Irreversible

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Por E.B.E., 31 de mayo de 2010


En la Historia sobran ejemplos de cambios irreversibles. Es un principio que manejan los que gobiernan y los que detentan el poder en cualquier nivel de actividad humana. Apuestan al cambio irreversible, para ganar posiciones, para asegurar un logro.

Y es evidente: contra lo irreversible no hay vuelta atrás, aunque suene tautológico.

El Opus Dei también ha apostado a lograr su solidez institucional mediante este tipo de acciones.

Ciertamente, puede decirse que salvo la muerte, muchas cosas son reversibles. Pero no son pocas las que resultan muy costosas de revertir, por lo cual se opta por aceptarlas como están, como si no tuvieran solución. Pensemos nomás en una autopista que se construye en medio de una ciudad derrumbando gran cantidad de casas. Se podría tirar abajo esa autopista y volver esa área residencial nuevamente, pero una vez abierto el camino, ¿quién se anima a cerrarlo? La resistencia es enorme...

El asunto no es la irreversibilidad, sino la resistencia.

Pilatos podría haber cambiado el “INRI”, pero seguramente tenia conciencia de la decisión irreversible que había tomado al dictar sentencia de muerte. Sabiendo que no se podía echar atrás, al menos simbólicamente quiso borrar con el codo lo que había firmado con su mano: resistir el cambio para hacer irreversible también la inscripción que señalaba al reo como Dios.

Hay cosas que son irreversibles y otras que son resistidas.

En el caso del Opus Dei lo irreversible es el daño que llevó a cabo para lograr el magnífico desarrollo institucional y el ascenso dentro de la misma Iglesia. Los años que cada uno dejó dentro del Opus Dei y que éste usó para su propio beneficio, son irreversibles, no tienen vuelta atrás ni devolución. La estrategia de todo engaño es lograr, en medio del silencio, un objetivo que no pueda deshacerse más tarde.

Una vez conocida esta situación, si bien hay cosas que no se pueden reparar, sí hay otras que se podría detener. Pero hay resistencias. Es ahí cuando se prefiere pensar que son irreversibles.

El pasado es irreversible. Lo que está sucediendo en el presente, eso se puede cambiar o detener a tiempo.

Desde el momento en que el caso Maciel tomó notoriedad pública, se tornó irreversible y la Iglesia tuvo que actuar ¿Lo hubiera hecho de todas maneras? No lo sé. De momento, lo que se sabe es que la Iglesia tomó públicas medidas cuando se supo en foros de Internet y luego en el New York Times que Maciel había tenido al menos una hija. Ahí explotó la bomba. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera explotado, hubiera habido una Visita Apostólica? No cuento con información. No es extraño que todo se hubiera desarrollado de manera mucho más lenta. Cuando hay fuego, no queda otra opción que salir a apagarlo. Típica situación irreversible, para evitar otra irreversible también: que el fuego arrase con todo.

O sea, las resistencias se mantienen mientras no sean perjudiciales. Quedarse quieto ante el fuego devorador ya no es beneficioso (salvo para el piromaníaco). La resistencia tiene sentido mientras se considere que es la mejor opción.

Con Maciel hubo muchas resistencias. Y las seguirá habiendo seguramente. Resistencias a investigarlo. Dentro de la mismas Curia Romana (según contaba Weigel en uno de sus artículos). Es decir, importantes resistencias. Pero, pese a la fuerza que han hecho durante años, no han logrado esas fuerzas lograr el carácter de irreversible. Maciel hoy ha caído en desgracia.




El gran enigma es ahora el Opus Dei.

Como decíamos más arriba, gran parte de sus logros los ha realizado mediante el recurso a lo irreversible. Queda ahora diferenciar entre lo irreversible (pasado) y las resistencias (presente).

Respecto de lo irreversible, creo que gran parte del asunto pasa por aceptarlo. Como quien acepta la muerte, así de crudo. Esto aplicado a todo lo que tiene que ver con el daño. Se podría hablar de compensaciones, pero éstas nunca revertirán completamente las cosas. Por eso gran parte pasa por la idea de aceptación (que no es derrota ni rendición, es más una cuestión con uno mismo que en relación al Opus Dei).

