Desafíos Pastorales. SECTAS O NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS

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Desafíos pastorales. SECTAS O NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS

Documento publicado en la revista ECCLESIA, págs. 20 (656) - 31 (667), del 17-V-1986, Núm. 2.267.

Prefacio

En respuesta a una preocupación manifestada por las Conferencias Episcopales de todo el mundo, el Secretariado del Vaticano para la Unidad de los Cristianos, el Secretariado para los No Cristianos, el Secretariado para los No Creyentes y el Consejo Pontificio para la Cultura han emprendido un estudio sobre la presencia y actividad de las “sectas”, de los “nuevos movimientos religiosos”, de los cultos”. Estos departamentos, junto con la Secretaría de Estado, han discutido esta preocupación por algún tiempo.

Como primer paso en este estudio-proyecto, el Secretariado para la Unidad de los Cristianos, en nombre de los antes mencionados departamentos de la Santa Sede, envió en febrero de 1984 un cuestionario a las Conferencias Episcopales y a otras estructuras semejantes con la intención de recibir informaciones e indicaciones dignas de confianza para promover la acción pastoral y para examinar nuevas líneas de investigación. Hasta la fecha (octubre de 1985) se han recibido muchas respuestas de las Conferencias Episcopales de todos los continentes, así como de algunas estructuras episcopales regionales. Algunas respuestas incluyen una información detallada de algunas diócesis particulares y van acompañadas de copias de cartas pastorales, folletos, artículos y estudios.

Evidentemente, es imposible sintetizar la vasta documentación recibida y que tendrá que ser constantemente puesta al día como base para una pastoral constructiva que responda al desafío presentado por las sectas, los nuevos movimientos religiosos y los grupos. El presente informe, que está basado en las respuestas y la documentación recibidas, quiere únicamente dar una primera visión general.

Este informe está dividido de la siguiente manera:

Introducción

¿Qué son las “sectas”? ¿Qué se entiende por “cultos”?

Es importante reconocer que existen dificultades en los conceptos, definiciones y terminología. Los términos “secta” y “culto” tienen algo de derogatorio y parecen implicar más bien un juicio negativo. Se prefiere utilizar términos más ambiguos, como “nuevos movimientos religiosos” o “nuevos grupos religiosos”. El problema de la definición de estos “nuevos movimientos” o “grupos” como distintos de “Iglesia” o “legítimos movimientos dentro de la Iglesia” es materia de discusión.

Ayudará hacer una distinción entre las sectas que tienen su origen en la religión cristiana y las que se basan en otras religiones u otras fuentes humanitarias. El problema se vuelve más delicado cuando estos grupos tienen un origen cristiano. Es importante, pues, hacer esta distinción. Sin embargo, algunas mentalidades o actitudes de secta, por ejemplo la intolerancia o el proselitismo agresivo, no constituyen ni caracterizan necesariamente a una secta. Estas actitudes se pueden encontrar también en grupos cristianos o dentro de algunas iglesias o comunidades eclesiales. Sin embargo, estos grupos pueden cambiar positivamente mediante una profundización de su formación cristiana y a través del contacto con otros cristianos. En este sentido, estos grupos pueden crecer dentro de una mentalidad y actitud mayormente eclesiales.

El criterio para distinguir entre sectas de origen cristiano, por una parte, e Iglesia y comunidades eclesiales, por otra, se debe fundar en las “fuentes” de enseñanza de estos grupos. Por ejemplo, las sectas podrían ser aquellos grupos que, además de la Biblia, tienen otros libros “revelados” o “mensajes proféticos”; que excluyen de la Biblia algunos libros proto-canónicos, o cambian radicalmente su contenido. Una de las respuestas a la primera pregunta del cuestionario ha sido la siguiente:

“ Por razones prácticas, un culto o una secta se definen como ‘algunos grupos religiosos con una concepción del mundo propia, específica, derivada, pero no completamente de acuerdo, de las enseñanzas de las grandes religiones mundiales’. Aunque nos referimos aquí a determinados grupos que normalmente insisten en la libertad del hombre y de la sociedad en general, los cultos y sectas también están caracterizados por un determinado número de cualidades específicas, que generalmente consisten en que ellos son estructuralmente autoritarios, que se sirven de formas de ‘lavado de cerebro’ y de control mental, y que forman grupos que fomentan y alimentan un sentimiento de culpa o de miedo. Un trabajo de base sobre estas características ha sido publicado por el americano Dave Breese, Know' the Marks of Cults (Victor Books), Wheaton III, 1985”.

