Dos años de libertad

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Por Armando, 21 de marzo de 2007


Hoy 21 de marzo hace exactamente dos años escribí la carta en la cual solicitaba al Prelado la dispensa de mis compromisos vocacionales. Era lunes santo, por lo tanto en plena Semana Santa. Junto con esta circunstancia estaba la agonía de Juan Pablo II que me afectó muchísimo y me hacía sentir más traidor aún. Por un lado estaba que volteaba a ver atrás y dejar el arado en la Semana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor y por otro, un gran hombre, uno de los papas más grandes del siglo XX estaba a punto de dejar la tierra para ir a la Presencia de Dios.

No obstante estos hechos y el peso que ejercían sobre mi conciencia, di el paso definitivo y me fui de la Obra. Aquel día me decidí a ir al centro y decir al director que ya no podía más, que me dejara ir en buen plan y no dando un portazo como seguro llegaría a ser si continuaba dentro. El director me escuchó, trató de argumentarme por quinimil vez que lo pensara bien, pero no había marcha atrás, así que me indico que escribiera la carta solicitando la dispensa. No sé por qué este detalle se me había olvidado, recuerdo que una vez tratamos el tema al estudiar el catecismo, aún tengo presente esa tarde en “La Masada” y me llama la atención que los dos que estábamos repasando aquel punto del catecismo de la Obra para memorizarlo, nos hemos ido...

Me sorprendió el director cuando me dijo lo de la carta, puede ser que el estado nervioso y de tensión en que me encontraba me indujera a olvidar algo tan obvio. Escribí una carta muy escueta, en la cual me echaba toda la culpa y concluía que había dejado morir mi vocación. Sin querer, había cumplido con el requisito indispensable para que te acepten esa carta, porque no me la hicieron repetir, es más, el director me dijo que era muy bonita, lo cual me chocó.

Al entregársela le pregunté que seguía ahora y me dijo que nada, que ya estaba todo hecho. Salimos de dirección, me acompañó hasta la puerta y cuando estaba a punto de abrirla le dije que me permitiera despedirme por última vez del Señor. Su reacción me sorprendió, porque fue como sacarlo de sus pensamientos a la realidad y me dijo que claro, que por supuesto. Fui al oratorio y me quede contemplándolo sabiendo que era la última vez que lo vería en mi vida. Me detuve en el Cristo crucificado de marfil que está en el centro del retablo, es precioso, una verdadera y auténtica obra de arte. Asimismo en cada uno de los ornamentos y candelabros, a la vez que fluían mis recuerdos de años dedicados al cuidado del oratorio. Ahí estaban los candelabros que limpiaba constantemente, las velas que debía tener bien cuidadas un día, otro y otro, así por casi 8 años que tuve ese encargo. Todo bien puesto, todo milimétricamente instalado. Hice una genuflexión profunda y volví a ver el sitio donde siempre me sentaba en las meditaciones y Misas. Se quedaba “vacío”, aunque pronto sería ocupado por otro. Di un último vistazo, dije “Hasta Luego” al Señor, salí del oratorio, estreché la mano del director y yo mismo cogí la puerta para cerrarla, aunque el otro con amabilidad la retuvo para ser él quien la cerrara.

Entre la puerta de la casa y de salida definitiva de la misma hay un pequeño jardín, al bajar los escalones ves un mosaico de la Virgen de Guadalupe, al verla el corazón me dio un vuelco y le dije “perdóname Madre pero tú lo sabes todo también”, hice mi última jaculatoria ante aquella imagen, salí de la casa, observe la calle con su alameda bordeada de árboles, me subí al coche, di un nuevo rodeo y adiós, no he vuelto a pasar por esa calle desde entonces.

Luego vinieron las entrevistas con los directores respectivos de la delegación, una informal y la otra oficial. Pero no hubo ningún acuerdo a pesar de todos los ofrecimientos para que decidiera no darle curso a la solicitud de dispensa. Dos meses después de lo narrado, me dijeron que estaba dispensado.

