El privilegio de Escrivá para decir la Misa

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Por Hormiguita, 11.11.2009


En comitiva a Grecia se fue a pedir un “permiso especial” para celebrar Misa en latin, segun rito de S. Pio V. Fueron 18 dias de viaje que en los años 60 no estaban al alcance de cualquier “cristiano corriente”. Entonces no habia “low cost”. ¿Por qué y para qué? Caben muchos ángulos de interpretación, y voy a ofrecer lo que se me ocurre. Acabaré con un comentario sobre otro “viaje privilegio” que hizo Escrivá: una visita especial a Sor Lucia de Fatima.

Los detalles del viaje a Grecia, nos los resume Bienvenido (23 de Octubre), de la siguiente manera:

“….. En este mismo sentido también fue muy comentado el sentido del viaje que hizo Mons. Escrivá a Grecia acompañado por Álvaro del Portillo y Javier Echevarría Rodríguez entre el 26 de febrero y el 14 de marzo de 1966. Posterior a la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II Monseñor Annibale Bugnini, alma de la reforma litúrgica conciliar y del Novus Ordo Missae de 1969 implantado desde la Congregación para el Culto Divino de la que era Secretario, concedió a Escrivá el privilegio de celebrar la Santa Misa con el rito anterior a la reforma, es decir, con el Misal de San Pío V, haciendo uso del mismo hasta su muerte porque tenía esa facultad”.

De entrada, diré que personalmente no tengo nada a favor de un rito u otro. Es mas, los cantos en latín me gustaban y siguen gustando. Pienso que el Pater Noster cantado en latín, es muy bonito y melódico. No superado por cualquier lengua vernácula. El quid de la cuestión está en pedir un privilegio, y no aceptar los cambios en la Iglesia.

Creo que Dios no mira “la lengua” o “el lugar” en que se le dicen o hacen las cosas sino “el corazón” o actitud de quien las dice. Parece que los cambios de rito no cumplían con las expectativas que tenia Escrivá sobre la celebración de la Misa. Por eso quiso seguir con el rito antiguo… Con esto entramos en el tema de la fantasía o realidad en la practica religiosa...

Sabemos por la historia sagrada que para mucha gente, Jesucristo tampoco cumplía con sus expectativas. La mayoría por eso le rechazaron. Y por supuesto le rechazaron los lideres religiosos. No cumplía con sus expectativas del Mesías que ellos esperaban. Incluso San Juan Bautista posiblemente tuvo sus dudas, pues envió una delegación de sus discípulos para preguntar a Jesús: “¿Eres tu el Mesías, o esperamos a otro”? Jesús les contestó lo que las Escrituras decían sobre el Mesías que había de venir: los ciegos ven, los sordos oyen, los muertos resucitan, y los pobres se les anuncia la buena nueva, etc. Cada uno podía sacar sus propias conclusiones. Y si el Mesías no se conformaba con su propia idea de Mesías, pues le rechazaban. Las posturas mentales como estas son peligrosas. Llevan a realizar actos de ejercicio de poder. En el caso de Cristo, las actitudes de quienes no veían un Mesías a su gusto, -según sus expectativas propias-, fueron las que llevaron a la muerte de Jesús…