Sean cuales fueren las dificultades para distinguir entre sectas de origen cristiano e iglesias, comunidades eclesiales o movimientos cristianos, las respuestas al cuestionario han revelado que existe una seria laguna en el conocimiento y comprensión de otras iglesias cristianas y comunidades eclesiales. Algunos incluyen dentro de las “sectas” a iglesias y comunidades eclesiales que no están en perfecta comunión con la Iglesia Católica Romana. Incluso algunos seguidores de las mayores religiones del mundo (hinduistas, budistas, etc.) han sido clasificados como miembros de sectas.

El crecimiento de las nuevas sectas.

En todo caso, aparte de las dificultades antes mencionadas, casi todas las Iglesias locales advierten el brote y la rápida proliferación de todo tipo de “nuevas” religiones o pseudomovimientos religiosos, grupos y prácticas. Los que responden consideran este fenómeno como un serio problema, y para algunos constituye una situación alarmante. Sólo en pocos países parece no existir problema alguno (por ejemplo, en los países con una mayoría islámica).

En algunos casos el fenómeno aparece en forma de actitudes sectarias en el seno de las iglesias principales. En otros casos éste se verifica fuera de las iglesias (iglesias libres o independientes, movimientos mesiánicos o proféticos); o en contra de las iglesias (sectas, cultos), frecuentemente constituyéndose a sí mismo como modelo de iglesia. Sin embargo, no todas las sectas son religiosas en su contenido real o en su propósito último.

Los problemas que plantean.

El fenómeno, que se desarrolla rápidamente y con frecuencia con mucho éxito positivo, plantea problemas pastorales. El más inmediato es saber cómo comportarse con un miembro de una familia católica que está comprometido con una secta. El párroco o el agente pastoral, o el consejero, generalmente se ponen en contacto, primero y ante todo, con los padres o amigos de dicha persona. Muchas veces se puede acercar uno a esta persona sólo indirectamente. Existen casos en los que es posible ponerse en contacto directamente con la persona. Se necesita tener experiencia y habilidad psicológica para poder ofrecerle una guía, o para aconsejar a un ex miembro a reintegrarse a la sociedad y a la Iglesia.

Los grupos que resultan más afectados.

Los grupos más vulnerables en la Iglesia, especialmente los jóvenes, parecen ser los mayormente afectados. Cuanto más “sueltos” anden, ociosos, sin tomar parte activa en la vida y organización de la parroquia, o provengan de una familia con bases no estables, o pertenezcan a grupos étnicos minoritarios, o vivan en lugares lejanos al influjo de la Iglesia, etc., tanto más posible es que los quieran atrapar los nuevos movimientos y sectas. Otras sectas parecen atraídas principalmente por gente de grupos de mediana edad. Otras sacan sus adeptos de familias acomodadas y cultas. En este contexto se tienen que mencionar los campus universitarios que son, generalmente, terreno favorable de adoctrinación o lugares de reclutamiento para algunas sectas. Por otra parte, una relación difícil con el clero o una situación matrimonial irregular pueden llevar a una ruptura con la Iglesia y a una agregación a un nuevo grupo.

Pocos se unen a una secta con malas intenciones. Quizá la oportunidad más grande de las sectas es atraer a la gente buena por buenos motivos. En efecto, ellos obtienen el mejor éxito positivo cuando la sociedad o la Iglesia no han ofrecido una buena motivación.

Las causas aparentes de sus éxitos.

Las razones de los éxitos positivos entre los católicos son diversas y se pueden catalogar a diferentes niveles. Están primeramente en íntima relación con las necesidades y aspiraciones que aparentemente ellos no pueden alcanzar dentro de la Iglesia. Están relacionadas con el reclutamiento y las técnicas de educación de las sectas. Pueden ser externas, ya sea a las principales iglesias o a los nuevos grupos: ventajas económicas, intereses o presiones políticas, simple curiosidad, etcétera.

Se puede dar una valoración adecuada de estas razones sólo dentro del contexto particular en el que surgen. Así, pues, los resultados de una evaluación general (y es precisamente lo que trata de ofrecer este informe) pueden, y en este caso deben, revelar una serie completa de razones “universales”. La razón puede que esté en la creciente dependencia mutua en el mundo de hoy.

Una estructura despersonalizante parece ser el fenómeno sintomático de la sociedad contemporánea, largamente producida en el Occidente y ampliamente exportada al resto del mundo, lo cual ha creado diversas situaciones de crisis en el individuo como tal y dentro del nivel social. Estas situaciones de crisis ponen de manifiesto varias necesidades, aspiraciones y problemas que exigen separadamente una respuesta psicológica y espiritual. Las sectas gritan a voces que tienen y que proporcionan estas respuestas. Y lo hacen tanto a nivel afectivo como a nivel intelectual, respondiendo frecuentemente a las necesidades afectivas en una forma que adormece las facultades cognoscitivas.

