Desahogo de un ex-agregado

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Por Heavy, 7.11.2005


No se va de mi memoooriaaa,
lo queee me han dicho al llegaaar

A mí me lo dijeron al llegar al mundo porque, siendo yo todavía un crio, la mitad de mi familia fue abducida por el opus. Desde entonces hasta hoy, casi 50 años, la monserga no ha cesado y ya me he comprado un matasuegras y unas gafas con nariz, para celebrar, por todo lo alto, las “matracas de oro”.

El caso es que, a los 19 años, yo tenía mi trabajo, mis amigos y mi medio-novia, los dos de Misa y Comunión los domingos y, hasta entonces, me había conseguido mantener relativamente a distancia de la obra. Digo “relativamente” porque, los hijos de los supernumerarios hemos sido siempre especialmente “plastificados” por el opus, así que, de vez en cuando, alguien me invitaba a una romería, tertulia o similar, a la que yo asistía sin poner muchas ganas, pero sin poner tampoco muchas pegas...

En una de esas, cayó sobre mí un tío, yo creo que era un perro de presa disfrazado de contribuyente, que tras unos pocos meses de muy intensísima paliza psicológico-místico-celestial, me debió pillar en la edad idealista o en la hora tonta, y pité de agregado.

¡La leche! ¡En que hora!…


Vas a ser burro de noooriaaa
borriiico siempre seraaás.

Así que, sin rechistar, me dejé colocar unas alforjas en el lomo y una soga al pescuezo y me puse a dar vueltas a la noria, ante el alborozo de toda la cuadra, encantados de contar con un nuevo cuadrúpedo en sus filas.

Las primeras vueltas fueron fáciles y hasta divertidas, así que me empecé a animar. Eso me lo hacía yo con una mano en el bolsillo y la otra fumando.

- ¡Muuuy bieeen! – me decían. - ¡Venga, ahora tu solito! No pares, que ya vamos nosotros echándote normas y obligaciones.

Diariamente: ofrecimiento de obras, oración mental, media hora por la mañana y media hora por la tarde, Santa Misa, Comunión, visita al Santísimo…

Semanalmente: confesión sacramental, mortificación corporal…

Mensualmente: un día de retiro…

Cada año: curso de retiro espiritual…

Siempre: presencia de Dios, considerar nuestra filiación divina, acciones de gracias, actos de desagravio, oraciones jaculatorias, mortificación, estudio, trabajo, orden, alegría.


Soy un borrico de noooriaaa
y es mi gozo el traaabaaajaaar.

Y lo que no venía en la lista, (o si que venía pero que ya no me acuerdo): minuto heroico, 3 avemarías de rodillas con los brazos en cruz, ducha fría, 2 horas de cilicio, disciplinas, cuenta de gastos, lista de mortificaciones, corrección fraterna, intención especial, tener 15 amigos, 5 de ellos en medios de formación, tertulia, día de guardia semanal (durmiendo en el suelo), círculos (el tuyo y los que dieras), confidencias (la tuya y las que recibieras), encargos materiales, pedir dinero para no sé qué, 25 días de convivencia (todas las vacaciones), las 3 partes del rosario (si puedes, tampoco es cosa de que te agobies)… Y todo programado en la agenda, cada día, cada hora, cada minuto.

Además, a esta colección de normas habituales, había que añadir otras normas y costumbres “de temporada”, vía crucis, tríduos, novenas, romerías, procesiones…

¡Joder, que hartura!…

Hoy me pongo a echar las cuentas que no eché entonces y yo mismo me doy pavor. ¡Vaya máquina! ¡Y eso que yo era de los “empanaos”!

Menos mal… menos mal… que como no había que ir al fútbol, ni a la ópera, ni al cine, ni a los lupanares y, si tus padres eran del opus, tampoco podías ni ver la tele un rato en paz, pues ahí si…, ahí sí que sí, tenías un desahogo de tiempo grande.


Olé la carga queee llevooo.
Ooolé mi clarooo seeenderooo.

Y ahí estuve yo como un hombre, digo… como un borrico. Quince años, dale que te pego, entregando hasta el último minuto, hasta el último céntimo, hasta el último pensamiento, hasta el último esfuerzo, sin quejarme de la carga y viendo por el rabillo del ojo el trajín de gente, subiendo y bajando del carro, cada uno con su palito dando por culo.

