Escrivá: esquema Ponzi Reloaded

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Por E.B.E., 16.07.2010


En el año 2008 un correo navideño de Julian, en Opuslibros, mencionaba la figura del esquema Ponzi y la relacionaba con el Opus Dei. La segunda vez que escuché hablar de Ponzi fue con el caso Madoff. A partir de allí comenzaron a surgir relaciones y comparaciones sumamente fructíferas. Fue entonces que me pareció interesante preguntarse ¿de qué manera específica puede aplicarse dicho esquema al Opus Dei?

En su correo, Julián respondía bastante bien esta pregunta. De todas maneras, me quedaba con ganas de indagar un poco más.

Hablar de “esquema” puede parecer bastante simple si se piensa en la compleja realidad del Opus Dei, como si fuera una respuesta insuficiente. Esto no impide señalar ciertas verdades elementales del Opus Dei, empíricamente comprobables, que hacen a la estructura básica de funcionamiento del Opus Dei. A su vez, mucha de la complejidad a veces pareciera relacionarse más con una cierta búsqueda de “embarullar” ese esquema básico más que con dar cuenta de la profundidad teológica de dicha institución.


Ponzi

Según la SEC (Securities and Exchange Commission), la fórmula creada por Ponzi es un tipo de inversión financiera fraudulenta que consiste en prometer una renta determinada (a veces es muy alta, otras es razonable pero segura, como en el caso Madoff), con intereses que son pagados no por inversiones reales sino por ingresos de nuevos inversores (*). Es decir, el capital se lo queda “el Ponzi” y los intereses son pagados a los viejos inversores por el capital que ingresan los nuevos. La estafa consiste en creer que el dinero es invertido, cuando en realidad se lo queda en su mayor parte el dueño del negocio. Mientras tanto, los clientes creen en una ilusión, sin saber la realidad de fondo.


Esquema Ponzi


Una de las condiciones importantes es que los inversores no sepan nada o muy poco de las técnicas financieras. En el caso de Madoff, él decía que tenía un secreto particular su negocio, al cual se debía tanto éxito. Y no mentía, porque develado el secreto, se vino abajo el negocio. En el caso del Opus Dei, las víctimas no sabían nada de lo que era la vida conventual, clave para el fraude vocacional.

De todas maneras, no todo está explicado en el caso Madoff. Es un misterio cómo llevó a cabo toda su estafa (en aspectos técnicos), y al parecer, es un secreto que se quiere llevar a la tumba y no revelar.

En los fraudes de tipo Ponzi, siempre hay algo que no se entiende, información que no se comparte, un agujero negro que no termina de esclarecerse nunca, hasta que estalla todo.

No cualquier persona puede crear un esquema Ponzi. Se necesitan cualidades particulares, que en general comparten cierto tipo de sociópatas, quienes tienen una maestría particular para manipular voluntades. El de Madoff es un caso financiero extraordinario, por lo amplio de su alcance y por su duración.

Por la experiencia de casos semejantes, todo parece indicar que el sociópata tiene una fascinación por su poder de crear confianza –de ahí, en parte, su narcisismo- y a su vez, usa ese poder para construir su obra, ya sea un gran emprendimiento financiero (Madoff) o una poderosa institución religiosa. Su obra no es otra cosa que la manifestación de su poder, y su poder está puesto enteramente al servicio de construir su obra.

Construyen el monumento a sí mismos. En su honor.

En este contexto, no es un dato menor el que la candidatura de Escrivá a obispo fuera rechazada por la Iglesia -con un dilata- en dos oportunidades, en la última de 1950 -entre otros motivos- debido “a misma personalidad del fundador con aspectos psicológicos poco claros” (cfr. Los estudios académicos de san Josemaría Escrivá y Albás).




Si pensamos en el Opus Dei, allí también la vocación es presentada generalmente como una inversión de ganancias extraordinarias “en esta vida” (Mc 11,30). Uno de los atractivos con que se intenta convencer a las futuras víctimas del fraude vocacional es que Dios paga, y lo hace nada menos que al ciento por uno, haciendo un uso material de las palabras del Evangelio (Mt 19,29). Esta es la versión atractiva de la vocación.