Esas aspiraciones y necesidades de base pueden ser descritas como manifestaciones del deseo humano de integridad y armonía, participación y realización en todos los niveles de la existencia y la experiencia humanas; también se las puede describir como tentativas de ir al encuentro de la aspiración humana a la verdad del conocimiento de los valores constitutivos, que en un determinado momento (ya sea en la historia colectiva o individual) parecen haber estado escondidos, quebrantados o perdidos para la gente expuesta a rápidos cambios, a tensiones agudas, a miedos, etcétera.

Las respuestas al cuestionario.

Las respuestas que nos han proporcionado muestran que el fenómeno se debe considerar no sólo como una amenaza a la Iglesia (si bien muchos de los que han respondido consideran el proselitismo agresivo de algunas sectas como el mayor problema), sino, por el contrario, como un desafío pastoral. Algunas respuestas insisten en que, preservando nuestra propia integridad y honradez, deberíamos tener presente que cada grupo religioso tiene el derecho de profesar su propia fe y de vivir de acuerdo con su propia conciencia. Insisten igualmente en que al estudiar a grupos determinados tenemos que proceder de acuerdo con los principios de diálogo religioso propuesto por el Concilio Vaticano II y por otros documentos de la Iglesia. Así, pues, es imperativo recordar el respeto debido a cada individuo, y nuestra actitud para con los creyentes convencidos tendría que ser de apertura y de comprensión, y no de condenación.

Las respuestas al cuestionario muestran una gran necesidad de información y educación de los creyentes y también que se necesita un diálogo pastoral renovado.

Razones de la difusión de dichos movimientos o grupos.

Las situaciones de crisis o la vulnerabilidad general puede revelar y/o producir necesidades y aspiraciones que proporcionan motivaciones de base para dirigirse a las sectas. Están presentes a nivel afectivo y a nivel cognoscitivo y están en relación con el carácter, es decir, centradas en el “yo” en relación con “otros” (social), con el pasado, presente y futuro (cultural, existencial), con lo trascendente (religioso). Estos niveles y dimensiones están interrelacionados. Estas necesidades y aspiraciones se pueden agrupar bajo nueve capítulos, aunque en casos individuales se entrecruzan con frecuencia. En cada grupo de “aspiraciones” indicamos lo que las sectas parecen ofrecer. Esto puede ser la causa principal de su éxito positivo, pero se deben tener también en cuenta las prácticas de reclutamiento y las técnicas de instrucción de muchas sectas (cfr. 2,2).

Necesidades y aspiraciones. ¿Qué parecen ofrecer las sectas?

La búsqueda de pertenencia (sentido de comunidad).

La estructura de muchas comunidades ha sido destruida, el estilo tradicional de vida ha sido hecho pedazos, los hogares se han disuelto, el pueblo se siente desarraigado y solo. Por lo tanto, hay necesidad de pertenecer.

Los términos más usados en las respuestas: pertenencia, amor, comunidad, comunicación, ardor, preocupación, cuidado, ayuda, amistad, afecto, fraternidad, solidaridad, encuentro, diálogo, consolación, aceptación, comprensión, compartir, encierro, mutualidad, estar juntos, seguimiento, reconciliación, tolerancia, raíces, seguridad, refugio, protección, salvación, amparo, casa.

Las sectas parecen ofrecer: calor humano, cuidado y ayuda en comunidades pequeñas y compactas, compartiendo propósitos y compañerismo; atención por el individuo; protección y seguridad, especialmente en situaciones de crisis; resocialización de los individuos marginados (por ejemplo, divorciados, migrantes); las sectas piensan frecuentemente por el individuo.

Búsqueda de respuestas.

En las situaciones complejas y confusas, las personas, naturalmente, buscan una respuesta y una solución.

Las sectas parecen ofrecer: respuestas simples y confeccionadas para los problemas y las situaciones complicadas; versiones parciales o simplificadas de las verdades y valores tradicionales; una teología pragmática; una teología triunfante; un sincretismo teológico propuesto como “nueva revelación”, “nueva verdad”, para un pueblo que frecuentemente conserva poco de la “vieja verdad”; directrices claras; llamamiento a la superioridad moral; experimentación de elementos “sobrenaturales”: glosolalia, trances, médiums, profecías, posesión, etcétera.