Esta misma dinámica de ajustar una realidad diferente haciéndola a nuestros deseos, o a nuestra fantasía, (como se quiera llamar), es lo que nos hace buscar privilegios. Por sus frutos, los privilegios nos permiten seguir con la fantasía, rechazando otra realidad que se manifiesta. ¿Qué señales nos pueden decir que rechazamos alguna realidad? Habitualmente, mediante un cierto resentimiento, decepción, y en hallarnos enojados por dentro. Cuando nos enfadamos por dentro, es el chivatazo de que no aceptamos una realidad que se impone desde fuera. Nadie se salva, es lo normal en la vida, todos hemos tenido decepciones. Por ejemplo, muchos se casan con una ilusión, una fantasía, y solo con los años llegan a conocer en real a sus parejas y a amarlas. Porque aprender a amar la realidad nos es dificil. ¿Cuantos de nosotros nos hemos encontrado con lo que no esperábamos? En nuestras parejas, en nuestros trabajos, en nuestra carrera profesional, o en nuestra salud. Yo por ejemplo, me gano la vida de una manera que jamas soñé ni estudié la carrera para ello. He de aceptarlo. Con el paso de los años, nadie puede decir que sabía con certeza lo que le iba a suceder. Así es la vida, pregúntenle a cualquiera de sus amigos o vecinos, si esperaban lo que les ha pasado en sus vidas los últimos 20 años. En cada momento dado, la vida nos enseña a dejar la fantasía y aprender a vivir la realidad. Me gustaría decir que quien no aprende a aceptar la realidad, va camino de ser una persona frustrada, o resentida o infeliz. Es una necesidad vital de la escuela de la vida. Pues, creo yo que con la entrega y el servicio a Dios pasa lo mismo. Podemos programar la religión, y esperar que la religión, la piedad, las oraciones, se conformen con nuestro programa. El famoso “plan de vida”… Y cuando no se ajusta la realidad a nuestro plan, nos frustramos, nos enfadamos, nos auto criticamos, o seguimos anclados en la fantasía. Uno de los errores de mi vida en el Opus Dei fue creer ciegamente que podía lograr la salvación mediante una disciplina espiritual programada. Fue un error y lo acepto. (Quienes somos personas idealistas, solemos tener este tipo de errores).

La disciplina espiritual programada lleva a anclarse en el programa. El plan de vida del Opus promete la eternidad. Por esto, los errores del Opus Dei son tan difíciles de denunciar y de erradicar. Porque están garantizados por la vida eterna. Escrivá gustaba decir -mas o menos- que garantizaba el cielo si se cumplían las normas. En la supuesta llamada al Opus Dei, esta programada la felicidad y la vida eterna. Dice Escrivá en Camino 255. “¿Quieres que te diga todo lo que pienso de "tu camino"? -Pues, mira: que si correspondes a la llamada, trabajarás por Cristo como el que más: que si te haces hombre de oración, tendrás la correspondencia de que hablo antes y buscarás, con hambre de sacrificio, los trabajos más duros... Y serás feliz aquí y felicísimo luego, en la Vida.”

Gran parte del proselitismo, meditaciones y actividades del Opus Dei se basan en un ideal de santidad conformado, programado, planeado, “esculpido hasta la ultima letra”. Entiendo que mucha gente acabe hastiada de una programación del ideal de santidad.

De repente, como de buena mañana, la Iglesia eliminó el rito antiguo y la misa en latín la pasó a lengua vernácula. Y claro, no se consultó a Escriva, ni a ti, o a mi, ni a muchos prelados, abades, u obispos. Escrivá se despertó un buen día, y a partir de ese día ya no se celebraba el rito antiguo en la Iglesia. (salvo por privilegio especial) !!! Y nadie se tomó la molestia en antes preguntárselo!!! Me hubiera gustado ver la cara que puso ese dia.

Escriva programó su misa celebrándola con el privilegio del rito antiguo. Lo esperaba así, lo deseaba así, y viajó a Grecia hasta conseguirlo. Lo consiguió. (Lo que no sabemos es si Jesús le ignoraba el rito, cuando Escrivá recitaba la misa).

Lo que me gustaría decirle a Escriva es que el amor de Dios va mucho mas allá de como él se lo programaba. Dios viene como el quiere, cuando El quiere, y en la forma o rito que El desea. No viene porque tengamos privilegios segun nuestros propios deseos. Si Escrivá -o cualquiera- no se dispone a amar a Dios en la realidad que se presenta, pues nunca le encontrará. Uno se podrá contentar con el Jesús de su fantasía, que se ha programado para si mismo. ( O que le han programado). Pero ese no es un Dios real. Para mi, viene a representarse este fenómeno con la solicitud del privilegio del rito antiguo. Es el dilema entre adoptar una fantasía propia o realidad aplicado al camino espiritual. ("Eres el Mesías o esperamos otro?")

