El Opus Dei, Instituto Secular

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Por Idiota, 20.01.2006


Pío XI, 'precursor' de Escrivá

Aprovechando la tranquilidad navideña, me acerqué un día a la biblioteca central de una universidad española para leer un libro, que, a mi modo de ver, pertenece a la época del "Opus Dei, Instituto Secular" (ODIS, recordad 05.12.05 ): Perfección y laicado de José María Hernández [de] Garnica, publicado por Rialp en 1956 en la colección "Patmos: Libros de espiritualidad" con el número 64. No fue poca mi sorpresa al constatar que yo era el primer lector de aquel ejemplar a casi cincuenta años de su publicación, sorpresa que fue en aumento al leer su contenido y colocarlo en el contexto de los hechos que todos creemos conocer.

Preguntémonos primero quién fue el Siervo de Dios José María (Augusto Gregorio) Hernández [de] Garnica. Hernández Garnica nació en Madrid el 17 de noviembre de 1913. Tras cursar el bachillerato en Ciencias en el Colegio del Pilar de los Hermanos Marianistas (1923-1929), realizó estudios superiores en la Escuela de Ingenieros de Minas (1932-1936, 1939-1940). Posteriormente se licenció (1939-1941) y se doctoró en Ciencias Naturales por la Universidad de Madrid (1941-1944) bajo la dirección de Maximino San Miguel de la Cámara (Estudio geológico de las sierras de Algamitas y Algodonales). Tras conocer la Academia DYA de la calle de Ferraz en 1934, pide la admisión en el Opus Dei el 28 de julio de 1935, animado por Álvaro del Portillo. Tras haber sido encarcelado en las cárceles Modelo y de San Antón de Madrid y Modelo de Valencia, es enrolado en el ejército republicano y destinado primero a Madrid y después a Granada. En 1939 supera una "crisis vocacional" y el 19 de marzo de 1940 se incorpora definitivamente al Opus Dei. Tras haber vivido en la residencia de la calle Jenner (1939-1941) impulsando los apostolados en Valladolid, fue nombrado director de la residencia de Lagasca (1941-1944?). Realizó los estudios de Filosofía y Teología como externo examinándose en el Seminario de Madrid (1940-1944). Fue ordenado sacerdote por Mons. Eijo y Garay, Obispo de Madrid, el 25 de junio de 1944, siendo uno de los tres primeros sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. A la vez que atendía sacerdotalmente los centros del noreste y este de España, fue director espiritual de la residencia de Moncloa, profesor de enseñanza religiosa en la Escuela de Minas y encargado de la sección femenina ("sacerdote secretario central" diríamos hoy en día) (1945-1955). Tras viajar por América con Alberto Ullastres (1954-1955), se traslada a Roma para sacarse el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense (1955-1956), publicando casi al mismo tiempo el libro que voy a comentar. Después de ocupar brevemente el cargo de Director Espiritual del Opus Dei en España (1956-1957), pasa a ser Consiliario de Francia (1957-1959), Delegado del Padre para Francia, Inglaterra e Irlanda (1959-1961) y para Alemania y Austria (1961-1966). En los últimos años de su vida fue Sacerdote Secretario Regional de Inglaterra (1966-1967), Delegado del Padre (1967-1969) y Sacerdote Secretario Regional de Alemania (1969-1972). Tras enfermar, es tratado en Pamplona y en Barcelona, donde fallece el 7 de diciembre de 1972 de un cáncer de bulbo raquídeo. Su causa de canonización se abrió el 1 de marzo de 2005. (Datos recogidos de: José Carlos Martín de la Hoz [Postulador de la Causa de Canonización], Por los caminos de Europa: Breve biografía de José María Hernández Garnica, Madrid: Palabra, 2004 (Folletos MC 745) de biografías de San Josemaría y otras fuentes.)...

Sobre Perfección y Laicado, Martín de la Hoz comenta lo siguiente (pág. 57):

"Después de unos años de estudio, docencia e investigación sobre la espiritualidad laical, aprendida de labios del Fundador del Opus Dei, don José María fue desarrollando su pensamiento acerca de la Teología del laicado. En abril de 1956, publicó un libro titulado "Perfección y laicado" [140]. Ese trabajo le sirvió de base para su tesis doctoral en Teología, que defendió en la Universidad Lateranense en 1956 [141]."

