La normalidad de los numerarios, a prueba

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Por Melómano, 17 de octubre de 2008


La normalidad (laicidad) de los numerarios es un tema que puede abordarse desde dos perspectivas: en primer lugar, pueden leerse los documentos internos del Opus, sobre todo los que presentó a la Santa Sede para su aprobación como Prelatura Personal, y hacer un sesudo estudio jurídico y teológico; en segundo lugar, puede tratarse el asunto existencialmente, es decir, apegados a la vida. Creo que ésta es la única forma válida de tratar el tema. De nada me sirve que alguien me enseñe un documento muy importante, escrito en latín sobre una piel de cerdo con sus sellos y firmas, en el que dice que él o ella es una persona común y corriente, uno como cualquier otro, un ciudadano de a pie, si por mis ojos entran pruebas y pruebas de que esa persona está en múltiples regimenes de excepción, de que no tiene y goza lo que todo el mundo, como son los amigos, el trabajo y la familia...

Estoy en mis treintas. A esta edad, en mi contexto, la mayoría de la gente está casada. Muchas de las amistades que tengo son parejas y formamos entre todos una pequeña pandilla. Nos reunimos para ir al cine, para hacer un barbecue en casa de los afortunados con jardín, para jugar algún juego de mesa o simplemente para conversar. Si alguien debe hacer un arreglo en su casa o piso nos juntamos para ayudarle. Me ha tocado preparar una habitación para recibir un bebé, armar y desarmar camas para una mudanza, pintar paredes y colocar pisos de madera. Cuando alguien descubre que un restaurante tiene buena cocina comparte con los otros su hallazgo y planeamos una incursión en la que cada quien pide un platillo distinto para poder probar de todo sin gastar mucho. A veces nos piden que cuidemos niños. A veces las mujeres se hartan de nosotros y van solas quién sabe donde durante horas sin término. El contenido de la conversación usualmente es secreto de estado. Apuesto a que hablan de nosotros. A veces nosotros nos hartamos de ellas y nos vamos a jugar poker —las apuestas no llegan a los €10— o a tomar algo a un bar con terraza mientras resolvemos el mundo. Cuando alguno consigue prestado un chalet en la playa o en las montañas invita a los otros a pasar el fin de semana.

(¿Puede un numerario o numeraria ir al cine? ¿Puede una numeraria ayudar a preparar el cuarto para el bebé por nacer de su amiga? ¿Puede cargar un bebé? ¿Pueden ir a un restaurante con buen chef solo a probar la comida? ¿Pueden apostar algo en un juego de poker? ¿Pueden quedarse jugando hasta la madrugada porque van ganando sabiendo que al día siguiente no hay trabajo y que por eso se pueden levantar tarde? ¿Pueden irse el fin de semana con unos amigos tomar el sol y disfrutar de las olas, o a andar a caballo entre los árboles del bosque? Claro que pueden, nada más que primero tienen que mandar a paseo a los directores, y una vez hecho eso serán señalados como personas no entregadas que se dan compensaciones. La “entrega” imposibilita todo esto. Si eres una persona “entregada” estarán contentos los directores contigo. Está bien, nada más que no digas que eres una persona como cualquier otra).

A uno de mis amigos le gustan los coches. Se compró una carcacha que según él es un clásico. No caminaba. Ni prendía siquiera. Tenía el parabrisas estrellado, oxido por todos lados, hoyos en la lámina. Su clásico estaba aparcado en la puerta de su casa. No duró mucho ahí. Su esposa comenzó una huelga de hambre (no cocinaba) para que llevara el coche a algún otro lugar. Un mecánico le aceptó el coche al fondo de su taller porque él estaba de acuerdo en que se trataba de un clásico. Mi amigo va guardando las monedas de los cambios para ahorrar y resucitar poco a poco a su clásico. Un día le pone una pieza. En unos meses le pone otra y así sucesivamente. Dice que tardará años en hacer que el coche luzca nuevamente toda su belleza y poder y que seguramente lo disfrutará más su hijo recién nacido junto con sus amigos cuando sean adolescentes que él. Hace poco logró que el coche prendiera y su rugido —según mi amigo— atrajo a todos los que estaban en el taller y en la calle.