La búsqueda de integridad (holismo).

Muchas personas sienten que ya no están en contacto consigo mismas, con los demás, con su cultura y con su contexto. Se sienten abatidas. Han sido dañadas por los familiares o maestros, por la Iglesia o la sociedad. Se sienten excluidas. Buscan un ideal religioso que pueda armonizar a todos los seres humanos y a todas las cosas; un culto que deje espacio al cuerpo y al alma, a la participación, a la espontaneidad, a la creatividad. Quieren ser salvadas, incluso corporalmente (las respuestas de África insisten particularmente en este aspecto).

Los términos más usados en las respuestas: salvación, integridad, integración, totalidad, armonía, paz, reconciliación, espontaneidad, creatividad, participación.

Las sectas parecen ofrecer: una experiencia religiosa gratificante, ser salvados, conversión, lugar para experiencias y emociones, para la espontaneidad (por ejemplo, en las celebraciones religiosas), salvación corporal y espiritual, ayuda para los problemas de drogas y alcoholismo, comprensión de la situación vital.

Búsqueda de una identidad cultural.

Este aspecto está íntimamente unido con el número anterior. En muchos países del tercer mundo la sociedad se encuentra muy disociada de los valores culturales (y religiosos) tradicionales, y de este modo, de la fe tradicional.

Los términos usados con frecuencia en las respuestas son: aculturación, encarnación, enajenación, modernización.

Las sectas parecen ofrecer: amplio espacio para la herencia cultural/religiosa tradicional, creatividad, espontaneidad, participación, una forma de oración y de predicación muy cercana a los rasgos culturales y aspiraciones del pueblo.

Necesidad de ser reconocido, de ser especial.

La gente siente la necesidad de salir del anonimato, de construirse una identidad, de sentir que ellos son algo especial y no simplemente un número o un miembro anónimo de una multitud.

Parroquias enormes y congregaciones orientadas a la administración y al clericalismo dejan poco espacio para el encuentro con cada persona individualmente y en situación vital.

Términos más usados en las respuestas: autoestima, afirmación, oportunidades, importancia, participación.

Las sectas parecen ofrecer: interés por el individuo, oportunidades iguales para el ministerio y la dirección, para la participación, para el testimonio, para la expresión, descubrimiento del propio potencial personal, oportunidad de formar parte de un grupo selecto.

La búsqueda de la trascendencia.

Esto manifiesta una profunda necesidad espiritual, una motivación inspirada por Dios para buscar el aspecto trascendente de lo obvio, lo inmediato, lo familiar, lo controlable y lo material, para buscar una respuesta a las cuestiones últimas de la vida y para creer en algo que pueda cambiar la propia vida en un momento determinante. Esta necesidad espiritual manifiesta un sentido de misterio, de lo misterioso; un interés por lo que debe venir, un interés por el mesianismo y las profecías. Muchas veces las personas en cuestión pueden conocer o no lo que la Iglesia puede ofrecer, o están desilusionadas por lo que ellas consideran una insistencia unilateral sobre la moralidad, o con los aspectos institucionales de la Iglesia. Una persona, hablando de los candidatos, dice:

“La investigación sugiere que una mayoría de la población, si es interrogada, admitirá que ha tenido algún tipo de experiencia religiosa o espiritual, y dirá que ésta ha cambiado su vida hacia una determinada dirección, y añadirá que jamás han hablado con nadie de esta experiencia … Muchos jóvenes dicen que tenían miedo de que se rieran de ellos o que los consideraran unos raros si hablaban de una experiencia espiritual o religiosa, o que frecuentemente han tenido dificultad en encontrar sacerdotes con quienes hablar, cuanto más responder sobre sus problemas más importantes y últimos”.

Los más términos usados en las respuestas: trascendencia, sagrado, misterio, místico, meditación, celebración, veneración, verdad, fe, espiritualidad, significado, finalidad, valores, símbolos, oración, libertad, despertar, convicción.

Las sectas parecen ofrecer: la Biblia y la educación bíblica, un sentido de salvación, gracia del Espíritu, meditación, realización espiritual.

Algunos grupos ofrecen no sólo la permisividad para expresar y explorar las cuestiones en un contexto social “seguro”, sino también un lenguaje y conceptos para realizarlo, así como la presentación de un grupo de respuestas sin ambigüedades aparentes.

Necesidad de una guía espiritual.

Puede ser la falta de una ayuda familiar en el hogar del candidato o falta de guía, paciencia y cuidado personal por parte de los educadores y líderes eclesiales.

