El Amor todo lo perdona

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Por Isabel Sala, 26.09.2008


Es cierto que la mayoría de los miembros del Opus Dei (y miembras, para los españoles...), se incorporaron a la institución por Amor. Por amor a Dios. Eso está bien, pero quizás el problema estriba en la inmadurez de la mayoría de los miembros a la hora de pedir la admisión, y por lo tanto su inmadurez a la hora de entender qué es eso del amor.

Que nadie se dé por ofendido por favor, todos pasamos por etapas de inmadurez en todos los campos, y lo más normal del mundo es que cuando uno tiene entre 15 y 20 años sea afectivamente inmaduro. Lo contrario es la excepción. Y cuando estableces una relación de amor desde la inmadurez, la forma de relacionarte con la persona amada, las pautas que establecéis en la relación, son inmaduras...

Esto en la mayoría de los casos se solventa con el paso del tiempo (aunque no todos...): la gente toma decisiones, se equivoca, acierta, corrige si lo considera oportuno, lee, se relaciona con personas de la misma o distinta ideología,... vive. Y a través de esa experiencia vital va madurando, y va cambiando su entendimiento de lo que son realmente las cosas, no en el papel o en la cabeza sino en la realidad, y va modificando (en el caso que nos ocupa) su forma de relacionarse con la persona amada, lo que espera de y ofrece a la persona amada, etc. Si la persona amada evoluciona de forma semejante todo va bien, pero cuando las formas de entender el amor, por ejemplo, cambian, es fácil que la pareja se rompa. Es el típico caso de los novios que empezaron a serlo cuando tenían 14 ó 15 años y cuando llegan a la edad de casarse de repente cortan y se casan cada uno con personas diferentes. También los hay que a pesar de las diferencias patentes siguen adelante un poco por inercia, por costumbre, por miedo a estar solos, y se casan, y con el paso de los años acaban cogiéndose de los pelos, o cuanto menos con una relación sentimental muy poco gratificante. Ya no te cuento cuando esto ocurre por presiones más o menos sutiles de una o ambas familias. Finalmente los hay que evolucionan de maneras paralelas y su relación afectiva con ellos. Me gustaría remarcar el hecho de que mantener una relación sentimental desde la adolescencia y dejarla porque “no funciona”, no significa que ninguno de los dos componentes de la pareja no sean bellísimas personas, sino sencillamente que todos no pegamos con todos.

Hasta aquí estaba hablando de la gente normal y de amores normales, es decir, de amor sentimental hacia otra persona. Si esto lo aplicamos a los que se hacen del Opus Dei como numerarios, veréis que es muy parecido. Uno rebosa de amor en el principio de la adolescencia. De amor puro. Ese amor en el Oopus Dei lo canalizan única y exclusivamente hacia el amor y la entrega a Dios, calificando directa o indirectamente el amor humano como de segunda (clase de tropa, ya sabéis). Y dentro del encauzamiento del amor de un adolescente únicamente hacia Dios, por supuesto será “a través del OD”, no considerándose de entrada que alguien pueda tener una vocación de entrega a Dios que no sea la de ellos, que es la entrega fetén.

Encauzar a la gente hacia el amor a Dios (dejando ahora al margen la manipulación de la exclusividad), a mí me parece bueno, pero claro, siempre que se haga desde el más pulcro respeto a la inmadurez y la libertad de la persona, y se abstenga uno de manipular siquiera mínimamente el punto de vista y por supuesto la toma de decisiones de nadie. Ese no es el caso del proselitismo del OD, y en esta Web hay muchísimos escritos que explican por qué y cómo, así que yo no voy a entrar en ese tema ahora.

Una vez el adolescente es canalizado únicamente hacia el amor a Dios a través del espíritu del OD, digamos que Dios en este caso es como el “pretendiente” de ese adolescente. Según las características de la entrega (OD, Kikos, Focolares, etc) digamos que “el novio” es diferente: sería como salir con una persona o con otra. Confío en que se entiende que esto es un símil!. Siguiendo con el símil, el OD estaría de alguna forma como presionando al adolescente a que empiece una relación de amor con una persona concreta y no con otra, argumentando que está claro que están hechos el uno para el otro, que le conviene más, o lo que sea. Aún asumiendo las buenas intenciones, no deja de ser un celestineo bastante infumable. Así que Dios (según ellos...) le pide al adolescente que “salga con él” y éste pita, influido por la sabia opinión del “amigo” del OD: son “novios”. Por amor, claro. Pero ocurre que a Dios no le ves ni le escuchas como escuchas a un chico o una chica de carne y hueso. No le ves los gestos, las reacciones, las expresiones... La relación es más complicada (todavía...), especialmente porque un adolescente no es solo inmaduro en el tema sentimental, sino en todos los demás temas incluido el espiritual, y le falta experiencia en reconocer la voz de Dios cuando le habla, en darse cuenta de qué es plausible que Dios le pida y qué no. Porque se conocen poco, igual que las personas al principio de una relación.

