La Santa Sede pedirá más rigor a los procesos diocesanos de canonización

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 9 enero 2008 ( ZENIT.org)


Los obispos diocesanos del mundo recibirán nuevas instrucciones de la Santa Sede sobre el inicio y el proceso de causas de beatificación y canonización.

Así lo confirma el cardenal José Saraiva Martins en «L'Osservatore Romano», anunciando el próximo documento que el dicasterio del que es prefecto, la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, está preparando.

En unos días se podrán consultar esta veintena de páginas, apunta el periódico de la Santa Sede -edición diaria en italiano fechada este miércoles--, motivadas por las modificaciones de Benedicto XVI desde el inicio de su pontificado.

«Celebrar el rito en tierra natal» de aquél que es elevado a los altares es, «sin duda» el más importante de los cambios de este pontificado porque «acerca todavía más al pueblo de esa nación a la Iglesia universal», recalca el purpurado en una entrevista concedida al citado diario.

Por eso el nuevo documento, «destinado a todos los obispos residentes», contiene «algunas instrucciones sobre cómo proceder en el examen de la admisibilidad de nuevos casos y sobre qué hacer en concreto para iniciar y llevar adelante la fase diocesana del proceso», anticipa; así se puede «responder mejor al nuevo espíritu introducido por Benedicto XVI en los procedimientos del rito de beatificación».

«Se trata de innovaciones muy importantes, capaces de subrayar de manera eficaz la teología de la Iglesia local así como fue reafirmada con fuerza por el Concilio Vaticano II», traza el cardenal Saraiva.

Y es que, de acuerdo con el purpurado, «la beatificación de un siervo de Dios en la Iglesia a la que pertenece es algo que toda la comunidad vive de manera compacta, en un clima de fe que se transforma en gozo y fiesta eclesial por el hecho de que uno de ellos ha sido elevado al honor de los altares».

Precisamente por este valor y este fervor que suscitan tales acontecimientos, «es necesario proceder con todavía más cautela y precisión», indica.

El documento «merece especial difusión», y el dicasterio pedirá «la atención especial de los postuladores» --de las causas-- sobre el mismo, recalca su prefecto.

«Estoy convencido de que, de hecho, deben ser precisamente ellos los primeros en conocer perfectamente qué deben hacer los obispos diocesanos» , admite el cardenal Saraiva.

Hace sólo tres semanas Benedicto XVI apuntaba ya esta vía al recibir a los postuladores de la Congregación para las Causas de los Santos y hacer hincapié en el valioso trabajo del dicasterio dada «la importancia eclesial y social de presentar siempre nuevos modelos de santidad».

Sirviendo a la verdad -expresó el Papa, haciendo un recorrido por el itinerario de las causas--, «durante la "investigación diocesana" las pruebas testimoniales y documentales se deben recoger tanto cuando son favorables como cuando son contrarias a la santidad y a la fama de santidad o de martirio de los siervos de Dios».

Esta primera fase del proceso canónico es «en ciertos aspectos fundamental», subrayó el Santo Padre; las pruebas recogidas deben seguir «la objetividad y la integridad», todo ello «bajo la responsabili dad de los obispos diocesanos».

Y «fundamental» es también «la tarea de los postuladores, tanto en la fase diocesana como en la fase apostólica del proceso», advirtió Benedicto XVI, pidiéndoles una labor irreprensible, recta, con competencia profesional, capacidad de discernimiento y honradez «al ayudar a los obispos diocesanos a instruir investigaciones completas, objetivas y válidas, tanto desde el punto de vista formal como sustancial».

Punto de partida de un proceso es la fama de santidad. «Diría que es el único resorte», reflexiona el cardenal Saraiva en «L'Osservatore Romano».

«Sin fama de santidad no se mueve nada» --sigue--; «son los fieles los que señalan a la Iglesia la ejemplaridad de una figura», hasta qué punto «ha sido capaz de influir en sus vidas, alimentar su fe, encender en ellos la ll ama de la esperanza».

«No niego que pueda haber otros promotores, como tal vez la justa satisfacción de una familia religiosa respecto a su fundador o a un hermano» de comunidad, pero «sin el impulso que procede de la fama de santidad es difícil poner en marcha un proceso», concluye.

Por Marta Lago