me estremece. Solo espero que se harten ya de mí y me dejen en paz. Por parte de mi familia no tengo mucho apoyo, ni siquiera cuando les cuento lo que ocurre. En fin, ya no tengo muchas ganas de seguir escribiendo. Pero que se sepa lo que ocurre en uno de estos sitios. Escribir esto, denunciar lo que vivo, desahoga. Sin embargo me gustaría poder contar más.



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