El Opus Dei no está satisfecho con el «gato por liebre» de la actual Prelatura Personal

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Por Josef Knecht, 10 de diciembre de 2008


En el agudo y profundo artículo de Gervasio, repleto de sentido del humor, del 24 de noviembre de 2008, titulado Las santidades en el Opus Dei, se lee una afirmación que merece unos comentarios detallados. Esa afirmación de Gervasio dice así:

«En Opuslibros he leído varios escritos en los que se estudia la figura de las prelaturas personales, para concluir que la prelatura Opus Dei no es una diócesis personal, como les hubiera gustado. Así es sin duda, pero con la figura de la prelatura se han salido con la suya. No serán una diócesis; pero ya no dependen de la Congregación de Religiosos como antes, y están ubicados al lado de los ordinarios diocesanos y en la pomada del clero secular. Ese es el ámbito ideal para conseguir adeptos, simpatizantes y amigos entre los monseñores, cardenales, ordinarios y papas».

En efecto, la Obra ya no depende de la Congregación de Religiosos, sino de la Congregación para los Obispos. Y esto es así desde que fue transformada de instituto secular en prelatura personal mediante la Constitución apostólica Ut sit (28 de noviembre de 1982), siendo papa Juan Pablo II. La afirmación de Gervasio es, substancialmente, cierta. Desde entonces los sacerdotes y directores/as de la Obra se mueven mucho mejor que antes en los ambientes clericales tanto de la curia vaticana como de muchas diócesis territoriales. Eso está muy bien explicado por Isabel de Armas en su libro La voz de los que disienten (ed. Foca, Madrid 2005, págs. 159-165). Yo me atrevería incluso a hablar de un proceso de «clericalización» en la actuación de gobierno de la Obra, pues el apoyo de la curia vaticana y de muchos obispos diocesanos es más que necesario para la estabilidad institucional del Opus Dei...

Me permito aportar tres breves ejemplos que muestran lo bien que desde noviembre de 1982 se desenvuelve el Opus en los ambientes clericales:

  1. El secretario del cardenal Joseph Ratzinger y del actual papa Benedicto XVI, Georg Gänswein, ha sido profesor de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma) durante varios años. Este es un ejemplo de los muchos que se podrían extraer acerca de cómo los sacerdotes de la Obra se movieron como pez en el agua durante el pontificado de Juan Pablo II (1978-2005) en los ambientes de la curia vaticana. Actualmente no lo tienen tan fácil como entonces, pero esa Universidad Pontificia y el peso económico de la Obra aún posibilitan buenos campos de actuación e influencia del Opus en el Vaticano.
  2. Varios canonistas de la Obra, según se ha comentado en distintas ocasiones en esta página web, prestan su apoyo profesional y jurídico a la diócesis de Barbastro-Monzón en el litigio que esa diócesis aragonesa mantiene con la diócesis catalana de Lleida con motivo de las obras de arte custodiadas en el Museo Diocesano de Lleida. ¿Qué intereses perseguirá el Opus cuando se posiciona tan claramente a favor de la diócesis de Barbastro-Monzón? Bien sabemos que Barbastro es la ciudad natal del fundador de la Obra y que en el territorio de esa diócesis se ubica el santuario de Torreciudad. Pero no creo que el Opus Dei se limite a dar ese apoyo por el mero deseo de fomentar la devoción a san Josemaría en su tierra natal; algo más buscará. No olvidemos un dato del que Isabel de Armas (La voz de los que disienten, págs. 169-170) informa, a saber, que a mediados de los años noventa del siglo XX el sacerdote numerario Tomás Gutiérrez Calzada, entonces Vicario Regional de la Obra en España, aspiró a ser nombrado obispo de Barbastro-Monzón y no lo consiguió. Por eso, la pregunta que recientemente se planteó HP en su escrito Historia de un complot (26.11.2008) tiene cierta razón de ser: ¿qué pretenderá el Opus, en beneficio de sus intereses institucionales, con su apoyo incondicional a la diócesis de Barbastro-Monzón en ese litigio con la diócesis vecina de Lleida?

