Hacia dónde va el Opus Dei?

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Por Sancho1964, 1.02.2013


Cualquier empresa requiere planeación. Últimamente me he preguntado cuál será visión a futuro de los directores del Opus Dei ante la innegable situación actual de falta de vocaciones y desconcierto de muchos miembros de la obra, especialmente numerarios (por lo que observo, pocos supernumerarios alcanzan a ver siquiera que algo no va bien…) ante los abandonos y falta de auténtica caridad al interior (por no decir engaños, mentiras, deshacer vidas, falsear la secularidad, presionar para pitar, mantener una organización eclesiástica al margen y exenta de la cooperación diocesana, etc...).

Hace algunos días platicando con un sacerdote numerario me comentaba -ante las pocas vocaciones de numerario que hay actualmente y la tendencia previsible a la baja en un futuro- que él visualizaba el opusdei en medio del mundo propiamente en los supernumerarios”, y los numerarios estarían encaminados naturalmente a labores administrativas y al sacerdocio para atender a los supernumerarios. Algo parecido me dio a entender un vicario del opusdei hace algunos meses cuando le cuestionaba acerca de las pocos numerarios que trabajan en medio del mundo, contrario a lo que siempre fue el gancho para muchos, que al entrar nos visualizamos trabajando en nuestra labor profesional. Este vicario visualizaba a los pocos numerarios que hay -y habrá en un futuro…- dedicados primordialmente a labores internas y/o sacerdotales para atención de los que sí podrían estar en medio del mundo: los supernumerarios. Esto mismo he concluido en conversaciones con miembros de la obra y algunos ex. Recuerdo que hace algunos meses alguien escribía en Opuslibros algo parecido: los numerarios estarán en labores internas o serán sacerdotes y los supernumerarios serán la cara externa del Opus Dei, los que realmente actualizaran esa “llamada a estar en medio del mundo”...

Se ha argumentado extensamente aquí que los únicos que pertenecen estrictamente (realmente/verdaderamente) a la prelatura son los sacerdotes y el resto –laicos, célibes y casados- cooperan orgánicamente con los fines de ésta. Por si fuera poco, el nombre oficial de la Prelatura es “Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei”; me parece que quien decidió el nombre lo hizo consciente de la realidad que representaría. Este nombre nos dice que hay dos entes en algún tipo de simbiosis: uno formado por una prelatura (miembros de una “sociedad sacerdotal”) y otro grupo llamado “Opus Dei”, personas que no tienen el mismo vínculo o son ‘diferentes en algo’ (tan diferentes que no caben en la Prelatura…).

Una posible explicación -piensos míos- del caos que es el opusdei: la falla no está necesariamente en la idea que lo generó, sino la implementación; no tengo por qué dudar de que Dios en un momento dado inspiró al fundador la idea de recordar a los cristianos que todos están llamados a ser santos en medio del mundo (posiblemente no era una idea original, pero sí el deseo de trabajar por ella en alguna forma concreta). Esto no me parece mal, pero me pregunto: ¿era necesario crear un específico vínculo y compromiso con una institución (¿vocación?) o simplemente animar y mover a los cristianos a renovar el compromiso ya adquirido con el bautismo? Si necesitaba sacerdotes para ello, sería tan sencillo como fundar una sociedad sacerdotal que viniera a atender a cuantos se sintieran atraídos a esta espiritualidad de vivir el cristianismo con más profundidad sin más ni más: sin vocaciones, votos ni compromisos de ningún tipo. ¿Qué necesidad tiene una persona casada –o célibe- que se encuentra y desea estar y continuar en medio del mundo como buen cristiano, de asumir una “llamada específica a la santidad” -un vínculo permanente con una institución- que le ayude a ser buen cristiano ‘en medio del mundo’? (estar bautizado, si no estoy mal, es ya tener una vocación plena de ser buen cristiano. Yo he decidido participar activamente en algunas actividades de mi parroquia y no ha sido necesario un vínculo permanente específico, solo el compromiso basado en mi libertad).

El fundador podría argumentar: “La novedad son éstos medios y formas específicos…” Si lo que deseaba es que su miembros permanecieran en medio del mundo, esta nueva “espiritualidad” debiera encontrar sus medios en lo que es propio de los laicos que ya está ahí, es decir en la Iglesia -y en concreto a la iglesia particulara la que se pertenece- y con los medios espirituales que se presentan en ese medio y en ese tiempo específico. Los directivos de dicha organización deberían animar a participar en la iglesia particular con los medios que ahí se encuentren -o animar a mejorarlos-, y no como el Opus Dei actúa: promoviendo la segregación y el no involucramiento con la Iglesia particular y los grupos y organizaciones que cooperan con ella. De hecho el fundador se jactaba de que todo en las normas de la vida espiritual era tradición de la Iglesia: domingos de san José, hacer oración mental, ir a Misa, visita al Smo., rezo del Rosario, etc…

Pero no, se ha engañado:

  • Solo los sacerdotes pertenecen de derecho y de hecho al Opus Dei.
  • A los posibles numerarios se les presenta la vocación a estar en medio del mundo como uno más cuando en realidad estarán en gran medida dedicados a labores internas y con una gran posibilidad de ordenase sacerdotes (y mientras no se ordenen no pertenecerán a la prelatura, solo cooperarán con ella)
  • De igual manera los supernumerarios no pertenecen a la prelatura y se les sobrepone una “llamada para ser buen cristiano” a su original vocación cristiana a la santidad (¡!?)
  • Etc.

¿No será que el fundador de plano no supo, no pudo o no quiso organizar una noble inspiración que se le fue dada y terminó creando un monstruo que, ante su rápido crecimiento (recuerdo una frase que el mismo fundador repetía: “Lo que nace grande es monstruoso y muere”) le terminó fascinando y cayó presa de su propia creación?

Recuerdo que el mismo fundador explicaba que las primeras almas que se acercaban a él -a sus ideas- se le escapaban de las manos como el agua… Posiblemente ante esa sensación de ineficacia optó por crear lazos, vínculos, candados, votos (que no lo son), obligaciones, llamada, vocación… Total, una organización ‘eficaz’, que obligara física, moral o psicológicamente a permanecer cerca de él, a sus ideas, a su creación.

Ante la falta de una intervención valiente y decisiva de la autoridad eclesiástica, posiblemente estemos en presencia de la lenta evolución-pragmática, acomodaticia y forzada ¿planeada?- del Opus Dei, no necesariamente a lo que debió ser o quisieron ser, pero sí hacia una forma en que no provoquen reacciones indeseables y perjudiciales para sus fines dentro de la Iglesia y en la sociedad. Posiblemente, forzados por la necesidad, terminen llamándole a las cosas por su nombre: los numerarios son seminaristas en distintas etapas, las numerarias laicas comprometidas y los supernumerarios serán tan solo laicos que desean cooperar con dicha institución.

No dudo que en un futuro no muy lejano se maneje la idea de que los numerarios no están llamados a estar en medio del mundo y ejercer su profesión laical, sino que son personas llamadas a servir administrativamente a la institución o en preparación para el sacerdocio, como siempre ha sido y lo quiso nuestro fundador desde el principio




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