- Que, algunas veces, no besas la cruz de palo.

- Que, con esos vaqueros, vas marcando paquete. Que los tires. Y no se te vuelva a ocurrir comprar nada sin que te acompañe el que te diga el director.

- Que “como sea” ¿…? durante todo este mes, tienes que salir antes del trabajo y, sin comer, recoges a otros 4 agregados más y os vais, cagando leches, al curso de estudios (primeros años 80, mes de julio, 4:00 h. de la tarde, 5 tíos metidos en un Seat 600 de segunda mano, 100 km. y sin comer).

- Por cierto, esas penalidades le daban igual al santo curita que daba las clases, que nos abroncaba en público y terminó por negarnos la entrada siempre que llegáramos tarde “aunque sea un minuto”.

- Que cuando diriges el Rosario, en el Gloria, dices una “y” de menos.

- Que la bebida es muy malísima. ¿Se puede aguantar que, en cada confesión, el cura del centro, me pusiera la cabeza como un bombo, hablándome del alcoholismo, sin que yo le mencionara ni la gaseosa? Aclaro que jamás he tenido problemas con el morapio y nunca supe a que se debía tan obsesiva melopea espirituosa.

- Que no te subas el cuello de la gabardina, chulito, que tú lo que quieres es hacerte el sexy.

¡Vamos, no me jodas!…


Ay que lejos llegaraaás
por esa senda redondaaa.
Cada vez será más hondaaa
la pata que meteraaás.

Y así, con la seguridad de estar cumpliendo fielmente la importante “micción” que Dios me había encomendado, (porque es que “ellos” saben fijo, fijo, pero fijo, que eso es lo tuyo), sigues dando vueltas y perivueltas, cada vez más mareado, con la inestimable ayuda de los medios “deformación” y dirección:

- A ver, abre el corazón, chavalín, que te vamos a implantar un par de docenas de butacas.

- Ahora un injerto en el ojo para que veas el mundo “por este canuto”.

- En el bolsillo una limpieza a fondo (perdido).

- La inteligencia fuera, que en la Obra ya está todo pensado “divinamente”.

- La voluntad sobra. Para eso te ponemos detrás a los tíos del palito, que ya te irán arreando.

- Te vamos a extirpar también el tiempo, no sea que tengas un rato y te dé por pensar.

- En cuanto a la libertad… eres… libérrimo. – ¿Entonces puedo desobedecer alguna cosilla? – ¡Que no, tuercebotas! ¡Que eres libérrimo, na más!


Salta corre vueeela mi fieeel borriquillooo,
que en el cielo sueeenan, con tuuu trotecillooo,
mil campanilliiitas de plaaata y cristaaal.

Un día, después de 14 años, literalmente no pude más. Empecé a vomitar y a no comer y a no dormir y perdí 10 Kg. en menos de un mes y terminé en la consulta de un psiquiatra.

Astuto como una oveja, fue entonces cuando tomé plena conciencia de mi inutilidad. Yo no era más que un flojo y un mierda, absolutamente incapaz de santificarme en medio del mundo, como hacía casi cualquiera. Y eso que los del opus lo tienen “a huevo”, porque como Dios es del opus… eeeh, eeeh.

- Oye, que me rindo. Que ya no puedo trotar más. Y que la albarda que me habéis colocado, me aprieta un disparate. Y que tengo el lomo lleno de ronchas y mataduras.

- Y que, con las butacas que me colocásteis, tengo el corazón hecho una mierda, lleno de cáscaras de cacahuetes y pringoso de “pesicola”. Y que estoy muy hartísimo de los del palito. Y que, con este canuto que me habéis puesto en el ojo, veo fatal y, encima, no puedo ni llorar.

- Y que no alcanzo nunca la zanahoria que me pusisteis delante. Y que se me figura cada vez más lejana, y más pequeñaja y más mustia.

Respuesta-solución-tratamiento-farmacopea:

- ¡Pero que jumento más borrico! Espera que deje el palito y coja el garrote gordo, que te vas a enterar:

- Dios no da la vocación para luego quitarla. Dios no juega con las almas. Estás ofuscado, eso es lo que estás. Si dejas la obra, te vas a arrepentir.

- Hay algo más. No has sido sincero. Hay una chica. ¡Vamos, confiesa!

