El Opus Dei en la agenda de la Iglesia de hoy

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por Heraldo, 14 de mayo de 2010


En varias ocasiones escuché que José María Escrivá ayudó al Padre Maciel, dándole abundantes ideas acerca del régimen en el que debían vivir quienes pertenecieran a la Legión de Cristo, y sobre muchos otros aspectos que debía cuidar como fundador en vistas a la viabilidad y éxito de su fundación. Para ello mantuvieron prolongadas conversaciones.

Lo escuché, primero, hace muchos años, de labios de algunos numerarios de la Obra que ocupaban a la sazón importantes cargos de dirección en el entonces Instituto secular, mucho antes de que llegara la nota que denunciaba que los Legionarios de Cristo se habían dedicado a imitar muchos aspectos de la Obra. Estoy hablando, tal vez, de los años 80, aunque mi memoria de fechas es muy débil.

Yo dejé el Opus Dei a principios del año 2003. Y hacia finales del 2004 me encontraba trabajando con los Legionarios en un cargo académico de cierta importancia en una de sus Universidades. Al enterarse de mi anterior pertenencia al Opus Dei, algunos sacerdotes legionarios se apresuraban a contarme que el Padre Maciel les había comentado, en diversas ocasiones, de la ayuda recibida por parte del Fundador del Opus Dei, con quien se mostraban agradecidos.

Hasta donde sabemos, los pasos de Maciel y de Escrivá siguieron muy distintos derroteros de vida personal. Sin embargo, puede notarse en ambos un claro denominador común:

  1. La creación de una Institución con un sistema de poder, confidencialidad y sometimiento, que en el caso de Maciel dio por resultado –aunque no sólo- una vida de delincuente sin escrúpulos desarrollada en total impunidad.
  2. Un culto institucional a la personalidad del fundador, basado en la construcción meticulosa de lo que se debía saber, pensar e interpretar sobre sus vidas, muy alejada de de la realidad.
  3. El culto a la personalidad del fundador venía a ser el fundamento de una idea mesiánica de que la Institución era la salvación de la Iglesia y del mundo.
  4. La idea implícita pero firmemente aceptada – y de amplias consecuencias- de una cierta superioridad de la Institución sobre la jerarquía eclesiástica, en tanto que irrupción de la voluntad de Dios en la historia.
  5. Un constante proceder embustero y manipulador respecto a la jerarquía de la Iglesia, con el fin de abrirse paso e ir adquiriendo posicionamiento.


Cada día tenemos mayor información sobre las tropelías de Maciel y sobre el sistema perverso, montado en la mentira, que hizo posible la impunidad, y que cuenta con tantas víctimas. No me refiero ya a las víctimas de abuso sexual, sino al absurdo de una “vida de entrega a Dios” sin vocación y con arreglo a normas que crean un sistema de vida que deprime el desarrollo de la personalidad, hacen imposible la madurez y limitan gravemente la libertad, terminando a la postre en desequilibrios psicológicos, en la frustración existencial, o en una doble vida que anula la posibilidad de un encuentro auténtico con Dios. Este último aspecto es el más interesante y que merece mucha más atención que la descarriada vida personal de un pervertido. Es más, en este importante aspecto parece ser Escrivá el maestro, y Maciel un imprudente discípulo. Junto a la realidad de dos instituciones tan semejantes, la historia oral nos habla de una influencia clara y decisiva de Escrivá sobre Maciel.

Como es bien sabido, la Iglesia afronta hoy en día una de sus más fuertes crisis, a causa del mal presente tan dentro y tan arriba; y a causa de que este mal es cada día más ampliamente conocido por la sociedad. Para recuperar su prestigio no tiene más camino que la aceptación de sus culpas, la expiación y la enmienda. De otra forma, será imparable la desbandada hacia una religiosidad exclusivamente individual. El actual Pontífice es muy consciente de esta realidad, si bien no resulta nada fácil determinar los pasos a seguir y tener la valentía de ir adelante. El Opus Dei forma parte importante de esta agenda.



Original