Lo que habría que hacerse

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Por Unocomocualquiera, 20.05.2011


Queridos Padre y Directores, a todos los miembr@s de buena voluntad.

¡Que Dios me les guarde! (quería sentir qué se siente escribir esta frase, no os enojéis).

Últimamente, se me han acercado miembros de La Obra para sugerirme que me acerque a sus medios de formación, para pedirme dinero o para decirme cuanto están encomendando para que un día -cuando Dios quiera y sea prudente- regrese a la Obra como supernumerario. La primera petición me dio un poco de flojera, la segunda me puso en conflicto y decidí buscar mecanismos para ayudar a las personas (mis amigos) y no a la institución, algo similar a darle a un niño que mendiga un sándwich en vez de dinero en efectivo que su padrastro le arrebatara…

A la tercera reaccioné con agradecimiento, entendiendo que sus oraciones son siempre muy agradecidas aunque dependan de su rectitud de intención. A la cuarta reaccioné francamente con una carcajada. Expliqué que habría muchas cosas que cambiar en la Obra para que me planteara algo así: ¡pitar de supernumerari@!. De hecho recordé que mi decisión de dejar la Obra después de décadas se basó en tres años de analizar los cambios necesarios y su factibilidad en el tiempo que me queda de vida. En efecto decidí irme en vez de ayudar a estos cambios por dos razones: 0) porque podía irme; 1) porque creo que tomarán un cambio generacional completo de más de 30 años y sinceramente no pienso vivir tanto; y 2) porque no me considero un reformador de instituciones religiosas ni dueño de la verdad de lo que la Obra debería de ser. Entiendo, con luces especialísimas en la oración, que esto de co-fundar, no era lo que Dios me pedía.

Desde mi particular punto de vista, y haciendo un breve ejercicio de síntesis, paso a enumerar los vicios graves del Opus que encontramos repetidamente en los textos de esta web:

  1. La Obra actúa como secta, fuera de ella no hay salvación.
  2. La Obra usa la información espiritual de las gentes para gobernar y decidir sobre lo temporal.
  3. La Obra tiene una teología negativa (no pecar) en vez de positiva (sí amar) propia de una espiritualidad voluntarista.
  4. En la Obra se alienta el abuso del poder y la idea de que los directores son iluminados. Esto provoca tener muy poca rotación en sus directores y poca exposición de sus miembros al mundo y trabajo real.
  5. La Obra provoca en los que se van, un profundo resentimiento y hasta deseos de alejarse de Dios y perder la Fe.
  6. La Obra en vez de formar en la libertad, manipula las conciencias de la gente, como medio de control de las conciencias.
  7. La Obra carece de una verdadera influencia en el mundo, al estar poco expuesta a él.
  8. En la Obra, se van el 80% de sus miembros (aprox).
  9. Y un largo etc…

Paso ahora a explicar brevemente una fórmula de oro en dos pasos, extraída del corpus académico de management, de lo que la Obra tendrías que hacer para cambiar:


1. Montar un mecanismo eficaz y honesto de retroalimentación (feedback directivo).

Todas las empresas tienen uno, todos somos evaluados respecto a resultados y obligados a oír las críticas que tenemos sin posibilidad de herir a aquel que nos criticó. Esta es la única forma de entender lo que hay que cambiar y estar moralmente obligado a hacerlo.

Alguno entendidillo dirá que la Obra tiene este mecanismo, se le puede escribir al Padre (aunque esto nunca lo lea) o se puede dar opinión cuando se hacen las visitas y congresos. Pero todos sabemos que en realidad estas visitas y congresos sirven de muy poco. En general al que se queja se le cataloga como de mal espíritu y se le proscribe de puestos de gobierno. Se explica que al Padre sólo hay que darle buenas noticias pues el pobrecín ya tiene muchos problemas (y los que le faltan).


2. Asegurar un programa real de rotación de directores.

En toda institución, para evitar la lógica de abuso de poder, es importante que nadie esté en su posición más de tres años. Incluso en la academia, cuando alguien deja su jefatura, se le da un año sabático para que se vaya del otro lado del mundo y deje en paz a su sucesor, cortando todo lazo de poder. Esto propicia que nadie se haga indispensable, hacer las cosas con transparencia y dando cuentas, sabiendo que un día más cerca que tarde alguien, no nombrado/formado por el mismo, te sustituirá.

El mismo entendidillo dirá que en realidad todos los cargos de gobierno cesan cada congreso general, pero todos sabemos que siempre son los mismos los que acaban de ser elegidos y reelegidos una y otra vez a las mismas posiciones o similares, solo cambiando sillas entre ellos. Esto es el resultado de tener una lista, basada en la información espiritual y confidencial de quienes son aptos o no para el gobierno. Esta lista también refleja simpatías o antipatías de los actuales directores, teniendo cada uno sus propios protegidos. En consecuencia no hay renovación más que la muerte natural.

Por otro lado, con esta acción, creo que se podría aprovechar esta dinámica por motivos de diversidad de pensamiento (no hay verdades ni modos únicos) y de paso, ayudar a que los miembros trabajen en el mundo real una temporadita y se ubiquen en su realidad personal y profesional. De esta manera la institución sería inseminada con buenas prácticas externas y todos seríamos más humildes en no pensarnos la voluntad de Dios para las gentes e infalibles en los consejos.

En conclusión, y lo escribo para los directores de buena voluntad y los revolucionarios dentro de la Obra, si comienzan por sanear los mecanismos de retroalimentación y rotan a sus mandos, muchos de los efectos/síntomas mencionados anteriormente tendrán que ir desapareciendo.

Es claro lo que hay que hacer y es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Quién será el primero en soltar su propio puesto?, ¿el defensor? ¿el consiliario? ¿el prelado?... ¡nooooaahhh!, esto no pasará en los próximos 30 años, pero eso es que deje la Obra.

Esto pienso yo, ¿y tú?



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