Eso de ser directores…

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Por EsperanzaRO, 14 de marzo de 2011


Cuando me nombraron como parte de un consejo local, acaba de salir de la universidad y del centro de estudios. Cuando la de San Miguel me lo dijo, se me heló el alma, ¿yo?, una persona normalita que luchaba con sus defectos y que JAMAS imaginé me tocara estar en esos roles, no era de las favoritas de las directoras del CE, además pensaba que eso estaba reservado para personas especiales. La directora de la asesoría te calma los sustos con eso de "la gracia de Dios y buen humor".

Por cierto, nunca ejercí mi profesión, la adapté a las necesidades de las obras corporativas en que trabajé. Cuando alguna vez intenté un trabajo fuera, la directora de turno me indicó que debíamos estar disponibles para las labores internas. Mi ilusión profesional nunca decreció, intenté hacer maestría de mi especialidad, incluso había una beca a mi nombre para una maestría, que fue enviada a mi directora, de la que nunca me habló. Yo me enteré por una administrativa que, muy ilusionada, me contó del tema y me dijo que todo se había enviado a mi directora...

Para el primer círculo que tuve que dar, casi preparé un ensayo tipo universidad del tema, pasé varios días con una pila enorme de Meditaciones, Noticias, Cuadernos, y etc. Con el nombramiento vino cambio de centro, me tocó un centro de mayores, incluido el cura. Puse todo de mi parte para aprender y servir... pero entre tanta gente mayor mi mayor "pecado" era ser joven, todos las malas costumbres de la sociedad joven me las achacaban a mí..."es que al juventud de hoy está...." y hasta me apuntaban con desprecio en las tertulias como si yo tuviera esas malas costumbres. A la vez durante ese tiempo como se diría VI DE TODO, y tuve esos encargo que hasta pocos meses antes de salir de la obra, porque "renuncie", estaba enferma y apenas podía hacer mi trabajo profesional... Pero aun sin ser del consejo local y en contra de la indicación del médico, seguí atendiendo charlas fraternas y medios de formulación.

Pero lo que VI, en ese primer centro durante casi 4 años, destruyó todo el ideal de mi vocación. Allí vi la contradicción entre la teoría y la práctica, allí sentí la terrible soledad acompañada que se vive en los centros, allí vi las depresiones con llantos a gritos, las diferencias por estatus o por origen; no me lo hacían a mi sino a otras mayores, era muy triste ver que así se trataba a una que había dado su vida por el opus.

Eso de que las mayores son santas aunque no lo parecen, solo recuerdo a una o dos que me edificaron con su vida o sus consejos, el resto estaban llenas de manías algunas obsesivas y por lo que sé de una ahora, está incluso medio desquiciada. Varias muy acomodadas a la buena vida, usaban auto propio, supuestamente prestado por su familia, así que de uso exclusivo, con amistades particulares con las supernumerarias bien y un largo etc., y "con eso del buen espíritu" lo que sí eran muy cuadriculadas con las reglas y otras mil reglas más por trabajar en una obra corporativa. Como en ese centro se atendían varias labores, más de la mitad de las residentes estábamos en consejos locales.

Tampoco eran ejemplares en su dedicación al consejo local. Para mi inmediata superior en cargo, según ella, su trabajo consistía en pasar todos los asuntos pendientes a las bandejas de trabajo de las otras. Era tal el abandono que alguna vez preparé el correo para a la asesoría yo sola. Como cuenta Nicanor, solo podíamos conservar el equivalente a unos 3500 dolares americanos en la caja el resto se iba a la asesoría, llevaba sendos fajos a depositar al banco.

En este ambiente, no habían vocaciones y también yo era la culpable. Como yo era la única joven se supone que debía traer las vocaciones, mientras tanto yo luchaba por mantener la mía en pie ante este duro despertar, buscando para mí misma una razón sobrenatural que me mantuviera. En el momento de la crisis de vocación más fuerte, me quedé por amor a mi familia, por no desedificarlos.

En la desesperación por los números se hizo pedir la admisión a chicas universitarias, que, como se dice en el opus, no tenían las condiciones necesarias y entonces, a mí, me mandaban a echarlas. Recuerdo que había una chica muy buena estudiante que tenía una especie de tic y no era muy agraciada; se me indicó en el retiro que atendí al que ella asistía que si hablaba de vocación, la desviara. La pobre pasó por el apostolado de varias numerarias, pero siempre fue rechazada. Lo último que supe de ella fue que se hizo religiosa al parecer una muy buena.

Cuando les hablé a las de asesoría que en el centro cada una vivía por su cuenta, la de turno me dijo que era una pena que todas nos diéramos cuenta de ello y que no hiciéramos nada, pero en la asesoría, tampoco hicieron nada por ayudar a cambiar esa situación.

Por otro lado, como hay que vivir especialmente el espíritu de servicio con las mayores, pase a ser una suerte de chica de los mandados, mis queridas hermanas, no se dignaban siquiera abrir la puerta del centro. Hacía de todo, desde las reparaciones a la bomba hidroneumática, librarlas de los insectos y otro largo etc. Muy eventualmente tenía un espacio para hacer algo que a mí me gustara, algún raro domingo, mientras reparaba unas bastas, ponía en la UN POCO DE ROCK, pues para el resto era música rara que fastidiaba y eso que no ponía Guns and Roses.

Así empecé a enfermar, me adelgace mucho, comenzaron las jaquecas, la falta de sueño el agotamiento constante, dolores de espalda, hasta mi sistema auto inmune dejó de funcionar bien, todos los bichos se instalaban. Por lo que supe después, todo ello respondía a síntomas psicosomáticos.

Con los cambios de centro y ciudad, deje los consejos locales. Al poco tiempo me llamaron nuevamente a filas y recuerdo que me eché a llorar; la de asesoría me decía que era buen síntoma y que Dios me quería allí. Allí estuve hasta que mi cuerpo NO PUDO MÁS y dejé la obra porque sentía que en mi condición tan postrada, no podía desedificar a las vocaciones jóvenes. Yo como numeraria ya no cumplía con los fines de mi vocación, dar doctrina y hacer apostolado y en conciencia no podía seguir allí. El médico principal había indicado que dejara toda actividad por un año y luego de evaluación, quizá podría volver a la actividad.

Al encontrar esta web me di cuenta que no era la única. Gracias a todos por compartir sus testimonios y ayudarme a VER.



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