Descubrimiento de la Obra

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Por Oldie, 17.04.2009


Tengo 50 años, 14 de conocer la obra y 10 de ser supernumeraria.

Les parecerá increíble que a mi edad me hubiera dejado engañar por estas personas, pero como yo siempre tuve la necesidad de saber más de Dios y no sabía por qué medios conocerlo sin caer en fanatismos ni en sectas, me fuí dejando llevar por ellos.

Ahorita mi cabeza es un caos de recuerdos y por lo mismo trataré de ordenar mis pensamientos para que puedan empezar a conocer mi historia.

Todo comenzó cuando tuvo que ir mi hija al Catecismo para poder hacer su Primera Comunión, yo como otras mamás, los dejabamos en la Iglesia y después los recogíamos, pero había otras que se quedaban ya dentro o fuera de la Iglesia para esperar a sus hijos porque vivían más lejos y no les daba tiempo de irse y regresar por ellos. El sacerdote de la Iglesia tuvo la idea de que en vez de que se quedaran ahí afuera mejor les dieran clases de Catecismo al mismo tiempo que a sus hijos pero en la sección de gente adulta. Yo no estaba en ese caso, pero me interesaron las clases y empecé a asistir con otras tantas señoras.

La persona (la llamaré fulanita) que nos estaba dando las clases, de pronto se me acercó y me dijo que viendo el interés tan grande que ponía me invitaba a otro lugar en el cual era sólo una vez a la semana y por la tarde y que estaba segura de que me iban a gustar porque eran de lo más interesante.

Acepté y me llevó mucho más lejos de donde yo vivía a una casa muy bonita, pero lo que más me gustó fué la manera en cómo me recibió la dueña del lugar, muy amable y las otras señoras que fueron llegando también lo fueron, como en donde vivo no es muy frecuente ver ese tipo de demostraciones afectivas tan efusivas y mucho menos a personas que no conoces, pues me sentí muy bien. Después supe que a esas reuniones semanales les llaman "Ropero" y es así como empezó todo...........

Por ese tiempo en que iba a las clases de orientación familiar surgió la oportunidad de cambiarme de casa a orillas de la ciudad. Era lo más conveniente para toda mi familia porque es un lugar mucho más tranquilo.

Al cambiarme tan lejos de la ciudad era lógico que ya no iba a ir a nada relacionado con la obra porque se haría pesado el traslado de ida y vuelta y al comentarselo a la directora de buenas a primeras me dijo:

-¿Por qué quieres entrar a la obra?

- Para conocer más a Dios y llegar a tener esa mirada de serenidad que tienen varias personas de aquí. Para llevar una vida acorde con los preceptos de Dios...

Nada me contestó la directora.

Como pueden ver, yo no quería entrar porque me gustara la obra en sí, sino que ellas sólamente me habían mostrado el lado de Dios que me hizo conocerlo gracias a ellas, sin embargo, en ningún momento me dijeron de qué se trataba todo lo de la obra hasta que acepté el hecho de entrar a ésta.

Imediatamente recibí un curso intensivo de lo que hacía la obra pero nada de lo que decían me acaraba muy bien cuál era el fin de la obra porque decían muchas cosas de delegación regional y todas esas cosas, pero no me dijeron las categorías (por así decirlo) que había en la obra hasta que encontré este sitio y ví que no solo había numerarias, que a esas sí me las mencionaron.

Todo pasó tan rápido en ese curso intensivo que yo estaba dentro de una nube que no me dejó razonar y me dejé llevar por ellas.

De lo único que recuerdo perfectamente fué que hicieron el comentario de flagelarse con mucho tacto dando a entender que si lo hacían era porque ellas querían, pero no me dijeron quiénes lo hacían ni el por qué.

Una semana después de cambiarme a mi nuevo domicilio escribí la carta diciendo exactamente lo que le expresé a la directora y no me hicieron corregirla.

En la siguiente vez que fuí me hicieron arrodillarme enfrente del escritorio de la directora y me dieron una oración la cuál leí y ya ni recuerdo lo que decía, pero estaba con la directora otra persona y al momento de terminar de leerla, las dos me abrazaron muy contentas y me hicieron sentir también contenta.

Empecé a ir a los círculos y en uno de esos, hicieron el comentario que "Nuestro Padre" -así con mayúsculas- fundó la obra por visión divina y era únicamente para los hombres, pero que después también eran aceptadas las mujeres. Lo escribí con mayúsculas Nuestro Padre porque así me dijeron que debía ser. A decir verdad yo nunca lo consideré ni le llamé Nuestro Padre porque había algo en él que no me agradaba y no me sentía con la confianza de decirle..Nuestro Padre ..porque en realidad no lo conocía aunque me dieron a leer muchos libros de él.

Me cayó como bomba ese comentario y pensé: ¡Claro, como no tenían sirvientas para atender a las necesidades de los estudiantes...! pero inmediatamente me recriminé yo sola y me dije que no empezara a pensar mal.

Cabe aclarar que en los retiros no me quedaba hasta el final porque vivía lejos y no me daba tiempo de llegar para atender a mi familia.

En el círculo al que iba eramos varias mujeres casi de mi misma edad y más jovenes, pero eramos al rededor de ocho y el resto que yo veía eran bastante más grandes, lo que me llevó a ver que ese centro era de personas muy mayores. No dije nada.

Pasó el tiempo y me era muy difícil ir y venir por la distancia tan grande que había entre el centro al que iba y mi casa, pero aún así no dejaba de hacerlo por considerar que era algo que Dios había puesto en mi camino para estar mejor con El.