Este comentario precisa de algunas matizaciones. Si miramos el asunto desde la perspectiva actual del Opus Dei, es decir, la del "Nuevo Opus Dei", empiezan las sorpresas. En este escrito me voy a referir al origen de la idea de la "llamada universal a la santidad" y en uno próximo, a lo que podría llamar su "clasismo de la santidad", aun a riesgo de resultar algo sensacionalista.

Si nos preguntamos quién es el precursor de la idea de la "llamada universal a la santidad" según Hernández Garnica y diéramos a elegir cuatro opciones, ¿cuál escogeríamos?

a) San Josemaría
b) Yves Congar
c) Pío XI
d) Perico de los Palotes

Dejemos de lado la opción d) que está para despistar. El Nuevo Opus Dei afirmaría, sin lugar a dudas, que la respuesta correcta es a). Sin embargo, aparte de que no se refiere en ningún momento al Opus Dei, Hernández Garnica sólo cita a San Josemaría dos veces y muy de pasada y eso, a pesar de que, como apunta el Postulador, aprendió la espiritualidad laical de labios del Fundador. Entre los autores que son constantemente citados figura de manera destacada ¡Yves Congar! (recordemos sus Jalons pour une théologie du laicat (1953)). Repitámoslo otra vez: uno de los más destacados dirigentes del Opus Dei Instituto Secular se inspira (entre otros) en Yves Congar para desarrollar una teología del laicado. Esto es tanto más asombroso, cuanto que nos encontramos todavía en la época en la que Yves Congar fue reducido al silencio por la Orden de Predicadores y por el Santo Oficio (1946-1956). Me imagino que Hernández Garnica era muy consciente de eso, por lo que en un pasaje del libro (pp. 29-30) subraya que la idea de la "llamada universal a la santidad" está avalada ya por el Magisterio de la Iglesia, a saber, por el de Pío XI, citando, además de la Encíclica Casti connubii, otra, escrita con motivo del Centenario de la muerte de San Francisco de Sales, llamada Rerum omnium perturbationem' (1923). Citemos, pues, despacio algún pasaje de la encíclica (en inglés, que es como sale en la pagina oficial del Vaticano):

"2. The Church is most successful in this work of sanctification when it is possible for her, through the mercy of God, to hold up to the imitation of the faithful one or other of her dearest children who has made himself conspicuous by the practice of every virtue. This work of sanctification is of the very genius of the Church, since she was made by Christ, her Founder, not only holy herself but the source of holiness in others. All who accept the guidance of her ministry should, by the command of God, do everything in their power to sanctify their own lives. As St. Paul says, "This is the will of God, your sanctification." (I Thess. iv, 3) Christ Himself has taught what this sanctification consists in - "Be ye therefore perfect as your heavenly Father is perfect." (Matt. v, 48)

3. We cannot accept the belief that this command of Christ concerns only a select and privileged group of souls and that all others may consider themselves pleasing to Him if they have attained a lower degree of holiness. Quite the contrary is true, as appears from the very generality of His words. The law of holiness embraces all men and admits of no exception. The great number of souls of every condition in life, both young and old, who as history informs us have reached the zenith of Christian perfection, these saints felt in themselves the weaknesses of human nature and had to conquer the selfsame temptations as we. So true is this that as St. Augustine has so beautifully written, "God does not ask the impossible of us. But when He does order us to do something He, by His very commands, admonishes us to do that which we are able to do and to ask from Him for assistance in that which we are not of ourselves able to do." (de Natura et Gratia, Chap. 43, No. 50.)"

Este texto, con sus citas neotestamentarias, nos recuerda extrañamente al siguiente (San Josemaría, Camino, n° 291) y a otros parecidos:

"Tienes obligación de santificarte. —Tú también. —¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos?
A todos, sin excepción, dijo el Señor: "Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto"."

