Independencia de criterio vs. docilidad y obediencia

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por Idiota, 5.06.2005


Quizá convenga explicar a Deboserlerdo y a Neska por qué es tan difícil llevar la contraria a los directores en la Obra. Tal como lo plantean ellos, parece que es la cosa más natural del mundo y que los "lerdos" debieron de ser los que obedecieron hasta romperse o los que únicamente opusieron una resistencia pasiva a mandatos injustos. El "libro silenciado" de Antonio Esquivias nos viene como anillo al dedo; en él se explica que hay una continuidad y permeabilidad entre el gobierno del fuero externo y la dirección espiritual del fuero interno, implícitamente prohibida en la Iglesia por el canon 240,2 del CIC (el dato está equivocado en el texto original) por analogía con el régimen de los seminarios:

"Nunca se puede pedir la opinión del director espiritual o de los confesores cuando se ha de decidir sobre la admisión de los alumnos a las órdenes [= sacerdocio] o sobre su salida del seminario."

Esta continuidad es causa o consecuencia de la confusión que existe en la Obra entre las virtudes de la docilidad y de la obediencia (véase al respecto Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Madrid: Rialp, 2003). La virtud de la docilidad es parte integral de la virtud cardinal de la prudencia que es la que ejercemos cuando tomamos decisiones en el foro interno de la conciencia y consiste únicamente en la apertura de espíritu al consejo de quien tiene la sabiduría y la prudencia necesarias (sin obligación de seguirlo). Citemos a Santo Tomás (STh II-II, 49, 3, resp.) (3):

As stated above (2, ad 1; 47, 3) prudence is concerned with particular matters of action, and since such matters are of infinite variety, no one man can consider them all sufficiently; nor can this be done quickly, for it requires length of time. Hence in matters of prudence man stands in very great need of being taught by others, especially by old folk who have acquired a sane understanding of the ends in practical matters. [...] Now it is a mark of docility to be ready to be taught: and consequently docility is fittingly reckoned a part of prudence.

Sin embargo, la virtud de la obediencia (sobre la que algún día hablaré más largo) es una parte potencial de la virtud cardinal de la justicia, que es la que ejercemos cuando seguimos los mandatos legítimos de la autoridad legítima en las cuestiones que le competen en el fuero externo. Ahí va otra hermosa cita de Sto. Tomás (STh II-II, 104, 2, ad 2) [Por desgracia, no he encontrado en la red una versión española de la Summa theologiae. "Propter has culpas peto veniam et poenitentiam", como en el círculo;-). ]:

Obedience is not a theological virtue, for its direct object is not God, but the precept of any superior, whether expressed or inferred, namely, a simple word of the superior, indicating his will, and which the obedient subject obeys promptly, [...]. It is, however, a moral virtue, since it is a part of justice, and it observes the mean between excess and deficiency. Excess thereof is measured in respect, not of quantity, but of other circumstances, in so far as a man obeys either whom he ought not, or in matters wherein he ought not to obey, as we have stated above regarding religion (92, 2). [...]. (Me ahorro la parte sobre el defecto de obediencia.)

El resultado de esta confusión es, por un lado, que es extraordinariamente fácil convertir un mandato dado para el fuero externo en una cuestión que toca el fuero interno. Ahí encaja todo lo que a uno se le puede decir en la charla sobre falta de espíritu sobrenatural, humildad, rectitud de intención, generosidad, obediencia y espíritu de sacrificio, generando un increíble cargo de conciencia, asfixiante y agobiante, en cuestiones de suyo sin importancia o, lo que es peor, en cuestiones en las que, en el fondo, el director no debería mandar porque se salen de su competencia (¡que las hay y muchas! -por eso he puesto en negrita la frase de Sto. Tomás más arriba-). Preguntémonos, por ejemplo, si la directora de Neska tenía derecho a pedirle que influyera sobre esa chica de dieciséis años para que viniera al centro, teniendo en cuenta que el trabajo de Neska en la parroquía es y ha de ser independiente en todos los sentidos de la labor de la Obra. ¿Qué hubiera pasado si ella se hubiera sentido obligada en conciencia por el mandato de la directora mientras que su propia conciencia la obligaba a "desobedecerla"?

