La madre esclava

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Por Nachof, 9.04.2007


El fundador del Opus Dei decía que el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, honrar padre y madre, era el "dulcísimo precepto" para los miembros de la prelatura. Sin embargo, señalaba que la Obra era la familia de sus seguidores, con "lazos más fuertes que los de la sangre". Pienso que todas estas frases son mera palabrería, pues en mis casi treinta y cuatro años que he estado dentro me ha tocado vivir situaciones muy fuertes que desdicen.

Incluso el fundador hablaba de las familias de los de la Obra como un sitio estupendo. Cuando uno se incorporaba al Opus Dei se notaba e, inmediatamente, se transmitía a los demás miembros de la familia. Esto provocaba una especie de "enfermedad" y al final todos, hasta los padres, escribían la carta de solicitud de incorporación. Lo que no calculaba San Josemaría es que muchos de los que se incorporaban luego no perseveraban. Una familia que fue puesta como modelo pues "pitaron" la madre, todos los hijos menos uno y hasta la sirvienta, con el tiempo bastantes de ellos han causado baja.

Aunque en la Obra se guarda el máximo secreto de la vida de sus miembros, la realidad es que al final todo se termina sabiendo. Este es el caso de un agregado que vive en familia con su madre y con una hermana que tambien pertenece al Opus Dei como agregada. Aparentemente es una familia en la que teóricamente los padres tienen que estar orgullosos de sus descendientes, pero la realidad es que la madre no está contenta y sus hijos actúan como grupo de presión dentro de la casa.

El hijo que yo conozco es un fanático que más de una vez ha comentado que en su casa no se ve la televisión, como sucede en la mayoría de los hogares. Por la noche, le gusta ponerse unos cascos y dedicarse a leer algo y, a la vez, escuchar música. La hermana agregada hace lo mismo. Pues bien la madre suele comentar a sus amigas que ella no se divierte, casi no ve la televisión y viaja muy poco. Sos viajes son a su pueblo y poco más. Una "maravillosa familia" en la que las directrices del Opus Dei se viven de maravilla, y claro, como la televisión es la "enemiga" de la casa no hay que verla. No quiero ponerme de modelo, pero mi madre pudo ver la televisión cuando ella lo quería.

Lo de que la televisión es la "enemiga de la casa" no es una frase mía. Se la oí en persona a monseñor Alvaro del Portillo, entonces obispo prelado del Opus Dei, una de las veces que visité Roma. El cabeza de la Obra decía en esos momentos que iría por las casas de los de la Obra rompiendo televisores con un instrumento fuerte. Tan al pie de la letra se cumplen sus palabras por estos hermanos que en su casa solo se ve el informativo de las noticias y las retransmisiones deportivas. Conozco algún centro de la prelatura que tenían guardado el televisor en un armario que solo se abría con una llave que poseía el director.

Al final, en la casa de este miembro del Opus Dei el papel de la madre es el de cocinar y hacer las labores domésticas. Su actividad es únicamente la que tradicionalmente se ha asignado a las mujeres en el catolicismo más rancio. ¡Qué pena! Si lo que se trata es de vivir "el dulcísimo precepto". El día que la madre marche de este mundo, seguro que su hijo y su hija se irán a una residencia de agregados o agregadas, que se estaban potenciando cuando yo abandoné el Opus Dei en octubre de 1998.

Luego se comenta a los supernumerarios en las charlas que las exigencias de su vocación no tienen por qué vivirla sus hijos. Claro como es un caso de agregados, no entra en esos esquemas. Es broma. Para mi, que en este caso la madre es una esclava de sus hijos opusdeistas. Luego querrán que ella, su madre, pite. Se preguntarán que por qué no lo hace.

Un caso especialmente grave es el de dos hermanos numerarios, hijos únicos, un hombre y una mujer, que dejaron sola a su madre en su hogar el día que falleció su padre. No durmieron en el domicilio familiar y se fueron a la residencia que tenía la prelatura en la ciudad más cercana. La madre les pidió que se quedaran, pero claro, tenían que obedecer. No le hicieron caso. Sin comentarios.

Se de otros padres de agregados que iban de vacaciones al lado de donde estaban sus hijos de convivencia. Se inventaban un pretexto, como fue tomar las aguas en un balneario cercano. Así, el día de excursión de sus hijos en la convivencia se dedicaba a ir a pasear a los padres y sacarles del centro de aguas minerales y termales.

Para abarcar más el Opus Dei se ha inventado ahora un nuevo sistema: residencias de agregados y de sus madres. Son especie de apartamentos, en los que las madres no trabajan. Todo lo tienen hecho por una especie de Administración, al estilo de lo que existe en los centros de la Obra. Tambien tienen como amigas a las madres de otros miembros de la prelatura. Como dicen en España, todo queda en casa. Es un ghetto. Si la vida de los agregados es poco conocida y existen países en el mundo en los que no hay agregados, este caso de madre con hijos agregados aún es menos conocido. En Madrid existe una residencia de este tipo en el barrio de Moratalaz.

Hago todas estas consideraciones cuando queda menos de un mes para el Día de la Madre, que es costumbre en España celebrar el primer domingo de mayo. El Opus Dei suele "vender" que la prelatura es la "mejor familia" con "lazos más fuertes que los de la sangre". Claro,"lazos más fuertes que los de la sangre". Por eso algunos opusianos no tienen la consideración debida con sus padres. Tampoco San Josemaría fue un modelo en este campo. Su madre y su hermana le ayudaron a sacar adelante a las mujeres del Opus Dei, olvidando que era familia de sangre y que es la auténtica familia. El día que murió su madre siguió predicando ejercicios espirituales. Lo se por experiencia. Mi madre fue la que me ayudó a salir adelante cuando dejé la Obra y los pocos (cuatro) del Opus Dei que supieron la muerte de ella me dejaron solo en el cementerio. Como yo había dejado de participar en las actividades de mi centro, ellos me dejaron así.


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