Gracias a todos... y al metro

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Por Nachof, 7.01.2009


Ahora que comienza el año, doy gracias a Dios por todo lo que he vivido desde que me fui del Opus Dei, al mismo tiempo que le agradezco que haya permitido circunstancias que hicieron que esto fuera posible despues de treinta y cuatro años. Han sido muchas las personas que tuvieron algo que ver en mi marcha y en mi situación actual. ¡GRACIAS! No me arrepiento de haber abierto la puerta y haberme ido. Cada circunstancia tenía algo escondido, pero algunas personas tuvieron mayor peso específico para que se produjera mi abandono. ¡Qué bonito haber abierto los ojos y haber encontrado un sitio para escribir como Opuslibros, donde narro mis experiencias, para que otros no caigan en lo mismo que yo caí!. Una parte importante ha jugado el metro de Madrid. Luego explico por qué. Mientras escribo estas líneas, las seis de la tarde del día 6 de enero, aunque en Canarias donde vivo es una hora menos, recuerdo que hace un poco más de diez años yo asistía a una meditación del sacerdote en el centro Amaniel de Madrid y posteriormente recibía los regalos de Reyes...

El fundador de la Obra, en el punto 268 de "Camino", invitaba a dar gracias a Dios a lo largo del día "por todo, porque todo es bueno"- Y yo le doy las gracias a Dios porque se produjeran una serie de circunstancias en mi vida que, acumuladas, son las que han provocado mi salida del Opus Dei. Son momentos en los que se pasa mal, pero cuando lo piensas ahora con perspectiva de los años, agradeces que haya sucedido. Sin estos casos, no hubieras salido del Opus Dei, y lo mismo pasa cuando pienso por qué empecé a escribir en Opuslibros o cuáles son mis amigos actuales.

Ante todo decir que me alegro de haber pitado de numerario el 19 de marzo de 1965 y en agosto de 1966 pasé a oblato (hoy agregado). Por ello, le doy las gracias a don Joaquín Ibarz, que era el director de la delegación de Madrid (entonces no había dos delegaciones) y a Santos Velasco, Antonio Álvarez y Pipe Areta, que con el sacerdote Jorge Salinas era el consejo local de aquel sitio. En este último centro era muy dificil estudiar y bajé de rendimiento. Por ello, muchas gracias. Tambien gracias a Martincho, John Leitter y Pedro Muro Romero (este me parece que no sigue en la Obra), con el sacerdote Juan Rodríguez Cheda, el consejo local de General Oraa 5, donde pité.

De Vitrubio, 3 me trasladé a Recoletos, 5, un centro de oblatos, que tenía fama de que pitaban muchos, pues el año anterior habían solicitado la incorporación más de 30 personas, pero cuando yo estuve pitaron solo Fernando S., Ángel (de numerario, pero hoy es ex) y Fernando T. Vaya bajón se produjo en el curso 1966-67. El consejo local eran Paco Ocáriz, Carlos Pérez San y Oscar Luco, que nos trataban muy duro, sobre todo el primero y el tercero. De ellos aprendí que la Obra no era una familia, sino un cuartel con un mando que hacían que me rebelara. Algún día ya conté lo de José Luis M. el celador de oblatos que entonces se fue del Opus Dei. El sacerdote, Ricardo Gutiérrez, que nos daba gusto tratar con él, tambien se fue de la Obra a los pocos años. En ese centro ya llamado de agregados vinieron Juan José García-Noblejas Liniers, que presumía de hacer películas, entonces secretario general de la Obra; Juan Grinda, que había sido subdirector de agregados de la delegación, y que era muy cariñoso con nosotros, y Joaquín Villanueva, que venía de Australia. A todos ellos les doy las gracias por los ratos buenos y los ratos malos. En esos años, cuando acababa de terminar el Concilio Vaticano II, se produjo un importante abandono de agregados. Yo me iba dando cuenta que yo era de los pocos que iban quedando.

Vi al fundador de la Obra en el Instituto Tajamar en septiembre de 1967 y posteriormente en la II Asamblea de Amigos de la Universidad de Navarra, en septiembre-octubre de 1967. Aquello era como una demostración de la fuerza del Opus Dei, con la homilía durante la misa en el campus. Era la primera vez que veía a San Josemaría oficiando una misa cara al pueblo. Durante esos días dormí en el gimnasio del colegio "El Redín" de Pamplona. Nosotros teníamos prevista una tertulia con el fundador en el teatro Gayarre, pero al final no tuvo lugar. Nos frustró la ilusión que teníamos, aunque hubo otra para todos los que nos habíamos desplazado a la ciudad. Por toda esa experiencia, gracias.

El 26 de junio de 1975 falleció el fundador. Era un hecho que no estaba previsto en el Opus Dei, donde se alegaba que él (hoy San Josemaría) había dicho la fecha de su fallecimiento. No se cumplió. Yo ya pertenecía al centro Cuatro Caminos 4, desde hacía un año. Como periodista, me enteré inmediatamente del hecho. El corresponsal de mi agencia en Roma, el supernumerario Salvador Aragonés, llamó inmediatamente para dar la noticia. Pero el director de Cuatro Caminos, Pipe Areta, me pidió que no diera la noticia a otros de la Obra, cosa que hice. El no se fió de lo que yo le contaba. Si Pipe no era comunicativo en Vitrubio, 3, ahora estando de director más arriba, lo era menos. Por esa distancia que teníamos, gracias te sean dadas.