Los términos usados en las respuestas: guía, devoción, compromiso, afirmación, gurú.

Algunas sectas parecen ofrecer: guía y orientación a través de un fuerte liderazgo carismático. La figura del maestro, líder o gurú, juega un papel importante en la cohesión de los discípulos. Al mismo tiempo, no existe sólo sumisión, sino abandono emocional, y siempre una devoción casi histérica hacia un líder espiritual (mesías, profeta, gurú).

Necesidad de una visión.

El mundo de hoy es un mundo interdependiente de hostilidad y conflicto, de violencia y temor de destrucción. La gente se siente preocupada por el futuro, con frecuencia desesperada, sin ayuda, sin esperanza, sin fuerza. Añoran algunos signos de esperanza por un camino diferente. Algunos tienen un deseo vago de construir un mundo mejor.

Los términos más usados en las respuestas: visión, despertar, compromiso, novedad, orden nuevo, un camino diferente, alternativas, finalidad, esperanza.

Las sectas parecen ofrecer: una “visión nueva” de uno mismo, de la humanidad, de la historia, del cosmos. Prometen el comienzo de una época nueva, de una nueva era.

Necesidad de participación y compromiso.

Este aspecto está íntimamente unido con el precedente. Muchos candidatos sienten no sólo la necesidad de una visión del presente mundo-sociedad y acerca del futuro, sino que quieren participar también en la toma de decisiones, en la planificación, en la realización.

Los términos más usados en las respuestas: participación, testimonio activo, construcción, élite, compromiso social.

Las sectas parecen ofrecer: una misión concreta para un mundo mejor, llamado a una dedicación total, a una participación a los más altos niveles.

A manera de resumen, se puede decir que las sectas parece que viven lo que creen, con fuerza (frecuentemente magnética), con convicción, devoción y compromiso; saliendo al encuentro de la persona para llevarla a donde ellos están, afectuosa, personal y directamente; sacando al individuo del anonimato, promoviendo la participación, la espontaneidad, el compromiso … y practicando un intenso seguimiento mediante múltiples contactos, visitas a los hogares y brindando continua asistencia y guía. Ellos ayudan a reinterpretar la propia experiencia, a considerar de nuevo los propios valores y a llegar a las últimas consecuencias en un sistema que comprende todo. De ordinario hacen un uso convincente de las palabras predicación, literatura, medios de comunicación (para los grupos cristianos, una insistencia particular en la Biblia). Frecuentemente están convencidos también del ministerio de la salvación. En una palabra, se presentan a sí mismos como la única respuesta, la “buena nueva” en un mundo cristiano.

Así, pues, si bien éstas son generalmente las notas de los éxitos positivos de las sectas, existen también otras razones, como las técnicas de formación y reclutamiento y los procedimientos de adoctrinamiento usados por algunas sectas.

Reclutamiento, técnicas de formación y procedimientos de adoctrinación.

Algunos reclutamientos, técnicas de formación y procedimientos de adoctrinación practicados por un número de sectas y cultos, que generalmente son muy sofisticados, forman parte de los éxitos positivos. Quienes son atraídos generalmente por tales medidas desconocen, en primer lugar, que este acercamiento ha sido preparado generalmente con antelación y, en segundo lugar, ignoran la naturaleza de esta conversión manipulada y de estos métodos de formación (manipulación social y psicológica) a los que ellos están sometidos. Las sectas imponen con frecuencia sus propias normas en cuanto al pensamiento, a los sentimientos y a la conducta. Esto está en neto contraste con el método de la Iglesia, que requiere pleno conocimiento y capacidad.

Tanto los jóvenes como los adultos que no tienen bases sólidas son víctimas fáciles de estas técnicas y métodos, que frecuentemente son una combinación y mezcla de afección y decepción (por ejemplo, el “bombardeo de amor”, el “ test de la personalidad” o el “abandono”). Estas técnicas comienzan con un diálogo positivo, pero gradualmente van llevando a un determinado tipo de control mental, con el uso de técnicas de cambio abusivo de la conducta.