Tenía mucha presión entre las labores de la casa (que son muchas), las enfermedades propias de su edad de mi madre, ir a los retiros, círculos y a las conferencias obligadas que hacían muy seguido.

En este punto nos hacían que invitaramos a varias amigas y nos daban el boleto para venderselos, no me preguntaban si tenía la posibilidad de llevarlas y mucho menos podía regresar los boletos no vendidos, por lo tanto muchas veces tuve que desembolsar yo los boletos que no pude vender. En realidad fueron casi todas las veces ya que las personas que viven cerca de mí tenían que perder toda la mañana y parte de la tarde en ir y venir y no podían.

Nos daban los círculos cada semana y a su vez también tenía que confesarme con el sacerdote, y lo hacía, pero las veces en que atendía a mi madre no podía ir al círculo y en una de las pláticas (charlas) me dijeron que no podía confesarme con ningún sacerdote que no fuera de la obra, ¡¡¡Cómo!!! y entónces de qué servía que fuera todos los días a misa si no iba a comulgar por tener un pecado, para mí no tenía caso. Me armó un escándalo muy grande y me dijo que de todo lo que yo le confesaba a "ese" sacerdote, lo volviera a confesar al sacerdote de la obra, porque los de afuera no entendían el espíritu de la obra y que iba a querer meterme cosas malas en contra de la obra ese sacerdote.

Lo hice como ellas me lo indicaron, pero yo sentía que no cuadraba todo eso, pero como otras muchas veces anteriores, me recriminé yo misma y me dije que ya iba a empezar a pensar mal otra vez.

Una vez no fuí al círculo por acompañar a mi madre al doctor en otra ciudad y como me tocaba la charla esa semana que sí fuí, esta persona me dijo que era de personas caprichosas mayores lo que estaba haciendo mi madre conmigo y que no le hiciera caso la próxima vez que me pidiera ir a ver al doctor porque hacía que me atrasara en mis clases.

Yo era una persona que al momento de sentirme agredida o ver algo que no era justo luego luego saltaba y me ponía en defensa de lo que no me parecía pero, bien que entendí (según yo) que debía controlarme y ser tolerante y con ese comentario que me hizo me quedé callada para no hacer las cosas más grandes, pero con mucho coraje. De todos modos no le hice caso, porque ¿quién mejor que yo para atender a mi madre?...

Un día de buenas a primeras recibí una llamada de fulanita (la que me llevó a la obra) y me saludó muy cordial aunque me extrañó mucho, la saludé también en la misma forma, me comentó que ya se había enterado que era de la obra y que ella estaba muy enojada porque ¿Cómo era posible que a mí en tan poco tiempo me hayan aceptado y ella que tenía tantos años tratando de entrar no lo hubiera conseguido? Y me contó la manera tan humillante en que la sacaron del centro y que casi llegan a golpearla para que no pudiera hablar con el sacerdote porque ella pensaba que se merecía pertenecer a la obra, al final habló con el sacerdote y le aconsejó a ella que tuviera calma y que no dejara de ir a los retiros mensuales para cooperadoras... y así lo hizo. No volvimos a platicar, sólo nos saludabamos en los retiros y todavía no es de la obra.

También me dijo que le prohibieron seguir acompañandome al ropero y que tenía que cortar de tajo la amistad que teníamos. Y tampoco dije nada.

En la siguiente ocasión que fuí a círculo, la directora me comentó que no habían aceptado en la obra a fulanita porque no servía para ésta, que ella estaba mejor ayudando en las labores de la Iglesia. Yo no había hecho ningún comentario a cerca de ella, pero la directora pensó que fulanita me llamó por teléfono y me lo contó todo.

Hice mi charla con tres personas nada más, primero con la directora, que en realidad a todo lo que yo le comentaba le restaba importancia y me decía que todo lo ofreciera por Dios. Quise abrirme con ella, pero ella misma hizo que me cerrara y casi no le comentaba nada.

La segunda persona con la que hice mi charla fue la supernumeraria que nos daba los círculos, y tampoco me dió mucha confianza. Y la tercera fue otra supernumeraria.

Tuve que cambiar de día de círculo por cuestiones de transporte y fue ahí donde empecé a descubrir muchas cosas que no me gustaban y sobre todo que empecé a sentir algo raro en mi mente y mi salud.

En el círculo que entré estaban sólo personas bastante mayores que yo y una de ellas era la señora con la que fuí al ropero. Al presentarme con todas, una de ellas dijo: ¡Qué chiquita estás... vas a ser nuestra mascota!... (ni que fuera perro). Al momento de empezar el círculo, ví que era la señora que nos dió la mayor parte de las clases de orientación familiar y a decir verdad, me simpatizaba mucho por la facilidad y claridad con que impartía las clases. Ella fué la última persona con la que hice mi charla.

Poco a poco me dí cuenta que lo que decían en las clases de orientación familiar también lo repetían mucho en los círculos y ya no me gustó mucho porque no sabía porqué de Dios sólo hablaban 10 minutos y de la obra todo el tiempo restante del círculo. Repetían mucho eso de la pureza y que cada noche rociara agua bendita en mi cama, la manera de vertirme sin mangas... NO... falda muy corta... NO... muy maquillada... NO... corte de pelo y peinado muy llamativos... NO.. ir a la playa... NO... zapatos de tacón que hicieran ruido... NO... Vestidos, faldas o blusas muy apretadas... NO... ver ciertas películas... NO... leer libros que no me prestaran de la obra... NO, etc. etc. Y no decía nada.

