Esta página lo cambia todo

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Por Lobisome, 24.11.2008


Descubrir este lugar de liberación fue lo mejor que me ha ocurrido en estos últimos años. En serio. Lo mejor. Llevo ya toda una vida lejos de esta gente. Y estuve con ellos desde los ocho añitos (como muchísimps de los casos que he visto en la página, ya sabes: en el cole, el club, campamentos, centro de San Rafael, pitar como adscrito, Centro de Estudios...) hasta los 20 años.

Luego resultó que lo mío no era vocación. Y es que en mi último año como numerario, había llegado a rondar los 60 kilos de peso, cuando yo mido en torno al 182 de estatura. Tenía serios problemas de estrés que se reflejaron en numerosas afecciones psicosomáticas, que los médicos “de casa” intentaron tratar con medicamentos (no recuerdo el nombre del ansiolítico, pero sí recuerdo que me asusté de lo potente que era). Y fumador, para hacerlo más interesante. Y cafeinómano, para seguir sumando. Y con la cabeza llena de obsesiones idiotas. Y así me fui...

- Que te vas.
- ¿Cómo?
- Que te tienes que marchar de Casa.

Tantos años creyendo que estaba en la “Stairway to Heaven”, y resultó que no. Ya no era un joven intelectual católico, ya no era un líder ni iba a participar en la obra de dios, ya no era un numerario de la Prelatura. Ya no. Y el mundo “de verdad”, he de decirlo, apenas lo conocía. Y mi mundo, mi familia, mi “mejor lugar para vivir y para morir”, todo lo que había tenido durante esos años, YA NO. He leído colaboraciones en que se compara esto con una ruptura sentimental, con un divorcio. No estoy de acuerdo. Si te divorcias, puedes encontrar a otra persona, puedes rehacer tu vida familiar. Pero tras dejar la Obra, el vacío existencial es tan abrumador, tan desesperante... El mundo ha dejado de ser un lugar comprensible, y hay que empezar desde cero. Es aterrador. Porque has vivido en un mundo falso, y la realidad es otra cosa.

Yo opté por conservar alguna de mis rutinas de la Obra. Mantuve mi compromiso con un Plan de Vida (hay que escribirlo con mayúsculas, salta a la vista). Asistí como Cooperador a medios de formación. Participé en Jóvenes Pro-Vida (ya sé que no es lo mismo, pero creo que todos nos entendemos). Llevé catequesis en la parroquia. Sacramentos... Pero era en vano. Intentaba mantener una estabilidad espiritual que ya no existía.

Y pronto eso terminó.
Y el camino se hizo oscuro.

Gracias a mi familia “de sangre”, y sólo gracias a ella (mi padre y mi madre, benditos sean, nunca me dejaron a un lado, incluso en los momentos de mayor oscuridad), pude sobrevivir a los años de depresión terrible.

Tras un periodo largo (pero largo, largo) de ir recuperando mi vida, pensé haber superado esa etapa, y actué en consecuencia. Durante unos años la vida empezó a tener una apariencia de normalidad. Incluso iba destruyendo fantasmas, poco a poco. Logré visitar la calle en que estaba el centro en que pité, sin sufrir ataques de pánico. Logré conducir hasta el colegio en que pasé media vida, y lo miré sin ira. Viajé a la ciudad donde cursé el centro de estudios, y limpié las telarañas. Reconquisté mis espacios.

Ya estaba tranquilo y suponía que lohabía logrado. Y sin psiquiatras ni psicólogos: tan sólo mi familia, unos libros, mi par de pelotas y yo. Qué bueno.

Y la vida continuaba. Logré mantener una cierta apariencia de normalidad. Terminé los estudios, conseguí un trabajo (que me gusta y me permite colaborar en que el mundo sea un poquito mejor), y todo parecía en el buen camino.

Y un buen día, descubrí Opuslibros.

Fue por casualidad, ni siquiera buscaba nada sobre la Obra, ya había perdido interés. Pero lo que vi me noqueó: “gracias a Dios, nos fuimos. Opus Dei”. Eso fue lo que yo vi. “Nos fuimos. Opus Dei”. Y supe que no había terminado.

E inmediatamente dejé todo lo que tenía entre manos (di muchas explicaciones más tarde)...

Y leí.

Y lloré.

Y blasfemé.

Y maldije.

Y sufrí penas del infierno.

Y deseé barbaridades y cataclismos.

Y me reí como un demente, a carcajadas.

La explosión de emociones fue tan brutal que, sinceramente, creí que había perdido la cabeza. Pensé que ése era el final de mi cordura. Pensé que me había vuelto loco de verdad.

Porque esta página lo cambia todo. Los años de culpabilidad, la vergüenza, la alienación, la sensación de fracaso... todo eso, adquiere otra perspectiva. No soy el único. No estoy solo. Otros cientos o miles (desconozco la cifra, pero es irrelevante), otra infinidad de gente como yo, que ha sufrido como yo, que quiso hacer el bien y se encontró traicionada y vacía, estáis aquí. Y deseo conoceros.

Gracias a todos y todas. Espero que podamos ayudar a otros muchos. Ahora yo también estoy aquí. Con vosotros. Y os lo agradezco.




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