Dirección espiritual en el Opus Dei. Noticias del curso anual 2009

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Por Sinmiedo, 31 de agosto de 2009


Como bien sabéis por experiencia, al llegar al curso anual alguien te dice: “Tú vas a hacer la confidencia con fulanito”. La dirección espiritual personal en el Opus Dei siempre se ha hecho con los que gobiernan o con la persona por ellos designada. Nunca se ha elegido libremente el director espiritual laico, sino que viene impuesto por los directores; así pueden conocer la intimidad de sus súbditos y gobernarla en nombre de Dios, porque los directores no se sienten con obligación de guardar el secreto de conciencia. También sabéis que esta dirección espiritual es semanal para los numerarios y para los agregados. Esta es la praxis que todos conocemos y que nunca ha variado. ¿Y si alguien se negara a hacer las cosas así? Pues sufriría serias coacciones hasta ceder o irse de la Obra.

La praxis de la Iglesia, sin embargo es bien distinta para todos, incluso en las órdenes contemplativas de observancia más estricta, sean o no de clausura. En estas familias religiosas la dirección espiritual es libre y, además, cada uno la lleva a cabo con quien quiere, aunque no sea de la propia institución. De este modo se tutela un exquisito respeto a la intimidad y a la autonomía espiritual. Es más, el derecho prohíbe a los superiores pedir cuentas de conciencia a sus súbditos (c. 630,5: Se prohíbe a los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros para que les manifiesten su conciencia. Y también, C. Vaticano II, Decr. Perfectae caritatis, 14: Gobiernen a sus súbditos como a hijos de Dios, y con respeto a la persona humana, fomentando su sumisión voluntaria. Déjenles, por ello, especialmente la debida libertad en cuanto al sacramento de la penitencia y dirección de conciencia).

Pues bien, en muchos cursos anuales de este año 2009 parece que están diciendo que la dirección espiritual en el Opus Dei siempre ha sido libre, pero que nos comprometemos libremente a hacerla. También dicen que conocemos y aceptamos libremente que la persona que nos escuche pueda consultar a los directores. Estas indicaciones vienen, al parecer, de la Curia romana de la Prelatura. O sea que nada cambia en lo relativo a la dirección espiritual, por ser una cuestión fundacional, pero se insiste en la libertad: en que estos planteamientos forman parte del compromiso que asumimos libremente al hacernos del Opus Dei.

¿No son estas afirmaciones completamente falsas, además de contradictorias? ¿Cómo se puede uno comprometer moral y jurídicamente a hacer algo que va contra la ley de la Iglesia? ¿Qué base tienen estas exigencias fundacionales? Aunque digan que nada ha cambiado en esta materia, y sigan insistiendo en la confianza y sinceridad completas en la dirección espiritual con los directores, ¿a qué se deben estos trapicheos y maniobras confusas de poner la libertad como excusa para saltarse la norma eclesial? ¿Por qué vienen incidiendo últimamente en estas cuestiones?

Resulta fácil de imaginar: es posible que el Prelado haya recibido indicaciones del Vaticano en el sentido de que la praxis de la dirección espiritual que se vive en la Obra es ilegal –ya lo era en tiempos del fundador-, pues va contra la norma eclesial, y que deben rectificar. Y es que esa es la misión de la Jerarquía en la Iglesia: “Es función de la Jerarquía, siguiendo dócilmente el impulso del Espíritu Santo, admitir las reglas propuestas por varones y mujeres ilustres y, una vez puestas a punto, aprobarlas auténticamente. Ella, con su autoridad vigilante y protectora ayuda en el desarrollo de los Institutos, erigidos por todas partes para la edificación del Cuerpo de Cristo” (Lumen gentium, 45). La Jerarquía no debe tolerar que una institución de la Iglesia obre en su seno desarrollando una pastoral no revisada ni aprobada por ella, máxime cuando esa pastoral no es eclesial porque lesiona de modo grave los derechos y libertades fundamentales de los fieles.

Como se puede colegir debido a su falta de claridad, estas últimas indicaciones del curso anual suscitan serias preocupaciones.

En primer lugar, denotan una voluntaria desinformación a los miembros de la Prelatura –consiliarios y directores incluidos- por parte del Prelado sobre el origen y motivo de esos aparentes cambios. Lo cual no nos extraña, pues es lo habitual en el modo de gobernar de esta institución.

En segundo lugar, demuestran la resistencia y oposición de las autoridades de la Prelatura para asumir la praxis eclesial en esta materia. No aceptan el fondo de la ley, que es la absoluta separación entre la tarea de gobierno y la dirección espiritual de las almas, la libertad de cada uno en la elección de acompañante espiritual y el respeto a la intimidad de las conciencias por parte de la institución. No quieren soltar el dominio totalitario de las personas por la conciencia.

Los Directores centrales podrían pretender, mediante subterfugios y juegos de palabras, eludir el deber de la obediencia, que en este caso es grave porque con él están en juego la autonomía y la dignidad de la persona. También se quieren guardar las espaldas por si la Sede Apostólica nombra inspectores, como ha hecho con los Legionarios.

Todas estas maniobras hacen sospechar una real falta de comunión con la Iglesia, una mayor confianza en el fundador que en la Autoridad de la Iglesia que, como bien señala la Lumen gentium n. 12 del Vaticano II, tiene como misión discernir los nuevos carismas; o lo que es lo mismo: pensar que Dios está más con la Obra que con la Jerarquía institucional de la Iglesia. San Pablo, que había recibido el Evangelio inmediatamente de Jesucristo, quiso ir a Jerusalén para visitar a Pedro (cf. Gal 1, 18) y así confirmar con él lo que estaba predicando. Los pocos que dirigen de hecho el Opus Dei, aunque no lo digan, lo mismo que el fundador, no han aceptado buena parte del Vaticano II, ni tampoco leyes anteriormente vigentes, por lo que su fe podría considerarse en entredicho al no querer escuchar al Colegio Apostólico reunido en concilio universal.

Mientras no se purifiquen a fondo estas artimañas para desobedecer y engañar a la Jerarquía de la Iglesia, y se entre en comunión plena con ella, todo en la Obra será artificioso y falso, empezando por la caridad y por la veracidad. Estamos ante el mal nuclear del Opus Dei. ¿Cómo van a existir dentro de la institución la vida de familia y la confianza en estas condiciones?

Para terminar deseo exponer una pequeña conclusión. Si la dirección espiritual impuesta y con los directores que se practica en la Obra no es eclesial, y les han dicho que deben reformarla, entonces no es suficiente para su desmontaje que se informe someramente a las comisiones y delegaciones de que no presionen a los miembros con interrogatorios de conciencia, o que filtren informaciones confusas aquí o allá a los miembros diciendo que esa práctica es libre y se asume voluntariamente. Para cambiarla habría que comunicarlo oficial y públicamente a todos los miembros y retirar la mayor parte de los escritos internos, que contienen indicaciones en sentido contrario. Esto no se está haciendo.

Por lo tanto, como el Opus Dei lo constituyen todos sus miembros y no sólo unos cuantos dirigentes, parece insoslayable que cada uno, habiendo llegado las cosas a este punto, asuma su responsabilidad de persona, se informe convenientemente y comente estas cuestiones con los demás, sin delatarse unos a otros y sin miedo. Esto no rompe la unidad sino que la fortalece, porque la verdad y la justicia favorecen la comunión.



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