Se han enumerado los siguientes elementos:

  • Un hábil proceso de iniciación del convertido y gradual descubrimiento de lo que sus anfitriones son en realidad.
  • Uso de técnicas dominantes: “bombardeo de amor”, ofreciendo “una comida gratuita en un centro internacional para amigos”; técnica de las “fiestas-pesca” (prostitución como método de reclutamiento).
  • Imposición de respuestas y decisiones ya hechas a los alistados.
  • Empleo constante de la adulación.
  • Distribución de medicinas y dinero.
  • Exigencia de una abnegación incondicional al iniciador, líder.
  • Aislamiento de las personas, control del proceso racional del pensamiento, eliminación de información e influjo externo (familia, amigos, periódicos, revistas, televisión, radio, visitas médicas, etc.) que puedan romper el hechizo de este compromiso y el proceso de asimilación del sentimiento y de las actitudes y modelos del creyente.
  • Procesamiento a los reclutados, lejos de sus vidas pasadas, insistiendo sobre un pasado comportamiento desviado, como el uso de la droga, desviaciones sexuales, jugando sobre las taras psicológicas y sus relaciones sociales difíciles, etcétera.
  • Utilización de métodos sociológicos que alteran las conciencias y producen disturbios intelectuales, “bombardeos” intelectuales, uso de sofismas, sistemas logísticos cerrados, restricción del pensamiento reflexivo.
  • Manteniendo al reclutado constantemente ocupado y nunca solo, exhortación y entrenamiento constantes para llegar a un “estatus” espiritual exaltado, alteración de la conciencia, sumisión automática a las directivas; supresión de la resistencia o negatividad; responder al miedo que lleva a un miedo mayor.
  • Importancia atribuida al líder; algunos grupos rebajan la de Cristo para aumentar la del líder (es el caso de algunas sectas “cristianas”).

Desafíos y enfoques pastorales.

La crisis de las estructuras sociales y tradicionales, de los modelos culturales y de los grupos tradicionales de valores causada por la industrialización, la urbanización, la migración, el rápido desarrollo y los sistemas de comunicación, los sistemas tradicionales tecnocráticos, etc., ha dejado a muchos individuos confundidos, desarraigados, inseguros y, por lo tanto, vulnerables. Naturalmente, se ha tratado de buscar una solución a esta situación que fuese la más simple y la mejor. Existe también la tentación de aceptar la solución como la respuesta única y final.

Del análisis de las respuestas se pueden enumerar algunos síntomas de la patología de muchas sociedades modernas. Muchas personas sufren por esto. Se sienten inquietas por ellas mismas (crisis de identidad), por el futuro (desempleo, peligro de guerra nuclear). Problemas acerca de la verdad y su fundamento; incertidumbre y falta de confianza en la política; dominio económico e ideológico; significado de la vida, de uno mismo y de los demás, de los acontecimientos, de las situaciones, de las cosas, del más allá.

No tienen una directiva: falta de orientación, falta de participación en la toma de decisiones, falta de respuestas reales a sus problemas reales. Tienen miedo a causa de las varias formas de violencia, conflicto, hostilidad, miedo de un desastre ecológico, de la guerra y del holocausto nuclear, de los conflictos sociales, de la manipulación.

Se sienten frustrados, sin bases, sin casa ni hogar, desprotegidos y sin sostén y, consecuentemente, sin motivación, abandonados en la familia, en la escuela, en el trabajo, en los campus universitarios, en la sociedad, perdidos en el anonimato, en el aislamiento, en la marginación, en la enajenación, es decir, se dan cuenta de que no pertenecen a nada, que son mal entendidos, traicionados, oprimidos, decepcionados, ignorados, no considerados, no escuchados, no aceptados, no considerados seriamente.

Están desilusionados de la sociedad tecnológica, militar, de las grandes empresas, del trabajo, de la explotación, de los sistemas educativos, de las leyes y prácticas eclesiásticas, de la política del gobierno.

Posiblemente hayan aprendido a considerarse a sí mismos como “agentes” conscientes, no inútiles personas sin rumbo u oportunistas, que se buscan a sí mismos, pero que con frecuencia no saben qué hacer, ni cuándo actuar.

No atinan con los varios tiempos “intermedios” (entre la escuela y la universidad, entre la escuela y el trabajo, entre el matrimonio y el divorcio, entre un pueblo y una ciudad).

Se vacían, se vuelven indiferentes, agresivos o, si no, se convierten en “candidatos”.

En resumidas cuentas, se podría decir que estos síntomas constituyen frecuentemente formas de alienación (de uno mismo, de otros, de sus orígenes, de su cultura, etc.). Se podría decir que las necesidades y aspiraciones manifestadas en las respuestas al cuestionario muchas veces no son más que la búsqueda de una “presencia” (para consigo mismo, para con los demás, para con Dios). Quienes se sienten perdidos quieren ser hallados. En otras palabras, existe un vacío que exige ser llenado, que está dentro del contexto en el cual se puede entender no sólo el criticismo hacia la Iglesia, que ya contiene muchas respuestas, sino, ante todo, a los problemas pastorales y los enfoques propuestos. Las respuestas al cuestionario evidencian muchas deficiencias e insuficiencias en el actual comportamiento de la Iglesia que pueden facilitar el éxito positivo de las sectas. Sin embargo, sin insistir demasiado sobre esto, queremos ante todo hacer hincapié en los enfoques pastorales positivos, que han sido sugeridos o pedidos explícitamente. Si se consigue ponerlos en práctica, el desafío de las sectas podría ser un estímulo para una renovación espiritual y eclesial.

