Del apostolado de 'amistad y confidencia' al tiro con arco

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Por Jota, 11.12.2006


Una de las características fundamentales del apostolado en el Opus Dei es su carácter de amistad y confidencialidad en el ámbito del trabajo profesional o del estudio.

Hay que reconocer que este tipo de apostolado es difícil porque presupone “amistad”, y este concepto en la obra está instrumentalizado y supeditado al concepto de utilidad. Es complicado conseguir intimar con gente del trabajo y de los estudios porque para que haya una relación de verdadera amistad, ésta tiene que producirse en los dos sentidos. Normalmente a un miembro de la prelatura no le interesa -ni le es posible- esa doble dirección de la amistad, con lo que al final la relación se convierte en un mero adoctrinamiento y a un examen sobre las posibilidades de “encajarlo” en una determinada labor apostólica. Para recibir confidencias, hay que darlas también y para darlas hay que destaparse. Muchas veces, el apostólico miembro de la prelatura, no puede acceder a ciertos planes o actividades del supuesto amigo, por no encajar en su “libertad de los hijos de Dios”, de esta manera se puede invitar a un “amigo” a hacer deporte, pero no se puede aceptar la invitación a un partido, se le puede invitar al pase de una película en 16 mm. en el centro pero no se puede ir con él al cine. ¿No estábamos en el mundo? ¿Son planes pecaminosos o impropios de un cristiano corriente?

Ya vemos que ese apostolado de amistad y confidencia es difícil y lento, aunque supuestamente es el que entronca con el verdadero espíritu del Opus Dei “santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a los demás en el trabajo”. Es tan difícil y tan poco productivo que se ha recurrido a otro tipo de “apostolado” mucho más socorrido: los chavalines y los clubes juveniles. Yo estuve bastantes años en uno de esos centros culturales, juveniles o como los queramos llamar y la verdad es que nunca llegué a entender que hacía yo limpiándole los mocos a niños de 9 ó 10 años. ¿Para eso había entregado mi vida? ¿Era acaso mi vocación? Claro, este sistema es mucho más fácil. Se trata de aguantar niños pequeños con el único fin de que se vayan haciendo mayores, lleguen a tener catorce años y medio para plantearles lo implanteable, engañarles con una supuesta vocación, y al final del cuento perderlos definitivamente. Este infanticidio además de abominable no suele dar buenos resultados. En todos los años que estuve en uno de estos “clubes”, algunos llegaron a pedir la admisión -pocos- y de estos no llegan a contarse con los dedos de una mano los que siguen “en la brecha”. Fútbol, aeromodelismo, guitarra, judo, tiro con arco, cerámica informática, todo tiene cabida en este “circo y variedades” en el que se han convertido los centros para jóvenes. ¡Vergonzoso! Es lamentable ver a hombres hechos y derechos dedicar los mejores años de su vida “entregada” a llenar el tiempo libre de los niños del barrio.

¿Dónde ha quedado el interés por llegar a “los mejores”? ¿Amistad? ¿Qué amistad se puede tener con un chaval de 10 años? Para hacer la labor que se está haciendo en los clubes, ya hay otra gente mejor preparada y cuyos fines no chocan directamente con los de la obra, por ejemplo asociaciones de vecinos, ONGs, clubes parroquiales, etc. Además, me resulta al menos chocante, que una persona de treinta años esté rodeado de niños permanentemente. Que lo hagan los salesianos me parece bien, pero los del Opus Dei…



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