3º) Este litigio entre Aragón y Cataluña en torno al Museo Diocesano de Lleida podría hacer quedar mal al Opus Dei en territorio catalán, a consecuencia de su claro posicionamiento a favor de Barbastro-Monzón. Sin embargo, puesto que la Obra despliega con astucia su política eclesiástica, no se encuentra descolocada en Cataluña. Al contrario, el 20 de septiembre de 2004 un sacerdote numerario del Opus Dei, Jaume Pujol Balcells, fue ordenado obispo y tomó posesión de la sede arzobispal de Tarragona. El arzobispo de Tarragona preside la provincia eclesiástica Tarraconense, a la que pertenece la diócesis de Lleida. Ya se ve, pues, lo bien que la Obra sabe hacer política eclesiástica, porque, pese a ese litigio, está bien posicionada tanto en Aragón como en Cataluña.

Por cierto, dentro de la provincia civil de Lleida, la Obra también fomenta la devoción a san Josemaría mediante la «ruta de Rialp»; ésta pretende recrear el itinerario del famoso «paso de los Pirineos» con el fin de que sea recorrido por los devotos de ese santo aficionados al senderismo. Es por eso por lo que digo que el apoyo de los canonistas del Opus Dei a la diócesis de Barbastro-Monzón y el deseo, incumplido, de que Tomás Gutiérrez fuera nombrado obispo de Barbastro-Monzón no responden sólo al afán de fomentar la devoción a san Josemaría en su tierra natal de Aragón; ese afán también se da en territorio leridano. Algo más pretenderá el Opus cuando coquetea tanto con esa diócesis aragonesa, aun a costa de arriesgarse a ganar enemigos en Cataluña.

Pero volvamos de nuevo a la afirmación de Gervasio, según el cual con la figura de la prelatura personal los directores de la Obra se han salido con la suya. Esta afirmación, formulada de manera tan tajante, no es del todo correcta.

Aunque la figura jurídica de prelatura personal haya proporcionado a los directores del Opus óptimas posibilidades de mejorar su capacidad de actuación en el terreno de la política eclesiástica, éstos no están plenamente satisfechos con ella. Aconsejo releer los escritos de Idiota en los que comenta con acierto un discurso del prelado de la Obra, Javier Echevarría, titulado El ejercicio de la potestad de gobierno en las prelaturas personales (07.02.2005). Según explica Idiota (La discusión sobre la figura jurídica de la prelatura personal de 26 de julio de 2006), monseñor Echevarría sacó a relucir en aquel discurso la primera «pataleta» pública después de veinte años de «poner buena cara».

Idiota habla incluso de que la actual figura jurídica de prelatura personal lleva consigo una «tragedia secreta del Opus Dei». ¿Por qué? Porque la Obra, al ser transformada en prelatura personal, no recibió todo lo que había solicitado a la Santa Sede. (También aconsejo releer el escrito La prelatura que quería el Opus Dei. Documentos presentados a la Santa Sede del 22 de abril de 2005). A los directores de la Obra les gustaría que el Opus Dei fuera una estructura jerárquica de la Iglesia con pueblo propio, y las actuales prelaturas personales no pasan de ser una asociación de sacerdotes, sin pueblo propio, en orden a una mejor distribución del clero secular para cubrir peculiares necesidades pastorales; y, por tanto, no forman parte de la estructura jerárquica de la Iglesia. El Opus solicitó una «liebre», pero ha recibido un «gato»; por eso no está satisfecho con la actual solución jurídica, aunque de su insatisfacción (o de su «tragedia secreta») apenas hable en público; al contrario, en público –es decir, en su versión oficial– suele presentar como si fuera una «liebre» lo que en realidad es un «gato». Precisamente porque saben hacer muy bien política eclesiástica, los directores del Opus dosifican cautelosamente las manifestaciones públicas acerca de su desacuerdo con la figura de prelatura personal tal y como la contempla el Código de Derecho Canónico (cánones 294-297).

Por todo ello, la hipótesis que HP manifestó en su escrito más arriba mencionado (26.11.2008), aunque carezca de pruebas patentes, no anda descaminada. Tengo la seguridad de que los directores de la Obra y su actual prelado, Javier Echevarría, incluyen en su programa de política eclesiástica el objetivo de que, con ocasión de una futura reforma del Código de Derecho Canónico, las prelaturas personales se encuadren en el esquema que ellos pretenden.

Y es que, apreciado Gervasio, el Opus Dei no se ha salido del todo con la suya en este terreno, sino que, después de «recibir gato por liebre» en noviembre de 1982, más bien está sumido en una «tragedia secreta».


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