Diferencias entre la Iglesia Católica y el Opus Dei

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Por Sanivo, 16.06.2008


Sara,

La Iglesia Católica está organizada en diócesis y parroquias. Tú estás adscrita a una diócesis y a una parroquia. En cada diócesis y parroquia hay sacerdotes que oyen en confesión, a nadie cuentan lo que se les dice, y dan dirección y consejo espiritual si se les pide. Tú estás adscrita a una diócesis y a una parroquia, pero puedes ir a Misa donde te dé la gana y confesarte con quien mejor te parezca.

En el Opus Dei, que es como una diócesis, aunque personal, hay delegaciones y centros. Pero el sacerdote con quien debes confesarte, se te asigna. La dirección espiritual, como norma de piedad, es obligatoria, y con quien a uno le dicen. Además, los datos que uno revela en la confidencia se comunican a otros que están por encima de quien recibe la confidencia, sin recabar el consentimiento del interesado...


En la Iglesia Católica hay cinco "mandamientos" cuyo cumpimiento no resulta nada agobiante: Misa semanal, confesión y comunión mínimo una vez al año por Pascua, ayudar al sostenimiento de la Iglesia según posibilidades y sin rendición de cuentas más que ante Dios, abstenerse de comer carne ciertos días al año.

En el Opus Dei, las normas, prácticas, costumbres... obligatorias para los miembros llegan hasta el infinito y más allá. Lee los documentos internos de la Obra y verás.


En la Iglesia Católica, los medios, tienen la importancia de los medios. En el Opus Dei, la de los fines.


En la Iglesia Católica, si eres un laico que lucha por la santidad en la vida ordinaria, no tienes otra cosa que hacer que luchar por la santidad en la vida ordinaria, que no es poco. Si te apuntas a algo que te comprometa, por ejemplo, a reuniones semanales o mensuales, si no puedes acudir puntualmente o si te cansas y no quieres volver, no pasa nada.

En el Opus Dei, los círculos, las charlas, los retiros, etc. son de por vida, tanto si te gustan como si no. Y, créeme, no se verá como irrelevante que no quieras asistir a sus "medios de formación".


En mi parroquia jamás nadie me dirá nada si, en toda mi vida, no paso por allí. Puedo ser canonizado sin haber entrado en mi parroquia una sola vez en mi vida; sin haber hablado con mi párroco jamás, sin haber participado en uno solo de los medios de formación que ofrece. Nadie me dará nunca la paliza por ello. Pero, anda en el Opus... Inténtalo y verás.


Para justificar su insoportable impertinencia dicen que es que son una familia y se preocupan los unos por los otros... Quita, quita, que yo para aguantar a una familia, ya tengo bastante con la mía, la de sangre de toda la vida. Y, cuanto me toque ser aguantado, sólo mi familia de sangre y mis amigos de verdad -los únicos verdaderos, aunque aquél sea maricón, éste sea ateo, y el otro más raro que un perro verde-, son los únicos que responden y te dan alegrías y paz y apoyo cuando los necesitas. Busca en el Opus alegría, paz y apoyo cuando los necesites y me cuentas...

Y los amigos y la familia no son instrumentos del enemigo para apartarme del buen camino con sus torcidos consejos, sino dones de Dios Nuestro Señor, por los que le doy gracias con ocasión o sin ella.

En el Opus Dei, a todo desgraciadico con el que se topan por el camino, y que ven que tiene algunas luces y buena voluntad, más tarde o más temprano le terminan planteando que reflexione sobre si el Señor no le pide más, bien entendido que ese pedir más del Señor es que uno se incorpore al agobiante ritmo de vida que llevan los de la Obra o, en su caso, que se haga de la Obra.

Este argumento lleva a uno a pensar si no sería egoista responder que no, o dejar de intentarlo; si con ello no estará comprometiendo su salvación. Pero este argumento es tramposo. Primero, porque como vía previa te meten en el cuerpo el miedo a la condenación, lo que sólo por desconocimiento de la doctrina católica puede uno llegar a sentir. Segundo, porque la santidad y, por ende, la salvación no tiene absolutamente nada que ver con pasar a llevar el ritmo de vida que te proponen.

No es cierta la alternativa "o paso por el aro, o en el fondo soy un jeta". Te hacen sentir: "Claro, tú lo que quieres es una vida comodona, regalada... y luego, sin esfuerzo, ir al Cielo..." O te indican que no confíes en la posibildad de un arrepentimiento de última hora, no vaya a ser que no sea posible... Vamos, que o entras en vereda, o no te fíes de lo que te pueda pasar... Pero si pasas por el aro, seguro que te salvas. Vamos, pues no faltaba más. Con tanta caridad como sobreabunda en el Opus...

Y luego uno se da cuenta de que, en el fondo, todas estas consideraciones sólo son auténticas majaderías, y todas esas tácticas de captación, puro lavado de cerebro. Y esto lo pienso yo, que ya no soy, y lo piensa mi mujer, que sí que es. Porque se indigna como cualquiera, pero luego en su centro, y con sus amiguitas del Opus, pues ji, ji, jí, ja, ja, já, y "a mí me hace mucho bien, aunque tenga cosas malas, o haya personas que hagan mal algunas cosas".