También es presentada como un llamado, pero en ese caso no como una vocación sino como un llamado al deber, llamado a alistarse en un ejército en tiempos de guerra con graves consecuencias en caso de no presentarse (ser acusado de traición, con lo grave que es ello en tiempos de guerra). De hecho, la palabra “traición” es literalmente utilizada para aquellos que abandonan el Opus Dei (A. del Portillo, carta 19-III-1992). Esta es la forma tenebrosa de presentar la vocación.

Lo dicho hasta aquí se aplica especialmente para los miembros numerarios y agregados, tanto mujeres como hombres. De todas maneras, no deja de ser toda una argumentación que el Opus Dei usa también en los casos de donaciones económicas solicitadas a miembros supernumerarios, etc.

El caso del Opus Dei

Si bien Ponzi nació en 1882 y Escrivá en 1902, su técnica se hizo conocida hacia 1920, mientras que Escrivá sitúa su fundación hacia 1928, casi contemporáneamente.

En el caso del Opus Dei, vemos que el esquema es prácticamente igual al de Ponzi: nuevos miembros tienen la función de aportar nuevos ingresos mientras que los miembros actuales están al servicio de traer otros nuevos, es decir, el proselitismo por encima de cualquier otra función. En el medio, hay todo un proceso de “decantación” por el cual todo lo que deja cada uno es apropiado por el Opus Dei para su propio mantenimiento y crecimiento.


Esquema Escriva


Lejos de haber algún tipo de inversión en las personas (crecer en santidad), éstas son usadas para promover exclusivamente el proselitismo. Por eso la dirección espiritual no tiene como fin real el bien de las personas sino las metas de gobierno.

El proselitismo es el único objetivo real del Opus Dei, más allá de toda apariencia santificadora y promotora de la persona humana.

La mayoría termina saliendo, luego de un gran desgaste. Una minoría es desechada de manera casi directa, al no irse por propia iniciativa. Quienes permanecen de manera definitiva son aquellos que se ubican en las esferas más cercanas al gobierno –aunque no ocupen cargo visiblemente- y se dedican a controlar que la maquinaria funcione aceitada. También permanecen muchos que no disponen de las fuerzas y recursos necesarios para irse (no tienen quien los ayude ni medios económicos, etc.) o están enfermos (con una profunda depresión, etc.).

Al igual que los clientes de un esquema Ponzi, los miembros del Opus Dei tienen muy poco conocimiento, o más bien nada, de la materia que trata el asunto. En particular, tienen por lo general un desconocimiento absoluto de la vida religiosa conventual, por lo cual no pueden hacer ningún tipo de comparaciones para saber si la vida que llevan es realmente laical. De hecho, realizan toda una cantidad de prácticas propias de los religiosos sin saberlo (cfr. Religiosos disfrazados) y creen al mismo tiempo que son propias de laicos.

Escrivá: Ponzi Reloaded

Madoff, con su esquema Ponzi, debía pagar intereses para no levantar sospechas y sobre todo para demostrar la rentabilidad del negocio. Y si alguien deseaba salirse y recuperar la inversión, Madoff estaba obligado a responder sin dilaciones a dicha demanda.

En algún aspecto, podría decirse que los clientes ya captados se volvían una carga. ¿Por qué? Pues ya habían dado su capital entero y los intereses que se les pagaba eran para no levantar sospechas. ¿Qué pasaría si hubiera una forma de, una vez consumido el capital, deshacerse de los clientes? Al menos de aquellos que ya no aportan con lo suyo –no tienen nada más por entregar- ni tampoco sirven para atraer a otros.

Ponzi Reloaded (recargado) podría llamarse a quien –a partir de un momento determinado- ni siquiera paga intereses, se deshace de la gente y se queda con todo, sin ser detectado por el sistema. Creo que ni a Madoff se le hubiera ocurrido.

Ese “momento determinado” es cuando el cliente deja de aportar nuevos ingresos y se vuelve “una carga” para el Ponzi de turno. Lo que ya invirtió no cuenta, porque se lo consumió Ponzi. Lo mismo que en el Opus Dei: las aportaciones pasadas no cuentan, sólo las presentes y venideras.

