El juicio del consejo local

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Por ElCanario, 13.06.2016


Cuando estás dentro de la Obra nunca te acabas de creer que sea verdad eso de que lo que dices en la dirección espiritual con un laico se corre inmediatamente a otros de tu mismo centro. Yo tuve oportunidad de comprobarlo con unos hechos que paso ahora a describiros con todo lujo de detalles. Aquello que era mi intimidad quedó hecho añicos ante la escena que viví en primera persona y significó un momento en que se me abrieron los ojos para no volver a cerrarlos hasta que salí de la Obra. Si escribo esto es con el deseo que a otros no les pase como a mí.

Yo había pasado unos días en la casa de un hermano mío en La Manga del Mar Menor. A mi siempre me había atraído ir desnudo por una playa solitaria, mientras el sol invadía totalmente mi cuerpo. Era una oportunidad de experimentarlo. Así lo hice y quedé totalmente satisfecho. Aquella escena no me pareció que era pecado mortal. No obstante se lo comuniqué al agregado que llevaba mi dirección espiritual por aquello de que había que vivir la sinceridad salvaje, que se decía internamente por parte de los directores. Se añadía que lo que mancha a un niño mancha a un viejo. Yo ya tenía cincuenta años y tenía que vivir con hechos lo que se me aconsejaba.

A los pocos días me acerqué al centro y saludé sucesivamente al Señor en el sagrario y al director, como es lo habitual. Estaba reunido el consejo local. El director me dijo --Pasa, pasa. Y me ordenó que cerrara la puerta. Me vi metido en una encerrona. Delante se encontraban el director, el subdirector, el secretario y el sacerdote del consejo local de agregados. Vamos, un tribunal completo.

--Ya nos hemos enterado por E. (el agregado que llevaba mi dirección espiritual) de lo que has vivido en una playa de La Manga. Es un hecho muy grave. ¿Te dabas cuenta que estabas traicionando gravemente a Dios?

--Te has puesto en las puertas del infierno, señaló el sacerdote del centro.

Jamás pensé que un sacerdote pudiera decir eso delante de otras personas, y, sobre todo, en un momento que estaba siendo juzgado por el consejo local. Al final de la conversación se me indicó que ya se me diría en qué situación quedaba. A los pocos día se me comunicó que iba a hacer la charla fraterna o dirección espiritual con el director del centro, con el complemento de hablar también con el sacerdote aquel que me había puesto en las puertas del infierno. Era como una escena de una película macabra. Fue una escena que me sirvió para no contar el interior de mi alma. Pero el mundo es muy pequeño.

Había pasado poco más de un año. Me encontré en un solarium naturista de Madrid a uno que había sido alto cargo de la Obra en España. Me acerqué a él y le pregunté si su nombre era ese. Me confirmó que era quien yo sospechaba. Yo le dije:

--Me he ido de la Obra. Entiendo que esto no se puede hacer.

--Pues sí que se puede hacer, respondió.

El hecho cierto es que este hombre no volvió a aparecer por el recinto nudista. Entonces era director de un centro de numerarios de Madrid. Con el tiempo me he enterado que ya ha fallecido. "Romana", la publicación externa del Opus Dei hizo un canto encendido de él. Sin comentarios.



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