(Conozco a un vicario al que le gustan las motos. En sus cumpleaños pide alguna prestada y pasea por ahí. Trata de que no se sepa mucho lo de su afición por las motos, sobre todo que vez en cuando se sube a una. ¿Por qué si es alguien normal, uno como cualquier otro, no puede tener esa afición abiertamente? Podría hacer como mi amigo y comprar una moto in articulo mortis e invitar a sus amigos a rehacerla. Luego podría pasear con los de algún motoclub, llevarla a exposiciones, o simplemente darse gusto con el viento en su cara. Pero no puede. Si lo hiciera, cualquier numerario o numeraria bajo su potestad se sentiría con derecho a hacer lo propio con sus gustos y aficiones y entonces su vida sería muy distinta. Todo lo han entregado y han de vivir negándose a sí mismos. Está bien, nada más que no diga que es alguien como cualquier otra persona).

De la pandilla de parejas que les conté arriba, en todos los casos tienen trabajo tanto él como ella. Solo con dos salarios —por lo menos— vive dignamente una familia hoy en día. Varios se esfuerzan por tener algún negocio propio, aunque sea muy pequeño, para tener más flexibilidad en el manejo del tiempo, sobre todo durante las vacaciones. Aquí, en este país, la ley general del trabajo dice que el primer año que cotizas en la seguridad social tienes derecho a seis días de vacaciones pagadas. El segundo a siete, el tercero a ocho y así sucesivamente. Algunos empleadores son más benévolos que la ley y te dan unos días extra. Para poder hacer un buen descanso anual, solemos pedir las vacaciones pagadas junto a algún día de asueto nacional y sumarle algunos días de vacaciones no pagadas —siempre que tu jefe esté de acuerdo. En este país, nadie con menos de cincuenta años de edad tiene más de un mes de vacaciones al año. Además, nadie puede pedir todo el mes todo junto. Usualmente se piden dos semanas en verano, una en Navidad y otra en Semana Santa.

(Si eres numerario en este país solo puedes tener un trabajo dentro de las obras corporativas y las labores personales. Saca cuentas. Tres semanas para tu curso anual. Una semana para tu curso de retiro. Una más para la convivencia de consejos locales, o de encargados de grupo. Además seguro te toca atender alguna convivencia y/o curso de retiro de supernumerarios o de san Rafael. ¿Cuántas semanas van? Por lo menos, muy bajita la mano, estás obligado a tener cinco semanas de vacaciones al año. Te quiero ver pidiendo tu primer trabajo. ¿Vas a decir en la entrevista que quieres cinco semanas de vacaciones para atender “asuntos familiares”? Solo puedes trabajar en las oc [bras corporativas] y lp [labores personales]. Incluso ahí las personas que no son del Opus aprietan los dientes cuando se enteran que los numerarios no se presentan por semanas y cobran como si nada; a ellos sí les aplican la ley general del trabajo. Todos los numerarios son unos enchufados dentro de las oc y las lp. Está bien, nada más no digas que eres uno más, uno como cualquier otro).

La gente viaja para visitar a sus amigos. Me ha tocado ver que un chico le pida a su mejor amigo que sea su padrino de bodas… en un país sudamericano. Con muchos problemas, pero ahí estuvo: era su mejor amigo. No se diga si uno se encuentra en el mismo país. Estar en ciudad distinta nunca es pretexto para dejar de ir a la boda de un amigo. Las bodas siempre mueven familia y amigos a través de los océanos. No solo las bodas. Una vez, en Roma, un vendedor de souvenirs me contó que tenía pendiente un viaje a México… para visitar un amigo (de paso también iba a Cancún). Está claro que el viaje y el gasto no se hace por cualquier persona, pero por un amigo verdadero ni se piensa.

¿Cuántas veces a la semana hablo por teléfono con mi padre y mi madre que viven en otra ciudad? El contrato de mi móvil incluía unos números a los que puedo llamar sin costo extra. Les llamo cada nos o tres días, la mayor parte de las veces solo para oír sus voces y hacer que ellos oigan la mía.

(Un numerario no visita a nadie fuera de su ciudad, amigos o familiares. Ni siquiera habla por teléfono regularmente con su familia aunque la comunicación sea a costo cero. Tampoco tiene un trabajo verdadero, o amistades con las que comparta la vida. Se le pide que esté desprendido de todo ello y entregado a su vocación. Muy bien, nada más que no diga que es una persona normal).



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