Escrivá en su contexto

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Por Ramón, 8.03.2006


Me ha resultado particularmente escandaloso lo de la custodia de Aralar y la capilla privada del santo marqués de Peralta. Es bastante escandaloso que alguien dedique esas riquezas a los templos y no al templo de Dios vivo que son los mas pobres. Y si ya lo culmina con la heráldica de carton piedra, es un abuso de nuevo riquismo que ni Donald Trump.

Pero quisiera hacer ver, sobre todo para los más jóvenes y los no españoles el contexto en que se movía el santo marqués, que hace todavía más evidente ese escándalo. En los años 50 del siglo XX, España era un país en ruinas, que se lamía las heridas de la guerra civil.

Los desastres de la guerra civil, la escasa reconstrucción por el esfuerzo de guerra para ayudar a Hitler, el bloqueo internacional de los años 45-50 habían dejado el país fuera de combate. La mayoría de intelectuales, profesores, médicos, profesionales de todo tipo se habían exiliado o estaban marginados por sus ideas políticas. La nefasta política económica de base fascista hizo que el país no recuperara el PIB de 1935 hasta 1955 o así. Las grandes ciudades se llenaron de barrios de chabolas (favelas o ranchos) sin agua, luz, alcantarillado o asfaltado (ver foto de barrio de chabolas en Madrid).

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El analfabetismo era masivo. No olvidemos que las Naciones Unidas nos quitaron el sanbenito de "país subdesarrollado" ¡en 1973!

En ese contexto, sabemos que: - El santo marqués hacía colectas y pedía oraciones para comprar su mega sede en Roma, pagando en oro (ver Carmen Tapia), contrabandeaba divisas y joyas desde España y otros países de nueva expansión. - Se gastaba el dineral de las colectas en adornar su oratorio personal al estilo Elvis Presley. - Viajaba con chofer y en un Mercedes con cortinillas. - Apoyaba de hoz y coz el régimen franquista.

Sin embargo, en la Iglesia había curas (como el padre Llanos) que se fueron a vivir al Pozo del Tio Raimundo, a Uretamendi, al Carmelo, a Vallecas, barrios marginales de todas las capitales industriales. Esos no eran de la aristocracia de la inteligencia y por lo visto no contaban.

Vamos, que mientras la Iglesia se preparaba para el Concilio, este santo proclamado infaliblemente por la Iglesia se preparaba para jugar a los reyes y reinas en su castillo de oro y diamantes.


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