Después de marcharse

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Por Grace O'Malley, 20.10.2006


Me lanzo a escribir por que quiero comentarles dos cosas que recordé del "lado oscuro", a raíz de una consulta al psiquiatra. Salió en la conversación mi convicción de no tener relaciones con mi pareja hasta el matrimonio. El, entre otras cosas, me preguntó si era del Opus Dei. (Jeje!). Comentó que lo conocía a través de las personas que pasaban por su consulta, por las secuelas que dejaba en la gente.

Me llamó mucho la atención su respuesta, cómo no. Relacionado con el tema afectivo, a él le parecía, por lo que veía en su consulta, que había personas a las que se les había creado la duda de que sus afectos o comportamientos no eran lo “normal” de un heterosexual. Y venían con la carga de si eran o no eran o que sé yo. Con aquella conversación me vinieron dos cosas a la cabeza que quiero compartir con ustedes.


1. La primera vez que me dan el encargo de llevar charlas fraternas, fue en un curso anual. La encargada de numerarias de la delegación me dice que me tiene que poner en antecedentes con una de las numerarias a la que le empiezo a llevar la charla: le gusta una chica del centro. Era la primera vez que oía algo así dentro. Le pregunté el por qué seguían viviendo las dos en el mismo sitio. (Había oído que si una numeraria se enamorara perdidamente de un chico, se cambia de trabajo e incluso de ciudad). No me dio ninguna respuesta que aclarase nada.

Empiezo con la dirección espiritual. Dejo que ella hable y la animo a que diga las cosas tal y como las piensa. Semana tras semana no veo nada que me lleve a sobre lo que me han “avisado”. Todo lo contrario. Tras el curso anual continúo con ella porque me mandan de subdirectora a su centro.

La directora también quiere ponerme en antecedentes con esta numeraria. Los antecedentes, los mismos que me dijo la de numerarias de la delegación. Por más que le digo que no es así, me dice que lo pensaban ella y la anterior subdirectora y que ya han enviado informes personales sobre esto a la delegación. Cuando le pregunto sobre los hechos que le llevan a pensar así, escucho que es porque están todo el día juntas, que se relacionan más entre ellas que con el resto del centro. Y una piensa, ¿solo por eso?

Me pongo a observar a ver que es lo que se ve tan obvio y resulta que las dos están estudiando la misma carrera y el mismo curso. Salen a la misma hora del centro y vuelven a la misma. Las dos son encargadas de la plancha y del oratorio (en aquella época, era de los encargos que más tiempo requería). Las dos eran encargadas de la catequesis semanal, en un pueblo a media hora en tren. ¿Cómo se puede no estar juntas?

El trato de la directora concretamente con ella, se reducía a lo que fuera del orden de encargos en el centro, pedir permiso para llamar o ver a sus padres, orden y cumplimiento. Nunca habían hecho la charla con ella o hablado una tarde de sus alegrías o penas. El respeto que le tenían a la directora rozaba con el miedo. No sabía ni de qué sabor les gustaba el helado, y los informes que mandaba sobre ella a la delegación hablaban de sus inclinaciones afectivas

Cuando le pregunto a la directora que por qué les daba los mismos encargos, ya que veía que el estar juntas era algo raro, y esto les obligaba a estar juntas, me responde que “son tan obedientes que las mando para todo eso que las otras me ponen pegas”. Absurdo de principio a fin.

Una se queda fría con lo que hay detrás de los juicios que emiten muchos directores en la Obra. Una se queda sin habla sabiendo que con razonamientos de este calibre, se juega con la vida de la gente. Y el interesado muchas veces ni se entera. Y si se entera, y cree que los juicios que emiten sobre él tienen peso, por venir de personas que “tienen la gracia de Dios” y mucha experiencia en dirección espiritual…Espero que den con un buen psiquiatra.

Me alegro con los que han dado con directores con un mínimo de madurez humana. Si además has topado con los que tienen un poco de madurez espiritual, date con un canto en los dientes.


2. La segunda cosa que les quiero comentar. No sé si le habrá pasado a unas pocas personas o al 80% de los que estuvimos. Lo que vi en las charlas fraternas era una obsesión con el tema de la pureza. Si no decías nada respecto a este tema semanalmente en la charla, era claro signo de que “algo” estabas escondiendo, que no eras sincera. Había que llevar ese tema a la oración. A mi no me parecía raro no tener todas las semanas tentaciones de pureza. Cuando me lo llevaba a la oración hasta llegaba a pensar que ¿cómo podría ser eso tan anormal, con la de cosas en la cabeza que tenías que tener al día, encargos, encarguitos, normas, charlas, meditaciones, exámenes?. Pero la que llevaba la charla no se rendía. Yo empecé a darme cuenta que me hacía daño su “algo tienes”, “eres rara o algo escondes”. El estar todo el día contabilizando si esto o aquello era o no tentación de pureza, me creaba un enrarecimiento con el tema, que antes no tenía. Opté por repetir en todas las charlas la coletilla “y he tenido pensamientos que atentan contra la pureza pero no he caído” para que se quedara contenta ella, y las demás que le sucedieron en el puesto. Funcionó siempre.

Qué de pequeñeces tan absurdas, que han dejado tanta huella.



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