El Opus Dei desconfia de los seminarios no afines

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Por Nacho Fernández, 22 de junio de 2007


El Opus Dei ha llevado una política de desconfiar de los seminarios diocesanos no afines a la línea de la prelatura, hasta el punto de seleccionar aquellos donde deseaba que se formasen los alumnos que enviaban sus sacerdotes. Esta práctica fue más habitual en los años inmediatamente posteriores a la terminación del Concilio Vaticano II. Los hechos a que me refiero me los han hecho recordar algunos obispos españoles que han decidido que sus seminarios diocesanos dependan del centro teológico San Dámaso, dependiente del Arzobispado de Madrid. El último ejemplo ha sido el obispo de Tarazona, monseñor Demetrio Fernández, que contando con un solo seminarista diocesano y otros de otros países ha llegado a un acuerdo la Facultad de Teología San Dámaso.

Al terminar el Vaticano II, la imagen hacia adentro que dio el Opus Dei fue que “nosotros no necesitamos cambiar, pues el Concilio ha reafirmado el mensaje de nuestro Padre sobre la llamada universal a la santidad”. Se presentaba al hoy San Josemaría como un avanzado en la marcha de la Iglesia Católica. Aunque el resto de las instituciones de la Iglesia Católica iban sustituyendo las misas de espaldas al pueblo por altares cara al pueblo, la Obra tardó en hacerlo y lo más que admitió fue instalar un atril para que la lectura de la Epístola y el Evangelio fuera mirando al pueblo.

Incluso el Fundador llegó a reconocer públicamente –así lo recogían publicaciones internas—que decía la Misa de Trento, la de San Pio V, pues según él, había sido autorizado. Cuando todos sus hijos trataban de adaptarse como los demás creyentes a lo que decía la Jerarquía de la Iglesia Católica, él no lo hacía. Era la aplicación práctica de que el Opus Dei funcionaba como una Iglesia paralela. Eran como dos misas, las que se oían en las parroquias y templos públicos y las que se celebraban en los centros opusianos.

Paralelamente a estos hechos, se iba aumentando la desconfianza hacia todo lo que no fuera Opus Dei. Así se hablaba que “los seminarios están vacíos” y se ponía a la Obra como ejemplo de institución que no sufría la crisis, porque, según sus máximos responsables, en ella se daba la buena doctrina. Al mismo tiempo, se invitaba a numerarios, agregados y supernumerarios a vivir la humildad colectiva. Sin comentarios. Lo curioso de todo es que es una institución que jamás ha aportado datos concretos sobre incorporaciones, bajas y fallecimientos. El anuario de la Santa Sede dice cifras, pero desglosa cada caso y no distingue entre hombres y mujeres. Todo queda muy confuso.

Pero el Opus Dei necesitaba no solo de sacerdotes numerarios y agregados procedentes de sus laicos, sino también de clero diocesano. Habiendo creado su Fundador la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, era fácil seguir influyendo. Los hombres que en los centros se ve que no valen para la prelatura --aseguran que hace falta su vocación-- y pueden ser sacerdotes se decide enviarlos a los seminarios diocesanos. Para la institución no valen todos los centros de estudios eclesiásticos. En los años setenta del siglo XX existían contados seminarios que pudieran servirles: los de las diócesis de Toledo, Alicante, Valencia y pocos más. El de Madrid, con el arzobispo cardenal Tarancón, no valía. En la Obra no estaban seguros que impartieran lo que ellos llamaban “buena doctrina”.

Hubo jóvenes madrileños que teniendo un seminario diocesano fueron enviados a Toledo, por ejemplo. Se decía entre los seguidores de Escrivá que si se quedaban en su lugar de residencia no estaba garantizada su vocación y su ordenación sacerdotal. Por ello, una vez que eran ordenados en Toledo, al poco tiempo, solicitaban su incardinación en Madrid o en otra diócesis. Era una manera de “puentear” a las diócesis.

Años más tarde, la Universidad de Navarra desarrolló la facultad de Teología. Fue autorizada a impartir los ciclos de estudios eclesiásticos con validez académica. Al hacer propaganda en todas las diócesis del mundo, algunos obispos decidieron enviar a sus seminaristas a Pamplona para que se formaran. Aparentemente todo legal. Lo que no contaban otras diócesis es que algunos de sus fieles, que tenían la ilusión de hacerse sacerdotes, iban a pasar por la Universidad de Navarra.

Y claro, algunos de estos fieles, que frecuentaban centros del Opus Dei (centros para laicos o de sacerdotes), fueron a formarse a la Universidad de Navarra. Una vez habían cursado los primeros años de los estudios eclesiásticos, tenían una reunión con su obispo diocesano y le planteaban incorporarse al seminario propio. Cuando existe tanta crisis de vocaciones, era difícil que un obispo se negara a admitir a una de estas personas que en el futuro serían ordenadas sacerdotes. Y al final, la Obra había conseguido lo que se proponía: que los presbíteros diocesanos también fueran formados por ella.

Según sus Estatutos, los miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz tienen como su autoridad máxima al respectivo obispo. El papel de la Sociedad es solo de dirección espiritual. Su máximo responsable en cada país es el llamado “director espiritual” de la “Comisión Regional” de cada país. Sin embargo, quien está al frente de esta comisión es el llamado “vicario regional”.

La realidad es que el Opus Dei sigue controlando. Los laicos y sacerdotes de la Obra y los sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz tienen su dirección espiritual semanal en lo que internamente se denomina “charla fraterna” o “confidencia”. La charla no se hace en un confesionario, sino en una habitación o incluso al aire libre. Quien lleva la dirección espiritual debe comunicar lo que se le revela en esa reunión al llamado “consejo local” (director, subdirector, secretario y sacerdote) de cada centro. Así, se pierde la intimidad de una persona, y todo ello en nombre de lo que denominan “gobierno colegiado”. Incluso invitan a los seguidores de la institución a ser “salvajemente sinceros” y a no dejarse nada oculto. Luego hay que ver cómo se utilizan esos datos. Puede haber sorpresas y alguien, por contar esas cosas íntimas, es expulsado de la institución.



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