- Pues en la obra nadie se queja y todos somos gente normal. Si tú no eres normal…

- La vocación no se pierde, la vocación se tira. Estás tirando la vocación a la basura. Vas a ser un desgraciado en esta vida y en la otra.

- Estás despreciando la voluntad de Dios. Estás llamando a las puertas mismas del averno.

- Mira, borrico, no seas pollino. No tomes apresuradamente una decisión de la que te vas a arrepentir. Piénsatelo una temporada y ya hablaremos.

- Venga, vale. – dije, con un hilo de voz y la mirada extraviada. Y salí de allí encogido, dando trompiquillas, con las orejas coloradas y el rabo entre las patas. Arrepentido de haber rebuznado más de la cuenta y avergonzado de ser tan zoquete.


Salta, corre, vueeela con gaaarbo y con sal.

Y me dejaron tirado en un secarral, sin una palabra de ánimo, ni una mirada comprensiva, ni una oreja en la que desahogarme.

¡Manda cojones!..., (que decimos los filósofos).

Pero, incluso en mi calamitoso estado físico y mental, había una cosa que tenía muy clara y era que, en la obra, yo no era feliz.

Vivía angustiado por tanta obligación, asfixiado con tanto control, atormentado por tanto escrúpulo, dolorido de tanto palito y harto de tanto tonto porque, en la obra, ¡anda que no hay tontos!, mas papistas que el Papa, mas paternalistas que el padre, mas cristianos que Cristo y mas tontos que Pichote.

Un año justo (e injusto) necesitó, aún, mi ingenuidad infinita, para convencerme de que nadie iba a venir a interesarse por mis cogitaciones. Así que, como soy una persona educada, un día llamé y dije:

- Que me piro.

Cuando escribí la carta de despedida tenía 34 años y lo puesto, estaba triste y me sabía irremisiblemente condenado a las penas del infierno para toda la eternidad.

Sufrí mucho, porque yo no quería ir al infierno. Solo necesitaba escapar de la sartén, aunque fuera para dar con el culo en las brasas.

Así, poco a poco, fui hollando el triste camino que iba derecho a la perdición. Y, la verdad, no me pareció un camino tan tenebroso.

Pronto encontré gente estupenda, que no dormía los jueves en el suelo, ni meaba agua bendita y que hoy son amigos del alma.

Y encontré una chica increíble, mucho más joven que yo, que está como un queso, que me ayudo a liberarme de tantos miedos y rarezas y que ahora es mi mujer.

Tengo unos hijos, a los que intento educar en libertad y sin comeduras de tarro. Mejor silvestres que idiotas, porque los idiotas no descansan nunca, (ni dejan descansar).

¡Y tengo tiempo, coño! Tiempo para perder. Tiempo para divertirme. Tiempo para malgastar. Tiempo para tomar cañas. Tiempo para desperdiciar. Tiempo para mi mujer. Tiempo para mis amigos. Tiempo para mis hijos. Tiempo para contarles cuentos.

Algunos de esos cuentos son tristes y terribles; son cuentos de ladrones de existencias, cuentos de enterradores refinados, cuentos de comecocos exaltados, cuentos de violadores de conciencias y el cuento de El flautista de Aragón (para que tengan aprendida la lección).

A ellos les gusta escuchar y aprender y yo… necesito contarlo.


Chimpúm

Y contra todo pronóstico, a pesar del mal agüero y los chuzos de punta que me vaticinaban, la vida me ha ido estupendamente. Soy mucho más libre e infinitamente más feliz. Y cada noche, me tiro a la cama en pelotas y duermo a pierna suelta, porque ya me tienen sin cuidado las condenaciones eternas.

Ya no quiero ser virgen, ni mártir, ni santo de altar. Me conformo con ser un santo de mi devoción, con ser buena gente y punto.

Hoy no creo, en conciencia, en ese padre dios infinitamente justo y bueno que, a la vez, atormenta a sus hijos con las penas eternas del infierno por faltar un domingo a misa o por mirar un escote.

Un padre que impusiera tan desproporcionados castigos a sus hijos, debería estar en la cárcel o en un manicomio o en el museo de los horrores.

Y si, a pesar de todo, resulta que existe un dios así, yo intentaré, de todas formas, sacarle un poco de jugo a esta vida. Cuando me juzgue, no le quedará más remedio que acogerme en su seno porque, el infierno, ya lo superé hace 15 años… ¡¡¡Y CON NOTA!!!



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