Del todo y para siempre

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Por Silas, 28.12.2007


Este escrito tiene como presupuesto que los ex-miembros del Opus Dei no son fieles a Cristo.

El joven rico... ¿quien no ha meditado ese episodio del Evangelio?

Quería salvarse, no era tan complicado: cumple los mandamientos. Pero él quería más:si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres y luego ven y sígueme. El chico se lo pensó mejor y se fue.

Cristo fue muy claro con él, el otro hizo las cuentas y no hubo trato.

Ya Jesús había hablado de esto:

" ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”.
"¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. "

' Para seguir a Cristo hay que dejarlo todo.

Los que tienen en sus manos el discernimiento de cada vocación deberían bajar esta advertencia del Señor a detalles bien concretos. Porque, al igual que en el matrimonio, el SI implica muchísimos NO. No se trata de desalentarlos ("Si tal es la condición del hombre respecto a la mujer más vale no casarse"), pero sí de darles una idea de la magnitud del compromiso.

Para seguir a Cristo hay que dejarlo todo.

Todo es todo. No casi todo, todo.

Pero además no es todo por un día, o una semana, sino para siempre.

En algún momento, ese 'todo toma una altura o un peso que no imaginábamos, lo cierto es que el alma empieza a decidir qué hará, y puede decidir: basta, hasta aquí llegamos. ' Ya van siendo más de treinta los años que llevo en la Obra. El hecho de continuar puede deberse, en lo humano, a muchas cosas. Sin embargo, las expectativas están claras. ¿Qué puedo esperar? Puedo esperar que se me pida todo.

Por tanto, se me puede pedir que haga mi curso anual por quinta vez consecutiva en el "Yunque del Sol", o que vaya a Finisterre a atender a un supernumerario sordomudo, o que le deje mi cuarto al Padre Spirituosi y me vaya al cuarto de tres. Está dentro del todo.

En cambio,si me piden que me haga hincha del Sportivo Barquisimeto o que vote a la Unión Democratico-socialista. Está fuera del todo.

Desde temprano supe qué está dentro o fuera del todo.

Y mientras tanto, Dios "hace lo que puede" con los hombres que tiene a mano y con las instituciones que inspiró, sea el Opus Dei, la Compañía de Jesús, los Franciscanos, los kikos, o las que sean, con su entramado de grandezas y miserias humanas, de mezquindades y heroísmos, de tonos de voz molestos o frases hechas, de actuaciones y de decisiones, la mayoría de las veces cuestionables desde algún punto de vista. Les pide el todo y esto en cada institución, en cada casa, en cada sitio implica diferentes cosas. Y es el famoso todo que hay que dejar para seguir a Cristo.

No sabemos si el joven rico estuvo después, en el Pretorio, eligiendo a Barrabás en lugar de Cristo y pidiendo para él la crucifixión. No sabemos si se subió al Gólgota para reirse de nuestro Señor. Si lo hubiera hecho, viendo a Jesús en la Cruz, tal vez se hubiera felicitado a si mismo de no haber hecho el mal negocio de seguir a ese hombre que ahora era la burla de todos.

Pero Cristo podría decirle: "Fui honesto contigo y conmigo. La Cruz y los clavos están incluídos en el todo".



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