Escrivá, el burgués clásico

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Por E.B.E., 17.02.2010


Leyendo en estos días a un conocido historiador inglés, Eric Hobsbawm ("La era del Capitalismo"), quedé sorprendido por el modo en que describía -sin proponérselo- varios aspectos de la personalidad de Escrivá. En ese libro hace un retrato de la burguesía del siglo XIX y, más allá de su enfoque marxista, las características que señala superan la mirada ideológica. El burgués de 1850 no tiene nada que ver con lo que hoy llamaríamos "clase media", por si vale la aclaración. Es un personaje peculiar y aquí van algunas características, que no son tan importantes consideradas individualmente sino más bien en conjunto. Este es un esbozo nomás.

Lo interesante de todo esto, es ver como Escrivá lejos de ser "un hombre de Dios" bajado del Cielo, fue un hombre de su tiempo, y sobre todo del siglo XIX en muchos aspectos...

Y el Opus Dei podría definirse como una mezcla de tradiciones provenientes de las órdenes religioso-conventuales y de hábitos mentales provenientes de la burguesa del siglo XIX.


Dualidad entre el hogar y el mundo exterior

Mientras que el mundo exterior se organizaba como liberal, competitivo e individualista, el mundo de la familia y el hogar se organizaba diametralmente opuesto: patriarcal, jerárquico, donde reinaba la armonía y la unidad.

Toda la familia giraba en torno al pater familiae, donde "los niños debían hacer todo lo posible por agradar a su idolatrado padre". Esto suena conocido. Si hay alguien que fomentó "la idolatría hacia el padre", ese fue Escrivá. Y los miembros del Opus Dei, como niños hacen todo por agradarle.

El padre además, era de modo particular el señor del hogar. Retratos por varias habitaciones. Y la imagen, nada espontánea sino perfectamente estudiada.

La libertad y secularidad que tanto proclamaba hacia afuera y cada uno debía reclamar en sus trabajos o lugares públicos, sin embargo desaparecía dentro del mundo familiar.

Mientras en el mundo exterior se llevaba a cabo "la guerra", "las metáforas de la paz eran utilizadas al describir el hogar: ´la morada de la alegría´, el lugar donde ´las satisfechas ambiciones del corazón se regocijan´, pues nunca podía regocijarse afuera, ya que dichas ambiciones no se satisfacían, o al menos no se admitía dicha satisfacción".

El rol de la mujer

Este es todo un capítulo notable. Citando fuentes de la época, el historiador describe cuál había de ser el lugar de la mujer: "sé buena, dulce sierva y deja que él sea inteligente". En cuanto leí estas palabras enseguida se vino a mi memoria: "no es necesario que sean sabias, basta que sean discretas". Escrivá, que se las daba de vanguardista, era en realidad todo lo contrario.

La presencia de criadas era una clara señal del hogar burgués, que lo diferenciaba de las clases sociales inferiores, señala el autor. Pues bien, Escrivá se organizó un ejército en lo que hace al personal doméstico y lo unió a una vocación (la solución institucional).

Aunque la criada percibía un salario, su situación era muy diferente a la del obrero. Había un vínculo personal con el patrón, de una dependencia total. "Cada acto de la vida del que servía estaba estrictamente prescrito y como vivía en algún ático pobremente amueblado, en la casa de sus señores, era perfectamente controlable. Desde el delantal o el uniforme que llevaba hasta las referencias sobre su buen comportamiento o ´carácter´ (...) todo a su alrededor simbolizaba una relación de poder y sujeción". ¿No es acaso esta la mentalidad bajo la cual Escrivá consideraba a las numerarias auxiliares, quienes viven bajo un control sumamente estricto?

Los centros del Opus Dei emulan al típico hogar burgués del siglo XIX.

Los objetos

La impresión más inmediata del interior burgués era el de "una masa de objetos, con frecuencia cubiertos por colgaduras, cojines, manteles y empapelados y siempre, fuese cual fuese su naturaleza, manufacturados. Ninguna pintura sin su marco dorado, calado, lleno de encajes e incluso cubierto de terciopelo, ninguna silla sin tapizado o forro, ninguna pieza de tela sin borlas, ninguna madera sin algún toque de torno, ninguna superficie sin cubrir por algún mantel o sin algún adorno encima.. Sin ninguna duda era un signo de bienestar y status: la hermosa austeridad de los interiores (...)".