Todo el tiempo me la pasaba corriendo para ir a los retiros mensuales, trimestrales, círculos y las conferencias, así que no tenía mucha amistad con ninguna persona porque siempre salía corriendo para llegar a tiempo a mi casa. Creo que esto era muy bueno para ellas porque yo no sabía que no se podía hacer amistad con ninguna y en realidad no tomé en cuenta lo que me dijo fulanita en aquella vez que me llamó por teléfono. También iba a muchas clases que impartía el sacerdote de la obra, pero a esas sí iba con gusto porque era todo relacionado con Dios.

Cierta vez la directora me indicó que empezara a dar clases a las señoras que vivían cerca de mí y estas consistían en dar el Catecismo y le respondí que yo no estaba lo suficientemente preparada para dar ese tipo de temas y me contestó que no me preocupara, que había unos libros que vendían ahí y que con ellos bien podría dar las clases. Tambíen podría dar las clases de orientación familiar y así acercar a las personas a Dios.

No quedé muy convencida, pero lo hice, junté a lo mucho cinco señoras o seis, pero de esas sólo tres estaban casadas por la Iglesia. Cuando les comenté que dos de las señoras eran separadas y una madre soltera, me dijeron que dejara de darles clases a esas tres señoras que estaban viviendo una vida errada y que podrían perjudicar a las que sí estaban casadas bien. Me costó mucho trabajo hacerlas a un lado y dejar de darles clases. Pensé, ¿No que lo principal aquí era acercar todas las almas posibles a Dios? ¿A caso esas almas al recibir las clases no podrían cambiar sus pensamientos y comportamientos para bien? ¿Por qué tratarlas como apestadas si somos todas iguales? Y no dije nada.


Durante todos estos dias que no he entrado a la web (porque estaba descompuesta mi computadora) descubrí que aunque mi testimonio no es tan fuerte como muchos de aquí, para mí si ha sido importante sacar todo lo que siento por dentro, porque no es tan fácil poder hablar con alguien que no ha pasado por lo mismo, y a decir verdad me ha ayudado como no tienen idea porque ya no siento esos malestares físicos que sentía por no poder desahogarme con nadie.

El decir GRACIAS con mayúsculas se me hace muy pobre como para poder expresar todo el bien que me ha hecho el conocer esta página, ha sido la primera en toda mi vida que he sentido sincera y sobre todo que me da la confianza de poder abrir mi corazón.

Escrito lo anterior, paso a seguir relatando mi experiencia dentro de la obra.

Las explicaciones que me daban con respecto a las señoras que no podía darles clases se me hicieron muy fuera de lugar o simplemente cortaba la supernumeraria la conversación porque a la mejor ni ella misma sabía el por qué?.

Tuve una operación de los ojos y dejé de ir cierto tiempo a los círculos, pero eso no fue impedimento para que dejaran de recibir su aportación ya que la directora vino hasta mi casa para recoger dicho dinero, aunque para eso necesitó de casi 4 horas para venir y para regresar al centro.

Al regreso se puso a platicar conmigo una supernumeraria que iba en mi círculo como si fuera muy casual su conversación pero al final de ella me "sugirió" que me cortara el pelo ya que así me vería mucho mejor. No lo traía ni muy largo ni muy corto, pero se me hizo muy extraño que me lo dijera, sin embargo, le hice caso pensando en que a la mejor sí cambiaría mi aspecto para mejorar, el día que llegué con el pelo cortado, de lejos ella me dió su aprobación y ya no hubo ningún contacto con ella en ningún sentido. Ahora que recuerdo, todas pero absolutamente todas tienen el pelo corto, hasta las cooperadoras que van a los retiros mensuales, menos una, que a decir verdad, su forma de vestir y de peinarse no iba de acuerdo con el estilo del centro, pero a ella nunca le han dicho nada porque tiene cargos muy importantes dentro de la obra.

Había una numeraria que era muy especial porque era muy estricta, cuando nos daba los círculos, no le gustaba que llegaran tarde y azotando la puerta, no quería que salieran a confesarse mientras daba su clase y tampoco se apegaba a los horarios de los círculos, que deberían de ser de 45 minutos y ella los daba de una hora y media más o menos.

Ahí fue donde me empecé a dar cuenta de que me sentía mal estando más tiempo del debido porque empezaba a sudar y a sentir que me faltaba el aire, tenía deseos de salir corriendo porque algo me pesaba y me desesperaba mucho.

Le hice el comentario a la persona con la que hacía la plática y no me contestó nada y según esto iba a hablar con la directora para que ajustara el horario como debía ser, pero esto nunca pasó. En realidad yo misma me regañaba por sentirme así ya que si ellas me estaban enseñando a ser mejor persona no debía sentir nada de esto. Ahora que no me siento tan presionada he ido analizando todos esos síntomas que tenía y llego a la conclusión de que algo dentro de mí me pedía a gritos que hiciera algo o simplemente que pusiera atención a lo que sentía, pero como siempre acallaba mi conciencia y seguí asistiendo.