Bueno, pues no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero lo cierto, y así se intenta demostrar en esta página, es que lo malo del Opus no es que alguien haga algo mal. Lo que no gusta del Opus no es fruto casual de un mal obrar puntual de un señor; es la esencia del Opus Dei la que produce a modo de malos frutos esas conductas tan odiosas. Claro, como un supernumerario de más de treinta sólo se relaciona con el Opus de ciento a viento, pues le parece que son cosas puntuales. No quiero ni pensar lo que tiene que ser la vida de un numerario en un centro en trato cotidiano con el Opus Dei. Que si no has hecho esto, que si has hecho lo otro, que si arriba, que si abajo, que ahora a Roma, y ahora a Madrid, y ahora a Sevilla, y ahora dejas el trabajo y ahora lo coges y ahora trabajas aquí y ahora ya no. Y ahora no puedes ver a tu familia, y ahora debes dar todo lo que ganas, maldito egoista...

Si te cuento cosas que me cuenta mi mujer de su centro, es para mear y no echar gota... Les pusieron una numerata para la charla, que no había quien la aguantara. Hasta tal punto que le hicieron, cómo decirlo, "mobbing espiritual", para que le retirasen el encargo de recibir charlas. El cura a quien todo el mundo considera cojonudo es aquél que en confesión te dice cosas como "tú al director no le hagas ni puto caso". Y lo cierto es que lleva razón, pero para eso, mejor se va uno, y pone fin a tantas tensiones y tantas chorradas.


En El Opus Dei te intentan hacer creer que la voluntad de Dios se transmite, poco menos, que por el cauce reglamentario. O sea, que te viene del director. En el Opus Dei, la dirección espiritual es corporativa. Aunque tú hablas con uno, todo lo que le cuentas es conocido por quienes mandan sobre él en la Delegación, y le dan instrucciones sobre cómo te ha de dirigir. Y como base para la eficacia de sus consejos, te dicen que la voluntad de Dios para tí te la transmite el director. Que la iniciativa libre no necesariamente lleva al acierto (modo eufemístico de indicar que no se deben tomar iniciativas al margen del director).

Pues bien, muy al contrario, la verdad es que si hay algo que no suele conducir al acierto es precisamente dejarse llevar por la iniciativa y el criterio del director. Ni uno solo de los directores que tuve en cuatro años de supernumerario tenía ni puta idea sobre la llevanza de la dirección espiritual. Y tuve unos cuantos, y por alguno tengo verdadero afecto, y no guardo rencor sino hacia uno. Pero eran unos auténticos incompetentes dirigiendo almas. Y lo digo porque tuve la fortuna de poder compararlos con un padre carmelita descalzo, santo, santo, santo de verdad, que durante un década me aguantó como pupilo espiritual, mostrándome de primera mano cómo se debe llevar una verdadera dirección de almas.

Para empezar, jamás me llevó contabilidad. En segundo lugar, jamás manifestó impaciencia con mi falta de progreso en virtudes. En tercero, el pobrecito, hizo cuanto estuvo en su mano -hasta casi violentar su conciencia- para ayudarme a sobrevivir con mi la mía, tan superescrupulosa (mi agradecimiento especial al Opus Dei: "¡Estás crucificando a Cristo!", me dijo un gilipollas con sotana muy elegante, por masturbarme con veinte añitos... y eso que por las mañanas me levantaba sin conceder un segundo a la pereza, besaba el suelo, decía "Serviam!", hacía el ofrecimiento de obras, rezaba el ¡Oh Señora Mia!, rezaba el Acordaos, me duchaba con agua fría, iba a Misa, hacía media hora de oración mental, rezaba el Rosario en los trayectos de ida y vuelta a la Facultad, rezaba el Angelus, tras la comida, siempre buscando una mortificación, leía el Evangelio, luego leía un libro de espiritualidad, luego hacía media hora de oración mental, luego iba a la Iglesia a hacer una visita al Santísimo, luego, por la noche, hacía el examen de conciencia general y el eamen de conciencia particular, luego rezaba tres avemarías de rodillas con los brazos en cruz, y me acostaba pensando en la Sagrada Comunión; semanalmente me confesaba y hacía la charla, e iba al círculo, mensualmente, un retiro con exposición y bendición, y más exámenes de conciencia y meditaciones y charlas de formación, y convivencia anual y curso de retiro anual... y todo eso, estudiando una carrera superior en la que intentaba sacar buenas notas, y cuidando de mi santa, santísima abuelica, que vivía en casa y estaba inválida y necesitaba de mi madre y de mí para los cuidados cotidianos, en los que me aplicaba con devoción, aunque a veces con ciera fatiga). Hubo una temporada en que, para llegar a todo, dormía dos o tres horas diarias. Mi director lo sabía. ¿Puso algún remedio? ¿Violentó mi conciencia, con el mismo entusiasmo, para que me relajara y descansara y me dejara de zarandajas? ¡Bien! ¿Quieres saber cómo terminé? Con Orfidal.

Así que ya sabes mejor lo que te puede pasar si "eres generosa con el Señor". La alternativa: lo que hace mi mujer, supernumeraria que ni reza, ni sabe lo que es rezar. Vive con la convicción de hallarse en gracia de Dios y va una vez a la semana a un círculo del que no recuerda nada al llegar a casa, media hora después. Y aquí paz y después gloria. Pero yo me pregunto ¿Y para qué seguirá en el Opus? Y no se me ocurre la respuesta: ¿Le dará seguridad, o será tontería femenina? Vete tú a saber.



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