El Opus Dei, una carga social

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Por Jorge Santiago, 7 de julio de 2008


Mucho se ha discutido sobre los objetivos del Opus Dei y su enfoque en la captación de jóvenes con alto nivel intelectual. Conseguir numerarios y numerarias es el objetivo proselitista más importante de la institución y una de las condiciones para ese tipo de miembros es precisamente tener el potencial para concluir estudios superiores.

Durante mis primeros días en el Opus Dei creía sinceramente que la institución era “la” respuesta a los problemas de mi país y del mundo. Creía que en ella había una verdadera preocupación por eliminar la pobreza, desarrollar el intelecto y contribuir al progreso social. No era difícil imaginarse que un grupo de jóvenes universitarios, con ideales nobles, muchos de ellos de familias con recursos económicos e influencia política, podían ser el motor que generase grandes cambios sociales.

Con el tiempo me percaté de la triste realidad: médicos, ingenieros, administradores, científicos, arquitectos y muchos otros profesionales que abandonaban su profesión para dedicarse a puestos internos sin trascendencia. En el caso de las numerarias auxiliares su situación era aún más patética porque eran encajonadas en un perfil social para facilitar su utilización como fuente de mano de obra económica en las residencias de la institución.

De pronto, el médico brillante dejaba el hospital o la clínica privada para dedicarse a ser el secretario (el contador), el vocal o el subdirector de alguna de las residencias universitarias del Opus Dei. Otros cambiaban súbitamente de profesión y perseguían doctorados en educación y teología para terminar de nuevo en posiciones internas sin gran importancia. No faltaron ejemplos de talentosos periodistas y escritores numerarios que vieron su carrera frustrada por la monotonía que surgía de la mordaza y de la censura interna.

Lo más triste, es que fuera del Opus Dei ese mismo talento humano hubiese podido contribuir a erradicar muchas de las enfermedades que azotan a la humanidad o hubiese hecho aportaciones valiosas para disminuir la miseria y el desempleo. Otros hubiesen sido empresarios y científicos exitosos o grandes líderes sociales y políticos. Muchas numerarias auxiliares hubiesen abierto negocios prósperos o continuado su desarrollo profesional al liberarse del estigma de la vocación divina a cocineras.

Por todo ello, considero que el Opus Dei le ha robado a la sociedad un talento valioso, jóvenes llenos de energía y con ideales nobles, para luego nulificarlos en el llamado proceso de “formación” que institucionaliza al individuo despojándolo de su identidad, su profesión e independencia.

Momificar tanto potencial humano para fundar unas cuantas universidades, colegios y residencias estudiantiles –fachadas de proselitismo interno- ha sido por lo menos ineficiente. Hay instituciones que con menos recursos económicos y humanos han fundado universidades que son verdaderos centros de estudio y de investigación científica y social, y colegios donde los jóvenes han aprendido a aceptar la diversidad, el reto intelectual y las responsabilidades sociales en un ambiente seguro, libre de predadores religiosos.

Cuando una institución consume más de lo que produce, o deteriora el valor de los insumos, se le puede calificar de ineficiente. En ese sentido, por el mal uso de los recursos humanos, se podría concluir que el Opus Dei ha sido una carga social.



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