Le avisé a la persona con la que hacía mi charla que dejaría de ir un tiempo al centro porque mi madre se había puesto muy grave y debía estar con ella, por supuesto que me pusieron muchos pretextos para que no dejara de ir, hasta esta persona me dijo que cuando su madre se enfermó le pusieron una enfermera y cuando se alivió la llevaron a una casa de retiro para personas mayores porque ni ella ni sus hermanos podían cuidarla y que ella creía que era mejor que yo hiciera lo mismo con mi madre. Por supuesto que no acepté. De todos modos no había día que no me hablara para preguntar por la salud de mi madre, tanto ella como otra supernumeraria que no quitaba el dedo del renglón diciendo que todo lo que estaba pasando se lo ofreciera a Dios y que era una prueba más que El me mandaba para ver cómo era que yo reaccionaría.

Me sentía mal por el estado físico de mi madre, pero más por la presión que ejercían en mí en el sentido de Dios. No había necesidad de que a cada rato me repitieran que eran pruebas de Dios para saber cómo iba a reaccionar, yo no necesitaba de eso sino de una palabra de consuelo y que me hicieran sentir menos triste, pero eso no ocurrió.


Por esos dias en los que estuvo enferma mi madre, pasaron muchas cosas muy fuertes y una de ellas fué que mi hija de 21 años se embarazó sin estar casada. En esos momentos sentí que se me venía el mundo encima y estaba muy trastornada porque no me esperaba una situación de ese tipo y mucho menos de mi hija, pero como siempre he dicho los hijos necesitan de todo nuestro apoyo como padres.

Cierto día que tuve un poco de tiempo para ir al centro, tuve mi charla y como era lógico me sentía moralmente por los suelos y le hice el comentario a esta persona. Al ver la cara de desaprobación que tuvo, con eso me dí cuenta de que a la mejor me decían que dejara la obra, porque ya había tenido conocimiento de que a otra señora le pasó lo mismo que a mí y ya no la dejaron ir a la obra; el otro caso fué de que la señora estaba separada del marido y quería divorciarse por mal trato por parte de su esposo y le dijeron que escogiera una de dos: si se divorciaba o se separaba, estaba fuera de la obra, ó se quedaba en la obra pero sin separarse o divorciarse de su esposo. Es increíble que uno caiga en ese tipo de chantajes, pero yo también caí en ellos...

Tuve muchos problemas con mi esposo porque uno de sus hermanos es divorciado y yo no quería que viniera a mi casa con su nueva pareja y porque así me lo habían dicho tanto la persona con la que hacía la charla como con el sacerdote. Era yo una persona intransigente en ese sentido porque (según yo) era un mal ejemplo para mi hija que era en la época de su adolescencia. Bien dice el dicho que no debes de juzgar a nadie porque la vida da muchas vueltas y lo puedes pagar.

En otra ocasión tuvimos una fiesta con todos los compañeros de trabajo de mi esposo y sus respectivas familias. Uno de ellos llegó con una señora que no era su esposa y me puse frenética y ni siguiera los atendí como debía sólo porque estaban "manchando mi hogar". En realidad cuando me acuerdo de eso me siento muy mal porque me habían educado para ser amable con la gente y no tener ese tipo de juicios erróneos, pero tenía el cerebro tan lavado en ese aspecto que no quería entender razones. Un tiempo después tuve que callarme la boca porque mi hermano también se divorció.

Al saberlo en la obra casi, casi, me dijeron que no tratara con él, pero no les hice caso y fue cuando me puse a analizar esos "pequeños" detalles y tuve esas luces que me dejaron ver algo más de las cosas que me incomodaban.

Por supuesto que todo lo que yo sentía en esos momentos, lo de mi hija y la enfermedad de mi madre, sabía que quedaba sólo con la persona con la que hacía la charla, porque bien que afirmaban que era CONFIDENCIAL.

Unos días después me hablaron por teléfono para que me diera mis vueltas al centro aunque mi madre todavía estuviera enferma y les dije que no podía dejarla sola porque ya no hablaba y necesitaba atención de todo a todo, pero seguían insistiendo y de plano les contesté con una voz bastante enojada que no me iba a sentir en paz estando en un círculo sabiendo que mi madre me necesitaba. No dijeron nada y me dejaron tranquila unos días más.

Unos días después mi hija tuvo una amenaza de aborto y mucho menos fui al centro. Lo platiqué por teléfono y por respuesta tuve un silencio prolongado y me cambiaron el tema. Nunca una palabra de aliento ni nada por el estilo. Y mi madre murió.

Me habían comentado de que cuando una persona de la obra o un familiar del mismo moría todas del círculo al que yo asistía, iban a el funeral, MENTIRA, sólo fué la supernumeraria con la que hacía la charla y eso un ratiro. Tampoco esperaba que fuera una multitud, pero al menos que me diera una palabra de consuelo, pero lo único que me dijo fue: ya se esperaba este final, por lo menos ya descansó. La directora a la cual le avisé, también me dijo lo mismo.

Después de un tiempo prudente y de que mi hija iba bien en su embarazo, regresé al centro y sólo una de las numerarias me dió un abrazo el cual sentí que era muy sincero y era precisamente la persona que nos daba los círculos prolongados y muy especial su manera de ser. No me dijo nada porque estabamos por empezar la misa del retiro, pero ese abrazo lo valió todo para mí. Un tiempo después supe que su madre también había muerto y que en base a eso se había puesto muy enferma, al grado de no saber los doctores qué era lo que padecía. la tenían encerrada y no nos dejaban verla ni mucho menos hablarle por teléfono. Siempre me quedé con las ganas de devolverle tan sincero abrazo ahora que ella lo necesitaba pero no pude hacerlo. Después de eso ya no supe más de ella.