Añado dos citas más, que recuerdan muchísimo lo que "siempre" hemos oído en el Opus Dei ("el Santo" es San Francisco de Sales):

"14. At the same time we learn from the Saint how not only to perform the customary acts of everyday life, (with the exception, of course, of sin) but also a fact which all do not know, how to do these things correctly with the sole intention of pleasing God. He teaches us to observe the social conventions which he calls one of the charming effects of virtuous living, not to destroy our natural inclinations but to conquer them so that little by little without too much effort, like the dove, if by chance there has not been granted us the strength of the eagle, we may raise ourselves even to heaven itself. What the Saint means by this metaphor is that if we are not called to an extraordinary personal perfection, nevertheless we can attain holiness by sanctifying the actions of everyday life."

"Because of these facts, Venerable Brothers, do you endeavor, following the example of St. Francis, to instruct thoroughly the faithful in the truth that holiness of life is not the privilege of a select few. All are called by God to a state of sanctity and all are obliged to try to attain it. Teach them, too, that the acquisition of virtue, although it cannot be done without much labor (such labor has its own compensations, the spiritual consolations and joys which always accompany it) it is possible for everyone with the aid of God's grace, which is never denied us." (n° 27)

Es curioso: acabamos de "descubrir" que Pío XI es el "precursor" de San Josemaría y que quizás lo que "vio" el 2 de octubre de 1928 fue un recorte de "Rerum omnium perturbationem" (1923) o de textos parecidos...

Y, ¿qué pensar de las siguientes afirmaciones de Peter Berglar (El Fundador del Opus Dei p. 156 de la versión internet, en PDF)?

"Tal vez por eso las primeras murmuraciones contra don Josemaría Escrivá, contra el camino del cristianismo que él esbozaba y contra los que seguían ese camino, provinieron de algunos religiosos y de algunos miembros de organizaciones católicas, adeptos a un «institucionalismo» tradicional. En esta frase hay una palabra importante: «algunos», pues en ningún momento se trató de la mayoría o de un gran número. Eran personas que, sencillamente, no estaban en condiciones de comprender el núcleo del mensaje del Fundador del Opus Dei. Lo que hoy en día, veinte años después del Concilio Vaticano II, se reconoce en todo el mundo como un fruto de éste (la responsabilidad de los laicos en la iglesia, la llamada universal de todos los bautizados a la santidad, la libertad y la responsabilidad personales de cada cristiano en las opciones temporales, la vida corriente como lugar normal de seguimiento de Cristo, con entrega total), a algunos les sonaba entonces a herejía."

¿Herejía? No exageremos...

[Nota: Perfección y Laicado tuvo dos ediciones en 1956, una en abril y otra en diciembre, que es la que utilizo; el manuscrito debió de circular antes ya que es citado por Amadeo de Fuenmayor y Cathérine Bardinet en sendas contribuciones al "Congreso Nacional de Perfección y Apostolado" como si fuera de 1955.]

El 'clasismo' de la santidad

En mi último mensaje, presenté sucintamente la figura de José María Hernández [de] Garnica (1913-1972) y comencé a comentar su -al parecer- único libro sobre materias teológicas, Perfección y laicado (Madrid: Rialp, 1956 (Patmos: Libros de espiritualidad 64). Escribí sobre el origen de la idea de la "llamada universal a la santidad" dentro del Opus Dei y dejé para este mensaje lo que di en llamar su "clasismo" de la santidad (con cierto sensacionalismo, hay que reconocerlo).

Mientras que en el último mensaje descubríamos que la idea de la "llamada universal a la santidad" era de gran actualidad en la época de la presunta fundación del Opus Dei (Pío XI) y se tradujo en una intensa reflexión sobre el papel del laicado ya antes del Concilio Vaticano II (Yves Congar), descubriremos en éste que el concepto de santidad que Hernández Garnica desarrolla en su libro y que debería ser central en una "espiritualidad laical, aprendida de labios del Fundador del Opus Dei" (Martín de la Hoz p. 57), difiere radicalmente del que predica el "Nuevo Opus Dei" a la vez que deja traslucir elementos del ideario del "Opus Dei, Instituto Secular", presentes todavía en la praxis actual. Este punto lo vamos a desarrollar a partir de algunas citas escogidas, distribuidas en tres apartados.


I.

