La Gran Narración del Opus Dei y de Escrivá

From Opus Dei info
Jump to navigation Jump to search

Por E.B.E., 24.05.2010


En un reciente artículo, George Weigel habla del futuro de los Legionarios y de los probables pasos a seguir en la cuestión. Weigel ha escrito una muy conocida biografía de Juan Pablo II y es un autor de gran prestigio.

Nuevamente aquí se descubren puntos en común, entre la fisonomía de los Legionarios y del Opus Dei, para usar una palabra que tanto se utiliza internamente dentro de la Prelatura. Ciertamente están los abusos sexuales de Maciel, que sin duda son un tema aparte (al menos, de lo que se sabe hasta hoy de Escrivá, no ha habido nada semejante). Pero la institución como tal, guarda semejanzas notables, tema que viene siendo tratado en varios escritos en esta web.

El escrito de Weigel aporta perspectivas a futuro muy sugerentes.

Cancelar la Gran Narración

Si bien no es un tema nuevo, al menos dentro de Opuslibros y referido al Opus Dei, sí es novedosa la forma en que Weigel lo encara respecto de los Legionarios (y que, nuevamente, se puede aplicar de manera trasparente al Opus Dei).

La Gran Narración es la historia que la institución se creó para sí misma y su propia glorificación. Sería su “Historia Sagrada” transmitida de manera oral principalmente, aunque también de manera escrita. En el caso del Opus Dei sucede lo mismo: pretende ser una revelación divina, una “intervención de Dios en la Historia”, como dice el Iter Juridico (Cap. 3). Escrivá sería la única fuente autorizada de esa revelación: todo se basaría en su testimonio y a partir de él se construye el Opus Dei y su mismo mito. El resto de las personas lo que hizo fue repetir lo que decía Escrivá. Él es el Gran Narrador, y muchísimos leímos su historia sin ninguna visión crítica adecuada. Quienes, por su propio ministerio, tenían la misión de examinar dicho relato, no lo hicieron (por las razones que fueren)...

En el caso de los Legionarios, esa Gran Narración no sólo fue adoptada por sus miembros sometidos a una obediencia ciega, también por personas que por su cargo tenían gran libertad y capacidad de discernir entre lo verdadero y lo inventado.

Tengamos en cuenta que hoy (comunicado del 01/05/2010) la Iglesia está diciendo que Maciel cometió “auténticos delitos” y que ha llevado “una vida sin escrúpulos ni auténtico sentimiento religioso”.

Sin embargo, el cardenal Rodé, prefecto de la Congregación para los Religiosos de la Santa Sede, pronunció en julio de 2007 una homilía laudatoria ante los Legionarios. Ya el 19 de Mayo de 2006 Maciel había sido apartado de la vida pública por la Santa Sede.

"Lo que suscita admiración en la Legión de Cristo es fruto del genio del padre Maciel. El Señor os ha bendecido en estos últimos años con tantas vocaciones, y os continuará bendiciendo si permanecéis fieles al carisma dejado a vosotros por él. ¿Dónde se debe buscar el origen, la fuente de esta sabiduría del padre Maciel? En su amor a Cristo, en su amor a la Iglesia. Allí está el secreto de su vida y el secreto de su obra. Es esto lo que le ha permitido suscitar una obra de dimensión mundial" (traducción de www.Chiesa).

No es casual que Weigel dijera en un artículo anterior que dentro de la Congregación vaticana para los Religiosos había serias resistencias a investigar a Maciel. Difícil no ver que apuntaba a Rodé.

¿Si con Maciel sucedió esta situación, qué no puede haber sucedido en el caso de Escrivá?

Dicho de otra forma: si con el pasado –¿prontuario?- que tenía Maciel se pudo construir -durante años y hasta recientemente- semejante Narración laudatoria y subirla hasta los andamios más altos de San Pedro, es totalmente factible que el caso de Escrivá se tratase de otra Gran Narración, la cual ha llegado mucho más lejos en su alcance –beatificación y canonización-, con escultura monumental en San Pedro incluida. Y ha llegado más lejos, entre otras razones, porque –hasta donde se sabe- Escrivá no cargaba con el peso de los abusos sexuales.

El caso de Maciel es tan grosero que llama la atención cómo llegó tan lejos. Pero a su vez permite comprender que Escrivá llegara más lejos aún, a ser canonizado. Hay una relación proporcional entre el alcance de la Gran Narración de Maciel y la Gran Narración de Escrivá.