Cada mes las cuentas de cada miembro vuelven a cero –salvo si hay deuda- y quien un mes no aporta se vuelve deficitario para el Opus Dei, no importa cuanto haya dado en el pasado. Nadie tiene su “cuenta corriente” y por lo tanto no quedan registros de lo que haya dado.

Ese “momento determinado” también puede ser cuando alguien comienza a cuestionar y a hacer preguntas acerca del funcionamiento del Opus Dei o es testigo de algo que no debería haber visto, oído o leído. Le ha llegado la hora de su salida, o al menos de su marginación.




Las víctimas de un fraude Ponzi entregan un gran capital y a cambio reciben unos intereses insignificantes (en relación al capital que pierden). Ese es el “negocio Ponzi”. Lo que no puede un esquema así, es eliminar a sus clientes –deshacerse de ellos sin compensarles en nada- y que ello no repercuta en todo el sistema de manera notoria.

Sin embargo, es lo que sucede en el Opus Dei.

Sistemáticamente hay una “renovación” de gente: unos entran y otros se van. En el medio todos dejan algo (en realidad, dejan mucho, porque se exige una entrega total, de tiempo, de dinero, de proyectos personales, profesionales, etc.). Lo cual mantiene alimentada a la maquinaria.

La fórmula es retenerlos al máximo (amenazados bajo pecado mortal) y luego soltarles la mano, para que se caigan solos. Acaso ayudarlos, dándoles un pequeño empujón hacia el vacío, pero deteniéndose siempre antes de la caída, haciendo parecer que “se han ido solos”, por su cuenta, libremente y sin que nadie los haya coaccionado, ni para entrar ni para salir (sin dejar rastros del “esquema Ponzi”). Tal vez la última coacción es obligarles a que escriban la carta de dispensa en tono elogioso o al menos indirectamente auto-acusador, dando a entender que quien se va lo hace siempre por su propia responsabilidad, flaqueza o culpa, y además profundamente agradecido.

El problema es el desequilibrio: cuando muchos empiezan a irse o a ser eliminados en un lapso de tiempo breve.

Esto es lo que ha sucedido a partir de la última parte de los años 80 y toda la década de los 90 en adelante. El Opus Dei creció mucho y del mismo modo eliminó mucha gente, quedando en claro que “algo no estaba bien” dentro de esa organización. Fue gracias a Opuslibros (2002) que el fenómeno quedó registrado, con la multitud de testimonios que confirmaban la salida masiva de personas.




Si el proceso de ingreso y eliminación de personas se lleva a cabo a un ritmo lento, casi no quedan registros del esquema que funciona detrás de una aparente estabilidad institucional. Las dimisiones son vistas como naturales y aisladas.

Pero al acelerarse el proceso de crecimiento –porque el Opus Dei necesitaba expandirse, debido a su ambición- el esquema se hace visible (emerge y se desmadra).

Normalmente, entre el ingreso y la salida de una persona, pasan años. Por eso no es fácil de notar dicho “esquema Ponzi”, aplicado al Opus Dei. Y al ser expulsada del sistema, su salida es coordinada de tal manera que no tome notoriedad.

Es un esquema Ponzi de “largo plazo” porque el rendimiento de una persona puede dar para años, a diferencia de un capital monetario, que por lo general es más volátil (el caso Madoff es original justamente por los años que duró el fraude). De ahí la prédica obsesiva de Escrivá por “dar frutos” o hacer “rendir los talentos” y de que “no hay tiempo que perder”. El utilitarismo del Opus Dei es innegable. Y de ahí también la raíz de su éxito: lejos de tener raíces sobrenaturales, su razón es la búsqueda constante de utilidades, para hablar en términos financieros.

El éxito del Opus Dei es proporcional a la profundidad del fraude (raíz), proporcional a lo que tanta gente perdió dentro del Opus Dei. De exitoso, el Opus Dei solo tiene la apariencia. Madoff también era considerado exitoso, hasta que se supo la verdad.

La trascendencia

Una de las dificultades más importantes del Opus Dei es saber dónde está el output, el producto final, del mismo modo que en Ponzi era difícil ver donde estaban las inversiones que decía que hacía. Es que no las había.

¿Cuál es el producto trascendente del Opus Dei? Ninguno.

Bueno, sí, hay uno muy claro: el daño estructural, el uso y descarte de personas.