La moralidad

"El mundo burgués estaba obsesionado con el sexo, pero no necesariamente por la promiscuidad sexual". "La burguesía de mediados de la era victoriana hacia gran ostentación de ropajes, dejando pocas zonas de su cuerpo públicamente visibles". En casos extremos, "debían esconderse incluso aquellos objetos que recordasen al cuerpo (las patas de las mesas)".

Pensemos nomás en el modo en que los varones debían entrar al comedor de los Centros del Opus Dei: con mangas largas, cubriendo muy bien sus brazos, pues al parecer Escrivá consideraba que podrían ser una tentación para las mujeres que servían la mesa.

"La estridencia con la que la civilización burguesa insistía en que la mujer era, principalmente, un ser espiritual, implicaba, al mismo tiempo, que el hombre no lo era".

Los varones debían pensar siempre que en la Administración de sus Centros había mujeres que eran como ángeles, junto a la Virgen. Y por supuesto, había que hablar de la castidad todas las semanas porque estaba claro que "el hombre no lo era".

"La civilización se asentaba sobre la represión del instinto. El más importante psicólogo burgues, Sigmund Freud, convirtió este asunto en la piedra angular de sus teorías, aunque las generaciones posteriores encontraron en ellas una llamada a la abolición de la represión."

La inhibición era condición para estar en el Opus Dei, pero no me refiero a los instintos, sino al modo en que era necesario esconder lo que éramos (religiosos) y mostrar lo que no éramos (laicos). En esto, creo que copiábamos perfectamente a Escrivá, cuando Jacinto se refiere a la forma en que escondía a la persona detrás del personaje.

"La moral basada en la abstinencia, en la moderación y en la represión entró en conflicto dramáticamente con la realidad del éxito burgués". Cuando los burgueses empezaron a tener éxito, comenzó la disciplina interior a aflojar. Y no es otra cosa lo que sucede cuando alguien sale a trabajar afuera del Opus Dei y comienza a crecer y a comparar el modo en que vive adentro y vive afuera. Es la crisis de los 30 en los agregados y numerarios. Ese ordenamiento interno sirve sólo para los que trabajan adentro del Opus Dei, en cargos internos o en colegios, etc.

El recurso a las influencias

La burguesía era un "grupo de personas con poder e influencia (...). Para pertenecer a ella se tenía que ´ser alguien´ (...), gracias a su fortuna, a su capacidad para mandar a otros hombres, o al menos para influenciarlos (...). El recurso clásico del burgués (...) fue ejercer o solicitar las influencias individuales: hablar con el alcalde, con el diputado, con el ministro, con el antiguo compañero de escuela o colegio, con el pariente, o tener contactos de negocios." Este modo de funcionamiento dio lugar a asociaciones como la francmasonería.

Otra pincelada que pinta al Opus Dei, de pies a cabeza.

"La burguesía como clase no organizaba movimientos de masas, sino grupos de presión". Lo que me recuerdo eso de "no vamos en grupo a ninguna parte". Eso de "ir en grupo" era de "las masas" y en el Opus Dei no había masas sino selección. Es cierto que también pesaba lo de "no parecerse a los religiosos", pero creo que más fuerte aún era la educación en las formas burguesas. Caudillos sí, masas no.

Tanto las asistencias masivas a la beatificación como a la canonización han de ser vistas, entonces, como una forma de impresionar más que una organización de movimiento de masas.

Relaciones con la aristocracia

"La tentación de obtener condecoraciones, títulos, matrimonios con la nobleza y, en general, un modo de vida aristocrático, era con frecuencia irresistible para los ricos". Las diferencias se daban sobre todo a nivel mental, porque en definitiva ningún aristócrata consideraría a ningún burgués como "uno de su clase".

Lo del título nobiliario de Escrivá se corresponde con esas ansias de la burguesía de tener un lugar dentro de la aristocracia, aunque más no fuera mediante la compra del título nobiliario, como hacían muchos burgueses.

Como se puede ver en la historia del Opus Dei, a Escrivá le encantaba codearse con las condesas y otras señoras de la aristocracia, de las cuales solicitaba donaciones.

