Es el Opus Dei una Familia?

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Por Eutimio, 8.03.2006


La familia

Ya casi nunca escribo pero sigo leyendo la Web con frecuencia. Estaba dudando si cambiar mi nick por el de “numerario albino” que va a estar más de moda. No me gustan los best-seller y éste tiene pinta de ser especialmente malo, y no pienso ver la película porque me da que tampoco me iba a gustar, pero me hace mucha gracia cómo se toman algunos lo de “El Código Da Vinci”.

Y ahora voy con el tema que hoy me hace escribir. Conversación telefónica:

Una hermana numeraria: “¿Te importaría que no fuera a tu boda? –me han dicho que te lo pregunte”.

Un hermano exnumerario desconcertado: “¿Perdón? Creo que no te he entendido bien”

Hermana: “Ya sabes, como somos una familia numerosa y pobre y no tenemos tiempo… el viaje…”

Hermano: “Si tan mal andáis el viaje te lo pago yo. Y si no vienes no te preocupes, me costará poco explicar a mi familia política qué es eso del Opus”.

Cada vez que oigo lo de “esa es su familia” refiriéndose al Opus Dei se me ponen los pelos como escarpias. Porque no lo dicen en plan metafórico sino que se lo creen de verdad. Hace unas semanas, hablando con mi madre (supernumeraria) de los “matrimonios entre homosexuales” salió lo de que la familia es algo natural y consta de madre, padre e hijos. Lo demás será lo que quieras menos una familia. Y ahí la pillé.

Y si el Opus Dei fuera una familia –que no lo es- en ningún caso sería una familia normal. En mi familia (bastante normalita) hablamos castellano corriente y no tenemos un idioma paralelo. Si nace un niño es que ha nacido, no que ha pitado. Si mi hijo trae un amigo a casa no está haciendo apostolado y a su amigo le llamamos Pedrito, no “un chico de San Rafael”. En mi familia se intenta educar en libertad porque creemos que Dios nos hizo libres y nos dio una inteligencia para discernir lo que está bien de lo que no lo está. Y a mi hijo de tres años no se me ocurre decirle que algo es como es o que hay que hacer algo porque yo soy más listo o soy un enviado de Dios, o porque me da la gana a mi o –peor- porque le da la gana a él aunque no se dé cuenta: le doy razones que entienda.

Y lo mismo me pasa en el mundo profesional: me sentiría inútil si mandara hacer a mis colaboradores (ahora queda feo lo de decir subordinados) algo y no supiera explicarles por qué hay que hacerlo.

Siguiendo con la de la familia: si queremos que la familia crezca no hacemos novenas y nos damos con las disciplinas o usamos el cilicio hasta para jugar al fútbol (¡ay!): hacemos cosas mucho más divertidas.

Y si un hijo tuyo se va de la familia no lo mandas al infierno y luego te cruzas con él por la calle y te cambias de acera. Y lo que te importa de tu hijo no es que se quede o que se vaya de algún sitio, sino que sea feliz. Eso de la felicidad (¿qué será?) depende de muchas cosas: de portarse bien, de los genes, de la química, de la suerte (o la Providencia). Lo que está en nuestra mano es intentar hacer las cosas bien (desde luego eso no consiste en hacer una serie de normas y seguir al pie de la letra las instrucciones de unos iluminados).



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