Espirirtualidad poco compatible con el trabajo laical

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Por Gervasio, 23.02.2009


Querido Josef Knecht:

Antes que nada, agradecerte que valoras lo que escribo y que lo comentas elogiosamente. No sabes cuánto anima eso. Como muy bien sabe Emevé, la necesidad que los “intelectuales” tenemos de satisfacer nuestra vanidad, al menos en mi caso, es muy acuciante y si no la podemos satisfacer sufrimos —yo al menos— pero que mucho.

Dices que en La espiritualidad del Opus Dei, no me paro a dar razón de por qué hay numerarios, no demasiados, que desempeñan “trabajos laicales” propiamente tales. Tienes razón. Eso significa que, para captar ese punto débil de mi escrito, me has leído a fondo. Y eso todavía satisface aun más mi vanidad. Soy y era consciente de esa laguna. Pero el artículo estaba alargándose demasiado. Llevaba ya once páginas. Añado a continuación cosas que había renunciado incluir, ya que me provocas a hacerlo...


1º. La tesis que sostengo es que la del Opus Dei es una espiritualidad poco compatible con un “trabajo laical”. Digo poco compatible; no absolutamente incompatible. Correr los cien metros lisos es poco compatible con comerse al mismo tiempo un bocadillo de jamón. Pero no se trata de una incompatibilidad absoluta. Cabe hacer las dos cosas a la vez. La dirección general de tráfico considera incompatible conducir y hablar por el móvil simultáneamente. Es poco compatible; pero no absolutamente incompatible. De hecho hay quien lo hace. Tampoco me imagino a Enrique Ponce haciendo en Las Ventas una faena de muleta, mientras habla por el móvil o se fuma un cigarro puro.

La espiritualidad franciscana es igualmente poco compatible con actividades seculares; pero ahí tienes a un cardenal Cisneros, franciscano y gran estadista. Ahí está sor Juana Inés de la Cruz que escribe poesía y literatura, nada mística. Etc. Que haya ventrílocuos no invalida el enunciado de que mantener la boca inmóvil y cerrada es poco compatible con hablar. Aunque los ventrílocuos logren hacerlo, su verbosidad deja mucho que desear. Ambas cosas se compaginan mal.


2º A mi modo de ver, ser ministro del gobierno de la nación o presidente del Senado, como lo fue Antonio Fontán, no es una profesión. Tampoco son actividades profesionales ocupar un sillón en la Real Academia Española o ser obispo, aunque se trate de posiciones de prestigio. Ser presidente de los Estados Unidos es un oficio; no una profesión. Un oficio que no está nada mal. Escrivá era consciente de ello, señalando que cada uno se ha de santificar en su “profesión” u “oficio”. Los numerarios tiran más al oficio que a la profesión.

Por otra parte “estar muy ocupado” no significa trabajar. No es trabajo la actividad del ama de casa, ni la del ama de cría, ni la de director de un colegio mayor, ni la del estudiante, ni el ejercicio del ministerio sacerdotal.

Dice el artículo 202 de las Constituciones de 1950: “Medio de apostolado peculiar de la Institución son los cargos públicos, en especial aquellos que implican ejercer tareas directivas”. Está bien visto que los del Opus Dei ocupen cargos importantes. Se les anima a adueñarse de posiciones de poder o de influencia social. Pero esas posiciones no son profesiones. No son trabajos. Sea como fuere, la condición de numerario y ocupar un cargo importante entran en colisión. De ahí que hayas escrito: Estos numerarios y numerarias no llevan un régimen de vida tan estricto y controlado como el de la mayoría de los numerarios/as. En tales casos, no se les anima a abandonar la posición alcanzada para dedicarse a tareas internas de la Obra; antes al contrario, se les exime de ciertas obligaciones o se las flexibiliza, para que puedan dedicarse más plenamente a su tarea. Al respecto el canon 705 del código de Derecho canónico es muy explícito. Al numerario elevado al episcopado “no le obligan aquellos deberes que él mismo juzgue prudentemente como incompatibles con su condición”.

