Estuve 30 años en el Opus Dei

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Autor: H. E., 14-6-2003


El 10 de marzo de este año tuve la dicha de dejar de ser numerario, después de 30 años de estar ahí. Tengo ahora 44 años de edad. Fui director de una Delegación del Opus Dei durante más de 15 años. Eso significa que conozco bastante los entresijos de la Obra.

Me acabo de enterar de vuestra página y me ha dado mucho gusto conocerla. Ayer me leí completo el [Lo teologal y lo institucional|libro de D. Antonio Ruiz]] y me encantó. Muchas de las cosas que dice yo ya las había pensado, e incluso se las había escrito al Prelado, que lo único que hizo fue mandarme unas palabritas cariñosas y animarme a seguir haciendo apostolado.

Otros testimonios no me han parecido muy acertados, pues se ve que han nacido del rencor o de la ignorancia. Sin embargo, creo que es inevitable (y bueno) que haya de todo en un debate público.

He comenzado a escribir un libro sobre mi paso por el Opus Dei, señalando lo bueno y lo que considero un error. Yo creo que ahí no hay personas malintencionadas. Incluso creo que hay auténticos santos, pero también sé que se hace mucho daño a muchas personas.

Comenzando por el Prelado, los que pertenecen a la Obra (hablo de Numerarios, que son los más afectados y a quienes más conozco) están de buena fe y convencidos de que sirven a Dios. Lo que pasa es que la doctrina del Fundador y el régimen de la Obra guarda en sí la posibilidad de efectos adversos que están teniendo realidad a gran escala. Yo creo que esto no es ninguna novedad, pues las distintas empresas -en lo que tienen de humano y sobre todo cuando son muy empeñativas-, siempre guardan en sí posibles consecuencias perniciosas. Esto es lo que ha ocurrido con la Obra y con eso se destroza la vida de muchas personas, con la mejor de las intenciones.

Es necesario que el Vaticano repare en esta realidad y ponga freno, y para ello es menester hacer todo el ruido posible, pues no será fácil ser escuchados. Sugiero a todos mucha ponderación al decir las cosas, para que se vea que la cosa es seria.

De momento señalaré algunas cosas que no deseo retrasar. La Obra dice a sus miembros que ella es su familia. Es una de las cosas más bonitas y que enamora a muchos (como me enamoro a mí), pero la realidad, a la larga, es muy otra. En una familia la persona (cada una) es lo primero, y en el Opus Dei, lo primero es la institución, y la persona queda totalmente subordinada a ella. Esta desafortunada consecuencia la viven especialmente los numerarios y numerarias, que son víctimas de numerosos atropellos, los cuales tratan de sobrellevar ofreciéndolo a Dios.

La Obra no acepta en teoría que se realice esta subordinación, pero la realidad, repito, se termina imponiendo. Así se destroza a las personas para "sacar la Obra adelante", que es lo único que importa. Por eso hay tantos enfermos psíquicos en el Opus Dei.

Yo no puedo negar que fui feliz en la Obra muchos años de mi juventud. Con el paso de los años me di cuenta de muchas cosas que no funcionaban y quise contribuir a mejorarlas, señalando prudentemente lo necesario. El resultado de esto fue la marginación.

Los que son jóvenes y piensan entrar a la Obra o ya han entrado, no se dejen engañar. Al margen de toda teoría, la realidad es muy clara: los numerarios mayores (no los jovencitos) están casi todos frustrados, y no se van de ahí porque no tiene a dónde ir, porque tienen miedo a recomenzar una nueva vida, o porque están esclavizados por escrúpulos de conciencia, o una mezcla de todas estas cosas. Lo digo con conocimiento exacto de grandes colectivos de personas y sin rencor, pues, como digo, los jefes de la Obra actúan de muy buena fe. La Obra no tiene una buena solución para las peronas mayores (digamos, arriba de los 40 años). Son excepción absoluta los que están razonablemente contentos (no digo felices, pues no creo en la felicidad). Ni siquiera los sacerdotes numerarios lo están.

Alguien podría contraargumentar diciendo que nadie es feliz en este mundo, y que todos los seres humanos tenemos dificultades. Eso es verdad, pero los demás por lo menos tenemos alternativas, y los numerarios no las tienen. No les queda más que una pura y simple resignación, y esperar a la muerte para que Dios les premie ese sacrificio. Uno de los rasgos más frustrantes de la Obra es que como toda su normativa se considera divina (Opus Dei), resulta inamovible.

Me encanta el lema de esta página: GRACIAS A DIOS NOS FUIMOS. Gracias a Dios tuvimos el valor de irnos. Gracias a Dios no podemos volver.


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