El Prelado del Opus Dei decreta una Máxima Alerta II

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Por Trinity, 17.09.2007


Copio a continuación la carta que acaba de mandar el Prelado del Opus Dei a los Centros. Muchas cosas podrían comentarse sobre su contenido. Pero sólo quiero subrayar una: el toque de arrebato que realiza, comparando la situación actual de la Obra a los años de dificultades en la Santa Sede y a los peligros de la Guerra Civil española.

Cada uno podrá extraer sus conclusiones. Pero una cosa me parece clara: el toque que les han dado por los abusos cometidos contra don Antonio Petit les lleva a prever que puede producirse una corrección a la institución, y están previniendo a los suyos para que, si eso sucede, no se produzca la debacle.

Trinity


Roma, 11 de septiembre 2007

¡Que Jesús me guarde a mis hijas de España! Queridísimas:

hago una pausa en la atención a los papeles más urgentes que he encontrado al regreso a Roma, pues necesito daros gracias de todo corazón por lo bien que nos habéis tratado durante la última estancia en la Región que vio nacer la Obra.

Pongo en manos de la Santísima Virgen personas, labores, iniciativas de todo tipo, para que Ella interceda por cada una, y obtenga gracias abundantes del Cielo de modo que todo salga antes, más y mejor.

Me resulta muy fácil repasar en la cabeza, en el corazón, tantas cosas de este verano. Y siento –os pasará lo mismo a vosotras, estoy seguro- el peso estupendo de las almas, que nos piden a gritos que acudamos en su ayuda: es un panorama entusiasmante, que nos llena de optimismo.

Quiero, de todas maneras, pediros que me ayudéis a sacar adelante una intención que, delante de Dios, considero que tiene mucha importancia: no dejéis de reaccionar con generosidad, diariamente, porque tenemos conciencia, será así hasta el final de los tiempos, de que nuestra arma fundamental es la oración.

Ya os insinué que, en los años 50 –ocurrió en muchas otras ocasiones- nuestro Padre nos pidió que le sostuviéramos, en diversas intenciones, con nuestra oración y con nuestra mortificación. Pienso que por su experiencia personal, era consciente de que, a intenciones especiales, había que responder de modos especiales, más intensos. Por eso, nos decía también que no tuviéramos miedo en pedir la posibilidad de hacer mortificaciones extraordinarias, lo de la oración extraordinaria ya se entiende, porque no podemos vivir sin ese diálogo con el Señor, que, como buen Padre, está esperando que forcemos su Voluntad Santa. Por lo tanto, no perdamos de vista que de nosotros depende que el Cielo se abra para esa intención, que vendrá muy bien para vuestra tierra también. Ayudadme, y podéis comunicarlo a la gente que tratéis, que también se unan a esta intención mía.

Entre las alegrías de las últimas semanas, ocupa un lugar especial la posibilidad que tuve de hacer una parte “pequeñísima”, en todos los sentidos, del itinerario que siguió nuestro Padre, acompañado de sus hijos, en el paso de los Pirineos. Estoy seguro de que, como en otras ocasiones, nuestro Padre pensaría que eran los demás los que llevaban el peso, cuando les constaba a todos que, gracias al optimismo sobrenatural, también humano, de nuestro Padre, caldeado por la oración incontenible y constante, era lo que les empujaba a ir hacia delante. Os sugiero que le pidáis a nuestro Padre que se haga más intensa su intercesión por lo que ahora os escribo. Nos llenaremos de agradecimiento a Dios y se dilatará mucho más la labor apostólica. Incluid en esas súplicas la intercesión del queridísimo don Álvaro, y a todas las personas que tenemos en el Cielo. No dejemos de considerar el gran tesoro de la Comunión de los santos, para ser más fieles cada día, más rezadores, más personas que aman y cuidan la expiación.

No imagináis cuánto habría querido –no es un decir- poderme detener a hablar con cada una: continúo esa conversación, como he visto hacer a nuestro Padre tantas veces, con el Señor en el Tabernáculo.

Os quiere, os agradece toda vuestra ayuda y os bendice con nuestro Padre y don Álvaro

vuestro Padre

+ Javier



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