La grandeza de la amistad

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por Books, 4 de enero de 2008


"Más vale poco y bueno, que mucho y malo, dice el refrán
los podría contar con los dedos de mis manos,
mis amigos están cuando tienen que estar, lo demás me da igual.
Sé que me encontraran, que me responderán siempre con la verdad..."

Esto es un trozo de una canción de hace tiempo, del grupo "Siempre así"

A lo largo de veintidós años, se puede decir que son "cinco amigos" los que tuve en la obra, muchos años para tan pocos, y fueron amigos de aquella manera... Yo acostumbro a ver casi siempre el lado positivo de mi paso por el opus dei y ésto fue bueno.

Pero se puede decir que la verdadera amistad, la he conocido al salir, y claro, como en casi todo lo me ha ocurrido una vez fuera, aquí también veo la suerte que he tenido al descubrirla después de tanto tiempo, así de repente, sin proponérmelo, sin estudiarlo...

Respeto absolutamente al que opina que las reuniones de exmiembros no son del todo positivas, pero no estoy de acuerdo. Respeto absolutamente al que cree que a todo el que ha pasado por el opus dei le quedan secuelas para toda la vida, pero no estoy de acuerdo. Respeto al que dice que vive como si nunca hubiera ocurrido, pero no lo entiendo.

Yo he vivido veintidos años como numeraria del opus dei. Aprendí cosas en el opus dei y ví cosas buenas. Conocí a personas estupendas, de las que daré sus nombres si a ellas no les importa.

Un sacerdote me enseñó, me demostró que la filiación divina era una realidad. No me dio ninguna lección ni ninguna charla de filosofía o de teología. Yo me consideré hija de Dios después de haber tenido muchas conversaciones con él. Creo que fue en la única ocasión en que estaba deseando que viniera al centro a confesar y darnos la meditación. Pasó muchos años en Roma, conoció al fundador del opus dei, pero era rara la vez que hacía referencia a estos hechos, para él era otra cosa más, circunstancias de la vida.

Hubo una numeraria a la que casi veneré. Era mayor, delgada, elegante. Jamás me encontré con una persona tan sacrificada como ella. A mí me daba verguenza estar a su lado. Me sentía insignificante, arrogante, mezquina, burguesa. Si había que coger una fregona, cuando ibas a buscarla, ya la tenía ella en la mano. Si había que hacer algún recado que a nadie le gustaba, ella estaba allí. Si había alguna enferma, siempre estaba dispuesta a cuidarla. Nunca le oí un comentario negativo de nadie. Esta persona no hacía ningún ruido, era humilde y no lo predicaba, era la mayor del centro.

Conocí a una numeraria en un curso anual. Sabía quien era, pero no había convivido con ella. Era la directora. Era sencilla, sin aires de nada, desenfadada, natural. Yo al tercer o cuarto día la consideré algo así como una amiga, una confidente, hablaba con ella, me escuchaba, me comprendía y yo me mostraba tal como era, porque me sentía a gusto.

Conocí a un sacerdote que me hizo ver el opus dei de una manera que me entusiasmó. Creo que fue cuando nos impartía clases de eclesiología en otro curso anual. Disfrutaba con sus meditaciones porque era muy profundo, porque sus puntos de vista, tan solo se los escuché a él y a mí me abría horizontes y me abría la mente. Me gustaba hablar con él porque se ponía de mi lado. Pero todo se venía abajo cuando volvía a mi centro, porque en el día a día la eclesiología no me servía para nada y sus palabras y sus puntos de vista se esfumaban.

También tuve una "amiga" con la que viví cuatro o cinco años. Era una de las primeras numerias de la obra. Entre nosotras había bastante complicidad. Yo no la delataba cuando se metía en la despensa a ver qué pillaba y ella no me descubría cuando yo hacía algo fuera de lo establecido. Nos reíamos mucho y me sentía muy a gusto con ella. Podíamos hablar, nos entendíamos. Me acuerdo, que en los cambios de temporada, siempre me buscaba: "Rubia, tengo que bajar los jerseys del altillo y subir esta ropa. Y allí iba yo, feliz, a pasar un buen rato riéndome con ella. Me sentía muy bien entre las personas mayores, tal vez porque eran más sencillas, porque no eran como nosotras, las jovenes que casi siempre estábamos aparentando.