Una vez tuve que subir a dejar un libro de tantos que me prestaban para leer, y como el librero se encontraba justo enfrente del escritorio de la directora, me saludó y me dijo que cómo estaba y le dije que con mucha prisa porque tenía que regresar a ver a mi hija que estaba embarazada, ya lo sabías no? - le dije- Yo creo que la agarré en sus 5 minutos porque ya no lo pudo negar.

De regreso ese día en el autobus y como es largo el camino para llegar a mi casa, tuve bastante tiempo para pensar que la supernumeraria con la que hacía mi charla, le dijo lo del embarazo de mi hija y me empecé a enojar, pero no dije nada.


Mi hija se casó por lo civil antes de que naciera su bebé y se fué a vivir con su esposo a otro lugar, lo que significó que tenía un poco más de tiempo para asistir a los retiros el tiempo completo ya que no lo hacía anteriormente porque debía atender a mi familia.

Y empecé a sentirme mal por estar tanto tiempo en el retiro o en el retiro anual al cual asistí al centro casi toda la semana, porque nunca fuí a los retiros anuales fuera de mi ciudad y mucho menos por días enteros. No es que no quisiera, sino que no contaba con el dinero suficiente para ir y mi esposo tampoco veía con buenos ojos que me fuera tantos dias...

Estuve a punto de desmayarme en dos ocasiones y esto no lo podía entender, sin embargo la comparación que puedo hacer es ésta: como estar debajo del agua reteniendo la respiración mucho más tiempo del que se tolera, lógico que al salir del agua, se sale con desesperación tratando de jalar el aire limpio, así me sentía cada vez que iba al centro y se tardaban más del tiempo debido.

Lo comenté con el sacerdote y sin darme un consejo o una respuesta me mandó con la persona que hacía la charla, le daba vueltas al asunto esta persona y no lo tomó muy en serio porque me dijo que tomara las cosas con calma, que de todo lo que se decía en los retiros o círculos, tomara sólo una cosa para ponerla yo en práctica.

Así lo hice, pero entre más lo pensaba, más lejos me sentía del propósito que me llevó a estar en la obra, Dios, y no es que no creyera en El, sino que ya no tenía esa entrega ni las ganas de seguir oyendo tantas palabras repetidas en el sentido de la pureza, obediencia, castidad, entrega y todo lo demás.

Era como un martillo en mi cabeza que taladraba todos mis pensamientos, me volví muy obsesiva y observadora conmigo misma, exigente, minuciosa en todos los detalles de mi casa, de mi entorno y de mis parientes. Sentí que era la indicada para meterme en su manera de vivir y corregir su estilo de vida, pero nunca se los dije, sólo los miraba y sacaba en conclusión que yo era la perfecta y que me estaba volviendo una persona superior a ellos.

Qué mal estaba, de todos modos sentí una crísis dentro de mí que no sabía lo que tenía, pero aún así seguí llendo a la obra.

Un día nos dió el círculo una nueva señora, creo que era numeraria, tenía un estilo diferente de hablar, pero no me gustó la manera con que trató a las personas de mi círculo.

Como dije anteriormente, todas ellas son personas mayores, cuando daban el círculo o cualquier otra cosa, algunas dormitaban y otras de plano se dormían, o no oían bien y cuando les hacían alguna pregunta, contestaban otra cosa. Yo las tengo en buen concepto, pero en ningún momento las traté con indiferencia como lo hizo esta numeraria y mucho menos con esa intolerancia a querer repetir algo que ella dijo porque no oían las demás señoras.

Lo mismo pasaba con una persona que vivía en el centro y que es de lo mejor, siempre que me veía me trataba muy bien, (aunque ahora sé que era fingido) pero la directora y la persona con la que hacía yo la charla la veían con impaciencia porque ya era grande y todos los encargos, por así decirlo, ya se los habían quitado, creo que tenía demencia senil, pero ella no dejaba de sonreír todo el tiempo. Esa vez la directora le dijo con voz muy cortante que era mejor que se retirara a su cuarto y dejara en paz a las señoras del retiro. Y no dije nada.

Una vez tuvimos una plática después del retiro con una señora que era de la delegación y me puse a observarla y me incomodó su manera de hablar y actuar. No me estaba transmitiendo lo que ella quería que sintieramos "el amor a la obra", "la entrega incondicional", "el proselitismo", "la lucha por que pitaran las 500" etc. etc., salí muy incómoda porque casi casi nos toman los nombres de cada una para obligarnos a llevar señoras al centro para que pitaran.

Ya para entonces me sentía físicamente muy mal, al grado de que tenía enfermedades que jamás pensé que tendría, iba al doctor y todo el tiempo me aconsejaba que me calmara porque estaba muy nerviosa y alterada, pero como no lo sacaba ni decía me hacía más daño. Como es logico, no hice ningún caso, porque según yo estaba muy bien y no me sentía como el doctor decía. Y seguí yendo al centro.

En un círculo que nos dieron, antes de empezar, la supernumeraria que daría la clase, nos dijo que rezaramos por la persona que acababa de salirse de la obra, "porque se va a ir al infierno" eso dijo.

Yo creo que abrí la boca a todo lo que da y ella me miró, luego quiso componer lo que dijo diciendo: "bueno esperemos que no se condene" por eso hay que rezar mucho por ella. No mencionó su nombre y ninguna preguntó quién era, sin embargo ahí sí que ya no me gustó lo que escuché y me sentí muy mal, al grado de ya no poner atención a lo que ella estaba diciendo en el círculo.

