Dimes y diretes

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3.05.2010


Motroton, al llegar el mes de mayo, me veo en la obligación de escribirte estas líneas para que siguiendo las indicaciones del padre (Echevarría) que nos pide más y más vocaciones, tengas unas ideas claras a la hora de plantearle la "vocación" a ese amigo que está esperando que le plantees cosas grandes.

Dile que Dios le ha elegido y le ha regalado la vocación de agregado. No le digas que los directores han visto que interesa y que como la cuenta corriente de sus padres no es demasiado abultada, pues han decidido que tiene que ser agregado...

No te enredes con el tema de la vocación, simplemente la tiene y si no la acepta... condenación eterna y el mejor de los casos será un desgraciado.

Dile que la obra es una familia que ata con lazos más fuertes que los de la sangre. No le digas que es una familia para unos y no para otros y tampoco le digas que el día que tenga algún problema de vocación lo dejarán más tirado que una colilla.

Dile que la obra es pobre, pero no le digas nada de la titularidad de las obras corporativas, de los centros, de los clubes... Dile que te tiene que entregarlo todo y no se te ocurra decirle que con lo que él entrega se financian otras muchas cosas que no son los gastos del centro, por ejemplo la cubertería de plata de los domingos (para los numerarios).

Explícale que los numerarios son como los agregados pero que viven en centros, que tienen la misma vocación. No le digas que los agregados son los parientes pobres de los numerarios.

Dile que en la obra se vive la obediencia. No le digas que obedecerá a cualquier niñato pseudodirector con antojos y sin ningún tipo de calidad humana.

Tienes que hacerle saber que en la obra queremos y amamos al Papa. No le digas que eso ocurre si el Papa favorece a la obra, de lo contrario solo rezamos por él.

Dile que en casa hacemos corrección fraterna como hacían los primeros discípulos. No se te ocurra decirle que eso se convierte en una carrera absurda para detectar chorradas que hacen otros y ser el primero en consultarlas. No le digas que acabará haciendo correcciones fraternas por dejar un número de crónica fuera de lugar o por cruzar las piernas en un círculo.

La gente de casa son nuestros hermanos y hermanas. No le digas que esas hermanas son esclavas de los numerarios y que a veces son tiranos y exigentes con ellas.

Dile que para perseverar hay que ser salvajemente sincero. Ni se te ocurra comentarle que con la sinceridad conseguirá dar armas a los directores para hundirle.

Dile que en casa lo más importante es cumplir las normas. No le digas que es lo único que le importa a algunos directores y que normalmente pasan de cosas más importantes y de más calado.

Dile que en casa nos fijamos en los mayores. No le digas que casi no hay mayores y que además no suelen ser ejemplo ya que viven amargados y "empastillados".

Háblale del apostolado y del proselitismo. No hace falta que le expliques que solamente nos interesan aquellos que puedan "pitar" con o sin vocación. Los números son los números.

Somos cristianos corrientes y estamos en medio del mundo, pero no le digas que no podrá hacer planes con sus amigos, ni cine ni fútbol ni nada de nada.

Ilusiónale con la historia de la obra. Pasa por alto lo de las deserciones de los primeros, de los segundos, etc.

En casa somos libres. No te extiendas mucho en esto, es difícil de explicar. Simplemente dile que somos libres "con la libertad de los hijos de Dios".

En casa la voluntad de Dios nos llega por el conducto reglamentario. No le digas que la voluntad de Dios puede ser cualquier chorrada que se le ocurra a un piadoso hermano nuestro.

En casa todo lo consultamos. Pasa de decirle que en muchos casos lo mejor es no decir nada por si acaso.

Tenemos que ser máquina de tren y no vagón. Explícaselo. Ojo, no le digas nada de eso de aparcar a la gente, o del cementerio de elefantes.

En fin, creo que con todo lo que te he dicho tendrás una guía fácil para plantear la vocación hasta a tu peor enemigo.



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