Con estas afirmaciones no pretendo predicar o meterme en la vida interior de nadie. Yo creo -tras los exagerados formalismos en el Opus Dei-, aquello de que “el reino de Dios esta dentro de vosotros”. Y ese “dentro” de cada uno es muy, muy variable según cada persona. El rito externo, sea el antiguo, sea nuevo, y sea el del futuro, no importa tanto. Algún rito hay que tener. La salvación no me va a llegar por el rito, o por conseguirlo mediante un privilegio. Viene por el Jesús real. No por mi fantasía sobre la santidad. Lo que yo quiero que sea el ideal, no es necesariamente lo real. Tampoco mi pareja ideal es mi pareja real. Pero acepto y quiero amar a la real. Desde que me di cuenta le pido a Dios ver la realidad, la que sea. Es el proceso que enseña la vida.

Para acabar, lo prometido al principio. Escriva tuvo el “privilegio” de hacer una visita privada a Sor Lucia de Fatima. Entonces monja de clausura en un Carmelo. (Esta visita privada no estaba al alcance de cualquier “cristiano corriente”…) Al despedirse, ella le dijo unas palabras finales: “No olvide, que usted con lo suyo, o yo con lo mio, podemos acabar en el infierno”. Quizás Sor Lucia le quería dar un aviso de que peligraban sus andanzas….

Fin de mi aportación. Muchas gracias y saludos cariñosos y reales a todos.




Apéndice: He encontrado una homilía de San Jerónimo, que viene a dar con una idea semejante al tema de este escrito. Si se sustituye la palabra “lugar determinado” por “rito determinado”, tiene el mismo significado para mi. La ofrezco a los lectores si se han interesado por el tema que se ha expuesto. Y aprovecho para decir que no pretendo ni de cerca ni de lejos adoctrinar a nadie. Me limito a copiar el texto de la homilía, sin añadir comentarios.

San Jerónimo (347-420), presbítero, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
Carta 58, 2-4 ; PL 22, 580-582.
« La Jerusalén de arriba es libre; esa es nuestra madre » (Ga 4,26)

No nos debemos felicitar por haber estado en Jerusalén, sino por haber vivido bien en ella. La ciudad que debemos buscar no es la que mató a los profetas y derramado la sangre de Cristo, sino la que pone en alborozo un río impetuoso, la que, construida sobre un monte, no puede quedar escondida, aquella que el apóstol Pablo proclama la madre de los santos y en la que él mismo se alegra de residir juntamente con los justos (Sl 45,5; Mt 5,14; Ga 4,26)... No me atrevería a limitar el poder ilimitado de Dios, a quien el mismo cielo no puede contener, a un lugar determinado o a confinarlo a un pequeño rincón de la tierra. Cada creyente es apreciado según el mérito de su fe y no por el lugar en que habita; y los verdaderos adoradores no tienen necesidad ni de Jerusalén ni de Garizim para adorar al Padre, porque «Dios es espíritu» y sus adoradores deben «adorarlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,21-23). Y también, «el Espíritu sopla donde quiere» (Jn 3,8) y «del Señor es la tierra y cuanto la llena» (Sl 23,1)...

Los santos lugares de la cruz y la resurrección sólo son útiles a los que llevan su cruz, resucitan con Cristo cada día y dan muestras de ser dignos de habitar en tales sitios. En cuanto a los que dicen «El Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor» (Jr 7,4), que escuchen esta palabra del apóstol: «Vosotros sois el templo de Dios si el Espíritu de Dios habita en vosotros» (1Co 3,16)...

No creas, pues, que le falta algo a tu fe si no has visto Jerusalén y no creas que yo soy mejor por el hecho de vivir en este lugar. Sino que aquí o donde sea recibirás la recompensa según sean tus obras delante de Dios.



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