Un ser superior

"El burgués no solo era independiente, un hombre a quien nadie daba órdenes (excepto el Estado y Dios), sino alguien que se daba órdenes a sí mismo". Extraordinario, ni que estuviera hablando de Escrivá, quien sólo recibía órdenes "directamente" de Dios, y luego, de sí mismo. No es extraño entonces, la tendencia permanente del Opus Dei a resistir todo sometimiento a la autoridad, es decir, al Vaticano.

Dentro del Opus Dei existe una suerte de darwinismo social: duran los que más aguantan, a modo de selección natural. Y el resto, son eliminados.

Ser burgués "más que nada significaba superioridad". Otra característica típica del Opus Dei, que se siente superior al resto de la Iglesia, siempre.

"El monopolio del mando -en su casa, en su oficina, en su fábrica- era crucial para autodefinirse". Sociablemente era un "amo", un señor. El sentido de la obediencia en el Opus Dei ha de encontrarse, en parte, en ese monopolio. Todos debían pasar "por la cabeza del Padre", solía reafirmar Escrivá.

En el Opus Dei no podía existir el fracaso si había "lucha" y todo fracaso se debía siempre a "falta de lucha". Ese ascetismo materialista se debe posiblemente a que para el burgués "como el éxito era una consecuencia del mérito personal, el fracaso se debía evidentemente a la falta de méritos".

En todo esto, el tema de la selección es una clara característica burguesa. La burguesía del siglo XIX empezó a creer en la superioridad biológica entre los seres humanos. Escrivá pareciera haber adaptado esa idea para lograr rodearse de un grupo de "gente selecta". Qué importante que no viniera "cualquiera" sino personas cuidadosamente seleccionadas. De ahí también la idea del caudillo y las masas "hambrientas de Dios".

"Los obreros, como las mujeres, estaban obligados a ser leales y a estar satisfechos", debido al lugar de inferioridad que ocupaban respecto de quien ejercía el monopolio del mando. En el Opus Dei, Escrivá exigía una obediencia y sometimiento total, que debía ser al mismo tiempo alegre y voluntaria. Escrivá "ordenaba ser libres". Dictaba lo que sus inferiores debían pensar: en el Opus Dei todo era voluntario porque Escrivá así lo decía, y el resto de las personas -como en un ejército- simplemente obedecía, sin ponerse a deliberar nada.

Los negocios

El burgués típico era el capitalista, el que se dedicaba a los negocios y era exitoso en ellos. Si hay algo que caracteriza al Opus Dei es su objetivo corporativo por fundar "escuelas de negocios". Siendo "el carisma" la santificación del trabajo, podría haber puesto el énfasis en fundar otro tipo de instituciones dedicadas al trabajo. Y las escuelas de trabajo doméstico, en el otro extremo, son otra fuente para mantener el estilo de vida burgués: semillero de "sirvientas".

La carrera abierta al talento

Una clara característica del mundo burgués era el ascenso social y los hombres que se hacían a sí mismos y no le debían nada a su pasado (apellido, títulos, etc.). El caso típico es Napoleón, que de soldado llegó a emperador y su ascenso fue debido a su esfuerzo individual.

Escrivá parece haber perseguido esa misma carrera hacia el ascenso: de sacerdote ascendió hasta las altas esferas de influencia dentro de la Iglesia, pero sin pasar por dentro de la jerarquía, antes bien yendo por afuera y abriéndose paso su propio camino. Si Escrivá hubiera hecho carrera eclesiástica, no habría llegado tan alto como llegó por sus propios medios. De humildad, nada: le hubiera encantado, pero no habría llegado lejos (de hecho fue rechazado dos veces como posible candidato al episcopado, según comentaba Rocca).

Y no solo eso, luego de fallecer consiguió ser declarado santo en tiempo record y tener su estatua de 5 metros en San Pedro. Esta es una verdadera carrera de ascenso, tan típica del mundo y mentalidad burguesas. Desde luego, reclamó en vida sus títulos nobiliarios, como tantos burgueses deseaban emparentarse con la aristocracia.

Confundía la santidad con el ascenso y el progreso. O más bien hacía de esos elementos una fórmula exitosa. El planteo de santidad de Escrivá pareciera tener tan poco de espiritual y tanto de ambiciones humanas.

Quedan muchos elementos por estudiar, este es sólo un simple esquema. Pero de momento, me parece difícil no ver en Escrivá al burgués típico del siglo XIX.



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