La cuestión en este caso podría solucionarse quizás con el tiempo, igual que en el caso anterior, solo que la peculiar dirección espiritual que la Prelatura del Opus Dei imparte a sus miembros conduce a:

  • Un aislamiento de la persona respecto de su entorno más natural: familia, amigos, compañeros de clase que no cuadren con la forma de pensar propia, etc.
  • Las lecturas, las películas, y el acceso a la información en general está censurado, permitiéndose como adecuado solo lo que coincide con los criterios de los directores.
  • La capacidad de dudar u objetar del individuo queda paulatina pero rápidamente anulada so pretexto de la defensa del buen espíritu y la unidad de la Obra.
  • La voluntad de Dios (“el novio”) solo se expresa a través de los directores, que de esta forma se constituyen en la celestina perfecta entre los dos amantes. No solo los han empujado a la relación sino que controlan los términos en que se desarrolla la misma.
  • A la persona se le dificulta mucho el madurar sentimental y espiritualmente, de forma que los patrones y las conductas que adopta frente al amado pueden fácilmente ser los iniciales aunque la persona tenga 40 años.
  • La organización se constituye poco a poco en el objeto del amor, reemplazando al objeto original: Dios mismo. Y esta es desde mi punto de vista la principal aberración. La institución se convierte así en una especie de Celestina celosa que interfiere y manipula la relación entre los dos amantes, ante la mirada seguro que triste de uno (Dios) y la incapacidad para reaccionar del otro. Con el tiempo la comunicación directa entre los amantes queda con frecuencia rota y supeditada a la celestina. Que quizás (solo quizás) inicialmente tenía buenas intenciones de facilitar la relación, pero el lío y el destrozo que acaba ocasionando son monumentales. Eso es lo que hay que impedir que siga ocurriendo.

De esta forma, la relación de amor inicial (“el noviazgo”) se trunca en muchos casos. En otros se llega al “matrimonio”, siempre siendo uno de los novios demasiado joven como para decidir acerca de este tipo de cuestiones que determinan de alguna forma el resto de su vida: y la decisión en muchos casos se toma por inercia, por miedo a cortar, por miedo a que “el novio” se ofenda porque no lo vemos claro, por miedo “al qué dirán” si cortamos ahora después de estar saliendo juntos cinco años, por presiones de todo tipo desde “la familia”... O por convencimiento, también, pero los menos. Ya sé que hay personas dentro del OD con una madurez espiritual muy importante, posiblemente algunos de los que ahora leéis esto la tuvisteis en su momento o la tenéis ahora, pero siempre porque fuisteis/son capaces de zafarse de alguna forma del cauce establecido y hacer las cosas a vuestra/su manera. Siguiendo los cauces establecidos y siendo fieles al espíritu no es posible.

Citando a San Pablo en el mismo texto que cita Morgana: “el amor disculpa SIN LIMITES, (…) soporta todo SIN LÍMITES”. Con todos mis respetos a San Pablo, a mí esto no me parece de recibo. Me explico: el amor que tu sientes por otro puede llevarte a perdonar todo, pero en ningún caso puede llevarte a tolerarlo todo, porque existen claros límites y uno de los primeros que se me viene a la cabeza lo marca la dignidad de la persona, o el respeto a su libertad. Uno puede perdonar de corazón las cosas que le hacen y que van en contra de su dignidad como persona, sobre todo porque no sé da cuenta en el momento que ocurren de que esto es así. Pero una vez se da cuenta, si continua tolerando que las hagan está de alguna forma ofendiendo a Dios, de quién emana nuestra dignidad. Para que se entienda mejor: una mujer que ama profundamente a su marido y éste le pega, me parece claro que debe perdonarle por el amor que le tiene, pero NUNCA tolerar que le siga pegando. Pues lo mismo. Si en el Opus Dei violentan la privacidad de mi confidencia y me entero, les puedo perdonar pero NUNCA debo seguir tolerando que lo hagan. Por ejemplo.

La cuestión aquí está en la confusión que la peculiar dirección espiritual que imparte el Opus Dei genera en quienes la reciben, y que lleva con demasiada y peligrosa frecuencia a la confusión en el objeto del amor: y así cuando uno discrepa con los criterios de la institución parece que discrepa con Dios, y si decide abandonar la institución está traicionando a Dios. Y uno se queda dentro luchando y resistiendo por amor, aplicando las “leyes del amor”, solo que las aplica a algo que no es el objeto real de su amor. A estas alturas quizás estáis empezando a liaros, pero es que esa es exactamente la situación de muchos dentro: lío agudo. Y por todas las otras razones o puntos expuestos anteriormente, se me antoja que es bastante difícil tener la posibilidad de aclararse estando dentro: porque te han aislado afectiva e incluso intelectualmente, porque estás enfermo y empastillado, porque no tienes amigos de verdad, porque, en resumidas cuentas, tienes demasiadas cosas importantes que gestionar e insuficiente capacidad (madurez) para hacerlo. Es fácil que en circunstancias como esta uno se rompa. Muy fácil. Y la salida se produce por el más básico instinto de supervivencia. Que no ocurra en todos los casos me parece un milagro. Literalmente. Y que haya gente que dentro de este sistema sea capaz de madurar y de mantener la cabeza y el corazón claros, más.

Desde aquí por lo tanto mi comprensión y mi solidaridad con todos los que leéis desde dentro y como que empezáis a vislumbrar algo pero no sabéis qué o no lo acabáis de ver claro. Cada uno en esta vida andamos el camino a una velocidad, y por lo tanto llegamos a según qué conclusiones en momentos distintos. Yo tengo la certeza absoluta de que en cada momento nos pasa lo que es mejor para nosotros, y de todo lo que nos pasa tenemos algo que aprender. Y por supuesto de que lo aprendamos o no, depende el resto de nuestra vida. Y al final llegamos a donde tenemos que llegar, pero en el ejercicio de nuestra libertad decidimos de qué forma llegamos y los sufrimientos o alegrías que encontraremos en el camino. Respetar la distinta velocidad que llevan los demás en cada momento de sus vidas (incluso la que llevamos cada uno), se me antoja una de las lecciones más difíciles de aprender. Pero estoy en ello, que conste. ;-)



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