Salvo aquél, por ningún lado se percibe en el Opus Dei los frutos, fines o resultados que trasciendan a la misma institución. Al revés, es parasitaria en doble sentido: vive de lo que otros producen e impide crecer a quienes lo desean.

¿Pero no se dice que el Opus Dei hace mucho bien? ¿Quiénes lo dicen? Los mismos que están siendo engañados o aquellos que disfrutan de “beneficios colaterales”.

¿No se decía de Ponzi o Madoff que hacían muy buenas y grandes inversiones? Eso es lo que la gente creía, sin saber realmente lo que pasaba.

Salvo excepciones, el bien que hace el Opus Dei es aparente, como las inversiones que hacía Madoff. Los beneficios de hoy son los desastres de mañana. Las ganancias de hoy son las pérdidas de mañana. No existen tales beneficios: siempre se convierten posteriormente en grandes pérdidas.

Lo que sucede es que el Opus Dei logra que sólo sean visibles los beneficios de hoy y que las pérdidas de mañana pasen ocultas: que no se note la cantidad de gente que se va –ni en el estado en que se va-, ni que esa gente hable dando su versión (a través de un profundo adoctrinamiento, que de todas maneras no ha sido eficaz: Opuslibros es la mejor prueba).

Todo el bien que hace el Opus Dei es interesado, como los intereses que daba Madoff a cambio de un beneficio mayor.




El Opus Dei fue la obra que Escrivá se dedicó a sí mismo, y luego heredaron otros, quienes hoy no saben bien qué hacer con esa pesada carga “esculpida” en piedra, como le gustaba decir a su fundador. Como haber heredado un elefante: ¿dónde meterlo?

Si se observa con atención, se puede decir que la de A. del Portillo fue una fidelidad devota mientras que la de J. Echevarría es una fidelidad desesperada, la de quien hace las cosas a los tumbos, marchas contra marchas. Como las reediciones del Catecismo del Opus Dei.

Escrivá hizo el fraude y se fue. Encima, de favor, sus herederos lo homenajearon haciendo todo lo posible por lograr su canonización. Dentro de no mucho tiempo, se darán cuenta de que Escrivá –al que tienen por santo- hizo todo para sí mismo, sin importarle ninguna otra trascendencia que la de su persona. Como Madoff, como Ponzi, como Maciel (si en la Legión sectores se siguen resistiendo a aceptar la patente realidad, no hay que esperar menos en el caso del Opus Dei).

Jamás les importó el enorme daño que provocaban. Señal grave.

Estas personalidades sociópatas engañan hasta a su madre, no perdonan a nadie. Madoff, siendo judío, estafó de manera particular a los de su propia religión, quienes no podían creerlo, pues pensaban serían los últimos en ser estafados, y fueron de los primeros. ¿Por qué? Seguramente porque confiaban en Madoff de manera particular y Madoff lo sabía: era una oportunidad extraordinaria, un mercado asegurado para su estafa.

Por eso Maciel abusó de niños que confiaban en él de manera incondicional y a su vez obediente. Pues la confianza es la cuña y la palanca es la obediencia.

La incondicionalidad y la ausencia de controles son oportunidades que no desaprovechan jamás este tipo de personas, al contrario, buscan provocarlas. Y el Opus Dei vivía feliz en esa autonomía que se había creado con la prelatura (hasta que llegó Benedicto XVI).

No tienen piedad, no sienten culpa. No hay que buscar intenciones o explicaciones complejas detrás del daño que causan: responde a una sola razón simple y es de orden patológico. Y quienes padecen esa patología no tienen la respuesta a qué se debe su conducta. Por eso no sirve preguntarles ¿por qué lo hicieron?

Y muchos en el Opus Dei, como en la Legión, creen que el daño del [h[La maldición del Rejalgar|rejalgar]] lo sufren sólo “quienes están afuera” del Opus Dei, por su propia culpa. El rejalgar lo sufren todos, pero especialmente los que están adentro. Es sólo afuera cuando se deja de sufrir esa maldición, la de haberle creído a Escrivá. Ese es el rejalgar.




El Opus Dei es como Ponzi: no produce nada, salvo su propio enriquecimiento. Este es el punto más problemático y a su vez el más revelador.