Era 1975 el año que yo cumplí los 30 años. Por esa mayoría pasé a un centro de agregados mayores en la calle de Monte Esquinza, 22, y ello iba acompañado de la atención a los supernumerarios de este centro. Pues bien, pasé a atender a los supernumerarios que tenían relación con la seccion de estudios nocturnos para alumnos menos pudientes en el colegio Retamar, sin abandonar Monte Esquinza. El director de éste último era José Ignacio Ramírez Ollero, que me había dado el círculo de San Rafael en General Oráa, 5. Fueron unos años de felicidad los que pasé en este centro. El subdirector era José Luis López Lubián andaba con problemas de agotamiento. Íbamos a nadar al Club Santiago, una piscina de Madrid con separación de sexos. En ese centro aprendí a ser querido, cosa que no había experimentado desde 1965, cuando pité. Por ejemplo, aquí se me invitaba a comer despues de la piscina y a merendar de vez en cuando. Gracias os sean dadas.

Aunque la sede del centro estaba en Monte Esquinza, 22, el sitio donde recibíamos la charla los agregados era un piso alquilado en la calle Fortuny número 29. Pero la felicidad se acabó el día que fue nombrado director el periodista Pepe Apezarena, que era redactor jefe mio en Europa Press. Remito al artículo titulado "El doble director" para explicar lo que pasó. Total que me trasladé al centro llamado "Lima", en la calle Infanta Mercedes, cercano al estadio Santiago Bernabéu. El sitio donde éramos atendidos los agregados estaba en la calle General Yagüe 11, justo debajo de la casa del compositor Joaquín Rodrigo y ahí no disponíamos de las publicaciones internas del Opus Dei, por lo que teníamos que desplazarnos a prepararlas y recoger el guion del circulo de los supernumerarios a la residencia de los numerarios. Yo pensaba que como ya era un agregado que llevaba más de veinte años enla Obra podía estar en ciertas zonas. El tiempo me demostró que no. Don Rafael Asenjo, sacerdote, y Chema Díaz Manteca, director, me echaron de la sala de estar por hacer un comentario mientras el clérigo veía la televisión. Luego vino otro numerario del que no recuerdo su nombre que tambien me echó de la llamada "sala de cooperadores", pues decía que formaba parte de su dormitorio, aunque estaba al lado. Cada vez descendía más e iba hacia la salida. Gracias a todos por tratarme así. Fue muy grave cuando Eduardo Caso, que era el celador del grupo de supernumerarios que yo llevaba encargado y uno de los primeros, se puso enfermo. No me dejaban verle, pero sí lo hacían algunos numerarios de Lima. Gracias.

El apeadero de General Yagüe, 11 se cerró. Dejó de existir un consejo local de agregados en el centro Lima. Me ofrecieron seguir atendiendo a los supermunerarios de éste último, a la vez que como agregado pasaba a depender del centro Amaniel. Me ofrecieron seguir atendiendo a los supernumerarios de Lima, pero me negué recordando lo de Eduardo Caso y lo de Rafael Asenjo y Chema Díaz Manteca. Tenía que dedicarme más a mi madre, pues estaba muy sola. Pasé a encargarme de dos supenumerarios mayores de Amaniel. Dependía del agregado José Enrique Fernández del Campo. A éste último, poco antes de irme, le comuniqué que iba a pedir a los directores dejar de atender supernumerarios, pues quería dedicarme a mi madre. El respondió que por qué no lo hacía mi hermano. Le señalé que tampoco podía y entonces fue cuando me dijo que enviara a mi madre a una residencia. Ma pareció lamentable esa respuesta. A partir de ese momento no volví a hablar con él. Poco despues abandonaba el Opus Dei.

En otro artículo narré lo que pasó la última tarde en un centro de la Obra. En la tertulia pidieron que contara cosas de mi trabajo. Nueve meses antes le había pedido al director, Rafael Serrano, que un grupo que allí había me dejara hablar, pues me cortaba continuamente. Solo esa tarde era posible. Me lo pidieron pero dije que no, que hablaran ellos. Esa tarde de domingo me despedí del Señor en el oratorio y dije que eso se había acabado. A todos los que contribuisteis a irme, muchas gracias, y a los que me disteis ratos de felicidad, también. En ese centro nos fuimos en dos años cuatro agregados con más de treinta años dentro del Opus Dei. Por algo sería.

Por último, gracias al metro de Madrid, en el que me encontré dos veces a Jorge Muñoz, agregado que me conocía, en el andén de la plaza de Castilla y no me saludó, apesar de no haber nadie más en ese sitio, y a José Ignacio Ramírez, en la calle Orfila, que es muy estrecha y estábamos los dos solos, poco despues de comprarme un cuadro en una galería de arte y tampoco saludó. Era un Miércoles Santo. A vosotros dos os debo que empezara a escribir en Opuslibros. No pensaba hacerlo, pero me dije: hay que presentar todo lo que he vivido. Así se trata a los que nos hemos ido. Un recuerdo especial para mi amigo "Tempranillo" (doy solo seudónimo), otro ex al que me encontré en el metro de Madrid otro Miércoles Santo, cuando me iba a confesar a la iglesia de Caballero de Gracia, a los pocos meses de abandonar la Obra. Hoy día es mi mejor amigo y le estoy muy agradecido.

El subirector de agregados de la delegación de Madrid Oeste, Gonzalo Nadal, me dijo un día que seguía mis escritos (no dijo que en Opuslibros). Gonzalo, aquí tienes todo narrado. Gracias por leerme. Ahora ya sabes cómo se fue un agregado veterano de casi treinta y cuatro años dentro. Un agradecimiento a todos los que me habeis leido. Hasta otro día.



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