La Iglesia no actúa sobre el Opus Dei porque no le da la gana

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Por Ramón, 01.03.2006


Hola Orejas,

Hace unas semanas me despedía como escritor, pero he seguido como lector. El último correo de Satur me ha llevado a escribir estas líneas.

Es triste comprobar que las dos interpretaciones que más se ven en la web sobre la postura de la Iglesia (mejor dicho, el Vaticano o la jerarquía) con respecto al Opus Dei son:

  1. La Iglesia no actúa de momento, tiene sus ritmos, pero al final actuará y todo acabará bien.
  2. La Iglesia no actúa porque mira toda solicitud de intervención con recelo, tiene sus ritmos y nadie sabe cómo acabará.

Por lo visto, no podemos esperar que en este u otros problemas la Iglesia actúe como lo que dice ser: alegría y esperanza, luz de las naciones, sacramento universal de salvación. No, funciona como todos: como un poder fáctico más. Vaya por delante que me parece que lo único que se puede hacer es mandar la carta que se mandó, y que es un hecho de gran valentía. Pero...

Yo creo que la Iglesia no actúa en el caso del Opus Dei porque no le da la gana, el Opus Dei le viene muy bien, y si no actúa es porque entre bueyes no hay cornadas. El Opus Dei venía muy bien a la intención de Juan Pablo II de reevangelizar Europa, según su visión no de ser fermento o grano de mostaza, sino de emplear campañas de marketing, medios de comunicación, y la búsqueda de influencia social y política. Por otra parte, la espiritualidad del Opus Dei y sus formas de piedad cuadraban más con la propia experiencia de JPII, no olvidemos que la Iglesia en Polonia sigue teniendo un nivel de práctica de piedad superior a cualquier país europeo. No quiero decir con esto que el pensamiento de JPII fuera el mismo del Opus Dei o que se agotara ahí, ni de lejos, pero sí que existen en algunos aspecto afinidades evidentes. No sabemos qué efecto pueden tener las finanzas del Opus Dei en las de la curia, pero es de imaginar que no se pone a un portavoz (jefe de prensa de Vaticano) del Opus Dei de gratis.

Y es de suponer que con el papa actual, que es coetáneo de este proceso, y que de momento ha mantenido todo como está, cuando no les ha dado más poder, pues tampoco.

Vamos, que por parte del Vaticano, nada que objetar.

La Iglesia históricamente ha actuado cuando ha querido, con energía e incluso con violencia quemando a quien hacía falta o hundiéndolo moralmente si es el caso.

Todo depende de los intereses que estén en juego.

Sabemos lo que sucedió con la teología de la liberación: en cuanto se empezaron a correr los rumores que la hacían sospechosa a ojos de los poderosos de la tierra (y sobre todo de los de aquellas tierras) pronto fue borrada de la faz de las universidades y publicaciones. Monseñor Romero fue llamado a Roma y salió llorando de su encuentro con JPII: el Papa no le comprendía. En menos de 15 años se suspendió a divinis a Boff, Gustavo Gutierrez se planteó hacerse dominico, etc. por dar nombres más conocidos. De aquello (comunidades de base, predicadores laicos...) no queda nada,entre otras cosas porque mataron a muchos de los que movilizaban todo aquello: curas, seminaristas, obispos, que de momento no pueden ser canonizados.

Otros teólogos discordantes como Küng o Häring, estos de otra corriente, también "disolvente" supieron pronto a qué atenerse. El propio Ratzinger, entonces jefe del Santo Oficio se encargó de ello. Y ahora se marca encíclicas diciendo que los sacerdotes están para servir a los pobres. Bien.

Cuando JPII vio que los jesuitas se le "desmandaban", es decir, tuvieron la tentación de experimentar formas nuevas de compromiso por el Reino, no hubo reparos en cesar a Arrupe y nombrar al sucesor más conservador que encontró. El carisma de Arrupe, su servicio a toda prueba al reino de Dios, sus sacrificios personales, no sirvieron de nada. Es más, no se tuvo piedad ni con su enfermedad ni su vejez. No hubo escrúpulos en poner en el índice a título póstumo a Tony de Mello - para muchos jesuitas el que mejor entendía los Ejercicios después de San Ignacio- y rechazarlo como válido para los católicos. Y desde entonces, siguen así. Recientemente se ha suspendido un catedrático de bioética de la Universidad Pontificia de Comillas por presiones de altas instancias eclesiásticas españolas, etc. Vamos, que cuando surge alguien que pone en peligro el estatus material o espiritual de la institución -como hizo Jesús- vaya que sí actúan, con el Antiguo Testamento en la mano. ¿hubo manifestaciones cuando mataron a Rutilio Grande, a Monseñor Romero, a Ellacuría con sus compañeros, o más recientemente a Graciani en Guatemala? No, ni siquiera luto oficial o retirada del embajador. Ahora bien, cuando uno es bienquisto de los poderosos, o hace una teología intrascendente, o decididamente reaccionaria, no pasa nada.

Acaba de morir Marzinkus, el cardenal que gobernaba el Banco del Vaticano cuando el escándalo financiero. Se fue a USA bajo protección de JPII. ¿se devolvió a los fieles el dinero? ¿se dieron explicaciones? ¿se pidió perdón? Por lo visto, a él sí se le podía aplicar el nuevo testamento.

¿Que se queja la gente de lo que hay en el Opus? son tonterías. Me parece que lo decía Alberto Moncada en la web sobre lo que le dijo el Defensor del Menor: ¿que le comen el coco a cuatro niños bien? peor están los niños pobres.

El Opus Dei tiene buenos anclajes en la Iglesia actual, de todo tipo. Tiene curas, obispos, cardenales, personal burocrático en muchas diócesis y discasterios, periodistas, políticos, medios de comunicación... Eso no se mueve así como así. Esto sólo cambiará cuando decaiga el poder financiero del Opus Dei. Es decir, cuando la Iglesia de Roma no le encuentre utilidad.

Y que cada palo aguante su vela.



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