La dirección espiritual está al servicio del gobierno, no de sus miembros. Y el Opus Dei como tal tampoco está al servicio de una obra que lo trascienda (de hecho, mantiene distancias respecto al resto de la Iglesia, porque su fin no es la colaboración con nadie sino el servirse de los demás).

El fin del Opus Dei es “hacer el Opus Dei”. Escrivá estaba en lo cierto cuando lo decía, pero nadie imaginaba que el sentido de su lectura era inmanente.

No hay trascendencia en el Opus Dei, todo empieza y acaba en el Opus Dei. Desde el apostolado de pedir hasta el apostolado de no dar. Todo es Escrivá y todo es el Opus Dei. No hay nada más.

Y las “iniciativas” o emprendimientos satelitales –que giran a su alrededor- no tienen otro fin que contribuir directa o indirectamente con la construcción del Opus Dei. A diferencia de otro tipo de fenómenos, donde lo colateral es el daño, aquí lo colateral es el bien.

En resumen, Ponzi y Escrivá comparten varios puntos:

  • expertos en crear confianza
  • crear falsas expectativas
  • encuentran la forma de evitar una auditoria externa (de lo contrario, no pasarían los controles)
  • se saltean las normas establecidas cuando son un obstáculo (hábito de la evasión)
  • sus acciones producen daños masivos y graves (estructural, ni selectivo ni casual)
  • To good to be true: demasiado bueno para ser verdad (por eso atraía el Opus Dei también: demasiado prometedor fue).

El múltiple fraude

A diferencia de Ponzi o Madoff, el esquema que implementó Escrivá es más complejo y ha requerido de múltiples fraudes. Anteriormente he pensado que se trataba de uno solo, pero ahora creo que son más, y el vocacional no es el fraude principal, aunque tenga un protagonismo destacado.

Mientras Madoff buscaba hacerse del dinero de las personas, Escrivá buscaba hacerse de las personas mismas, para construir su Obra, en honor a sí mismo. En un caso era un fraude económico, en el otro un fraude múltiple, proporcional a los diversos tipos de daños que ocasionaría.

Sin duda un daño económico como el de Madoff provoca múltiples consecuencias en otros ámbitos, como la salud, la familia, etc. Pero el fraude es uno solo: es puntual.

En el caso de Escrivá, el fraude vocacional del Opus Dei necesita de otros fraudes complementarios, no se da aislado. De hecho, creo que el principal es el fraude doctrinal, que hace a la fe y del cual se derivan todos los otros, incluido el tema de la vocación. Por eso la implementación de un esquema Ponzi a nivel religioso es más complejo que en el ámbito económico (aun sabiendo que nadie hasta ahora ha podido adivinar cómo Madoff implementó el suyo). En un caso lo implicado es el dinero de las personas, en el otro son las personas mismas las que están en juego, invirtiendo su vida entera a cambio de un tesoro, como dice el Evangelio. El pequeño detalles es que no hay tal tesoro.


Multiples fraudes del Opus Dei


Fraude a la Iglesia

Así como Madoff tenía clientes individuales (personas) y corporativos (bancos, fundaciones, etc.), Escrivá tenía dos tipos de objetivos: los fieles y la jerarquía de la Iglesia. Para Escrivá, la Iglesia era como el cliente corporativo más importante para Madoff. Sólo necesitaba una cosa de la Iglesia: su aprobación (que incluía la libertad de todo obstáculo para actuar). A cambio, la Iglesia depositó una enorme confianza en el Opus Dei. Si, también se puede decir que la Iglesia fue cliente del Opus Dei (desde la “perspectiva Ponzi”). A cambio de esa confianza depositada –enorme confianza- la Iglesia esperaba recibir a cambio la promoción del cristianismo en el mundo entero.

El Opus Dei, en cambio, utilizó para su propio beneficio esa confianza depositada por la Iglesia. Obtuvo la autonomía que buscaba –aunque Ratzinger le puso un freno en su momento- y comenzó a buscar su propio provecho, sin importarle ni la Iglesia ni la santidad de los fieles.