Respecto a las resistencias, se trata de un campo abierto al debate. O más bien a las apuestas o las adivinanzas. Porque la liebre puede saltar donde uno menos se la espere. O no saltar nunca.

Hay cuestiones que no está claro hasta qué punto son irreversibles o son en realidad grandes resistencias. La más clara es la Canonización de Escrivá.

¿Es irreversible o es obstinación?

Obstinación entendida no como terquedad sino como verdadero temor a causar un daño irreparable, es decir irreversible. Pues las resistencias apuntan a evitar un mayor daño, generalmente, aunque a veces provoquen todo lo contrario: hacerlo permanente.

Está claro que el apuro del Opus Dei por lograr la canonización en tiempo record tuvo que ver con lograr, una vez más, un objetivo de manera irreversible. Sabiendo la matriz de engaño que caracteriza a esta institución, ¿es posible pensar la Canonización como algo que no tiene vuelta atrás, si gran parte del vicio consistió en buscar ese efecto?

Solamente si su contrario es visto por la Iglesia como un daño mayor al actual. Es decir, si –con palabras de María Angustias- la nulidad de la Canonización causara un daño irreversible mayor que el actual. Curiosamente, a veces un daño irreversible se puede solucionar con otra acción irreversible, al menos en parte.

De momento sabemos que el Opus Dei está recibiendo correcciones por parte de la Santa Sede. La pregunta es ¿será suficiente? Sin duda no contamos con la información de cuántas son ni de cuántas más serán esas correcciones, por lo cual toda evaluación será siempre imprecisa, al menos desde aquí, desde el llano.

Lo que resulta difícil es que toda una serie de correcciones puedan modificar una o varias acciones irreversibles.

Como se dijo anteriormente, una acción irreversible se modifica –sus consecuencias actuales, no el pasado- mediante otra acción irreversible. No hay puntos medios. No hay posibilidad de disimular el efecto para que no sea chocante.

Sin duda el Opus Dei tiene un talento especial: llevar a cabo acciones irreversibles de manera silenciosa y mediante anestésicos, de tal manera que el paciente no sienta nada en el momento de la operación. Solamente luego aparecerá el dolor, cuando ya no esté presente el cirujano ni haya lugar para reclamo alguno.

Por lo cual, ¿cómo justificar una acción irreversible contra... una institución que no parece haberle causado daño a nadie y menos de manera irreversible? Tal vez algo semejante sucedía con Maciel, y la Santa Sede –sabiamente- no actuaba, hasta esperar a que las circunstancias pusieran en evidencia la necesidad de medidas extraordinarias. Pues, ¿cómo salir a apagar un incendio cuando no hay fuego devorador a la vista? Sería considerada una acción desconcertante, irracional, arbitraria, peligrosa. Sería peor que no actuar, paradójicamente. Entonces, mejor no actuar y esperar (al menos hasta que las llamas se aviven un poco). No sería extraño que la prudencia de la Santa Sede se transforme a veces en una aparente apatía.

Por lo cual, de momento hay correcciones hacia el Opus Dei, hechas de manera muy discreta.

El gran problema es si todo se queda en eso, y mientras tanto el Opus Dei sigue avanzando con su daño silencioso.

El principio básico es que para que haya medidas extraordinarias ha de haber escándalo.

Con el caso Maciel se cumplió. Mientras no hubo escándalo, el caso no pasó a mayores. Posiblemente, previendo el escándalo, la Santa Sede fue preparando el terreno (dimisión de Maciel a su cargo, retiro de la vida pública, etc.).

¿Estas correcciones son también una preparación del terreno? No sería extraño. Pero lo que no veo es de qué forma pueda saltar el escándalo. Salvo que estén preparando la transición.

Porque si hay algo que tiene claro el Opus Dei es evitar el escándalo. El daño lo produce de manera no escandalosa. Esto es lo dramático y lo que permite al Opus Dei seguir avanzando sin que nadie lo detenga. De hecho, el Opus Dei en su reglamento interno tiene como principio echar a la persona que causa escándalo o no admitir dentro de sus filas a personas que hayan causado escándalo. ¿Por razones morales? Por estrategia seguro.

Es llamativo cómo Maciel no causó escándalo durante su larga vida, llevando una conducta criminal. Pero claro, en algún momento la bomba iba a estallar.