Sentido de comunidad.

Casi todas las respuestas piden una revisión (al menos en muchas situaciones locales) del tradicional “sistema parroquial comunitario”, una búsqueda de objetivos comunitarios que sean más fraternos, más “a la medida del hombre”, más adaptados a las condiciones de vida de las personas; más “comunidades eclesiales de base”: constituyendo comunidades de fe, de amor (calor, aceptación, entendimiento, reconciliación, intimidad, fraternidad) y esperanza; comunidades que celebren, comunidades que oren, comunidades misioneras: que vayan adelante y den testimonio; comunidades abiertas y que quieran ayudar a personas con problemas especiales: divorciados y “vueltos a casar”, marginados.

Formación y formación permanente.

Las respuestas insisten particularmente en la necesidad de evangelización, catequesis, educación y educación permanente en la fe bíblica, teológica, ecuménica del creyente, a nivel de comunidad local y del clero y de todos aquellos que están comprometidos en la formación. (Una respuesta pedía “cursos de reflexión” para profesores, jóvenes líderes, clérigos y religiosos). El proceso continuo tendría que ser tanto informativo, con información acerca de toda nuestra tradición católica (creencias, prácticas espirituales, meditación, contemplación, etc.), acerca de otras tradiciones y de otros nuevos grupos religiosos, etc., cuanto formativo, que guíe en la fe personal y comunitaria, con un profundo sentido de lo trascendente y escatológico, del compromiso religioso, del espíritu comunitario, etc. La Iglesia no debería ser únicamente un signo de esperanza para el pueblo, sino que tendría también que dar las razones de esta esperanza; tendría que ayudar a plantear los problemas, pero al mismo tiempo a resolverlos y a darles una respuesta. En este proceso se debe dar una importancia principal a las Sagradas Escrituras. Se debería hacer un uso mayor y mejor de los medios de comunicación social.

Enfoque personal y total (íntegro, holístico).

La gente debe ser ayudada a conocerse a sí misma como única, a ser amada por un Dios personal y con una historia personal, desde el nacimiento, a través de la muerte, hacia la resurrección. La “verdad antigua” tendría que convertirse continuamente en la “verdad nueva” a través de un auténtico sentido de renovación, pero con criterios y mentalidad que no puedan ser sacudidos por cada “novedad” que les salga al paso. Se tendría que poner una atención especial en la dimensión experiencial, es decir, en el descubrimiento personal de Cristo a través de la oración y la dedicación (v. gr., los movimientos carismáticos “nacidos de nuevo”). Muchos cristianos se comportan como si jamás hubiesen nacido. Se debe prestar especial atención al ministerio de la salvación mediante oraciones, reconciliación, intimidad y cuidado. Nuestra preocupación pastoral no tendría que ser únicamente unidimensional, sino que tendría que extenderse no sólo a las cosas espirituales, sino también a las dimensiones físicas, psicológicas, sociales, culturales, económicas y políticas.

Identidad cultural.

El problema de la aculturación es fundamental. Las respuestas que vienen de África insisten particularmente en que se sienten como extraños a las formas occidentales de culto y ministerio, que con frecuencia adolecen de significado para el ambiente cultural del pueblo y para la situación real. Una respuesta declara:

“Los africanos quieren ser cristianos; les hemos dado alojamiento, pero no hogar. Ellos piden un cristianismo sencillo, integrado en los aspectos de su vida cotidiana, en sus sufrimientos, alegrías, trabajo, aspiraciones, miedos y necesidades de los africanos. Los jóvenes reconocen en las iglesias independientes una veta auténtica de la tradición africana de práctica religiosa”.

Oración y culto.

Alguien sugiere una revisión del clásico “sábado por la noche/domingo por la mañana” como modelo de vida litúrgico, que frecuentemente es extraño al modelo de la vida diaria. Se debería descubrir nuevamente la palabra de Dios como un importante elemento para construir la comunidad. La “recepción” tendría que ser recibida atentamente como “conservación”. Debería haber espacio para una gozosa creatividad, fe en la inspiración cristiana, capacidad de “invención”, un mayor sentido de celebración comunitaria. De este modo, la aculturación es una exigencia (con el debido respeto por la naturaleza de la liturgia y por la exigencia de la universalidad).