Fraude Doctrinal

Es la base de los demás fraudes a los fieles y afecta directamente a la Fe. En concreto hay dos elementos principales (aunque no únicos):

  1. en lo que hace al carácter revelado del Opus Dei: dando a entender que no se trata de una fundación más sino única y superior al resto de la Iglesia. No se trata de “una inspiración más” (intervención indirecta de Dios), sino de una intervención de Dios en la Historia (directa), como bien dice literalmente el “Iter Jurídico” en su capítulo III.
  2. en lo que hace a la salvación personal y el abandono de la vocación: Nadie puede rechazar la vocación al Opus Dei ni nadie puede abandonarla sin grave peligro para su salvación. Esta afirmación doctrinal de Escrivá es de las más graves y fraudulentas. El hacer obligatoria la vocación le generaba a Escrivá una gran ayuda para el ingreso de personas a su organización: la vocación al Opus Dei es compulsiva, no hay libertad de elección ni de discernimiento.
  3. Detrás de todo esto está la violación de un principio básico y grave: el Segundo Mandamiento, no tomar el nombre de Dios en vano. Y tanto Escrivá –en sus textos y predicación- como el gobierno del Opus Dei, sistemáticamente recurren a “la Voluntad de Dios” para doblegar todo tipo de resistencias que encuentren en las conciencias de sus dirigidos. Como bien dice el Catecismo de la Iglesia católica, este mandamiento “prohíbe abusar del nombre de Dios”. Gran parte del fraude doctrinal del Opus Dei consiste en haber falsificado la firma de Dios para hacer pasar por sagrados contenidos inventados por el propio Escrivá.

En el fraude doctrinal tienen su razón de ser los subsiguientes fraudes.

Fraude Vocacional

Como ya se ha visto en otras oportunidades, afecta directamente al carácter laical. Pero no solo eso, sino también a la ausencia de toda vocación, porque si –como todo parece indicar- el Opus Dei es un invento de Escrivá –y no una inspiración de Dios-, entonces el asunto es más amplio. La vocación es un elemento más a encajar dentro del propio esquema Ponzi y crear así su Obra. Lo único que permanece –detrás del montaje de Escrivá- es la buena voluntad de cada uno por vivir la propia vocación cristiana universal, común a todos y en ningún sentido exclusiva del Opus Dei.

Está implicada también la cuestión de “la santificación del trabajo”, que en el caso de los miembros numerarios y agregados -como indicaba hace un tiempo Gervasio- termina siendo desplazada dentro del Opus Dei por tareas burocráticas,. Muy pocos miembros célibes se dedican a su profesión, son la excepción.

Fraude Espiritual

Se vincula con todo lo que tiene que ver con la dirección espiritual y su subordinación a los objetivos de gobierno, es decir, al proselitismo. Acá interviene el delicado problema del respecto a la conciencia.

Como decía hace poco Exhausto: “de una u otra forma se sigue dando en el Opus Dei un gobierno de régimen en base a la información de conciencia, esto es, un gobierno de las conciencias.” Del tema se ha hablado ampliamente en Opuslibros.

Fraude Jurídico

Afecta no sólo a los fieles sino también a la autoridad de la Iglesia, porque las aprobaciones jurídicas solicitadas por el Opus Dei, de cara a la Iglesia tiene un significado y hacia adentro otro. Si bien jurídicamente es una prelatura personal, porque hay varios tipos de prelaturas, el Opus Dei funciona internamente al margen de esa figura.

Respecto de los fieles, se les insiste que forman parte de la prelatura mientras que según el CIC no hay ningún indicio de que ellos sea así y por lo tanto, hasta que no haya una interpretación de los textos jurídicos, no puede el Opus Dei expedirse de manera independiente, afirmando cosas que no tienen el respaldo de la autoridad.

Además, la vocación religioso-conventual no tiene marco jurídico. Es decir, lo que aprobó la Iglesia no tiene nada que ver con la disciplina interna que viven los miembros célibes del Opus Dei, sometidos a un régimen propio de la vida religioso-conventual. Viven en medio de una laguna jurídica, pero además no lo saben. Y la Iglesia tampoco está informada de ello a través del mismo Opus Dei (toda la información que tiene, le ha llegado por otros canales).

Fraude Moral

Hace al desarrollo de las virtudes, de la madurez y de la afectividad en las personas. En especial el recurso a la mentira como hábito institucional provoca verdaderos cambios en las conciencias –lavado de cerebro, lo llaman algunos-, hasta no distinguir en ciertas ocasiones el bien del mal y realizar acciones contra la dignidad de la persona (como la coacción a la conciencia) en razón de un bien mayor (“hacer el Opus Dei”).

