El poder del Opus Dei. Por Desconcertado

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Por Desconcertado, 24/08/2012


Una experiencia vital compartida entre casi todos los miembros del Opus Dei es que existe una complicidad muy profunda entre directores y dirigidos: todos en el Opus Dei ejercíamos de alguna manera el poder, y a la vez lo padecíamos. Así, con esta sutil forma de relación, el Opus Dei se va construyendo a través del ejercicio del poder de alienación de los demás. "Hacer el Opus Dei en la tierra siendo tú mismo Opus Dei" se traduce en "someter a las personas, estando tú mismo sometido". Poder significa capacidad de dominar las almas y controlar las conducta. Entre los directores de los centros de numerarios no faltan los que ejercen su poder como un tirano. Reciben de los directores superiores carta de libertad para el dominio de las vidas ajenas (inteligencia, voluntad, conciencia y conducta)...

En la carta de octubre de 2011, el Prelado reniega lo que precisamente viven: la confusión entre fuero interno y externo, la utilización de la dirección espiritual al servicio del gobierno de la vida de las personas. El "status" de director se afianza ante los superiores en la medida en que sus súbditos se le someten "voluntariamente" y lo aceptan como portavoz de la Voluntad de Dios. Quien pone en duda el sistema, es perseguido hasta la muerte (como D. Antonio Petit), incluso por el mismísmo Prelado. Otros miembros no directores también acumulan sus cotas de "poder" (capacidad para controlar a otros).

Cuanto más "apóstolica" es una persona de la Obra, más "poder" obtiene en la estructura. En uno y otro caso (directores poderosos, súbditos poderosos) no es infrecuente que en las motivaciones de su conducta "apóstolica" haya posos, rios o estanques de vanidosa soberbia acumulada. El "sistema Opus Dei" facilita que sea así.

En el Opus Dei, los números y la rendición de cuentas a los superiores son una obligación. Laicos y sacerdotes deben explicar a sus superiores todos los pormenores de su "actuación apostólica". Los sacerdotes dicen los números de confesiones, de conversaciones... etc..., van a las reuniones de consejos locales ¡y hablan! Los miembros laicos reportan con detalle el contenido de sus conversaciones y exponen la intimidad de los demás ante los superiores. El paradigma de este modelo de funcionamiento son los vergonzantes informes de conciencia.

Todos en el Opus Dei tienen un "encargo apostólico". El apostolado jamás es espontaneo, obedece a una compleja programación. El trabajo se compartimenta perfectamente y cada cual tiene su parcela de la que no debe salir (desde el monitor de club de nivel I hasta el "encargado de grupo"). "Organización desorganizada" definía el fundador esta estructura. Los consejos locales deben reunirse en muchos ocasiones diariamente, para analizar las "conversaciones apostólicas" que los numerarios del centro tienen cada jornada (pormenorizadamente se detalla las personas con las que se habla y los temas de conversación). Ni el KGB diseñó un sistema tan perfecto de control como el que tiene el Opus Dei.

Los "despachos" con los superiores de las delegaciones son encuentros-reuniones orales en los que "lista en mano" se repasa vida y milagro de las personas. En estos foros (reuniones del consejo local, reuniones con superiores) es donde mejor reluce la vanidad de los directores del Opus Dei: unos y otros ponen sobre la mesa el poder que tienen, convenciéndose mutuamente de sus habilidades recíprocas para la manipulación y ejercicio del "poder".

Claro que todas estas formas de actuar no están recogidas en los Estatutos de la Prelatura y son contrarias a lo que siempre enseñó la Iglesia. Cuando los directores de la Obra hablan de los Estatutos de la Prelatura, recuerdan la conocida película "a few good men" (Algunos hombres buenos), en la que el Teniente Kaffe debe defender a dos marines acusados de asesinato. Según la acusación han matado a un compañero. Ellos mantienen que cumplieron órdenes del comandante Nathan R. Jessep para castigar a su compañero William T. Santiago por haber infringido el código de honor del Cuerpo de Marines, y que la muerte de éste fue un accidente. Los militares aplicaron un "código rojo" (norma no escrita, pero existente). El día del juicio, uno de los protagonistas -para defender a los soldados acusados- pregunta "¿dónde está recogido en las normas militares que exista un código rojo?" La acusación responde: "¿y dónde está escrito que exista un comedor de tropa? ¡En ningún sitio! Entonces, ¿los soldados no comen?" Ni el "código rojo" ni el "comedor de tropa" estaba en las normas, pero ambas realidades existían.

El Opus Dei tiene muchos "comedores de tropa" y "códigos rojos" por destaparse aún. Los Estatutos de 1941 rescatados por esta web son un buen ejemplo. Uno de estos "códigos rojos" del Opus Dei es la inoculación a sus miembros del afán de contralar a los demás. Es un sistema piramidal complejo en el que todos están sometidos. Los medios de formación interna, lejos de transmitir enseñanzas evangélicas y magisteriales, son instrumentos de motivación para enseñar argucias de manejo del poder con el fin de someter a las personas y "dirigirlas". En todo este contexto, la "dirección espiritual" que ofrece la obra no es más que una viciosa manipulación mental, paticularmente la "dirección espiritual llevada por laicos" (un producto novedoso del que tiene la exclusiva el Opus Dei, y con fines, medios y resultados desastrosos, como publicó Oráculo).

Los "modos apostólicos propios del Opus Dei", según ellos los denominan, son herramientas para el control, manejo y manipulación de las personas. Tienen un know how específico, por eso son "modos apostólicos propios" del Opus Dei, pero no de la Iglesia católica. Así, en lenguaje interno, se dice que el "apostolado es dirigido". De un estudio riguroso del uso del término "dirección" en documentos internos secretos del Opus Dei se concluye la perversión del sistema que inventó Escribá.

El abuso con menores (aspirantes) es otra forma del actuar fraudulento del Opus Dei, siguiendo el particular esquema del poder que se respira en la institución. Con los más jóvenes el criterio de actuación no escrito que se sigue es que antes de convencer sus intelectos (los jóvenes de 14 años, poco pueden pensar a esa edad) es preciso predisponer sus corazones, y para ello se diseñan todo un conjunto de estratagemas orientadas al manejo de la voluntad ("las actividades auxiliares"). A los jóvenes se les capta emocionalmente (haciendo que se sientan vinculados a un club juvenil con actividades deportivas, culturales, de dimensión social, etc..., por ejemplo), para que en un segundo momento "descubran" por la capacidad de persuasión del poderoso que "Dios los llama a un proyecto único" al que no pueden negarse, pues la Voluntad de Dios no se puede rechazar, bajo pena de condenación eterna. La "labor de San Rafael" dirigida al reclutamiento de adolescentes para que ingresen como numerarios o agregados, es toda una suerte de modos de manipular emociones de esas jóvenes criaturas, hasta conseguir su completo sometimiento al director-monitor "poderoso". Cada "pitaje" es la confirmación de que el sistema funciona.



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