La mayoría de los que tienen problemas personales

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Por Juan, 4.06.2009


Hay una frase de San Josemaría que habrán meditado todos los que han pasado una temporada larga en el Opus Dei. Dice así (cito como siempre de memoria): “Casi todos los que tienen problemas personales los tienen por el egoísmo de pensar en sí mismos”.

La frase está muy bien y seguro que es cierta pero ¿cómo evitar pensar uno en sí mismo? Máxime cuando se trata de una vocación que exige una santidad canonizable, la perfección, ¿no será el caldo de cultivo para pensar constantemente uno en sí mismo? Por lo menos el ¿qué he hecho mal? ¿qué he hecho bien? ¿qué podría hacer mejor?

Llenos de buena voluntad y con algo de orgullo frustrado la cabeza nos da vueltas una y otra vez: ¿por qué no soy feliz? ¿dónde está el ciento por uno? ¿por qué no me salen las cosas como a los demás? ¿en qué me estoy equivocando?

La conclusión más obvia es culpabilizarse a sí mismo e intentarlo una y otra vez sin alcanzar por ello la paz. Es como la pescadilla que se muerde la cola: No quiero pensar en mí mismo y pienso en cómo mejorar para conseguirlo. No sólo es la pescadilla que se muerde la cola sino también muy poco sano psicológicamente: pasarse la vida dándole vueltas a la cabeza.

Cuando dejé el Opus Dei alguien me preguntó ¿por qué lo has dejado? Y mi respuesta fue: No lo sé. Un lugar donde has estado diez años ¿y no sabes por qué lo has dejado? Pues es así. Una vocación por la que hubieras dado la vida, por lo que renunciaste a todo lo personal y en la que te hubiera gustado terminar tus días ¿y no sabes por qué las has dejado? Pues no, no lo sé. Desconozco la causa última y profunda, la causa inmediata puede ser cualquiera, fundamentalmente porque así no se puede vivir.

Y sin embargo, aunque no fuera más que por curiosidad me gustaría saber qué es lo que falló. Durante años, ya sin la urgencia de antes, he pensado en ello.

Recientemente me ha venido un recuerdo a la cabeza. En algún lugar San Josemaría dice que si el examen particular nos lleva a estar demasiado pendientes de nosotros mismos entonces hay que cambiarlo. Bien; extrapolemos esto a la vocación en su conjunto. Si nos lleva a pensar demasiado en nosotros mismos y en nuestro problema, a obsesionarnos sobre si lo hago bien o no lo hago bien, si acierto o no acierto, en ese caso la vocación en vez de beneficiarnos nos perjudica y es mejor dejarla.

Vete a tu casa y a los tuyos y diles las maravillas que ha hecho Dios por ti” –le dice Nuestro Señor Jesucristo al ex endemoniado de Gerasa y no le permite seguirle tal como en un principio habría querido aquel hombre.

Deseo de todo corazón que los que han estado en el Opus Dei y se sienten desazonados por lo que han vivido recuperen la paz.

JUAN