Encuentro con John Allen en la presentación de su libro

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Por Agustina López de los Mozos, 24.05.2006


El miércoles pasado fui a la presentación de John Allen de su libro sobre el Opusdei. Me acredité como periodista que asistiría en representación de Opuslibros.

Antes de seguir escribiendo, quiero dejar claro que no dudo de la honestidad de Allen ni de que él crea de verdad que el Opus le ha contado todos sus secretos. Pero sí creo firmemente que ha sido utilizado para escribir lo que ha interesado que escribiese. ¿Qué le importa al Opusdei reconocer lo del cilicio y pocas cosas más que no tienen gran importancia? Cuestiones de fondo ni se admiten ni se reconocen: falta de confidencialidad en la dirección espiritual, coacción a niños y adolescentes, desatención de las leyes civiles en derechos y obligaciones de numerar@s en labores internas, ordenación de sacerdotes no por vocación al sacerdocio sino por obediencia y/o generosidad, etc. “Ceder sin conceder, con ánimo de recuperar…”

Después de la exposición de John Allen, se abrió el turno de preguntas. Me presenté públicamente –John Allen conoce la web porque varios amigos le escribieron cuando pidió información mientras preparaba el libro- y la conversación fue la siguiente:

-En nombre de muchas personas que hemos pertenecido al Opusdei, te doy las gracias por este acercamiento a los “secretos” de la institución, aunque consideramos que ha sido un acercamiento muy “light”.

-John Allen: Una de las cosas que he comprobado es que no hay un punto de encuentro entre los miembros y los ex miembros. Son dos posturas totalmente opuestas. Hace años los ex miembros que denunciaban su desacuerdo con el Opusdei eran pocos, pero ahora, en cada uno de los países que he viajado, me he encontrado ex miembros y grupos más numerosos. Y ese es un dato que ya no se puede dejar a un lado y un periodista, en un libro como éste, no puede ignorar esa realidad.

-Dices que has tenido acceso a los documentos internos. ¿Te enseñaron el Catecismo?

-John Allen: ….. yes, yes.

-Has tenido suerte porque muchos de los fieles de la Prelatura no tienen acceso a él. ¿Te enseñaron el Vademécum del Apostolado de la Opinión Pública, en el que se dice cómo hay que cuidar a los profesionales que trabajan en medios de comunicación, para que escriban bien sobre la Obra?

-John Allen:… Es un documento extremadamente largo, no me dio tiempo a leerlo todo.

Enseñé el documento en público y pudo ver él y los que asistían a la rueda de prensa, -incluida Raquel Rodríguez, de la Oficina de Información del Opus-, que no es extremadamente largo, sino un librito tamaño octavilla, de unas 60 páginas, en las que se incluye el índice y la presentación. Su contenido, en texto, es el equivalente a 12 o 13 folios. En comparación con el catecismo es menos que un folleto de “Mundo Cristiano” (por cierto, ¿se siguen editando esos folletos?).

Inciso: Me extrañó que Raquel Rodríguez, periodista, fuera de acá para allá, sentándose al lado de las periodistas (todas eran bastante jóvenes, ahí las que cantábamos –por la edad-, éramos Raquel y yo) en actitud de “si tienes alguna duda o quieres saber más, me preguntas o me llamas por teléfono...” Si no tiene nada que ver con el libro, una periodista de la obra entiendo yo que tendría que haberse interesado por algún aspecto del libro y preguntarle o rebatirle algo a John Allen. Pero no sucedió.

Vuelvo al relato. Cuanto enarbolé sobre mi cabeza el Vademecum, el representante de la editorial que acompañaba a John Allen en el estrado, un poco incómodo, –entonces no me di cuenta-, pero yo debía parecer una reventadora de la presentación-, me preguntó: ¿cuál es en realidad su pregunta?

-He hecho este preámbulo –dije- para preguntarle a John Allen si cree que tuvo acceso a los documentos internos o si fue el Opusdei quien le dio a él lo que el Opusdei quería que publicara.

John Allen me contestó:

- Estoy seguro de que no me han ocultado nada.

Y ahí terminó la conversación.

Y ahí fue también el punto en el que yo me di cuenta de que me había equivocado al plantear las preguntas. Porque si se escribe un libro sobre el Opusdei con el reclamo de que ha sido el primer y único periodista que ha tenido acceso a todos los documentos y a todo lo que hasta ahora ha sido secreto en la institución, no iba a decir en una sala llena de periodistas que no conocía el Catecismo o que no conocía el Vademécum del Apostolado de la Opinión Pública. Mi pregunta tendría que haber sido: “Señor Allen: ¿me puede decir a qué documentos internos o secretos ha tenido usted acceso?” Después de tantos años de profesión, reconozco que me comporté como una estudiante de periodismo.

Sobre el Catecismo, no me imagino al vicario de turno mostrándole la última edición y contándole que el punto 11, página 24, había cambiado en relación a ediciones anteriores: que antes el compromiso de los fieles con la prelatura era de carácter contractual pero que a partir de 2003, ya no lo era. En fin, pasaron por mi cabeza muchas cosas a medida que John Allen relataba lo abiertos y sinceros que habían sido con él. Hubo cosas que me hicieron sonreír por la candidez del periodista norteamericano. Por ejemplo, contó que estuvo en la planta de Psiquiatría de la universidad de Navarra, que le atendió un doctor muy amable y le dijo que ninguno de los 25 pacientes internados, eran numerarios. ¿Alguien se imagina que la visita de Allen les pilló por sorpresa?

Por muy buena voluntad que tenga John Allen en escribir la verdad sobre el Opusdei, eso una tarea imposible para alguien que no haya estado dentro. No dudo que Allen sea honesto, pero no tengo la menor duda en quienes no lo han sido con él.

Y ahora quiero contar algo que puede ser una suposición mía, que también tiene relación con John Allen y por los indicios, fue nuevamente utilizado por la obra.

La rueda de prensa fue el día 17 de mayo. El día 18, John Allen publicó en el medio donde escribe –National Catholic Reporter- y en PRIMICIA, la noticia “El Vaticano aparta de su ministerio al fundador de los Legionarios”. En el texto, Allen dice que según fuentes del Vaticano, la decisión se tomó poco antes de Pascua. El día siguiente, 19 de mayo, era el estreno de la película “El Código da Vinci”. ¿La "fuente vaticana" pudo ser la oficina de prensa vaticana o el numerario/director de la misma? ¿A quién le interesaba desviar el interés por la película hacia lo aberrante que es –que lo es- que el fundador de los Legionarios sea un pederasta? Pues sí, el Vaticano hizo público el comunicado sobre Marcial Maciel el mismo día del estreno de la película.

Un clan –el Opus- lograba desviar algo la atención sobre el otro clan –los Legionarios-, que a la vez es su competencia y se llevan a matar. Yo veo demasiada casualidad en que si la decisión de “castigar” (muy leve castigo, pero como noticia era toda una “bomba”) a Maciel se tomó antes de Pascua, fuera adelantada por John Allen precisamente el día anterior del estreno mundial de “El Código da Vinci” y que la oficina de prensa del Vaticano, dirigida por un numerario, lo confirmara al día siguiente.



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