Muchas respuestas insisten en la dimensión bíblica de la predicación, en la necesidad de hablar el lenguaje del pueblo; en la necesidad de una preparación esmerada de la predicación y de la liturgia (siempre y cuando sea posible, dada por un grupo que incluya la participación de los laicos). La predicación no es una simple teorización, intelectualización y moralización, sino que presupone el testimonio de vida del predicador. La predicación, el culto y la oración comunitaria no tendrían que ser confinados necesariamente a los tradicionales lugares de culto.

Participación y liderazgo.

Muchas respuestas hacen notar la creciente disminución de sacerdotes, religiosos y religiosas, la cual exige una mayor promoción de la diversificación de ministerios y una formación constante de líderes laicos. Quizá se tendría que poner mayor atención en el papel que pueden desempeñar los laicos en contacto con las sectas —o, al menos, con los que son atraídos por las sectas—, quienes, dentro de la Iglesia y en colaboración con sus pastores, ejercitan un verdadero liderazgo, tanto espiritual como pastoral.

No se debería considerar a los sacerdotes como administradores, empleados o jueces, sino más bien como hermanos guías, consejeros y hombres de oración. Frecuentemente se ha establecido una distancia entre el fiel y el obispo, o entre los obispos y sus sacerdotes, que se debería dimensionar. El ministerio del obispo y del sacerdote es un ministerio de unidad y comunión, que tiene que ser visible para el creyente.

Conclusión

En conclusión, ¿cuál debe ser nuestra actitud, nuestro acercamiento a las sectas? Evidentemente, no es posible dar una respuesta escueta. ¡Son tan diversas las mismas sectas! ¡Son tan diferentes las situaciones —religiosa, cultural, social!

Nuestra respuesta no podrá ser la misma cuando consideramos a las sectas en relación con los “que no pertenecen a iglesia alguna”, los no bautizados o los no creyentes, y cuando analizamos el influjo que tienen sobre los cristianos bautizados, especialmente sobre católicos y ex católicos. Los que nos responden están, naturalmente, más interesados por este último grupo.

Es obvio que no siempre podemos ser conciliadores. Hemos analizado suficientemente la acción de las sectas para darnos cuenta de que las actitudes y los métodos de algunas de ellas pueden ser destructores de las personalidades, quebrantadores de la familia y de la sociedad y de que sus principios tienen que ser removidos con la enseñanza de Cristo y de su Iglesia. En muchos países, sospechamos, y en algunos casos estamos ciertos, una potente fuerza ideológica, así como intereses económicos y políticos, están trabajando a través de las sectas, que son totalmente extrañas a un genuino interés por lo “humano” y se sirven de lo “humano” para fines y propósitos inhumanos.

Es necesario informar a los fieles, especialmente a los jóvenes, para que estén alertas, proporcionarles una ayuda profesional, aconsejarles, darles asistencia y protección legal. A veces tendríamos que aceptar y aun apoyar medidas que el Estado pueda adoptar dentro de su propia esfera.

Sabemos también por experiencia que es generalmente imposible un diálogo con las sectas, y que éstas no están únicamente cerradas al diálogo, sino que pueden constituir un serio obstáculo para la educación ecuménica, allí donde son activas.

Ahora bien, si queremos ser sinceros con nuestra fe y con nuestros principios —respeto a la persona humana, respeto a la libertad religiosa, la fe en la acción del Espíritu que trabaja en los impenetrables designios del amor divino para toda la humanidad, para cada individuo, hombre, mujer y niño—, no podemos contentarnos simplemente con condenar y combatir a las sectas, o hacer que se las prohíba o se las expulse, o “rescatar” a determinadas personas contra su propia voluntad. El “desafío” de los nuevos movimientos religiosos consiste en estimular nuestra renovación para una mayor eficacia pastoral.

Esto significará, seguramente, desarrollar dentro de nosotros mismos y dentro de nuestras comunidades aquel espíritu de Cristo que nos permita entender “quiénes son” y, cuando sea posible, tratar de dirigirnos a ellos con amor cristiano.

Debemos perseguir estas finalidades permaneciendo fieles a la verdadera enseñanza de Cristo de amar a todos, hombres o mujeres. No podemos permitir que una preocupación por las sectas disminuya nuestro celo por un verdadero ecumenismo con todos los cristianos.