Sentí que ella no era nadie para decidir si esa señora se iba a ir al infierno o no, con qué derecho se creía? era la enviada de Dios para señalar quién se salvaba o no? Ni ella ni nadie de la obra tenía esa potestad para augurar lo que le pasaría a esa señora que se fue de la obra, ahora sí que estaba verdaderamente enojada, bueno, más que eso. Toda esa semana me revoloteó ese comentario en la cabeza y por más que quería defender a la obra, mi sentido común me ganaba más y no lo aceptaba ni lo acepté nunca.


Días después del círculo en el que comentaron que se había salido de la obra una señora, la misma persona que lo dijo me habló por teléfono. No se si fué para ver si yo hacía algún comentario al respecto, pero en realidad el resultado de esa llamada fue para decirme que necesitaba tener más entrega e ir a los retiros anuales y las convivencias a las casas que estaban fuera de la ciudad.

Lo que le dije fue que en realidad yo iba a la obra no para que me pusieran un punto de asistencia, sino porque me nacía y porque quería hacer las cosas por Dios mismo y no por alguien más. No me contestó nada, pero cuando tuve otra vez la charla, bien que sabía esta otra supernumeraria lo que había platicado con la otra persona y ahí comprobé que no tienen corazón y mucho menos "delicadeza" en el trato con las personas ya que empezó a gritarme cuando no le respondía como ella quería que lo hiciera...

Me tuve que contener con mucho esfuerzo y a todo lo que ella me exigía que hiciera con respecto al plan de vida y mis oraciones, le dije que sí, pero ya no me pude contener y me puse a llorar porque me sentí con una impotencia para responder todo lo que yo oía y que no era justo. Ellas siempre repetían que el plan de vida se hace conforme mis necesidades y mis tiempos, pero la supernumeraria quería que yo fuera a misa en la mañanita porque ella así lo hacía y le resultaba bueno o sea que como ella llevaba su plan de vida, yo también debía hacerlo igual. De plano no pude contenerme y se me salieron las lágrimas por lo injusta que estaba siendo y porque había ido otra vez al doctor y me volvió a repetir que estaba muy presionada y debía tomarme un descanso porque me afectaría más al corazón.

Le dije a la supernumeraria lo que me dijo el doctor y se quedó callada, pero no dejó de presionarme para que fuera a los retiros fuera de la ciudad. Al ver que estaba llorando, hizo una pausa a sus gritos (que por cierto se dieron cuenta varias personas de ahí) y ni siquiera fué para disminuir el tono de su voz y mucho menos para darme una disculpa.

Todo el tiempo hablaban de la "pobreza", que no debíamos tener demasiadas cosas superfluas y que lo que diera a la obra, en el sentido de la aportación, Dios lo regresaba al 100 por uno. Pero en lo que más hacían énfasis era en que debería dar mucho más de lo que daba. En realidad no era una miseria y por supuesto que más no podía dar, pero para ellas era muy poco.

Pero eso sí, todas las numerarias que vivían en ese centro, estaban muy bien vestidas y con ropa de marca. ¿Esa era la pobreza que vivían?.

En un retiro, el sacerdote habló acerca de las relaciones conyugales, y como por desgracia esa vez me tocaba mi charla, la supernumeraria me preguntó: ¿cómo estan tus relaciones íntimas con tu marido? le dije.-bien, por qué? Y me contestó: estás segura?, por supuesto- le dije-. Como vió que no podría sacarme más información, ya no dijo nada, pero me incomodó mucho ese tipo de pregunta que nunca me había hecho antes. Y por supuesto que no me iba a poner a decirle absolutamente nada, para mí eso es algo muy íntimo y con la referencia que tenía de que todo se dicen, menos.

Pasaron varios círculos en los cuales una supernumeraria dejó de ir, hasta la cuarta o quinta vez que fuí nos hicieron el comentario de que esta persona se encontraba muy enferma y como era sola, no había nadie quién la cuidara y mucho menos podía sostenerse en pie porque su enfermedad venía de la cadera.

Estuvieron hablando varias señoras de mi círculo poniendo excusas para no ir a verla y me dió mucho coraje, porque yo les dije que iba a verla y me dijeron que no era posible, porque era mejor que rezaramos por ella y punto. Esa es la enorme caridad que se vive en la obra.

Mi hija se casó por la Iglesia y se lo comenté a la supernumeraria con la que hacía la charla y se puso muy contenta y ahí quedó, según yo.

En un descanso del retiro mensual, se me acercó la directora para felicitarme porque ya sabía que mi hija se había casado por la Iglesia, le dí las gracias y me dijo:

-Ahora sí PUEDES traer a tu hija a un retiro mensual.

Ya no pude más, a mí que me digan o hagan lo que quieran, pero con mi hija no se metan. Con ese comentario descubrí que mi hija estaba como apestada para ellas y que no se merecía ni siquiera que la nombraran antes de que se casara por la Iglesia. No es justo.

Comprendí que yo no servía para estar en un lugar en el cual me querían controlar de todo a todo. Sentí que juzgaron a mi hija y de eso yo tuve la culpa por haberselos dicho.

Empecé a conectar y repasar todas las cosas que me habían pasado y supe que había muchas incongruencias en todo lo que decían con lo que hacían y ya no me gustó.

Lo malo de todo esto es que me sentí con culpas porque estaba fallandole a Dios al no querer regresar a la obra, me ponía en el plan de que yo tenía la culpa de todo y que lo que pensaba y sentía era porque me estaba tentando el diablo.

