El supuesto ecumenismo del fundador del Opus Dei

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Por Trinity, 1.02.2008


Todavía no he conseguido reponerme: en plena semana de oración por la unidad de los cristianos, los de la Web oficial del Opus Dei van y cuelgan un artículo del teólogo Pedro Rodríguez sobre el ecumenismo, que tengo que reconocer que me suscitó bastante curiosidad por saber qué podría decir este teólogo sobre el ecumenismo del fundador: pues excuso decir que estaba convencida de que no habrían colgado ese artículo si no fuera para encomiar la figura del fundador.

Y decía que no he conseguido reponerme porque, al leerlo, no daba crédito a lo que me encontraba. En mi ingenuidad, había pensado que quizá habría alguna enseñanza del fundador al respecto, que yo desconociera y que justificaría ese artículo. Pero, nada de nada: el escrito es una relación que no se sale del guión habitual sobre esta materia, pero en la que va citando enseñanzas del fundador sobre otras cuestiones (sobre el diálogo apostólico, sobre la difusión de la verdad con caridad, y ¡hasta sobre la llamada universal a la santidad y la santificación del trabajo!) para afirmar su gran aportación al movimiento ecuménico.

Y, para colmo, le endosa el mérito de que Juan Pablo II invitara al Patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana al final de la audiencia que mantuvo con los participantes en la canonización de Escrivá. Patético. Pues, por más que se empeñe Pedro Rodríguez, el ecumenismo del fundador no era el de la jerarquía, como bien alardeaba él de haberle dicho a Juan XXIII cuando en una audiencia le manifestó que no había aprendido de su Santidad el ecumenismo.

Ni de Juan XXIII ni de nadie. Ya que todos sabemos que la limitada formación teológica del fundador no le permitió conectar con el movimiento ecuménico, hasta el extremo de permitirse criticar -en público y cuando le estaban filmando: muchos hemos visto esa película- a Pablo VI por haber recibido con deferencia a una delegación ortodoxa en el Vaticano.

Más les valía a las autoridades del Opus Dei reconocer los límites teológicos de su fundador y callarse, en lugar de forzar las cosas y encargar al teólogo de turno –por cierto, me ha llamado la atención que no hayan encargado este trabajo a la especialista en ecumenismo en Navarra, Jutta Burggraf- que hilvane un argumento pillado por los pelos.

Y, desde luego, también les vendría bien que se aplicaran el cuento del Patriarca de Jerusalén en esos días, cuando explicaba a los jóvenes del Centro Internacional san Lorenzo en Roma, que el mayor obstáculo a la unidad de los cristianos es el de los que se agarran a su jurisdicción humana para asumir el puesto de Dios: http://www.zenit.org/article-26076?l=spanish.


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