En este capítulo se enmarca el problema del dolo, del que hablaba Gervasio hace unos días. Aunque, sin dudas, se puede aplicar al conjunto de los fraudes.

En muchos casos el fraude moral abarca el cuidado de la salud y de qué manera el Opus Dei recurre a psiquiatras propios para control también ese espacio privado de la confidencialidad entre paciente y médico. Incluye el uso de psicofármacos para “hacer perseverar” o retener a muchos miembros que se encuentra deprimidos, debido por lo general al desgaste que implica el sistema Ponzi aplicado en el Opus Dei.

El fraude moral también afecta a la relación de los miembros célibes con sus propias familias, y la sustitución que Escrivá diseñó en su organización. No sólo por llamarlo “nuestro Padre” como forma de promover el culto a su persona, sino también por la sustitución de las familias de sangre por su familia (su hermana se convertía en la Tía Carmen, su hermano en Tío Santiago, sus padres en los Abuelos, un fenómeno que dudo tenga precedentes en la historia de la Iglesia). Tal era el mundo mental de Escrivá, que prohibía a los miembros célibes tener en sus habitaciones retratos de los propios padres pero no así de los familiares de Escrivá, la nueva familia sustituta. Un asunto para ser analizado seriamente por psicólogos.

En muchos casos se genera un vaciamiento moral, con la perdida de la Fe, del fervor espiritual y hasta de la salud psicológica.

Fraude Económico

Los miembros célibes entregan todo su dinero al Opus Dei y todas sus posibilidades de progreso material, en razón de la doctrina sobre la naturaleza sobrenatural del Opus Dei y de la vocación.

Esa entrega inicial, del primer día, se va desarrollando con la dirección espiritual, que tiene como objetivo poner a disposición del Opus Dei todas las capacidades de sus miembros.

Es inevitable, entonces, que se genere un fraude también material, como consecuencia de los fraudes precedentes.

El resultado es un vaciamiento económico de quienes entregan todos sus ingresos desde el primer día. Y no sólo eso, sino que además no reciben ninguna ayuda al salir.

Situación que se entiende desde la perspectiva de un esquema Ponzi: es consecuencia del resultado buscado, no algo accidental o inadvertido.

También se ven afectados los miembros supernumerarios y los cooperadores, de quienes el Opus Dei obtiene muchos recursos económicos y humanos –entregan dinero e hijos al Opus Dei- y también contactos e influencias.




Veo difícil cualquier tipo de rectificación institucional sin pasar por la humillación que significa el esclarecimiento de la verdad. Por más que el prelado actual publique una nueva y tediosa edición del Catecismo con todas las correcciones teóricas del momento, de nada servirán de cara al Pueblo de Dios.

Como si Maciel en vida hubiera dicho: ahora ya no violaré a ningún niño más, por lo tanto podemos todos continuar en paz con nuestras vidas ordinarias.

Tanto el prelado como sus cogobernantes siguen ensayando el monólogo para representarlo delante del público cautivo prelaticio. En algún momento caerán en la cuenta, como le sucedió a la Legión de Maciel, que es necesario tomar contacto con la realidad y dejar de engañarse una y otra vez.

Sí, es duro, por eso la resistencia es grande.

La Canonización: perspectivas

No deja de sorprenderme la pregunta que se hacía Neuhaus sobre Maciel: “¿Es creíble que un adicto a las drogas y abusador de menores haya fundado una orden religiosa en 1940 y haya sido aprobada por el Vaticano y haya dado frutos mientras en sus casas se practicaban abusos sexuales?” Es increíble, pero sin embargo así fue.

O sea, el criterio de si algo es creíble o no, en algunas ocasiones particulares sirve de muy poco a la hora de evaluar su veracidad. Al contrario, desorienta -como le sucedió a Neuhaus- y lleva a conclusiones equivocadas.

Tampoco sirve el criterio de la apariencia (muy relacionado con “lo creíble”): los sociópatas son personas encantadoras, por eso logran confundir profundamente.

