Dos párrafos de la última Carta mensual del Prelado

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Por Trinity, 10.04.2006


Copio a continuación dos párrafos de la última Carta mensual del Prelado del Opus Dei, que me parecen significativos en cuanto muestran, a mi modo de ver, un buen punto de fanatismo sectario:

«Deseo recordaros una vez más la especial deuda de gratitud que tenemos en el Opus Dei con Juan Pablo II, el Romano Pontífice a quien debemos, por designio divino, la realización de dos grandes hitos que han marcado para siempre la historia de la Obra: la configuración jurídica de prelatura personal y la canonización de nuestro Fundador. Nunca agradeceremos suficientemente la docilidad con que este gran Pontífice secundó el querer de Dios, haciendo posible la realización de los sueños por los que habíamos rezado tanto (...). El segundo, la inscripción de nuestro Fundador en el número de los santos, manifiesta a las claras que el espíritu de la Obra acogido sin fisuras, con los ojos en el ejemplo de San Josemaría, constituye un verdadero camino de santidad para los que hemos recibido esta llamada específica de Dios.

Renovemos, pues, nuestros propósitos de fidelidad alegre y proselitista al espíritu y a los modos apostólicos de la Obra. Además de la ayuda de nuestro Padre, de don Álvaro y de las hermanas y los hermanos nuestros que ya nos han precedido a la casa del Cielo, podemos recurrir a la intercesión de Juan Pablo II. El Señor —estoy seguro— le habrá aumentado la gloria accidental por haber sido fiel instrumento suyo en la realización del camino del Opus Dei sobre la tierra» (Mons. Javier ECHEVARRÍA, Carta pastoral, 2006-04-01. Los subrayados son míos).


Me han llamado la atención tres cuestiones:

  1. El fanatismo sectario que supone valorar la labor de un pontífice en función de sus actuaciones favorables al Opus Dei. Resulta inadmisible. Y está teniendo como consecuencia que las consignas institucionales se muevan en una especie de nostalgia del anterior Papa, que dificulta secundar al actual. Ni una sola foto de Benedicto XVI he visto todavía en ningún centro de la Obra, mientras que hay por todas partes las de Juan Pablo II. Pero, claro, mientras Benedicto XVI no se preste a algo que a ellos les interese, su tarea no les parecerá digna de ser recordada.
  2. La presunción que se deriva del hecho de permitirse identificar sus propios objetivos (del Prelado) con la voluntad divina: …este gran Pontífice secundó el querer de Dios, haciendo posible la realización de los sueños por los que habíamos rezado tanto… Suene casi a blasfemia. En cualquier caso, es un modo de tomar el Nombre de Dios a beneficio de inventario.
  3. La extrapolación que se realiza de la canonización del Fundador, convirtiéndola en una especie de canonización de las praxis de la institución que fundó. Esta idea del actual Prelado, reiteradamente manifestada en diversas ocasiones, es una grave equivocación. Para canonizar a una persona suele bastar con examinar detenidamente los cinco últimos años de su vida. Además, se canoniza al santo personalmente: esto es, se reconoce que correspondió a la gracia de la perseverancia y que Dios le ha concedido ya el premio eterno. Pero esto no significa canonizar todas sus obras. Lo que hizo bien, seguirá estando siempre bien; de lo que no hizo tan bien, sabemos que Dios ya no se lo tiene en cuenta; y sus errores o desaciertos de ayer o de anteayer siguen no dejan de ser hoy igualmente desaciertos y errores, por el hecho de la canonización de su persona.


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