"La primordial consecuencia práctica que deriva de esta doctrina es que, al caer la perfección dentro de los preceptos, obliga a todos los cristianos. Los consejos no obligan a todos in re: nadie está estrictamente obligado a una consagración plena y formal a Dios, pero sí es necesario que por todos se viva "el espíritu de los consejos evangélicos". La clara razón que lo impone es que el desasimiento de las cosas creadas, en un grado u otro, o mejor, de una manera diversa según cada caso, es condición para poder alcanzar una unión acabada con Dios; y el espíritu de los consejos es, precisamente, espíritu de desasimiento. Por esto será también necesario que todo cristiano, según las circunstancias de su estado, practique el desprendimiento efectivo, pues de no ser así, resulta verdaderamente problemático conseguir un auténtico y sincero desprendimiento de lo terreno" (Hernández Garnica, Perfección y Laicado, pp. 25-26)

Por si alguien no se fijó al leer el último mensaje (citas de San Josemaría y de Pío XI), aquí queda claro: la "llamada universal a la santidad" no es tanto una "llamada" sino una "ley" (Pío XI), una "obligación" (San Josemaría), o bien, un "precepto" (Hernández Garnica). Reconozco que, hasta ahora, no me había dado cuenta de este detalle, muy significativo.

También se puede ver que, para Hernández Garnica, el modo básico para alcanzar la perfección (nombre antiguo de lo que ahora llamamos "santidad") es el de los consejos evangélicos: la santificación del trabajo y a través del trabajo aparece de forma marginal en las últimas seis páginas del libro (pp. 107-113). Se entiende ahora mejor la insistencia práctica sobre los consejos evangélicos en la vida de los numerarios (Opus Dei Instituto Secular), a pesar de que a San Josemaría, de puertas afuera y según la nueva línea (Nuevo Opus Dei), su formalización en forma de votos y de ingreso en un "estado de perfección" no le "interesasen":

"Tú sabes que hay "consejos evangélicos". Seguirlos es una finura de amor. —Dicen que es camino de pocos. —A veces, pienso que podría ser camino de muchos." (San Josemaría, Camino n° 323)

"Baste considerar —porque una completa exposición doctrinal sería larga— que al Opus Dei no le interesan ni votos, ni promesas, ni forma alguna de consagración para sus socios, diversa de la consagración que ya todos recibieron con el Bautismo. Nuestra Asociación no pretende de ninguna manera que sus socios cambien de estado, que dejen de ser simples fieles iguales a los otros, para adquirir el peculiar status perfectionis." (San Josemaría, Conversaciones, n° 20; cfr. n° 24)

En cuanto al trabajo, ahí va una perla, que muestra con qué reticencia se ve la cuestión de lo secular, algo impensable en el Nuevo Opus Dei:

"Indudablemente es necesario el despego de lo terreno; pero quizá no sea necesario para ello recurrir imprescindiblemente a romper el contacto con los trabajos seculares" (Hernández Garnica, Perfección y Laicado, p. 44)


II.

"Pero si el grado de caridad que constituye la perfección no está determinado ni por la naturaleza de la caridad ni por una relación al sujeto [= el que ama (Idiota)] o al objeto [= el que es amado (Idiota)], ¿cómo se delimita el grado de perfección que conviene a cada alma? Se hace necesario acudir a las leyes particulares de la Predestinación; el límite para cada alma viene marcado por la Voluntad de Dios [22]. Dios es el que distribuye sus dones desigualmente según quiere [23]; la gracia tiene razón de medio respecto a un fin que nos está de antemano prefijado por Dios, no sólo en cuanto a su esencia, sino en cuanto al grado de perfección del mismo [24]. Los cristianos -cada uno de los cristianos- deben aspirar a conseguir ese grado concreto de santidad para el que Dios les ha destinado. Esto es lo que llamamos "perfección especial": la que corresponde a cada individuo, según el grado de gloria a que ha sido destinado por Dios, para manifestar de este modo su bondad y su perfección infinitas." (Hernández Garnica, Perfección y Laicado pp. 32-33)

"No se trata de conseguir la perfección cristiana, sino de que cada cual alcance su personal santificación, la "perfección especial" que le compete según el decreto de la Voluntad de Dios" (Hernández Garnica, Perfección y Laicado, pp. 36-37)