Fue una semana muy pesada para mí y más porque no tenía con quién hablar y llegué a sentirme sola, sin apoyo y sobre todo no sabía cómo poner en palabras lo que estaba sintiendo, estaba desorientada por completo.


Llegué a la conclusión de que necesitaba dejar de ir a la obra por un tiempo para pensar mejor en todo lo que sentía y que no me era muy claro. Seguía pensando que yo tenía toda la culpa y por más que le pedía a Dios que me iluminara, no tenía respuesta. Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo más segura estaba de pedir permiso para no ir unas semanas. Pensé que con eso y mis oraciones con Dios podría salir de tanta confusión.

Una de las cosas que más me indignaban era el saber que las numerarias no se podían casar. No me cabía en la cabeza semejante cosa. No sabía toda esa política a ciencia cierta, pero muchas veces pensé que no era justo ya que no eran monjas (según me habían dicho en la obra) pero al final de cuentas pensaba que si ellas lo habían aceptado así antes de entrar a la obra, ya no era cuestión mía. Qué mal informada estaba...

Ya no quise esperar más y en la siguiente charla que tuve con la supernumeraria fuí con la determinación de no volver en unas semanas y esta es la conversación:

-Fíjate que tengo algunas dudas con respecto a la obra, y como me dijiste que todo te preguntara a tí pues te las digo sin en afán de juzgar absolutamente nada.

-Sí, dime- me dijo

-Es verdad que las numerarias no se casan?

-Si, es verdad, lo tienen prohibido y así lo aceptaron.

-Entonces, si alguna se casa, que le pasa?

-Bueno, se tiene que salir de la obra, no hay vuelta de hoja.

No dije nada porque se suponía que no era para hacer ningún comentario acerca de eso, pero seguí mi conversación con ella y le dije:

- De las conversaciones que sostenemos tu y yo, nadie sabe lo que decimos?

- No, nadie - me dijo.

- Pues no es cierto, porque la directora ya sabía que mi hija estaba embarazada y la única que lo sabía eras tú.

- Bueno, hay ciertas cosas que le digo porque son fuertes y le pido que rece por tí. O a caso te incomoda?

- Pues hasta cierto punto, sí, pero ya que lo haces con ese propósito, no digo nada- le dije-.

- La otra vez antes de darnos el círculo, nos recomendaron que rezaramos mucho por una señora que acababa de dejar la obra y dijo que se iba a condenar por haberse salido. ¿Es verdad que una se condena por salirse de la obra? - le pregunté-

- No, no se condena pero sí le tiene que dar cuentas a Dios el día que se muera por haberse salido -me dijo-

- Una vez una señora me hizo el comentario de que no sabía qué decirle al sacerdote cada semana que se confesaba con él ya que no entendía por qué teníamos qué hacerlo tan seguido, claro que no le contesté nada, pero...

-(No me dejó terminar la frase cuando la supernumeraria me dijo muy enojada) Pues muy mal hecho, tienen todas las de la obra prohibido hablar unas entre otras, para eso estamos nosotras.

Entonces estamos peor que en una cárcel (eso nada más lo pensé)

- Me he sentido muy confundida presionada y enferma, quiero ver si hay la posibilidad de dejar de venir unas semanas para poner en orden mis pensamientos y sentirme mejor físicamente - le dije -

- Pero en ese caso debes pedirle permiso a la directora, pero no te lo aconcejaría ya que quien se va ya no regresa, o esto lo haces por la manera en que te hablé la última vez? - me dijo-

- No lo hago por eso.

- Entonces?, cómo crees que me porto cuando tenemos la charla? - me dijo-

- Eres bastante clara, pero la vez pasada, como no te dabas a entender o yo no me daba a entender, cambiaste por completo tu actitud y sobre todo me gritaste, estabas muy seria y hubo personas que se dieron cuenta de tus gritos. Sin embargo esa no es la razón por la que quiero dejar de venir.

- ¿Entonces cuál es? -me preguntó-

- Me tomo muy en serio todo lo relacionado con Dios y lo que me han enseñado aquí, quizá por eso es que exagero con mi deber de puntualidad y todas las demás cosas que hago, como el plan de vida y todas esas cosas, me presiono yo misma y me pongo nerviosa, soy muy aprensiva y eso me afecta físicamente. De nada sirve estar en la obra si siempre voy a estar enferma.

- Bueno, esas son pruebas que te pone Dios. -me dijo-

- Puede ser verdad, pero ni puedo componerme ni tampoco quiero seguir sintiendome así.

- Qué te parece si mejor haces la charla con otra persona ya que a la mejor yo no soy la indicada para tí. -me dijo-

- No es eso, si me pones a otra persona para hacer la charla, no me voy a poder abrir con ella, porque soy muy difícil para poder contar mis cosas. Ya lo viste tu, me costó mucho trabajo poder platicar contigo. -le dije-

- No quisiera que dejaras de venir ya que faltaste mucho tiempo con lo de la enfermedad de tu madre y luego con lo de tu hija. Hubo una señora que por faltar tanto no pudo hacer la renovación y ya se salió de la obra. Y sólo por faltar.

- Pues ya lo comenté con el sacerdote y me dijo que primero está la salud y luego todo lo demás (eso es cierto, antes de entrar con ella hablé con el sacerdote). Ahora que si quieres que hable con la directora, pues me tendría que esperar a que se alivie, pero ya no puedo venir porque me siento muy mal. No es que me quiera salir, sino que necesito un poco de tiempo para poder dar lo mejor de mí y venir con gusto y no por obligación que es lo que yo entendí. -le dije-

- Estas segura de lo que dices, verdad? -me dijo-

- Si, y ten la plena seguridad de que sí regreso.