Aunque todo esto ya lo he contado muchas veces, he querido repetirlo cara a la celebración del día de hoy. Aquel día para mi era como el fin de una vida y el principio incierto de una nueva. No obstante el sentimiento de culpa que me atenazaba, esa noche dormí muy bien y me sorprendía que así fuera. Al día siguiente sentía como si una gran carga me hubiera sido quitada, eran sensaciones nunca antes experimentadas y una paz interior invadía todo mi ser, no sé, pero aún con todo estaba feliz.

Así empezó un proceso del cual sois testigos la mayoría. Hace un año me acuerdo que “celebré” con temor este día, porque aunque me sentía bien, seguía ese sentimiento de culpa que me atormentaba. Me daba miedo quedarme solo a oscuras, ese momento de la noche cuando apagas la luz y al menos que caigas casi muerto, te quedan unos minutos para conciliar el sueño, pues esos instantes eran fatales algunas veces, otras no tanto porque caía como piedra.

Ese sentimiento se acentuó más cuando me cambié de casa, al principio no quise instalarme en la habitación principal porque era demasiado grande, con una cama inmensa estilo barroca en el centro y muchísimo espacio entre ésta y el escritorio. Dos lámparas iluminan la habitación, lo cual daba pie a que por las noches, la culpa atacara con todo su furor. Así que decidí establecerme en la habitación más pequeña, pero las condiciones climatológicas me hicieron regresar a la otra habitación. En esas estaba cuando apareció por casualidad esta página y las cosas empezaron a cambiar.

Lo que siguió a continuación ya lo he comentado muchas veces por lo que no considero necesario volver a reiterarlo.

Sé que para algunos resulta absurdo volver a ver hacia atrás y recordar estos acontecimientos de mi vida, pero considero que este ejercicio es importante para recuperar la memoria histórica y reivindicar mi derecho a que mi historia no sea olvidada. Solo la especie humana es sujeto de la historia y si todos en el momento histórico que les tocó vivir, hubieran pensado que no tenía sentido contar lo vivido, hoy en día careceríamos de la ciencia histórica como tal y desconoceríamos nuestro pasado. Es por eso que al cumplirse dos años de este hecho, he querido escribir esta nota para que quede constancia de lo sucedido.

Fuero 19 años de mi vida que se han querido acallar dentro de la Obra, por lo cual, es necesario volver atrás la mirada y adentrarse en el mundo de los recuerdos para clarificar esa memoria histórica, para sanar y así reconciliarme con mi pasado en aquellos puntos donde es necesario.

De una cosa me he dado cuenta, de la forma en que tratan de borrar tu existencia en la Obra. Me he encontrado con amigos que frecuentaban el centro y todos me han dicho lo mismo, que me han buscado y al preguntar por mi no les decían exactamente sobre mi paradero. Decían cada mentira cuando lo más sencillo es decir la verdad, que ya no estaba y que por eso no sabían de mi existencia. En la Obra me han colocado en varias partes del mundo cuando vivo a pocas calles del último centro donde estuve.

Cuando leáis esto, bueno a los valientes que lo han leído, más si sois los que están pendientes de lo que se publica, al momento de salir esto a la luz, cuando en España ya es de noche, yo estaré aprestándome para celebrar este acontecimiento, ahora si con menos complejo de culpa y más convencido de lo que he hecho. Por la mañana daré infinitas gracias a Dios por todo lo que me ha dado, por no haberme dejado para nada a pesar de lo que me decían al respecto. Al medio día –a la hora que leáis esto- una comida especial para la ocasión, en un restaurante de comida chatarra jejejeje. Y por la noche, una cerveza espumosa y fresca dará fin a la jornada. Quería compartir con vosotros este momento e indicaros la “bitácora” de este día. Al mismo tiempo quiero agradeceros con todas mis fuerzas el gran apoyo que habéis sido para mi.

Un fortísimo abrazo

Armando


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