El asunto es: Maciel logró ser alabado y Escrivá logró ser canonizado. Hoy Maciel ya no es alabado sino condenado por la Iglesia. ¿y con Escrivá y su Gran Narración que sucederá?

El problema de la Canonización es que implica la consagración de la Gran Narración. Y en el caso de Maciel –como señala Weigel- queda claro que una de las primeras tareas es cancelar esa Narración consagratoria. En el caso de Escrivá no se puede cancelar una sin cancelar la Canonización. Este es el problema, que difícilmente se podrá evadir. Si Maciel ha causado dolor de cabeza por sus escándalos sexuales, habrá que esperar lo que causará Escrivá con sus des-Canonización, de producirse.




El Opus Dei también ha construido su Gran Narración e intenta por todos los medios, cada vez que puede, que la Iglesia sea uno de sus lectores públicos principales, porque de esa manera hace a tal narración prácticamente oficial. Pensemos tanto en el discurso de Juan Pablo II en 2001 sobre el tema de la incorporación de los Laicos a la Prelatura, como así también las narraciones de la Canonización y Beatificación, por no decir también toda la historia escrita en varios tomos y preparada para dar soporte a dichos procesos.

Una cosa es la vida privada de Maciel y Escrivá –que difieren en puntos muy concretos- y otra son las fundaciones que han creado, las cuales tiene aspectos que las emparentan con la patología del fraude.

¿Cuál era el fin de los Legionarios? Todo giraba en torno a Maciel. ¿Cuál era el fin del Opus Dei? Todo giraba alrededor de Escrivá. Fallecidos ambos, todo sigue girando alrededor de ellos. Como fundadores de su propia religión.

Tanto Escrivá como Maciel, pasarán a la historia como grandes fabuladores. Sin duda, Escrivá ha sido mayor que Maciel por haber llegado más lejos, pero Maciel ha llegado más lejos que Escrivá en cuanto al modo grosero en que procedió en su vida.

Medidas Concretas

Entre las medidas concretas que propone Weigel, está la ya mencionada cancelación de la historia oficial.


1) Desmantelar “la cuidadosa historia inculcada de nobles trabajos logrados luego de grandes persecuciones iniciales”. Lo cual me recuerda las grandes historias de Escrivá hablando de sus persecuciones sufridas, historias que nos inculcó durante años y de manera constante.

El problema no es un elemento en particular sino toda una serie de características que van dando forma a la patología del engaño. Muchos santos sufrieron persecuciones e incomprensiones. Es decir, no siempre el que es perseguido es culpable. De la misma manera, la persecución no es necesariamente demostración de inocencia (pero tanto Escrivá como Maciel daban a entender que tales persecuciones eran necesariamente demostraciones de su inocencia y sobre todo de su santidad: un recurso discursivo típicamente sofista).

Primero hay que desarraigar la historia oficial y luego impedir que resurja. Para ello Weigel propone que la Santa Sede publique en detalle la doble vida de Maciel y que cada miembro firme una declaración jurada certificando que ha leído tal publicación. Weigel teme, no sin razón, que la historia llena de falsedades creada por Maciel surja con fuerza más adelante (de hecho, últimamente se habla de Maciel como alguien que “cometió errores” pero hizo también “cosas muy buenas”, hasta compararlo con San Agustín). Hay que evitar la hemorragia de nuevos escándalos: lo mejor es publicar algo completo ahora y no dejar que el caso Maciel siga desgarrando a tantas conciencias en el futuro. Lo mismo se puede aplicar al Opus Dei.

Para que sea completa esa publicación de la Santa Sede, pienso que debería quedar en claro no sólo la doble vida que llevó Maciel sino también la otra cara de la historia, que de no ser registrada con detenimiento y en detalle, pasará al olvido: el modo en que Maciel fue alabado por diversas autoridades e instancias institucionales, elemento que fue fundamental para que Maciel fuera creíble. Muchos creyeron en Maciel debido a las alabanzas procedentes de altos funcionarios de la Santa Sede. Si esto se olvida, no se podrá comprender el grado de perversión de su doble vida. Hoy sigue siendo impactante encontrar en Internet homilías y discursos de cardenales que lo alaban a Maciel. Espero que esos discursos no desaparezcan de Internet, sino que formen el contraste necesario para entender la historia de Maciel y su influencia.

¿Cuántas cosas habría que revisar de la historia de Escrivá y su Opus Dei? En realidad, Weigel dice que la historia oficial de los Legionarios debe ser destruida. Ya no se trata de revisar nada. Pues en el caso del Opus Dei, difícilmente se pueda evitar el mismo destino.


