Dios no está para dar respuestas para siempre porque eres tú el que se equivoca

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Por Nicanor Wong, Perú, 12.09.2011


Como sucede en la “sección de varones”, cuando T se marchó nadie se dio por enterado. Lo mismo ha sucedido con otras dos bajas recientes de numerarios con varios años de trayectoria. Y es que todos se marchan porque les sobreviene esa “locura” como llamaría Escrivá. Sí. La única explicación para marcharse de una institución en la que se cree firmemente que ha sido fundada por Dios mismo es, únicamente, la “demencia” o la “malicia”. Así pues, T, desapareció. Su historia es semejante a la de todos los que “pitamos” en muy tierna edad atraídos por la “luz” que proyecta el Opus y el candor proselitista hasta que quedas “enganchado”. A continuación pasaré a narrar brevemente su historia en las siguientes partes:

a. Pasión por la Literatura pero... “conviene que estudies Derecho”.
b. “Así no quiero llegar a la vejez”
c. Creemos que mejor te regreses a tu ciudad. Dios no está para dar respuestas
d. Superación y retorno a la vida

a. Pasión por la Literatura pero... “conviene que estudies Derecho”

T amaba la literatura, quería ser literato pero, en la “santa prudencia” de las voces de Dios o “Directores” le aconsejaron que estudie Derecho. El lector se preguntará ¿Y por qué no le dejaron estudiar tan noble carrera?, Porque junto con la Filosofía, el Arte y la Sociología, los fieles de la Prelatura se encontrarían sumamente limitados por la enorme cantidad de fuentes de información a la que no tendrían acceso por la “bendita” decisión de establecer un “índice” de qué y qué no se puede leer, pensar o expresar. Como en la UDEP aún no existía tal carrera y T no disponía de los recursos para financiarse los estudios de Derecho en la UDEP, se quedó en su ciudad y luego se trasladó a Lima donde a duras penas pudo conseguir un trabajo de practicante. Además, le cargaron ser “Secretario del Consejo Local” con dos Directores que delegaban santamente todas sus funciones. Así, con un mísero sueldo exterior, mucho “trabajo interno” sin sentir caer el centavo por ello, T acusó la enorme distancia que le separaba de ser uno más como los demás.


b. “Así no quiero llegar a la vejez”

Pero… ¿Qué pasó con T después de casi media década en las filas del Opus? Trasladado a una “casa” donde residían una mayor proporción de “mayores”, su fina sensibilidad humana le hizo darse cuenta que la vejez en la Obra era de soledad y píldoras para sobrellevarla. No, no quería eso. Le esperaba hacer la ceremonia de la Fidelidad sin siquiera conocer los Estatutos sino sólo haber leído y memorizado algunos puntos del “Catecismo de la Obra” y otras “publicaciones internas” de gobierno. Estaba pasando esa etapa de tristeza y tensión propia de vivir según esperaba vivir como cristiano corriente y vivir como buen numerario. Tras escribir un artículo para “Crónicas” ahondó en la realidad que, aquellas líneas que ponía, no eran así, tenía que corregirlas al sentir que mandaba el “Vademécum para Publicaciones Internas” aunque se faltase a la verdad.

No, no podía hacer así la Fidelidad. Sin poder cuajarse profesionalmente, sin poder escribir sin censura de por medio, desanimado por vivir en una “casa” con la fachada de “familia” y ancianos abandonados que le llenaban de pena. Se lo dijo a su “Director Espiritual”, a FB. Sepa el lector que los numerarios tienen por directores espirituales a laicos en franca contradicción con aquel punto de Camino en la que se dice que un laico no puede ser director espiritual. Sin embargo, de facto, quien dirige tu alma será con quien te digan que abras tu alma en la “confidencia”.


c. Creemos que mejor te regreses a tu ciudad. Dios no está para dar respuestas

FB, escuchado los motivos por los cuales T no quería hacer la “Fidelidad” le dijo que, en su caso particular, dudaba si imperarle que lo haga con un por favor – según Escrivá en la Obra un por favor es la palabra más fuerte para solicitar que se haga algo o se tome una decisión -, probablemente T estaba “viendo” demasiado, se estaba dando cuenta y eso no es buen síntoma para de un alma que tiene que ser “dócil”. Estaba preguntando demasiado y “Dios” no estaba para dar respuesta. Pasaron unos días de tensa angustia y nuevamente en la “confidencia” FB le comunicó que el parecer del “Consejo Local” era que retornara a su casa aprovechando los días de un curso de retiro para que pasara desapercibido. Hay que reconocer que FB respetó la decisión de T.


d. Superación y retorno a la vida

T retornó a su ciudad. Sobra decir que el alma la tenía descansada pero triste por “fallarle” a Dios y a todos los otros numerarios que fielmente perseveraban – si supiera que de cada tres dos se marchan y ya varios se habían marchado - ¿En qué clase de juego divino había caído para que tras poco más de cinco años en el Opus Dei le dijeran que “dudaban” si pedirle que se quedara?, entonces ¿La llamada había sido una ilusión que él mismo se provocó y engañó a los Directores y sus hermanos durante tanto tiempo? T seguía sosteniendo que el Opus Dei es infalible. Él era el culpable de todo, él se había engañado y engañado a los demás con su aparente vocación. Lleno de amargura, lloraba sin ánimos de aventurarse a vivir nuevamente habiéndole fallado al “Amor con mayúscula”.

Sus padres, preocupados por el abandono en que se encontraba su hijo, le llevaron a un Psiquiatra que le ayudó a enderezar los reglones torcidos de algo que creía pero que en realidad no eran de tal modo. Médico y parientes le devolvieron nuevamente al mundo real. Las pastillas fueron necesarias pero ya las superó, felizmente.

Libre de ataduras mentales al fin, se propuso a hacer lo que siempre amó: escribir. Y escribió, y ganó un Concurso importante para jóvenes escritores. Un libro lleno de nostalgia de un joven que recuerda tiernamente su adorable infancia desde una juventud en la que ya no es él.

Recientemente me he reencontrado con T, si no fuera por OpusLibros, jamás hubiera dado con mi paradero. Se quedó desconcertado al darle cuenta de todos los que – hasta donde sé – se han marchado ya. ¡No puedo creerlo! “Tú… todas esas personas a las que yo les veía y tenía como bastiones de fidelidad… y ahora, no están”. Se quedó pensativo. “Me alegro de haber salido”.



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