El Cardenal Herranz desvela detalles sobre la gestación de la Prelatura del Opus Dei

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Por Doserra, 14.05.2008


Es sabido que, con motivo de los XXV años de la erección del Opus Dei en Prelatura personal, esta institución ha organizado dos celebraciones relevantes, una en Roma y otra en Madrid. Al leer la reseña que la web oficial del Opus Dei ofreció sobre las correspondientes intervenciones de los cardenales Ruini, Rouco y Herranz, me sorprendió la de éste último, en cuanto contaba detalles que conocía por estar en esos ambientes de la Curia vaticana, además de apenarme la interpretación parcial que hacía de algunos acontecimientos alguien de quien, por su posición eclesial, cabría esperar un mayor ejemplo de objetividad e imparcialidad.

Por todo ello, pensé que debería examinar más despacio esa información en cuanto tuviera tiempo. Pero héteme aquí que, cuando quise hacerlo, había desaparecido de la Web del Opus Dei todo vestigio de esas declaraciones del cardenal Herranz, mientras seguían disponibles las de Ruini y Rouco: cuestión que me confirmó en mi valoración inicial y me impulsó a intentar localizarlas por otros sitios de Internet.

Y, claro, como esto de Internet escapa a los controles que pueden realizar las instituciones y los medios de comunicación mayoritarios, al final, busca que te busca, encontré un sitio que había reproducido la noticia y de donde los encargados de la Oficina de Información de la Obra no habían conseguido eliminarla. Comento lo que me parece más relevante:

  1. Esto de ser entendido en la materia, al final ha servido para poner más en evidencia que esta figura jurídica no es nada adecuada a la realidad pastoral del Opus Dei. Ante todo porque, aunque afirma que con la erección en prelatura Personal se ha conseguido «una justa armonía entre el carisma fundacional y la configuración jurídica institucional del Opus Dei», las aclaraciones que luego tiene que hacer demuestran que este recurso a una estructura clerical ha ocasionado que el Derecho particular de la Obra, que sostiene que los laicos pertenecen a ella, resulte contrapuesto o, al menos, yuxtapuesto a la Ley universal de la Iglesia de rito latino, donde se establece que los laicos pueden cooperar con las Prelaturas Personales pero no habla para nada de pertenecer a ella (Código de Derecho Canónico, c. 296).
  2. Además, Mons. Herranz tampoco resulta convincente en su afirmación de que la Obra no debe entenderse como «una forma evolutiva de un estado canónico de perfección», cuando todos conocemos las tesis del fundador y de sus adláteres en el Congreso sobre los Institutos Seculares, y cuando hemos ido descubriendo que la normativa interna del Opus Dei está plagiada en muchos aspectos de las reglas monásticas (y, a juicio del cardenal Rouco, de las más severas, como le expresaba en una ocasión a una autoridad del Opus Dei, según he leído alguna vez en esta Web). El hecho de que en el Opus Dei haya laicos y sacerdotes, no lo convierte en una estructura jerárquica de la Iglesia ni lo diferencia de tantos institutos eclesiales donde hay sacerdotes y laicos con una unidad de régimen propio.
  3. No me parece cierto lo que afirma el cardenal Herranz, de que la prelatura era la forma de «salvaguardar la estructura orgánica y la asistencia pastoral de esa peculiar entidad apostólica, como también de garantizar su armónica inserción en la pastoral de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares». En la Iglesia existen muchas otras formas de dar esa unidad orgánica de laicos y sacerdotes y de asegurar su atención pastoral. Y, desde luego, la experiencia ha demostrado que con la Prelatura no se ha conseguido favorecer la inserción del Opus Dei en la pastoral la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, sino convertirla –como lamentan hoy muchos obispos- en la realidad eclesial más exenta de la autoridad de los obispos diocesanos.
  4. Me ha parecido lamentable que Herranz, que ha sido Presidente del Consejo Pontifico para la interpretación de los Textos Legislativos califique de «prejuicios» las legítimas y más que razonables objeciones que diversos eclesiásticos opusieron a la transformación canónica del Opus Dei antes del 7 de noviembre de 1981, en que concluyeron los trabajos de la comisión paritaria que estudió la cuestión.
  5. Resulta sorprendente que afirme que sólo 32 obispos de los 2084 a los que se envió una nota aclaratoria sobre el paso que se iba a dar, «pusieran ciertas dificultades»; y que omita que ese número era muy significativo porque esos obispos eran mayoritariamente de España: es decir, constituían un porcentaje muy elevado de la Conferencia Episcopal del país donde se contaba con la experiencia más significativa del trabajo pastoral de la Obra.
  6. También me llama la atención que alguien que tuvo que conocer los pormenores de esta gestación, afirme que Juan Pablo II estuvo perfectamente informado del itinerario que había seguido la Congregación para los Obispos, cuando es conocido en los ambientes eclesiásticos que cuando diversos prelados se quejaron de que se les había informado, dándolo por hecho, sin consultarles, el Papa preguntó al Prefecto de la Congregación: Pero, ¿no se les había consultado?
  7. Finalmente, me parece muy llamativo que el cardenal Herranz se extienda sobre la cuestión de la promulgación del Código de 1983 y su relación con la Constitución Ut sit, y omita que el proyecto inicial de inclusión de las prelaturas personales en el capítulo de la constitución jerárquica de la Iglesia, fue dinamitado por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hoy Benedicto XVI.

En fin, que no me extraña que la misma prelatura haya hecho desaparecer esta información sobre una intervención que a mí me parece muy poco afortunada: pues toca temas que al Opus Dei no le interesa que salgan a la luz pública, y con un enfoque que no deja en buen lugar la imparcialidad eclesial de uno de los dos cardenales de la Obra.


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