2) Los miembros deberían saber que su entrega a la institución fue “sin conocimiento de la patología del fundador”, por lo cual son libres de abandonarla “sin pecado, culpa, vergüenza o remordimiento”.

Cuánto daño se ahorraría si lo mismo se aplicara oficialmente al Opus Dei. Todo lo contrario a “la teología del rejalgar” inventada por Escrivá.

Esta medida es necesaria, dice Weigel, porque todavía sigue vigente la extorsión institucional (igual que en el Opus Dei) por la cual no se puede abandonar la institución sin caer en grave pecado, “dando la espalda a Dios”.

Una de las cosas que van quedando claras es que “la vocación” no existe aplicada a los Legionarios, pues “lo que hay que salvar” son las vocaciones sacerdotales y “no necesariamente las vocaciones de Legionarios” (¿qué consistencia tendrían a esta altura?).


3) Se deben cambiar todos los superiores a nivel internacional y regional de manera inmediata. Esta sí que es una medida bien concreta e impactante (no sé cuán realizable). Imaginemos que cambiaran todos los del Concejo General y las Comisiones Regionales. Es la única posibilidad para terminar con la cultura institucional del fraude.


4) Suspender inmediatamente la incorporación de vocaciones. Solo una autorización de la Santa Sede permitiría reanudar cualquier forma de proselitismo. Instruir a los obispos para que supervisen este tipo de situaciones en sus diócesis.

Esta es otra medida que hubiera sido necesaria hace años dentro del Opus Dei, para detener el daño. Y esto es lo que se está retrasando. Nuevos inocentes caen en las redes del Opus Dei.

También incluye la suspensión de sacerdotes que hayan presionado las conciencias de jóvenes en la dirección espiritual (incluye colegios como así también los centros de formación).


5) Una profunda reflexión teológica acerca del carisma de la institución. También de la eclesiología que se maneja dentro de la institución (en este sentido, Escrivá está bastante comprometido con sus aires de superioridad y su “misión de salvar a la Iglesia”). El problema en el caso del Opus Dei es la contradicción entre la vida religioso-conventual de los miembros célibes y el “carisma laical” de la institución. Hay muchas contradicciones en la fundación de Escrivá. Y por otro lado el carisma en sí parece vacío de contenido (“la santificación del trabajo” es algo tan básico como “cumplir los mandamientos”).

En el caso de los Legionarios el fundador debe ser repudiado, dice Weigel, lo cual presenta un problema grave (en relación al carisma y su difundidor). En el caso del Opus Dei sucede lo mismo: resulta repudiable el modo en que Escrivá manipuló y engañó a tanta gente que entregó su vida, sus bienes, etc.


6) se trata de un caso sin precedente, agrega Weigel: una congregación religiosa capaz de buenas obras, creada por un sociópata. Por lo cual se puede considerar un escenario de disolución y refundación de la organización.

Es un tema que ya se ha planteado aquí en Opuslibros: si el Opus Dei es reformable o si se puede refundar o sólo disolver.

La personalidad sociopática de Maciel está abrumadoramente definida por sus conductas externas.

En el caso de Escrivá, no se han producido esos desbordes visibles. Pero debido al grado de elaboración del engaño –desde seducir a miles de personas hasta llegar a ser declarado santo, “su obra maestra”- es prácticamente imposible que su persona no estuviera dominada por una grave patología, al igual que Maciel.

La Gran Narración debería ser repudiada junto con su fundador, dice Weigel. No es difícil aplicar el mismo principio a Escrivá.

Con sentido práctico, el autor se plantea los inconvenientes de aplicar las ideas expuestas: desde cuestiones pastorales hasta de vivienda (si la orden se disuelve y sus miembros no encuentran lugar en otras organizaciones) pasando por litigios económicos. Problemas inevitables, si se quiere terminar de manera radical con el fraude creado por Maciel y su organización.

En este sentido, es notable cómo Weigel pone el acento en resolver el tema de los Legionarios de manera terminante, sin intentar soluciones intermedias, que sólo llevarían a extender el daño y reproducir el fraude. Lo mismo se puede aplicar al Opus Dei. La única solución sólo puede ser terminante, no tibia ni tímida. Menos aún, disimulada.

Weigel termina de una manera esperanzadora, confiando que Dios obtenga bienes de todo el mal causado por el affaire Maciel, de manera que se pueda generar un futuro desligado del pasado ominoso. Pero para ello será necesario romper las “cadenas teológicas, psicológicas, históricas e institucionales” que aún detienen dicho proceso.

No menos se puede decir del Opus Dei.



Original