- Bueno, tómate el tiempo que dices y nos vemos después. -me dijo-

- Está bien. -le contesté-

Desafortunadamente una semana después de esta conversación, mi esposo se puso grave y tuvieron que operarlo de emergencia junto con la enfermedad de mi padre.

Sentí que era un castigo de Dios por no querer ir a la obra y más confundida estaba. Pensaba que era la única que se quería salir y que estaba señalada por todas las del centro al que iba ya que no dejaba de pensar en la otra señora que se salió, pero no supe ni su nombre como para poder hablar con ella y saber los motivos de su salida.

Fueron unos meses muy pesados, pero pensé que a la mejor en internet encontraría algo que despejara todas mis dudas y así fue. No se cómo le hice pero encontré este sitio y aquí fue donde empecé a conocer tal y cual es la obra.


Avisé en el centro lo que estaba pasando con mis enfermos y al mismo tiempo estuve leyendo todos los testimonios de esta web y entre más los leía más me asombraba de las cosas que hacían en la obra y fue por eso que me animé a escribir para pedir ayuda, que aunque ya había tomado la determinación de no regresar, todavía tenía ese temor a Dios por haberle fallado.

De todos modos seguían llamandome por teléfono hasta llegar el punto de dejarme recado de que me "tenía que reportar con la directora" porque muchas veces hablaban y no me encontraban. Era lógico, estaba atendiendo a mis enfermos, pero ellas pensaban que no quería contestarles. No me importa...

En noviembre del año pasado, tuve la oportunidad de regresar temprano a mi casa y me encontré con el recado que había dejado la directora. "Comunícate conmigo lo más pronto posible". Ya sabía qué quería, y le hablé.

Me saludó muy cortés y le respondí de la misma manera. Y aproveché la oportunidad para comunicarle que ya no iba a regresar. Me preguntó porqué y le dije que ya lo sabía puesto que la supernumeraria que hace la charla conmigo de seguro ya se lo había comentado.

Quizo fingir que no sabía nada y la confronté diciendole que la única que sabía lo del embarazo de mi hija era la supernumeraria y resulta que ella también lo supo.

Se puso a la defensiva y me dió a entender que en último de los casos no perjudicaba a nadie el que ella lo supuera. Ya no quería hacer más grande la situación, pero me sostuve en lo dicho de que no quería regresar por todo lo que estaba pasando con mis enfermos y conmigo también.

Me volvió a insistir que mejor hablaramos cuando todo estuviera más calmado. Ya no insistí y quedó de hablarme otro día.

En enero habló por teléfono conmigo nuevamente, pero esa ocasión no me dijo nada de volver al centro, pero sí me expresó su deseo de venir a verme a mi casa. Afortunadamente esa vez tuve a bien decirle que me era imposible recibirla porque tenía que salir de viaje y no iba a estar el fin de semana, (era cierto) por lo cual lo dejabamos pendiente. Y así fue.

Ya sabía a lo que venía. La vez que hablamos en noviembre, al colgar el teléfono, tenía el corazón acelerado a todo lo que da, me sentí contenta porque me atreví a contradecirla y sobre todo a sostenerme en lo que le había dicho. Es increíble la capacidad tan grande que tienen de manipular a las personas.

Cuando más se acercaba la fecha de la renovación, más inquieta me sentía, porque sabía que me iban a hablar por teléfono. Y así fue. La directora me habló con su acostumbrada cortesía y me hizo la plática durante 20 minutos de cosas sin importancia, yo creo que no encontraba la manera de preguntarme si iba a hacer la renovación o no.

Al final me lo preguntó y le contesté que no. Los motivos ya los tenía bien sabidos y me era imposible regresar.

Por supuesto que no le hice ningún comentario acerca de todo lo que yo había visto porque ya se lo habrían dicho, estaba de más que se lo repitiera. Lo único que me dijo fue: ¿estás segura de que eso es lo que quieres? ¿ya lo tienes bien pensado? y le dije que sí. Bueno si eso es lo que quieres, qué le vamos a hacer.- me dijo- y nos despedimos no sin antes decirme que en la primera oportunidad que yo tuviera, pasara a visitarla y así poder platicar un poco más. Lógicamente le dije que sí. Pero no le dije cuándo.

Ese día me sentí con mucha paz, al grado de que hoy en día ya se me desaparecieron todas las molestias y hasta dolores que sentía en mi cuerpo. Fue un gran peso el que se me quitó y me siento muy bien, pero muy bien.

No puedo dejar pasar por alto que hubo un corto tiempo en el que me alejé de Dios y todo lo que estuviera relacionado con El, sin embargo comprendí que El no tiene la culpa de nada y que utilizan su nombre para beneficio del mal, de la gente que se aprovecha de nuestra necesidad del conocimiento de Dios y de alimentar nuestro espíritu.

Siento que Dios está muy por encima de toda maldad que hay en el mundo y por esa misma razón se me hace imposible apartarme de El porque cuando estoy con algún problema o simplemente me siento sola, El está ahí y me siento segura.

Es de suma importancia para mí el hecho de repetir una vez más GRACIAS porque existe este sitio y sobre todo a Agustina, por permitir que se publicara mi experiencia, que aunque no es muy fuerte, sí me marcó en muchos aspectos.

FIN


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