El análisis ha de ser menos superficial y más efectivo: analizar el nivel de daño –si existiera- que causan sus acciones y si manifiestan arrepentimiento y deseos de reparación.

El daño que carga el Opus Dei en sus espaldas es inmenso, proporcional a la fuerza con que lo niega. Ni hablar entonces de arrepentimiento o reparación alguna




Madoff, Maciel, Escrivá, crean problemas de confianza graves en la sociedad (confianza en los mercados, confianza en las instituciones de la Iglesia, etc.). ¿Cómo volver a creer? ¿Cómo volver a rezar? Son problemas que necesitan ser resueltos de manera acertada, disolviendo la incertidumbre creada por la obra de manipuladores patológicos.

Es hora de tomar medidas contundentes, decididas, sin timidez. Esa es la forma de devolver o restaurar la certidumbre, la confianza, aquello que más ha sido dañado en lo más profundo.




El esquema de funcionamiento está claro, los fraudes involucrados también. ¿De qué forma se puede salvar o excusar la figura de Escrivá? ¿Cuál puede ser la razón excepcionalísima que los salve? Es decir, todo ese daño, ¿en razón de qué bien puede ser justificado? De hecho, ningún daño se puede justificar a causa de un bien.

Por eso, conmociona profundamente saber que Escrivá ha sido canonizado.

Las evidencias presentes declaran una cosa contraria al dictamen de la Iglesia, años atrás. ¿Cómo resolver el problema? ¿Estarán los teólogos trabajando en el tema? Pues antes de abrir una “caja de pandora”, hay que tomar algunas precauciones, aunque nunca sean suficientes.

Desde cierta perspectiva, es algo natural y hasta comprensible la canonización de Escrivá. Me refiero a la perspectiva del sociópata, de quien maneja los hilos de la confianza de una manera extraordinaria, para ganarse el apoyo de las masas y de las elites, de las personalidades y de los intelectuales.

El Opus Dei fue un desafío para Escrivá. Pero más aún su propia canonización.

¿De quién fue producto, de Escrivá o de sus seguidores? Claramente Escrivá no estaba vivo para llevar a cabo su proceso, pero sin dudas sus seguidores son consecuencia de una fuerza inercial causada por Escrivá.




Si la solución es un simple “no hay vuelta atrás”, sería un mal precedente. Que un sociópata se haya hecho canonizar y que no tenga consecuencias, abre panoramas insospechados. El día de mañana otros podrían seguir su ejemplo, y atreverse a más también.

Como me decía una alta autoridad eclesiástica local hace unos días –sin ser especialista en el tema- “en la Canonización se juega el Magisterio de la Iglesia” (hace un tiempo el Cardenal Saraiva Martins dijo lo mismo). La Iglesia tiene las llaves del reino dadas por Cristo –me decía- y si declara que alguien está en el Cielo, entonces no hay vuelta atrás.

Pero también es cierto que “cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta? El otro permaneció en silencio.' 'Entonces el rey dijo a los guardias: Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes” (Mt. 22,11). Al menos, aquí hay un antecedente de alguien que se quiso colar –habiendo ya entrado- y no pudo. Interesante asunto para que nos ilustren, largo y tendido, los teólogos.

De todas maneras, me decía esta persona, “podría aceptarse que en el proceso de canonización hubo fraude y que Escrivá no vivió en grado heroico sus virtudes”, aunque “difícilmente podría aceptarse la proposición de que no esté en el Cielo”.

La verdad, llegado a este punto, creo que me podría conformar con ese “juicio salomónico”. Pues en definitiva, lo importante es llegar a la verdad de cómo se dieron las cosas aquí en la Tierra. Si luego Dios perdonó a Escrivá, es un asunto que ya no me corresponde.

Pero aún así, no se cerrarían todas las controversias, pues si es santo entonces podría seguir la devoción y culto públicos, con todo lo que ello implica. O sea, seguiría siendo un tema “de acá de la Tierra” también, no sólo del Cielo.

Generaría bastante perplejidad en el Pueblo de Dios, saber que un santo llevó una vida contraria al honor de ese título y pese a todo es santo. ¿Cómo explicarlo de manera sencilla al Pueblo de Dios?

Aunque pensándolo bien, ¿quién le tendría devoción a un santo así?



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