La dedicación al periodismo también es muy apreciada dentro de la Obra. ¿Es profesión u oficio? Para algunos no llega a profesión. Para escribir en la prensa no hace falta tener profesión o carnet de periodista. Para otros es quizá una profesión. Antonio Fontán ¿era filólogo o periodista o político? De todo un poco. El ejemplo que pones de Pilar Urbano me parece más acertado. Hace crónica política; pero entre col y col lechuga. Y entre libro y libro edita una biografía sobre Escrivá. Esa biografía firmada por una periodista de prestigio, como lo es Pilar Urbano, tiene mucho más valor que firmada por una desconocida.

Dedicarse a la política es tarea laical, pero no propiamente un “trabajo profesional”. Por “trabajo profesional” entiendo ejercer de ingeniero de caminos para una concreta empresa privada o estatal; ser químico en una fábrica de pinturas; ser analista en un hospital de la seguridad social. En suma, tener una ocupación que implica una jornada laboral precisa y unos días de vacaciones contados. Esas personas tienen “jefes” fuera de la Obra que mandan en ellos y condicionan sus vidas. Todo eso se compatibiliza mal con la condición de numerario, aunque hay numerarios que ejercen profesiones de este tipo. ¿Por qué no son llamados a abandonarlas para dedicarse a tareas internas? Suele tratarse de numerarios con problemas, derivados de cuestiones de salud, de que son díscolos o indisciplinados, de que no se les considera de fiar. ¿Qué hacemos con Ramón? Pues nada, que siga con su trabajo de siempre en esa fábrica de pinturas y con su grupo de supernumerarios jubilados un poco gagás.

Conforme se va descendiendo en la escala social — delineante, dependiente de comercio, albañil, repartidor de pan, camarero, etc.— el trabajo se vuelve más “trabajo” y menos “ocupación”, “oficio”, “tarea”. Cada vez es más incompatible no ya con una disponibilidad para ocuparse en tareas internas, sino incluso con cumplir diariamente con las dos horas y pico de prácticas piadosas, llamadas normas. A más trabajo, menos Opus Dei. Es una opinión muy extendida especialmente entre las clases necesitadas que para disponer de dinero es necesario trabajar; y ese trabajo les impide realizar otras actividades.

En el extremo opuesto se encuentra la situación del catedrático de Universidad. Es compatible con todo: con ser diputado, con ser periodista, con dar clases, con no darlas, con investigar y con no investigar, con vivir en México siendo catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, con ser capellán del príncipe de Asturias, con ser religioso, con todo lo habido y por haber. Por supuesto es compatible con ser numerario, incluso con ser sacerdote numerario. Es el único ¿trabajo —lo es realmente—? compatible con la condición de sacerdote numerario. Ser catedrático de Universidad es compatible con todo.

Pones demasiados ejemplos de catedráticos: Antonio Fontán, Andrés Ollero, Leonardo Polo, Carmen Castillo. Vicente Martínez Pujalte, si no catedrático fue o es profesor de la Universidad de Valencia. Otros ejemplos podrían ser Ullastres, Florentino Pérez Embid, López Rodó.

A Antonio Fontán le dijeron:

— Te vas a ocupar de sacar adelante una revista: “La Actualidad Española”.

Y a ello se puso. Y ¿qué pasó con la filología latina? ¿Qué más da? ¡Qué importa! Eso no sucede con otras “profesiones”, con otros “trabajos”.


3º Total: que unos fallan porque sus tareas no son “laicales”; otros porque sus tareas no son propiamente una “profesión”; otros porque sus tareas son una “ocupación”; no un trabajo.


4º Y no me atrevo a avanzar más, porque terminaría elaborando una teoría sobre el trabajo, la profesión, las ocupaciones, el ocio y la laicidad sospechosa de estar amañada para darme la razón a mí mismo.



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