El Opus Dei de los pobres

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Por Atomito, 12.10.2009


Atomito en la catequesis en 1982


Un pobre y un rico rezaban en una iglesia. El pobre oraba:
- Dios, dame aunque sea un dolar para comer, que hace 2 días que no como nada
El rico se da vuelta, le da un dolar y le dice:
- Tomá, no me distraigas a Dios con estupideces, que estamos hablando de cosas importantes.

Es un chiste viejo, pero ilustra exactamente lo que piensa Escrivá acerca de los pobres. El Opus Dei se ocupa de algo mucho más importante: de convertir a todo el mundo a la religión católica, el tema de la pobreza es una insignificancia al lado de algo tan grande que Dios le confió a Escrivá.

Voy a relatar mi experiencia en la catequesis, que fue un encargo que me dieron en la obra cuando llevaba pocos años de pitado, y que ilustra bien la actitud escrivariana con los pobres. La catequesis es una parte esencial de la labor de San Rafael, consiste en que algunos de la obra, van con chicos de San Rafael a alguna parroquia pobre, a preparar niños para la primera comunión. Cuando me dieron inicialmente el encargo me dió una pereza terrible. Pero luego cuando empecé a ir, me di cuenta que me gustaban los niños, y que tenía buena química con ellos, de modo que ir los domingos de mañana a darles catecismo era algo que me encantaba...

Si bien yo llevaba algún tiempo en la obra, y por lo tanto no tenía dificultad con el contenido de lo que debía enseñar, mantener la atención y el interés de chicos de 7-9 años no es fácil. Y hacerles entender conceptos como el Espíritu Santo, o la Santísima Trinidad, no era nada trivial. Pero en el Opus Dei nadie se preocupa por temas de pedagogía o de didáctica a la hora de enseñarles a los niños pobres de las parroquias. En realidad, como comprobé después, los niños de la catequesis al Opus no le interesan en lo más mínimo, lo único que le interesan son los chicos de San Rafael. El enseñarle a niños pobres tiene la fuerza de removerles el corazón a chicos jóvenes idealistas, y predisponerlos a entregarse a una causa justa. Por eso la catequesis es tan importante y se la da cierta prioridad. Pero no hay que confundirse, si los niños entienden el catecismo o no, si se preparan muchos o pocos para la comunión, si luego de hacer la comunión perseveran, al Opus no le interesa.


Atomito de campamento con chicos de la catequesis, en 1984


El primer año que estuve a cargo de la catequesis, llevé a un amigo que yo trataba, y que tiempo después pitó de numerario. Ibamos nosotros 2 y otro numerario. En cuanto a alumnos, en promedio iban 4 o 5, que además no eran siempre los mismos, de modo que ese primer año solo 2 hicieron la comunión. De más está decir que era poco entusiasmante ir a una catequesis así, y los pocos niños que iban, lo hacían obligados por sus padres. De todas formas, con la experiencia que hice ese año, el segundo año fuí mucho mejor preparado: conseguí más amigos que estuvieran dispuestos a ir los domingos de mañana a enseñar catecismo, y con ellos hice una recorrida por todas y cada una de las casas del barrio para anotar chicos. Al haber más niños, y más catequistas, estábamos en condiciones de hacer actividades divertidas luego de la clase, como partidos de fútbol, u otros juegos. Incluso llegamos a hacer algun campamento. De modo que los niños se empezaron a entusiasmar, y la catequsesis “se puso de onda” en el barrio. Ya no eran solo las niñas aplicadas y obedientes las que iban a clase, sino que iban chicos de todas las edades, y la mitad de ellos eran varones.

Hacíamos una reunión semanal con los catequistas para preparar la clase y planificar. Algunos catequistas perseveraban, otros había que estar empujándolos, algunos se iban, pero más o menos las cosas iban saliendo, de modo que el segundo año hicieron la comunión como 20 chicos. Los resultados del punto de vista del Opus también fueron buenísimos, varios de los catequistas pitaron de numerarios.

Pero aquí empezaba el problema para mí. Una vez que pitaban, el director del centro les daba algún encargo apostólico que no tenía nada que ver con la catequesis, y yo los perdía (como catequistas). Me acuerdo las discusiones que tuve con los directores del centro, porque varios de los catequistas que pitaron, los había llevado yo mismo por la obra, yo les había planteado la vocación, yo había hecho todo el trabajo, y cuando estaban funcionando bien como catequistas, y yo me podía apoyar en ellos, el Opus me los quitaba. Los directores me recordaban entonces cuál era el sentido de la catequesis: que lo que importaba eran los chicos de San Rafael, no los niños. Que yo había hecho bien mi trabajo, los chicos habían pitado, que era el objetivo. Pero no era intención del Opus mandar cantidad de numerarios a dar catequesis, la idea es que la catequesis la den los chicos de San Rafael y un par de numerarios que tratan a los de San Rafael.

