Dos caras de una misma moneda o dos monedas distintas?

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Por Zartan, 16.05.2008


No os preocupéis, no pienso repetir nada de lo ya dicho por A. Ruiz Retegui; lo mío es simplemente un trio de recuerdos que no consigo compaginar y que os cuento tal como me vienen a la memoria y quedaré muy agradecido si alguien me consigue explicar que diferencias hay entre uno y otro.

PRIMER ACTO

Corrían los años sesenta del siglo pasado y yo era el último llegado a un pequeño centro, destartalado, incómodo, pequeño, pobre y …muy divertido (o tal vez era el entusiasmo visto que mi habitación era un pasillo de la casa y que la alimentación era muy balanceada: un perenne balanceo entre el hoy hay y hoy no).

El caso es que un buen día llegó un chico de segundo año de universidad un auténtico “paracaidista” o “mirlo blanco”, uno de esos que llegan pidiendo pitar, así sin mas, y en menos de un mes efectivamente pitó. El caso es que su padre (padre-padrone) no le hizo gracia la decisión de su retoño y para cortar cualquier comunicación con el centro lo mandó al exilio. Lo del exilio no es una imagen retórica sino una auténtica realidad: lo envió a un campo que tenía dedicado a la cría de vacas para producción de leche, a unos 20 Km del último vestigio de civilización, sin teléfono ni ningún tipo de comunicación excepto las señales de humo, sin electricidad salvo cuando ponía a funcionar el generador que alimentaba el sistema de ordeñe. La única comunicación con el genero humano eran los dos indígenas que acudían cada mañana (o mejor dicho cada noche vista la hora de llegada y cuya conversación no pasaba de monosílabos) para ordeñar a los rumiantes y el camión que cada tarde pasaba a retirar la producción de leche. El único contacto con la vida terrestre era un receptor a baterías con el que se podía escuchar música en onda corta.

La decisión de este padre-propietario me enfadó, yo conocía poco a este paracaidista pero me molestaba esa falta de respeto por la libertad del hijo y tal cual se lo comenté a father JL.Muzquiz. Me daba pena de esa persona.

Father JL. me dijo que le preguntara al director si me podía ir al exilio para –por lo menos- hacerle compañía. A esta propuesta contesté que esa deportación podía durar bastante y que no habría forma de cumplir las normas, no había materialmente posibilidad de Misa ni de confesión ni de charla, ni de…, father JL no me dejó continuar y me dijo “la caridad es la primera de las virtudes y la mas importante” no dijo mas y lo dijo en forma suave y voz bajita como solía decir todo. Me pareció un razonamiento impecable y dos minutos después lo consultaba al director a quien también debió convencer la lógica seguida por father Muzquiz pues poco después yo estaba preparando mi mochila con tanto de brújula y planos del instituto geográfico para poder llegar hasta el lugar del exilio. Después de unas horas en bus y casi cinco de caminata conseguí llegar hasta el lugar de confinamiento. Ahora, al recordarlo, me vienen a la memoria imágenes de la película “Baila con lobos” el sitio no se parecía en nada pero la sensación de isla era la misma.

Fueron unos días estupendos, al estado salvaje, los domingos por la tarde tomábamos un tractor y tras de un par de horas largas conseguíamos llegar a un pueblito donde había Misa y después otras dos horas de regreso la mayor parte de ellas bajo un hermoso cielo de estrellas. Nuestra deportación finalizó gracias a la madre del primer desterrado, al parecer dio tal lata al padre que unas tres semanas después ya no aguantó mas y fueron a liberarlo y con él a mi. Tiempo después me enteré que father JL era uno de los tres primeros sacerdotes, digo esto para dejar clara mi ignorancia sobre la organización en esos momentos. Solo sabía lo fundamental.

SEGUNDO ACTO

A unos diez años del primero. Otra ciudad. Un nume bastante mayor sufrió un accidente en carretera y quedó bastante destrozado físicamente y con una depresión gravísima consecuencia del accidente. Después que salió del hospital y porque había riesgo de autolesión (suicidio) inmediatamente organizamos turnos entre tres para no dejarlo solo ni un solo segundo durante todo el día. No había problemas ni de trabajo, ni de estudios ni de nada. Por un hermano se hace lo que sea necesario y los directores de la dl estuvieron de acuerdo.

TERCER ACTO

Mas de veinte años después, en otro país y en un centro de “mayores” donde todo estaba en orden, donde cada uno tenía su habitación individual, donde la alimentación no tenía mas sorpresas que el ver la diversidad de regimenes alimenticios especiales y –para variar- donde yo también era el mas joven, se me ocurrió involucrarme en un problema de un amigo mío y empecé a pasarlo mal. Al parecer no es buena costumbre esa de sufrir con el que sufre, al menos para los numes. Hay que mantenerse a distancia.

Ya no estaba father Muzquiz pero había otra gente, todos pitados en los años 50, uno incluso antes, y busqué la ayuda humana de mis hermanos. Recuerdo un día -la amargura me ahogaba- que me acerqué a uno de mis hermanos mayores para pedirle que diese una vuelta conmigo, cosa de diez minutos, un cigarrito. Su respuesta fue edificante: “tengo que hacer con puntualidad la oración”. Doy por supuesto que rezaría por mi, todos en la casa podían ver que lo estaba pasando mal, pero la sensación de soledad no se me quitó. Mas o menos de ese tipo fueron las respuestas que a lo largo de los días me daban mis hermanos mayores, no había variación salvo en la forma de expresar esa negativa, recuerdo otra expresión afortunada “no es conforme a mis principios”. ¿Qué estaba pidiendo yo que fuera contrario a algún principio? Solo un poco de calor humano. ¿Eso era contrario a qué?

Cuando esa soledad empezó a erosionarme y lo comentaba en la charla, las respuestas también eran constantes: “reza mas, además ten en cuenta que todos están muy ocupados”. Y yo si que me daba cuenta, para mi estaba claro que esas personas tenían trabajos importantes: puestos de relieve en universidades o instituciones internacionales, sus consultas médicas, sus estudios de ingenieros… por supuesto que todo eso era muy importante, mucho mas que la angustia o la soledad que pudiera estar sintiendo un hermano suyo. Al fin de cuentas era mas importante como número que como numerario.

Hasta aquí el relato. Ahora mis preguntas. ¿Ha cambiado el espíritu con el paso del tiempo? ¿La organización ha pasado por encima del espíritu? ¿O estas cosas son nativas desde el origen?



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