Como nos podemos imaginar, esta visión de la "perfección" remite a la imagen medieval de un mundo armónico, ordenado por Dios, en el que todas las criaturas participan de modo y en grado distintos de los atributos divinos, que sólo Dios posee en plenitud. Sin embargo, tal visión instaura en el seno de la comunidad humana un "clasismo" de la santidad totalmente anacrónico (recordad el lema de la Revolución Francesa: "Liberté, egalité, fraternité"). Este "clasismo" nos recuerda que no todos están llamados al mismo "grado de santidad"; es más, que nadie puede "superar" el "grado de santidad" que Dios le ha asignado. Para que nadie se asuste, que quede claro que aquí Hernández Garnica no hace más que seguir a Santo Tomás de Aquino (cf. Perfección y Laicado, pp. 34-35). Aquí van los pasajes a los que se refiere nuestro autor:

"But as regards the subject, grace can receive more or less, inasmuch as one may be more perfectly enlightened by grace than another. And a certain reason for this is on the part of him who prepares himself for grace; since he who is better prepared for grace, receives more grace. Yet it is not here that we must seek the first cause of this diversity, since man prepares himself, only inasmuch as his free-will is prepared by God. Hence the first cause of this diversity is to be sought on the part of the God, Who dispenses His gifts of grace variously, in order that the beauty and perfection of the Church may result from these various degree; even as He instituted the various conditions of things, that the universe might be perfect. (STh I-II q. 112, art. 4 responsio; sorry, otra vez en inglés)

"Therefore every rational creature is so led by God to the end of its beatitude, that from God's predestination it is brought even to a determinate degree of beatitude. Consequently, when that degree is once secured, it cannot pass to a higher degree." (STh I q. 62, art. 9 responsio)

Claro que, siguiendo esta lógica medieval, está clarísimo cómo surge en la praxis de la Obra la sensación de que el numerario es más que el agregado y ambos más que el supernumerario...

También me sorprende mucho (todo hay que decirlo) la importancia que se concede en este punto a la Predestinación, tema que ha caído hoy en día casi en el olvido, a pesar de que en los siglos XVI y XVII fue objeto de fuertes debates. Esto hace que a un lector moderno le quede un cierto sabor a "calvinismo" en la boca. De aquí a Max Weber (1864-1920) y a su La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904) hay muy poco trecho (ver Estruch).


III.

"Es preciso un dominio de las normas especulativas y prácticas que gobiernan el progreso de la vida sobrenatural, para una eficaz labor de dirección de almas y para que cada cual pueda tener noción cierta de lo que es conveniente hacer, según las peticiones de Dios."

Aquí se puede hacer el fácil chiste de la visión del ingeniero que cree poder dirigir almas como quien maneja una máquina: basta con leer el manual de instrucciones. Por desgracia, el chiste no tiene ninguna gracia para nosotros puesto que la gran mayoría ha experimentado en su propia carne, en su propia alma, las consecuencias de esa visión "cosificadora" de las personas.

Conmemorando las bodas de plata

Apreciada Agustina,

Me pedías hace algún tiempo mi opinión acerca de la publicación Opus Dei: 2-X-1928, 2-X-1953, impresa anónimamente en 1953, en Madrid, en los talleres de Hauser y Menet. Es verdad que, a primera vista, no tiene nada de especial; sin embargo, puede conducir a algunas reflexiones.

Si digo que no tiene nada de especial, es porque, para mí, se encuadra en la serie de publicaciones anónimas de la Obra que aparecen cuando se trata de celebrar algo. Más ejemplos de lo mismo:

Beatificación de Josemaría Escrivá: Crónica y homilías, Madrid: Palabra, 1993 (Documentos MC).
Josemaría Escrivá de Balaguer: Crónica de la beatificación, Madrid: Rialp, 1992.
San Josemaría: Crónica de la canonización, Madrid: Palabra, 2002.
La canonización de Josemaría Escrivá: Crónica y homilías, Madrid: Palabra, 2002 (Documentos MC).
La canonización de Josemaría Escrivá: 6 de octubre de 2002, Madrid: Rialp, 2003 (Libros sobre el Opus Dei).
Josemaría Escrivá: Un personaje por descubrir, Madrid: Palabra, 2002.
Josemaría Escrivá: Centenario 1902-2002, Madrid: Rialp, 2001.