Yo me molestaba, porque era un parto lograr organizar la catequesis, preparar catequistas que fueran capaces de explicarles bien a los niños, y que tuvieran responsabilidad y dedicación. Con frecuencia sucedía que los catequistas no eran todos los domingos los mismos, sino que iban variando: o porque un chico de San Rafael era inconstante, o porque un numerario catequista tenía retiro mensual, o porque el catequista tenía que preparar un examen importante, etc. Una vez que los niños se encariñaban y se acostumbraban a un catequista, no les hacía gracia que se los cambiaran, y sentían como que los catequistas tampoco se tomaban el tema en serio. Pero al Opus no le importaba lo más mínimo la catequesis en sí. En todo caso le interesaba que funcionara razonablemente bien, como para que fuera algo entusiasmante para los chicos de San Rafael, pero le daba igual si los niños aprendían bien o no. Los niños pobres en definitiva eran bienes de uso, servían para despertarles sentimientos de entrega a los chicos de San Rafael, pero en sí no le servían al Opus, los chicos que son de interés a la prelatura son los de familia bien y con buenos estudios, que podían pitar de numerarios.

Los directores con los que tenía estas discusiones, en realidad no eran malas personas ni mucho menos. Ellos tenían un vocal de San Rafael que cada mes los controlaba y les exigía fichas con el número de asistentes a círculos, a retiros mensuales, confesiones, listas de pitables etc. Al vocal de San Rafael no le interesaban cuántos niños hacían la comunión, o qué se hacía por los niños pobres de la catequesis. Y el vocal de San Rafael a su vez tenía que darle cuentas a alguien de la comisión, y así hasta llegar al Padre. En definitiva, que la actitud de indiferencia total por los pobres, de usarlos para obtener vocaciones de jóvenes idealistas, es parte del espíritu esculpido por el fundador, no es un tema de que los directores en Uruguay eran malos, sino que es la actitud de Escrivá.


Dia de 1a comunion. Luego de la misa, haciamos una fiesta con todos los chicos.


En Uruguay el tema de hacer la comunión (al menos en aquella época) era algo popular, algo así como casarse por la iglesia o bautizar a los hijos. La gente no practica, pero le parece bien mandar a los hijos a hacer la comunión. El tema era lograr que los chicos perseveraran, y para eso organizamos un catecismo de perseverancia, donde íbamos a preparar a los chicos para ser catequistas. Esto les resultaba atractivo a muchos chicos, de modo que contrariamente a lo que solía pasar en otras catequesis, teníamos un porcentaje bastante alto de chicos que seguían yendo a misa después de hacer la comunión, y que seguían profundizando en su formación religiosa. Se llegó a dar el caso, de que una niña años después se hiciera monja (la verdad, es que ahora, que soy agnósitco, se me parte el alma de pensar que soy parcialmente responsable de que esa niña terminara así...).

Estuve como 4 años al frente de la catequesis. En el barrio me conocía todo el mundo, pues no solo nos preocupábamos por los niños, sino que nos hacíamos amigos de los padres, e incluso se llegaron a organizar algunas charlas para padres. Un día me pidieron en la obra que escribiera un artículo para Crónica, acerca de la catequesis. Me acuerdo que lo escribí con mi propio estilo, no tratando de seguir la linea de los típicos artículos de las publicaciones internas, que parecen todos escritos por la misma persona. Contaba muchas anécdotas reales, como las pruebas que le poníamos a los niños para hacerlos estudiar, y donde aparecían cosas muy graciosas, como “octavo mandamiento: no consentir en pensamientos ajenos”, o “no se deben tomar bebidas sólidas una hora antes de comulgar”. Pasó el tiempo y un día veo en Obras (la otra publicación interna de la sección de varones), un artículo sobre una catequesis en Montevideo. Lo empiezo a leer y por los datos que daba, solo podía ser la mía. En definitiva tenía que ser mi artículo, pero lo habían cambiado tanto que estaba totalmente irreconocible, no había ninguna anécdota real, lo habían despojado de todo lo espontáneo, de todo lo auténtico, de primera mano, de quien estuvo allí haciendo las cosas. Era exactamente igual a todos los otros artículos que salen mes a mes en Crónica. Me percaté entonces por qué los artículos parecen todos escritos por la misma persona: lo son.


Carlos, Atomito y Gonzalo, los mismos que aparecen en la foto de 1982, pero en el 2009. Carlos tiene un hijo y Gonzalo ahora es pastor anglicano y tiene una hija


Cuando uno tiene corazón y se encariña con la gente, uno al ver niños ve gente, seres humanos, y no piensa si son pitables o no, si pueden ser útiles o no. Uno les toma cariño y los quiere sacar adelante. Pero el numerario debe aprender que no está para ayudar a los pobres. Escrivá tiene una misión de Dios más importantes para él.




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