El resultado de esta confusión es, por otro lado, que es extraordinariamente fácil convertir un consejo dado para el fuero interno en una cuestión que toca el fuero externo. Ahí vuelve a encajar todo lo que a uno se le puede decir en la charla sobre falta de espíritu sobrenatural, etc. generando un otro tipo de cargo de conciencia, igualmente asfixiante y agobiante, en cuestiones referentes al fuero interno, en las que, en el fondo, al director no le está permitido mandar. Preguntémonos, por ejemplo, en el caso de Neska, hasta qué punto es objeto de obediencia el rezo del Trisagio Angélico y, por extensión, el cumplimiento de las Normas y Costumbres. ¿Qué hubiera pasado si ella se hubiera sentido obligada en conciencia por los consejos ascéticos de la directora mientras que su propia corazón la llevaba en otra dirección? En su caso, ha tenido la suerte de tener una directora con cintura, pero el tema de la obligatoriedad (en ambos fueros) del cumplimiento de las Normas y Costumbres está lejos de haberse solucionado y es, por desgracia, uno de los grandes ausentes en OpusLibros (corregidme si me equivoco). (Que conste que no tengo nada en contra de las Normas en sí y que sólo estoy expresando mis dudas ante los planteamientos sobre su obligatoriedad hechos en los medios de formación y en la normativa de la Obra.)

Hay que observar que el Fundador no tenía nada claro este asunto ("Recibe los consejos que te den en la dirección espiritual, como si viniesen del mismo Jesucristo" (Forja 125): ¿docilidad u obediencia?). De él son estas tremendas palabras, que los experimentados conoceréis (Meditación "Vivir para la gloria de Dios", 21.11.1954, en: Meditaciones IV, 88, 89):

"HIJO mío, ya te has persuadido, con esta parábola, de que si quieres tener vida, y vida eterna, y honor eterno; si quieres la felicidad eterna, no puedes salir de la barca, y debes prescindir en muchos casos de tu fin personal. 'Yo no tengo otro fin que el corporativo: la obediencia.' [= fuero externo] ¡Qué hermoso es obedecer! [...] Hijo mío, convéncete de ahora para siempre, convéncete de que salir de la barca es la muerte. Y de que, para estar en la barca, se necesita rendir el juicio [= ¿de la conciencia?: fuero interno]. Es necesaria una honda labor de humildad: entregarse, quemarse, hacerse holocausto." (Efectivamente, muchos están "quemados". Sobre "rendir el juicio" ya escribí el 17.04.05; sobre la parábola de la barca, ver E.B.E. (13.12.2003) y Hormiguita (28.12.2003).)

Yo siempre creí que la parte en negrita tenía un sentido hiperbólico, pero no: mi experiencia en la Obra me dice que, para l@s numerari@s eso es así, al pie de la letra, sin restricciones. Alguno me contestará que existen textos como el siguiente:

"El gobierno de la Obra se basa en la libertad y en la confianza. Confianza del que manda, en la responsabilidad del que obedece. Por eso he dicho alguna vez que la Obra es como una organización desorganizada, en la que cada Región, cada casa, actúa con plena autonomía. Hijos míos, no vayáis nunca en manada, formando un grupo. Cada uno, con su libertad personal y su personal responsabilidad. Creo en la libertad como medio de formación; creo en la libertad como medio de eficacia; creo en la confianza como condición de unidad."

Parece increíble, pero es también del Fundador (Crónica 07.1966, 58, en: Meditaciones IV, 302). El que sea capaz de reconciliar la utopía diseñada aquí con la agobiante realidad de la primera cita sin volverse majareta, que escriba rápidamente a OpusLibros, que le leeremos todos con sumo interés. ¿Quién es el "idiota" o el "lerdo" aquí?

Espero que con estas aclaraciones les haya quedado claro a Deboserlerdo y a Neska el agobiante peso espiritual y psicológico al que pueden estar sometidos los miembros de la Obra, sobre todo en el caso de los numerarios, que, al vivir en un centro, están bajo la continua observación ("cariñosa") de sus hermanos. Que cada cual disfrute de su libertad de espíritu pero, por favor, se abstenga de juzgar la situación de la conciencia de miembros y ex-miembros de la Obra, situación que puede dar lugar (y da lugar) a sufrimientos muy grandes y, por desgracia, muy difíciles de entender.

Antes de despedirme, pido perdón sobre todo a Neska por si la he ofendido con mis ideas y, sobre todo, con mi interpretación de su vivencia personal. Nunca ha sido mi intención entrar en polémicas o hacer daño a nadie y lo sentiría de veras, si hubiera sido el caso. Neska, me caes muy bien...


Original