Es obvio que las publicaciones han de ser anónimas, porque si no, se faltaría a lo estipulado en el derecho propio:...

El Opus Dei profesa una humildad colectiva, por lo cual no puede editar hojas ni publicaciones de cualquier género con el nombre de la Obra, a no ser internamente para uso de los socios; sus miembros no llevan signo alguno distintivo; hablan cautamente del Opus Dei con los extraños; pues la acción debe ser modesta y no ostentosa; el Opus Dei, como pluralidad, no interviene en ningún acto social ni es en él representado. (Constituciones 1950 §6)

[A] Causa de esta humildad colectiva, el Opus Dei no quiere producir escritos, ni publicaciones de cualquier tipo bajo el nombre de la Obra. (Código 1982 §89, 3)

(Cubramos un tupido velo sobre Romana, la excepción que confirma la regla...)

La publicación, como digo, merece un par de reflexiones. Empecemos por el contexto: se trata de una publicación conmemorativa de las bodas de plata del Opus Dei. Veamos qué dice a todo esto Andrés Vázquez de Prada q.e.p.d. San Josemaría, como "siempre", desea celebrar las bodas de plata "sin ruido":

Dentro del año que va a comenzar, celebraremos las bodas de plata de nuestra Obra. Y las celebraremos con nuestro estilo, sin ruido [...] (San Josemaría, Carta 12.1952 (EF-521200.1), citada en El Fundador... III, 233)

Como sabemos, esas fiestas familiares las pasó el Fundador en la casa de retiros de Molinoviejo, con mucho sufrimiento y pobreza, rodeado de hijos suyos venidos de remotos países, hasta donde se había extendido el apostolado de la Obra (El Fundador... III, 234). Ya vemos que, de todas formas, había dinero para viajar, había dinero para invertir en el "silencio" de esta publicación y en el "grito marmóreamente silencioso" (Urbano, ver más abajo) de la lápida correspondiente colocada en Molinoviejo (ver el texto en El Fundador... III, 234-235).

En efecto, los años 1952 y 1953 son de extraordinaria penuria económica, ya que, como sabemos, se está construyendo Villa Tevere y acondicionando Terracina (Salto di Fondi): Estamos económicamente agotados... y hay que terminar esas casas (San Josemaría, Carta a José Luis Múzquiz (EF-520814-5), en: El Fundador... III 212, ver 211-216). Así pues, no dejan de sorprendernos las fotos de cinco lápidas (posiblemente de mármol) que ya en 1953 se encuentran en Villa Tevere. Destaquemos la más famosa de ellas, cuyo texto comenta Pilar Urbano (El hombre..., cap. 18, ver también Sastre, cap. 20):

En la altana de la Villa Vecchia, en la azotea de la casa del Padre, desde cuya altura se dominan todos los edificios de Villa Tevere y la vista puede extenderse hacia los montes Cimino, Mario y Sabinos, que circundan la ciudad de Roma, Escrivá de Balaguer hizo poner una lápida, con una bella inscripción latina, como un silencioso grito desde el mármol:

Lapida1.jpg

o qvam lvces
roma
qvam amoeno hinc rides prospectv
qvantis excellis antiqvitatis monvmentis
sed nobilior tva gemma atqve pvrior
christi vicarivs
de qvo
vna cive gloriaris
a mdccccli

¡Cómo brillas, Roma! ¡Cómo resplandeces desde aquí, en panorama espléndido, con tantos monumentos maravillosos de antigüedad! Pero tu joya más noble y más pura es el Vicario de Cristo, del que eres la única ciudad que te glorías.