A estas personas las consideré algo así como amigas, porque de un modo u otro me ayudaron, me compredieron, me quisieron y yo las quise a ellas a nuestro modo.

También pasé buenos momentos, en excursiones, en algunas tertulias, sobre todo cuando estábamos pocas, o cuando iba de compras, y a veces cuando me echaba algunas parrafadas en la habitación de alguna con la me entendía un poco más.

De mi permanencia en la obra me quedo con ésto, seguramente con algunas cosas más que ahora no recuerdo, porque veintidos años, son veintidos años.

Pero ha sido al salir cuando realmente he considerado que tengo amigos de verdad. Tal vez sea porque como en la obra las amistades particulares estaban prohibidas, yo no las quería considerar como tales, al menos para tener la conciencia tranquila, pienso yo, y eso hacía que no las pudiera disfrutar del todo.

Ahora, es evidente, nadie me prohibe nada. Y soy abiertamente amiga de mis amigos y éstos están entre exmiembros del opus dei. Sí, así es. Me siento a gusto, muy a gusto cuando estoy con ellos.

El mes de diciembre ha estado lleno de emociones. Ha pasado por Sevilla gente desde distintos puntos de España. Por estar con ellos he dejado de ver a mi "pareja", la cual está bastante mosqueada. El es totalmente ajeno al opus dei.

Creo que tengo las suerte de no arrastrar ninguna secuela...Cuando estoy con un grupo de personas, o con alguna, charlando y sale casualmente el tema del opus dei, y les cuento que "yo estuve allí", les pilla de sorpresa, algunos se admiran, no me imaginas siendo numeraria.

Yo no ignoro la realidad de que estuve veintidos años en el opus dei, si no es así ¿Dónde estuve todo ese tiempo? Estuve allí con sus pro y sus contra, pero estuve. Pretender ignorarlo es como si alguien que estuvo casado, quiere hacerme ver que nunca tuvo mujer o marido.

Yo no veo más que cosas positivas en tener amigos entre los exmiembros del opus dei. He conocido a una persona maravillosa. Es buena, buena, muy buena, cariñosa, madre, hermana, amiga. Por su casa ha estado pasando gente de distintas comunidades de España, del norte y del sur. Carmen Charo con su marido unos cuantos días, tays y jss, otros tantos, y algunos a los que no nombro. ¡Qué buenos ratos he pasado allí¡. Comiendo, merendando, brindando, riendo, llorando de risa, en casa de colibrí.

Ha sido algo entrañable. ¡Qué cómodos, qué a gusto, qué maravilla¡. Para mí, una sonrisa de verdad, un beso, un abrazo fuerte, muy fuerte, de esos que casi duelen si eres menos atlética que quien te abraza... no tiene precio, y si el precio es que fuimos de la Obra, pues lo pago muy agusto.

Es muy distinta la visión que tenemos sobre la iglesia, Dios, el matrimonio, la sociedad...y es estupendo resepetar a cada uno con sus ideas, con su modo de ver y vivir la vida.

En estos días no han faltado detalles, detallazos de cariño, sin pensarlo, sin estudiarlo, sin planearlo, porque te salen de dentro. !Qué bien se está cuando notas que te quieren y que quieres¡

Hace poco tuvimos una comida de navidad. Acudimos ocho (exmiembros) más tarde se unieron otros dos. ¡Qué lio de apodos y nombres reales¡ ¡qué alegría encontrarme con una persona a la que no veía desde que ambas éramos de la obra! Hablamos como descosidos, nos reimos sin parar y cada uno se mostró como era, y mojamos en la salsa. Y parecía que nos conociéramos de toda la vida. Y despúes pensaba que realmente, aunque fueran muchos kilometros los que nos separaran, y no nos hubiéramos visto nunca, nos unía un modo de vida.

Agradezco infinitamente la puesta en marcha de esta página y del foro http://www.vuelalibre.org, porque han sido "los instrumentos perfectos" que me han llevado a conocer a gente tan estupenda, porque a través de ellos he hecho verdaderos amigos.



Original