Insulsa felicitación navideña del Prelado del Opus Dei

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Por Trinity, 4.01.2008


A la vuelta de mi curso retiro, me saco un rato para comentar –por supuesto, sin el permiso de la Oficina de Información, que siempre se mosquea con mis interpretaciones: cuestión que me confirma en que no debo andar muy descaminada- mis impresiones sobre la felicitación que el Prelado ha enviado para felicitar la Navidad.

  1. Lo del “un año más” inicial, marca el tono de la carta. Es como una delación subconsciente de que lo siente como un oneroso deber que cíclicamente tiene que cumplir. No porque tenga nada que decir, que -como podréis ver al leerla- no lo tiene, sino porque es lo que toca ahora. Es la misma impresión que una tiene cada día más en los medios de formación del Opus Dei: falta vida, todo es cansino y repetitivo, falta la fuerza del Espíritu de Dios.
  2. Me parece penoso que centre la carta en los sentimientos del Fundador, en vez de hablar de Jesucristo: “Se me va el pensamiento a nuestro Padre”. Cada vez sucede más en la Obra: el centro no es Dios, sino el Fundador: y las cosas de Dios sólo cuentan según la interpretación del Fundador, y no la de la Iglesia. Con ello, la espiritualidad del Opus Dei va dejando de ser cristocéntrica, para convertirse en un culto fanático a una persona humana, cuya figura además ha sido desvirtuada artificialmente.
  3. Considero significativo que su pensamiento, además de írsele al Fundador y no al Portal, evoque precisamente los momentos en que éste se sentía solo y sólo acompañado de la esperanza en l@s que habríamos de venir. ¿Por qué se siente tan solo el Prelado? ¿Porque hasta su mismo Vicario General ya no le apoya y ha sido apartado de su función? ¿Por qué la gente se le está yendo a puñados, unos porque fueron presionados a entrar sin vocación y otros porque se han dado cuenta de que el espíritu que les atrajo no se puede vivir con las estructuras de la institución?
  4. Imitando al Fundador, aprovecha las escenas de la Navidad para reclamar a los fieles de la Prelatura que renuncien a su yo, a su personalidad, con esa ascética nihilista que utilizan las sectas para anular las conciencias y manipularlas. No es ésa la enseñanza constante del Papa quien siempre insiste en que Cristo no quiere la renuncia a nuestro verdadero yo, sino a lo malo que pueda haber en nosotros, pues Él no nos quita nada y nos lo da todo.
  5. La exhortación final a pedir “con más piedad, por la Iglesia, por el Papa y, lógicamente, por todo el Opus Dei”, justo después de mencionar el año mariano de preparación del 80º aniversario de la Obra, me parece que tiene su aquél. ¿Por qué hay que pedir con más piedad por la Iglesia y el Papa? ¿Por qué la petición por aquellos tiene, como consecuencia lógica, la petición por el Opus Dei? ¿Tan mal están la Iglesia y el Papa en relación a la Obra?: porque ya se sabe que aquí las cosas de los demás importan según afecten al Opus Dei. ¿Tanto temen el palo que puede llegarles cuando concluya la investigación en curso sobre la ocultación de los reglamentos por los que se rige la vida de la Obra o sobre la violación del secreto de conciencia?

Ojalá sea así.



Roma, Navidad 2007

¡Que Jesús Niño me guarde a mis hijas y a mis hijos! Queridísimos: un año más, os envío mi más cariñosa felicitación de Navidad. Me siento muy cerca de cada una, de cada uno de vosotros, en los Centros, en vuestros hogares. Se me va el pensamiento a nuestro Padre, a los comienzos, cuando estaba solo en la Obra y, a la vez, por su fe grandísima en el Señor, viéndonos ya a los que habíamos de venir.

No dudo de que de nosotros hablaría con Jesús, con María y con José. Siempre hemos estado presentes en su oración, porque el tema de sus dos medias horas y de su presencia de Dios, como nos decía, era el “tema de su vida”, y no sabía ni quería separar su existencia de la nuestra.

Conocemos que se metía en el Portal como un personaje más, escondido porque no se atrevía a molestar. Pero se fijaba en todo, con ánimo de aprovechar y de descubrir hasta el último detalle de esa Familia a la que pertenecemos. A la luz de la fidelidad constante de los tres -basada en la humildad-, quería para sí mismo y para sus hijas y para sus hijos, que aprendiésemos la ciencia de la heroicidad en la vida ordinaria, con un rechazo total de cualquier atisbo de comodidad, de soberbia, de afirmación tonta del propio yo. Y ponía sus ojos en cómo resarcían María y José, contemplando sin interrupciones a ese Dios nuestro, que se puso en sus manos y ahora también en las nuestras.

Le he visto detenerse ante los Nacimientos y, concretamente, me acuerdo de sus paradas diarias ante el que colocó en la “Galleria del Fumo”. Se palpaba su conversación con Jesús, con María y con José. De cuando en cuando, movía alguno de los presentes que habían llevado los pastores. Mi interpretación, que resumo, era que se veía como uno de aquellos pobres pastores, pero le llevaba todo, lo poco o lo mucho que tenía: lo ponía a la vista de Jesús, para no quitarle nada. Y, también pienso en mi oración, que le pediría por la generosidad total de sus hijas e hijos de todos los tiempos.

Os deseo unas felicísimas Fiestas al amparo de Dios, en este año mariano, preparándonos para el 80º aniversario de la Obra.

Pedid, con más piedad, por la Iglesia, por el Papa y, lógicamente, por todo el Opus Dei.

Os necesita, os recuerda y os bendice vuestro Padre

+ Javier



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