Pero el Opus Dei evita el escándalo de manera sistemática, ¿por lo cual cómo acusarlo de “algo que no cometió”? Pues las medidas extraordinarias son siempre una forma de acusación.




Sin embargo, en el caso del Opus Dei, el escándalo tiene lugar en la intimidad. Esto es algo de lo que la propia conciencia da testimonio permanentemente. Lo que ha sucedido es que ese escándalo no se ha hecho público hasta el día de hoy.

Hecho público en el sentido de tomar dimensión social. Porque es muy difícil que así suceda.

Es un hecho privado, a semejanza de las violaciones que cometía Maciel y permanecían en la intimidad. La diferencia es que no es fácil graficar el hecho en el caso del Opus Dei.

A pesar de la existencia de Opuslibros y tantas otras webs, el escándalo que cada uno ha sufrido no se ha puesto de manifiesto de manera social. Es decir, los únicos escandalizados somos cada uno de nosotros y, casi únicamente, en nuestra intimidad. Como si no hubiéramos podido articular esa experiencia de manera adecuada.

Hoy ya nadie pone en duda el carácter escandaloso de Maciel. Sin embargo, el daño –psicológico, espiritual, material, etc.- llevado a cabo por Escrivá y su Opus Dei no escandaliza a casi nadie, salvo a sus víctimas. O al menos no termina de ser bien expresado, no lo sé.

Cualquier entiende el carácter delictivo de los abusos sexuales cometidos por Maciel. Pocos entienden el daño cometido por Escrivá y su Opus Dei. Este es el punto en el cual estamos fallando, diría.

Escandaloso es que alguien que dañó a millares de personas haya recibido la condecoración de la Canonización. Pero si el daño no queda patente, ¿qué mejor objeción queda?

En el caso de Maciel, bastaba con que una de sus hijas o hijos carnales se presentara a reclamar su herencia. El escándalo estaba en puerta. El caso de Escrivá no es así de fácil de poner en evidencia.

El daño del Opus Dei es un “secreto a voces” que no llega a tomar dimensión de escándalo. Ese es el problema para frenar el fuego.

Quién sabe, tal vez la solución sea actuar con la misma medida: ir apagándolo de manera silenciosa –con correcciones-, porque de otra manera –con medidas extraordinarias- sólo se lograría avivarlo más. No sería raro que, en este sentido, la Santa Sede esté “atada de manos” para aplicar medidas extremas, por considerarlas imprudentes en este momento.

Salvo que logremos poner en evidencia el daño. Y el escándalo naturalmente será la justificación natural a la acción extraordinaria. Pero no parece claro cómo lograrlo.

Ciertamente, si desapareciera la vida institucional del Opus Dei –por falta de vitalidad-, la nulidad de la canonización podría realizarse sin problemas y sin que comporte demasiado escándalo. Al contrario, sería algo bien recibido y comprendido, previa explicación de cómo Escrivá logró llevar a cabo su fraude.

Si las correcciones estuvieran preparando la transición, quiere decir que las medidas extremas llegarán, pero a su debido tiempo, evitando que lo que quede del Opus Dei –sus miembros inocentes- naufrague completamente, como posiblemente suceda con los Legionarios. En ese caso, la Santa Sede demostraría sin duda una gran sabiduría de siglos.

Realizada la etapa de transición, se podría proceder a medidas más fuertes, como la revisión de la Canonización de Escrivá. Lo cual sería una medida muy dura, pero realizada dentro de un contexto de reformas, sin necesidad de escándalo que las justificara (como en el caso de Maciel). El plano inclinado -y no la pendiente empinada-, pareciera ser el camino que le tocará transitar al Opus Dei.

Sin duda, a más de uno nos gustaría una intervención contundente de la Santa Sede, proporcional al escándalo sufrido interiormente. Sólo medias extraordinarias e inmediatas lograrían colmar esa medida. Lo cual no creo sea probable, debido a que el escándalo no ha tomado dimensiones sociales adecuadas.

Pero quién sabe. Tal vez ya estemos actualmente frente a un proceso irreversible del Opus Dei, solo que no lo vemos aún. Invisible, como el daño que nos ha provocado el Opus Dei.



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