Es un requiebro de romanidad, que clava el cincel en la más excelente grandeza de Roma: «tu joya más noble y más pura es el Vicario de Cristo». Sorprende que un canto de lealtad al Sumo Pontífice, tan serenamente encendido, se haya colocado en un lugar a donde no suben los visitantes, ni los extraños. El lugar más diáfano, pero también el más inaccesible, de toda Villa Tevere. Y aún sorprende más la fecha grabada al final de la inscripción: MDCCCCLI, 1951. Justo, el año en que Escrivá de Balaguer andaba inquieto «como león rugiente», tanquam leo rugiens, presintiendo asechanzas y hostilidades sin rostro de quienes, con poder para influir arriba, muy arriba, hasta llegar al propio Pío XII, maquinaban la expulsión del fundador, la desmembración entre los hombres y las mujeres, y el desbaratamiento del Opus Dei. Sin embargo, ésa es la fecha y ése el grito, marmóreamente silencioso, de veneración al Papa. En la intemperie desabrigada de la contradicción. En la hora amarga de probar la hiel. Soportando la afilada cuchilla de la adversidad. En el trance heroico de sentirse hijo de «la Iglesia católica, apostólica, romana, romana, romana… ¡a pesar de los pesares!». Con lo cual esa lápida, oculta a los ojos de los curiosos, viene a ser, a la vuelta de los años, cuando las cosas se van sabiendo, como el acta notarial de una fidelidad inquebrantada.

Más allá de la mayor o menor "pobreza" que puedan implicar esas lápidas, sorprende también el dibujo "Grupo de edificios, de inmediata terminación, para el Colegio Romano de la Santa Cruz".

Roma 4.jpg

Es contemplándolo cuando se comprueba que el problema de San Josemaría no era tanto la falta de dinero, como la desmesura de los planes. En cualquier caso, cada vez encuentro más chocante el hecho de que tanto en 1953 (fecha de la publicación) como en 2003 (fecha de la biografía), una de las actividades más ampliamente subrayadas de San Josemaría y del Opus Dei sea la construcción de edificios. Vázquez de Prada dedica al menos en parte cuatro subcapítulos a las actividades de acondicionamiento y construcción de inmuebles a las que se dedicaba San Josemaría (La Sede Central, 97-118; Un monumento de fe y de amor, 211-217; La gesta heroica de D. Álvaro, 217-226; Las tres últimas locuras, 661-680).

Dejando de lado las ilustraciones, pasamos al texto, un texto que no existe como tal. En la primera parte se encuentran las reproducciones facsimilares de las cartas laudatorias enviadas al Opus Dei por dignatarios de la Curia Romana con motivo de las bodas de plata y que aparecen en el apéndice documental del libro de Fuenmayor y otros (El itinerario..., doy el número del documento en el apéndice): son las cartas de los cardenales Tedeschini (n° 37), Valeri (n° 38) y Pizzardo (n° 39). Al frente de ellas, aparece el telegrama de felicitación de Pío XII. Ana Sastre (cap. 23) lo presenta como sigue:

La Secretaría de Estado de Su Santidad envía un telegrama firmado por el Monseñor Montini:

«Augusto Pontífice complacido escogidos frutos (...) Sociedad Sacerdotal Santa Cruz y Opus Dei invoca ocasión sus Bodas Plata Fundación, abundancia celestes dones mientras de todo corazón imparte vuestra Señoría y miembros de la Obra paternal bendición apostólica».

Porque el Papa sí que entiende la solemnidad oculta y silenciosa de esta fecha. Sí que aprecia la fidelidad y el servicio constantes del Fundador y de toda la Obra. Y quiere dejar constancia de ello en un documento que reviste la misma solidez conmemorativa que una lápida de piedra.

"Solemnidad oculta y silenciosa...", en fin. La comparación del telegrama con una lápida de piedra ya no extrañará a nadie. Quizás sí que extrañe de entrada que la palabra que borra Ana Sastre del telegrama sea "Instituto"; sin embargo, está claro: cuanto antes nos olvidemos de que el Opus Dei fue Instituto Secular, mejor.

Telegrama1.jpg

En la segunda parte, se presentan extractos de los documentos de aprobación de la Obra: "Quindecim abhinc annos" (n° 14), "Primum Institutum" (n° 22) y "Primum inter [Instituta]" (n° 31). Concluye la publicación con un elenco de las fiestas "del Instituto" (fundaciones y aprobaciones hasta 1950) en seis idiomas.

Más jugo no le puedo sacar a esta publicación; espero no haberte decepcionado con esto.


Original